domingo, 27 de noviembre de 2011

Una de ficción.

Como hoy me apetecía publicar (por aquello de no dejar que pase otro mes entre post y post), pero a) ando con "una pequeña resaca para un hombre, pero un gran odio hacia la humanidad", y b) tengo que estudiar, voy a tirar por lo fácil y dejarles algo que escribí hace tiempo y que además pega con mi humor de hoy. Menuda frase larga, ¿eh?

Todas las tardes después del trabajo, cuando el profesor Quintana llegaba a casa, se encontraba a la gata esperándole en la puerta con una lealtad poco común en estos animales. Mientras sacudía la chaqueta antes de prenderla del perchero, ella se tiraba a sus pies y olisqueaba con curiosidad todas las nuevas provenientes de la calle. El anciano avanzaba hasta la cocina, dónde se lavaba las manos en el oxidado fregadero y preparaba un enorme sándwich de dos pisos en lo que tarda en hervir el agua de una tetera. La gata se restregaba contra sus piernas, haciéndolo trastabillar y reír. Antes de sentarse en el sofá a ver documentales de naturaleza, abría una lata grande de atún y se aseguraba de que el animal tuviera pienso y agua suficientes. La gata era siempre la primera en terminar, apareciendo a tiempo de robar las últimas migajas de embutido del plato de su dueño. Luego se acurrucaba contra él buscando calor, y en cuanto el hombre comenzaba a rascarle tras las orejas se dejaba dormir, ronroneando.

Durante años se produjo la misma rutina, hasta el día en que la prisa por llegar a tiempo a la primera clase de la mañana hizo que el señor Quintana dejase una ventana entreabierta por descuido. Unas horas después la policía interrumpió su disertación; la gata había escapado por la ventana y una vecina la había visto tranquilamente tumbada, tomando el sol en el jardín delantero. El viejo se vio obligado a dar muchísimas explicaciones sobre dónde la había encontrado y qué le había hecho, ninguna de ellas remotamente convincente; mascota y dueño fueron separados. Él acabaría con su vida poco tiempo después, cortándose las venas con un cubierto sustraído del comedor. La gata, por su parte, nunca se acostumbró a llevar ropa ni aprendió a hablar, y aún hoy día es necesario sedarla para poder meterla en la bañera.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Trucos para ligar.

¡A ver, los solteros que den un paso al frente, que van a dejar de serlo! Traigo a un dandy que les va a cambiar la vida en sólo ocho minutos. Después de eso no habrá chavala o maromo que no puedan conquistar. ¿Cómo? De su manera, y gracias a este tutorial de nuestro amigo y maestro, Salvador Raya:



Véanlo hasta el final, que cuando crean que no puede ser más surreal, va el chaval y se supera. ¿Cómo se les queda el cuerpo? ¿Qué ha sido lo mejor: el corte del tiempo de la franja horaria, la carta llena de amor, o el cuchí-cuchí? ¡A los comentarios!