sábado, 8 de octubre de 2011

Yahel

El otro día una amiga me pasó un grupo de Facebook que decía: Cambio tabla de surf por clases de logopedia. Le eché un ojo por encima y resultó ser un grupo de humor que se ríe de un chaval canario que hizo un anuncio para Cola-Cao. El anuncio en cuestión es este.



Por lo visto el chaval es un hacha con la tabla de surf y a los de Cola-Cao les pareció un buen reclamo, deporte, vida sana y chocolate con leche. Pero hete aquí que a nadie se le ocurrió contratar a alguna señora para que doblara su voz a un castellano “neutro” (en fin), y por lo visto eso ha ofendido a mucha gente y dado pie a muchas burlas. En este grupo de Facebook en concreto (hay docenas de ellos, metiéndose con su acento, su color de pelo, de piel, etc.) se veían comentarios en los que incluso lo amenazaban de muerte por sudaca. Evidentemente gilipollas hay en todos lados, y en internet, más, pero no deja de llamarme la atención que un niño tan pequeño despierte tanto odio sólo por su acento. Y la verdad es que me cabrea.

Me cabrea mucho la actitud de muchos peninsulares, generalmente del centro hacia arriba (los que pronuncian la zeta y la jota, vamos), que consideran no tener acento o tener un acento neutro y perfecto. Me cabrea la creencia que pretenden hacernos mamar desde chicos de que todos los que no compartimos ese acento hablamos, básicamente, mal. Me cabrean los chistes y comentarios al respecto, incluso cuando quien habla no pretende ofender realmente, del palo de “¡a ver cuando aprendes a hablar español, canario, jaja!”. Y oh, joder, cómo me cabrean el “muyayo”, y el que repitan tras de mí alguna palabra canaria porque les hace gracia.

-Y claro, como no sabía qué guagua coger al final fui a...
-¿El qué, el qué? ¿La “guagua”? ¡Jajajajajaa, hostia, qué bueno! ¡La “guagua”, dice! ¡“Muyayo, que me se'scapa la guagua”, jajaja!
-...

Y de repente se te han quitado todas las ganas de hablar porque no eres un puto mono de feria, pero los mandas a tomar por saco y te ríes porque si empiezas a hacer eso al final no hablas con nadie. Me cabrean los chistes sobre África, que la gente no se moleste en aprender tu nombre y se refieran a ti como “el canario”, escuchar las mismas putas bromas una y otra vez sobre los nombres guanches y que finjan no ser capaces de pronunciar ni el más simple de ellos (sí que vamos mal con los idiomas en este país si no somos capaces ni de pronunciar la palabra Dácil).

-Por cierto, no sé tu nombre, canario.
-Ah, me llamo Xerach.
-LOL, ¡¿qué coño...?! Jajajajajajaja, ¿cómo es, cómo es? ¿“Chérat”? ¿“Sherack”?
-Xerach... Es canario.
-Joder, vaya nombres os inventáis. “Xerach”, suena a “munga-munga” o algo así, jajajajaja.
-Ya... ¿Y tú, cómo te llamas?
-¿Yo? Unax.

Me cabrea que sean tan increíblemente etnocéntricos que crean que realmente no tienen acento y no hagan el menor esfuerzo por entender a los demás. ¿Qué es eso de subtitular a los andaluces en los programas de la tele? ¿Se han vuelto locos, o sólo idiotas? Si cuando habla un canario, andaluz, murciano o gallego no lo entienden, quizá deberían plantearse aprender castellano de una vez.

Y estas cosas de las que no se dan cuenta pasan todo-el-rato. Continuamente. Son pequeños gestos y comentarios que joden que te cagas. El martes, mismo, tuve la primera clase del máster que estoy haciendo (ya hablaré de ello). En clase somos pocos de fuera, entre ellos un chico de Gran Canaria y otro de Córdoba. En los diez primeros minutos de clase pasó lo siguiente:

Profesora.- Bueno, vamos a ir presentándonos. Por ejemplo, tú, ¿cómo te llamas, de dónde vienes...?
Cordobés.- Bueno, pues yo vengo de Córdoba, me llamo Jesús y...
Profesora.- Perdona, ¿cómo has dicho que te llamas?
Cordobés.- Jesús.
Profesora.- ¿Jesú? ¡Ah, vale! ¡Jesú! Jaja, vale, sigue, ¡“Jesú”!

-O-

Profesora.- ¿Se ve bien la transparencia por ahí atrás?
Grancanario.- Se ve un poco translúcida, pero parece que se está encendiendo todavía.
Profesora.- ¿Que se ve qué?
Grancanario.- Translúcido.
Profesora.- ¿Cómo?
Grancanario.- Que todavía se está encendiendo.
Profesora.- ¡Aaaaaah, vale! -Se echa a reír y sacude la cabeza.- Es que los canariooooos...

No digo que lo hiciera a mala idea porque la intención implica inteligencia, pero, ¿qué necesidad hay de hacer esa clase de comentarios? Quiero que ahora los que sean peninsulares de acento neutro hagan un ejercicio de imaginación para ponerse en el lugar de todos los demás (es decir, el 95% de los hablantes de castellano del mundo). Imaginen que más o menos una de cada tres veces que se dirigen a alguien por primera vez, tuvieran que repetir lo que han dicho, independientemente de lo que sea.

-Buenas, quería un bono de bus.
-¿Qué?
-Un bono.

-Hola, me llamo Fran.
-¿Cómo dices que te llamas?
-Fran.

-¿Perdone, para ir a Plaza de España?
-¿Qué?
-Plaza de España.
-¿El qué de dónde?
-Olvídelo, gracias.

Imaginen también que más o menos el mismo número de veces te las ves con sonrisas, risillas o comentarios que pretenden ser graciosos pero no lo son. Díganme, ¿cuánto tiempo tardarían en tener las pelotas (o equivalente femenino) hinchadas?

Y eso que yo siempre he estado un poco “peninsularizado” y no tengo demasiado acento, que si fuera canarión cerrado como la amiga que me pasó el grupo de Facebook estaría cagándome en todo. A todas esas personas que sienten la necesidad de insultar a un niño porque no habla como ellos: abran un poco más las orejas y cierren bien la boca, ya verán como nos entendemos todos mucho mejor. Hay un mundo de acentos ahí fuera, a cada cual más bonito.

DISCLAIMER: Evidentemente los canarios somos bastante susceptibles con las burlas a nuestra forma de hablar, pero es un sentimiento que nace del machaqueo continuo. Por supuesto no estoy hablando de toda la gente de la península, sobre todo cuando la mayoría nos considera el acento más sexy del castellano (jojo), ni quiero que ningún amigo se trabe porque en fin, sin coñas y putadillas poca amistad sería esa. Para todos los demás, vuelvan a leer desde el inicio, cambiando el “ustedes” por “vosotros”, por si han tenido algún problema en entenderme. Y de regalo, un vídeo de cachondeo para aligerar tensión.