jueves, 28 de abril de 2011

Agradecido y emocionado

Bueno, ya saben todos que me gusta escribir, que de vez en cuando me presento a algún concurso, y que, contra todo pronóstico, a veces hasta me dan dinero y todo. Esta es una de esas ocasiones, ¡habemus premio!^^ La pena es que la entrega me pilla un poco a tomar por culo y encima trabajando, pero bueno, no me metí a escritor por el reconocimiento (ni por el dinero, ni las mujeres, ni... Espera, ¡que ni siquiera soy escritor!). Normalmente contarles estas cosas me da mucha vergüenza, pero esta vez he dicho ¡qué coño! ¡Voy a contarles un poco mi historia con este tema! Y así de paso les pongo los enlaces para descarga de los cuentos, que me consta por Lillu que no funcionaban hacía tiempo. Así que prepárense para una comida de oreja monumental que igual no les interesa lo más mínimo. El que avisa no es traidor =P

Jamás se me había pasado por la cabeza presentarme a un concurso de relatos hasta un día en que hacía tiempo en la peluquería (toma principio épico de historia). Me enteré de casualidad, viendo un anuncio en el periódico mientras esperaba. Por aquel entonces nunca había escrito una historia con principio y final, ni corta ni de ningún tipo: me gustaba escribir, y tenía una vaga noción de que se me daba bien (igual que dibujar o hablar inglés), pero nunca me había puesto a ello con ganas. Pero viendo que el certamen tenía un tope de edad (veintipico, si no recuerdo mal), se me ocurrió que igual no se presentaba demasiada gente, y 500€ eran (y son) 500€. Así que cogí una sinopsis para una historieta que había escrito hacía años pero que nunca había dibujado (como todas mis sinopsis) y traté de escribir un relato sobre ella. Así nació “Juego de cuarto”. Gané el certamen y el dinero, pero por un fallo de organización nadie me avisó hasta varios meses después (de hecho ya era el año siguiente), cuando ya me había olvidado de haber participado. Imagínense qué subidón. Automáticamente busqué concursos en internet a los que presentarme para ganar más pasta; no tener nada escrito no importaba, ya se me ocurriría algo. Escribí del tirón las primeras chorradas que se me vinieron a la mente y me presenté a varios certámenes. Sobra decir que no gané nada porque los cuentos eran malos con ganas, y al no ver resultados me aburrí y dejé aparcado el tema de la escritura. Aún me quedaban 500 € por gastar (menos las fotocopias y sobres que acababa de comprar).

Así pasó un año, más o menos. De vez en cuando se me ocurría alguna idea graciosa y la apuntaba, pero en ningún momento sentí la necesidad de sentarme delante del ordenador a escribir. Hasta que una noche, de esto que estás viendo anuncios mientras tu mente vaga por ahí, se me apareció la imagen de dos niños peleando, expresada en palabras con tal claridad que cogí el primer papel a mano y garabateé las frases según me venían. Acabaron los anuncios y dejé el papel tirado por ahí, pero los niños siguieron en mi cabeza, peleando. Tras un par de días de madurar la idea me senté a escribir, y prácticamente en una sentada hice “El instante”, que tanto os gusta a todos, sádicos XD Esta vez hice las cosas bien, primero escribir un relato con el que me sentía contento y luego buscar un certamen donde encajarlo. Lamentablemente el resultado fue el mismo y volví a comerme los mocos y desmotivarme. Si con El instante no me llevaba premio, no me lo llevaría con ningún otro.

De esta guisa saltamos otro año más, hasta 2008, en plan época de exámenes un Zorro estresado da vueltas por fuera de la biblioterca, leyendo hasta los anuncios de videntes con tal de no tener que volver a estudiar todavía. Y me encuentro con el anuncio de un concurso, esta vez de un ayuntamiento de mi isla, justo dos días antes de la fecha límite de presentación. Nos ha jodío. Aún hoy agradezco a Anne que me animara a perder una tarde de estudio para ir a sacar copias de El instante y echarlas al correo. Me llevé el primer premio, y con los 600 € pude visitar Valencia por vez primera (lo que son las cosas, ¿eh?). En esta ocasión me lo tomé con filosofía, eso sí, y en vez de creer que cagaba best-sellers achaqué la victoria a que se habrían presentado cuatro gatos, como al otro. No me puse a escribir como un loco, y si no me hubieran mandado al siguiente año una carta informándome de que se abría nuevamente el plazo de envío para el certamen, probablemente ni me habría molestado en participar.

En esa ocasión tuve suerte, porque aunque no tenía nada escrito se me encendió rápido la bombilla, aunque por vez primera tuve que enfrentarme a la frustración de estar sentado frente al ordenador con una imagen clara en la cabeza pero incapaz de trasladar a Celebrity Jane de forma satisfactoria al papel. Es lo que tiene no esperar a que te suene la flauta una vez al año para ponerte a escribir. Mira por dónde, al fnial el esfuerzo se vio recompensado con un segundo premio. Como no, volvió a pillarme en Valencia, sólo que esta vez celebrándolo con H@n.

Decidí que tenía un feeling especial con ese certamen, y que aunque no escribiese nada más intentaría participar en el del año siguiente. Hasta un vago de cojones como yo es capaz de escribir un relato al año, me dije. Pues si me duermo un poco más no lo consigo. Presenté “La fortaleza del fin del mundo” ras con ras con la fecha límite, y con el convencimiento de que la suerte de los años anteriores no se extendería a un certamen al que cada año se le sumaban más participantes. Como ya viene siendo costumbre me equivoqué y volví a casa con un nuevo primer premio y el runrún de que algo debía estar haciendo bien si ya eran tres los años que acababa añadiendo una figurita nueva a la estantería. Un runrún débil, pero un empujón de suficiente como para querer intentarlo en algún certamen más y forzarme a escribir más allá de los escasos momentos en que me viene la inspiración divina.

Así que aquí estamos, con el propósito de año nuevo de escribir un relato al mes (12 meses, 12 relatos, que como eslogan queda genial pero no veas lo difícil que es conseguirlo) y mirando concursos asequibles a los que ir presentándolos. Y así me ha llegado la primera alegría, en forma de 300 pavis que vienen muy bien a mi economía de zorro expatriado, y otro granito de confianza por tratarse de un certamen distinto al de siempre. De este relato me siento especialmente orgulloso proque es con el que más me he peleado para que pasara de un "no se entiende una mierda, Zorro", a algo mínimamente comprensible y entrentenido (o eso espero, al menos). Como siempre, recordad que si no os gusta podéis mentirme sin miedo, que no me ofendo ;) “Verónica”.

domingo, 24 de abril de 2011

#haztefan

¿Conocen la etiqueta #haztefan de Twitter? Pues quiero que se hagan fans de mi día de ayer. Comencemos levantándonos con el tiempo justo de comer e ir a trabajar, ¿de acuerdo? Un turno suave, de 13 a 15:30 y de 18:00 a 23:00, o lo que es lo mismo, diez horas dentro del curro, porque en el tiempo de descanso no me da tiempo a ir a ningún sitio. Vale. Subamos ahora la apuesta y tengamos en cuenta que es sábado sabadete, y que el Sitio Random de Hamburguesas donde trabajo (SRH, porque somos así de modernos) está en un centro comercial. Al lado de una zona de gran importancia turística. Y que como ayer fue fiesta estuvieron todas las tiendas cerradas, incluyendo el hiper.

¿Qué nos da eso? Un SRH lleno hasta la bandera. Una marea de gente haciendo cola como borregos para comerse una hamburguesa. Qué quieren que les diga, a mí me dan una gratis todos los días y no la cojo. En serio, no están tan buenas. Vean Supersize me y luego hablamos. O al menos tengan el sentido común de decir: “Coño, menuda cola, voy a comer a otro sitio”, que es lo que hace la gente normal. Será por sitios de comida en un centro comercial.

Bueno, pues la primera parte del día la vamos a pasar atendiendo a clientes más bien idiotas que no saben lo que quieren. Como ha quedado claro, no soy muy fan ni de las cadenas de comida rápida ni de las hamburguesas en particular, pero aunque pueda no estar familiarizado con los productos, sé mirar una carta y ordenar mis ideas para expresarme con un mínimo de claridad que dé coherencia a mi discurso y facilite la labor del trabajador que me atiende. La gente no. Un ejemplo claro lo tenemos en el menú infantil, que incluye varios tipos de comida a elegir, junto con papas fritas, bebida y un par de mierdas más. Todo viene incluido dentro del precio. Pues dos de cada tres veces la conversación con el cliente empieza así:

-Buenas, quería un menú infantil, y también una hamburguesa con...

-Perdone, ¿el menú infantil cómo lo quería?

Y se te quedan mirando con cara de circunstancias, como si no supieran a qué te refieres. Si fuera telépata no estaría sirviendo hamburguesas, señora. Un genio que atendí a última hora me respondió a la pregunta diciendo, todo serio:

-Con agua.

A punto estuve de ponerle el juguete y un botellín de agua al lado. Al fin y al cabo, el cliente manda. Y si ya es absurdo no saber pedir un menú para niños, imagínense la cara que se me queda cuando la gente se bloquea ante una pregunta del calibre de: “¿Menú normal o grande?”. Que te das cuenta de que venían con el pedido aprendido de carrerilla y de repente se bloquean porque les haces pensar. Abren la boca, miran al techo, y pasa un segundo... Dos... Tres... Cuatro...

-Ehhhhhhhhhhhhhhh... ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?

-Cincuenta céntimos.

Cri-cri, cri-cri

-El grande es más grande...

-¡Ah! Yyyyyyyy... ¿las patatas del pequeño cómo son?

-Pequeñas.

-Vale, ehhhhhh... Pues no quiero un menú. Sólo la hamburguesa con las patatas y algo de beber.

Juro por Dios que esta conversación es verídica y, lo peor de todo, que el chaval no me estaba vacilando. Realmente era así de tonto. Me hbría dado pena si no me hubiera dado asco.

Pues esa es la primera parte del día: llegar con el tiempo justo de echarte una hamburguesa al buche (sí, no me gustan, pero si entro a la 1 tengo que salir de casa a las 12 y comer en el curro, y no me quedaban ensaladas) y atender idiotas durante un par de horas. Seguimos con dos horas y media en la sala de descanso, conociendo un poco a los compañeros y aprovechando para pasar un post a ordenador.

-¿Qué escribes?

-Un email para la familia, no veas la pasta que me ahorro en teléfono.

Terminado el descanso volvemos a entrar, y nos quitan de caja para ponernos dos horas en salón. Sólo a nosotros. Recoger las bandejas, limpiar las mesas, sacar las basuras, barrer el suelo y fregar los baños de más de cien metros cuadrados de local. Aunque en realidad no me pasé las dos horas haciendo todo eso, no voy a engañaros. Una la pasé sólo en los baños.

-Oye, se ha empozado uno de los váters de chicas. ¿Hay algún cartel de “Fuera de servicio” o algo?

-¿Se ha rebosado el agua?

-Sí, hay un charco enorme.

-¿El váter tiene papel dentro?

-Eh... sí.

-Pues coge la fregona y empuja con ella, y tira de la cadena hasta que se vaya el tapón.

-No me jodas Vale.

-Y luego tiras el mocho.

-Vale.

-Bueno, te quedas con el palo. Lo que haces es desenroscar la parte de abajo del mocho, la que metes en el váter.

-Mis cojones treinta y tres. Vale.

Curiosamente el asunto funcionó y el aseo quedó utilizable en unos diez minutos. Y sin rastro de mierda por ningún lado, gracias a Dios. El resto de la hora la pasé intentando limpiar los baños. Y no, no estaban TAN sucios (mucho más los de chicas que los de chicos, por cierto. El mundo al revés), es que los clientes no paraban de entrar en ellos. Veían la fregona y el escobillón cruzados en el marco de la puerta y saltaban por encima para preguntarme si podían pasar. Donde el común de los mortales ve una prohibición, el cliente medio de SHR ve un reto. Son de esa gente que cree que la calavera y las tibias cruzadas de las etiquetas de productos tóxicos son sólo una sugerencia. Así se envenenen todos, de buen rollo os lo digo.

Pero como no hay mal que cien años dure, al cabo de dos horas me enviaron a un compañero con el que repartirme las tareas. Y luego a otro. Y el segundo me dijo:

-Te toca volver a atender en caja.

Pero lo que yo oí fue:

-Retroceda dos casillas.

Y así pasé lo que quedaba de mi jornada laboral. Curiosamente pese al día que había tenido, de repente me apetecía salir y emborracharme. Aunque ahora que lo pienso, igual era precisamente por el día que había tenido. El caso es que en el mes que llevo aquí todavía no he salido una noche de bares con fundamento, al principio porque no tenía curro, y ahora que cobro por cualesquiera otros motivos. Así que mientras cogía la bici para volver a casa iba pensando en llamar a H@n y preguntarle si le apetecía dar una vuelta por el Carmen.

Y como estaba de buen humor, se me ocurrió probar una ruta alternativa de vuelta a casa que, según me habían comentado, era todo carril bici y mucho más directa. Y es cierto, tiene un carril bici de varios kilómetros. Lo que no me habían comentado es que la avenida en la que se sitúa, aparte de ser grande está jodidamente poco transitada de noche. Según avanzaba, la acera donde estaba el carril bici se iba separando de la carretera y metiéndose en una zona ajardinada con una iluminación de lo más lúgubre. El típico sitio donde esperas encontrarte kinkis y putas, si no fuera porque no hay nadie. Bueno, miento, putas sí que encontré. Tres. Forever alone a la enésima potencia, con una mano en el manillar de la bici y la otra tratando de abrir el mapa de la ciudad. Yo mismo me hubiera atracado si me hubiera visto de esa guisa. Al menos iba bien y en la dirección correcta. Supongo que por eso se me saltó la cadena de la bici en la única cuesta que hay en Valencia.

Me bajé y traté de colocarla en su sitio con mis amplios conocimientos de mecánica, pero lo único que conseguí fue llenarme las manos de grasa hasta las muñecas. Hice repaso de mi situación:

1) La bici no funcionaba, así que a partir de entonces tocaba andar.

2) Empujando la bici, encima.

3) Sabía en qué calle estaba, pero no a qué altura (mide varios kilómetros) porque no veía ninguna otra calle por ningún lado.

4) Aunque encontrase otra calle con la que triangular mi posición, no podía coger el mapa sin mancharme toda la ropa de grasa.

5) Espera, ¿está lloviendo?

Efectivamente, lo estaba. Me puse la capucha de la sudadera usando el dedo meñique y empecé a empujar a la bicicleta cuesta arriba. Lo bueno fue que según subía salía de la zona ajardinada y encontré la calzada de nuevo. Lo malo fue que cambié los jardines por descampados y chabolas igualmente solitarias, lo que tampoco me tranquilizó. Hubo un momento muy curioso en el que empezó a oler a porro a mi alrededor cosa mala , pese a que estaba completamente solo. No se oían ni coches a lo lejos. Me imaginé que habría algún Predator liándose canutos en la rama de un árbol y seguí a lo mío. Finalmente encontré la calle que buscaba y pude entrar en mi barrio sin más problemas, y el chipi-chipi no duró más de diez minutos. Para compensar hice los últimos 400 metros andando tras el camión de la basura.

Sólo pensaba en entrar por la puerta y darme un buen duchazo caliente, pero lamentablemente mi calentador no funciona del todo bien y el agua no pasa de tibia. Así que cuando salí me calenté un buen vaso de leche en el microondas, para “asentar las madres”, que diría mi abuela. Pero según venía al salón se me ha derramado la mitad. Aunque eso sí, el post se ha escrito prácticamente solo.

#haztefan, garantizo que no es contagioso.

viernes, 15 de abril de 2011

#100 facts about me

Desde que me hice la cuenta de Twitter he visto a todos a mi alrededor caer en el tag de los #100factsaboutme. Pese a que soy un culo veo, culo quiero, me daba una pereza suprema bombardear a la poca gente que tengo agregada allí con datos random sobre mí (aparte de que no se me ocurría qué poner, que también influye). Empecé la otra noche de coña después de que Jill me retara a ello, y cuando me quise dar cuenta ya tenía la mitad escritos. Y para publicarlos en Twitter y que se pierdan como lágrimas en la lluvia mejor los pongo por aquí y así queda constancia de ellos, ¿no? Además, que si no la mayoría os los íbais a perder^^

...

...

Ejem... Sí, vale, y porque hacer un meme es siempre la salida fácil para publicar algo. Ea.

#100factsaboutme

1.- Gracias a Teledeporte he descubierto que soy capaz de engancharme a casi cualquier retransmisión deportiva, menos el ciclismo. Incluso el curling es más entretenido.

2.- De pequeño me gustaban los sándwiches de ketchup, sin nada más.

3.- Hasta hace relativamente poco en mi DNI y pasaporte ponía que era mujer. En diez años nadie se percató de ello, ni yo mismo. Del error, se entiende.

4.- Soy un negado para la música, pero me encanta la batería del Rock Band. Y se me da bien.

5.- Soy un adicto total y absoluto al chocolate con leche. Algún día me volveré diabético y me pegaré un tiro. O mejor, me comeré una tableta extragrande chocolate y moriré con una dulce sonrisa en la boca.

6.- Suelo ser desordenado, aunque voy por épocas. Eso sí, cuando me da por recoger parezco obsesivo-compulsivo e incluso alineo los bolígrafos para que no sobresalgan unos más que otros.

7.- Me repatea el buenrollismo de los anuncios de Coca-Cola, y odio que le gusten a la gente.

8.- La forma más sencilla y directa de hacerme cabrear es preguntarme repetidamente si estoy enfadado porque se me ve muy serio.

9.- No suelo ser broncas, pero al volante me transformo, y nos os imagináis de qué manera.

10.- Me encanta dormir de día y estar despierto de noche. No tiene ninguna utilidad porque todo está cerrado y no se descansa igual con el ruido diurno, pero qué le voy a hacer.

11.- Soy un lector compulsivo. Leo de todo, y muchas veces al mismo tiempo. Soy capaz de devorar más de cinco libros en 21 días, comprobado (máximo de libros y de días de préstamo de mi antigua biblioteca) sin dejar de atender mis obligaciones.

12.- Soy libra, y aunque no creo en la astrología me gusta mucho mi signo en sí. Los hay peores. Podría ser un cáncer, por ejemplo.

13.- Me obsesiona qué será de mí en el futuro, y a cada paso que doy me replanteo si estaré tomando las decisiones adecuadas.

14.- Soy enamoradizo, pero me cuesta llegar a sentir algo profundo por alguien.

15.- Me gustaría no tener vértigo para hacer escalada y tirarme en paracaídas, pero me puede el pánico.

16.- Me es más sencillo conservar la calma en una situación jodida si la persona a mi lado pierde los nervios por mí.

17.- Prefiero mil veces volar en avión que viajar en barco. Qué digo; dos mil.

18.- De adolescente me planteé seriamente tratar de ganarme la vida haciendo cómics. Llegar a ver publicado algo mío en formato de calidad, sea como dibujante o guionista, sigue siendo uno de mis sueños.

19.- Antes de este blog tuve otro, el típico blog de adolescente deprimido. Creo que no llegó a durar ni diez posts.

20.- Y hablando del blog, nunca dejará de extrañarme que alguien lea las tonterías que escribo y decida que le caigo bien. Pero oye, me alegro de que estemos todos igual de mal de la chola.

21.- En mi habitación tengo colgado un mapa de Europa donde marco primorosamente los pocos viajes que hago. Algún día será un mapamundi.

22.- Nunca me ha apetecido vivir en otra época que no fuera esta. La Antigua Roma puede parecer muy romántica (por poner un ejemplo), pero sólo si no te paras a pensarlo mucho.

23.- Si pudiera volver atrás en el tiempo no estoy seguro de si iría a la universidad.

24.- Cuando era pequeño y me portaba mal mi madre me castigaba sin ver Farmacia de Guardia. Y me jodía.

25.- De pequeño me gustaba el anuncio del Diseña la moda. Me parecía gracioso eso de dibujar gente con distinta ropa, pero como era rosa di por sentado que era un juego para niñas.

26.- Y hablando de anuncios de dibujos, todavía soy capaz de cantar el de la granja de Playmobil.

27.- Tengo una cicatriz en la cabeza, justo detrás de la oreja derecha, y nadie sabe por qué.

28.- No soy capaz de imaginarme queriendo tener hijos. Ni siquiera quiero recoger una mascota de la perrera por si no me llevo bien con ella y la tengo que devolver.

29.- Tengo ojeras perennes.

30.- No soy capaz de tener “niveles” de amistad. O me caes genial o no le veo sentido a perder el tiempo contigo. Es algo que estoy puliendo.

31.- Hasta que me dicen lo contrario, tiendo a dar por sentado que toda persona que me presentan es atea y de izquierdas.

32.- Rompí Jurassic Park y el Rey León de tanto verlas.

33.- Me gusta la música, pero me cuesta horrores ponerme a escuchar cosas nuevas. O viejas, si pensamos en los clásicos grupos que gustan a todo el mundo pero que nunca se me han puesto delante de las narices. Culturizadme musicalmente, que yo me dejo.

34.- Contrariamente a la mayoría, la etapa escolar que recuerdo con más cariño es el instituto (1º y 2º de bachiller en mi caso). Eso sí, el colegio fue un infierno.

35.- Me flipan los idiomas, y creo que tengo buen oído, pero me falta la constancia necesaria para estudiarlos por mi cuenta.

36.- Tengo un fetiche con el acento peninsular, excluyendo el andaluz y el murciano (un saludo para la gente de ambas comunidades autónomas).

37.- No se me da nada bien pelotear ni vender la moto. Sería un comercial pésimo.

38.- Me da rabia que la gente diga que hablar solo es de locos, porque yo lo hago habitualmente, ya sea para recordarme algo que tenía que hacer o simplemente aclarar mis ideas. Me gusta el sonido de mi voz. Y a mis amigos imaginarios también.

39.- Si de pequeño me hubieran llevado alguna vez al oculista hoy día no tendría que usar gafas.

40.- Tengo unas pestañas enormes, la envidia de muchas amigas. Pero a mí me dan vergüenza.

41.- No me gusta nada ser el centro de atención, me pone nervioso.

42.- Siempre desayuno lo mismo: cereales de chocolate con forma de media luna. Ni me canso ni los aborrezco.

43.- Empecé a afeitarme con trece años.

44.- En mi adolescencia me teñí de rubio, siguiendo la fiebre Eminem. Me quedó horrible, naranja por arriba, y nunca más se me ocurrió hacer una locura parecida.

45.- Si sé que tengo razón soy capaz de llegar hasta las últimas consecuencias, aunque no siempre me compense. Soy así de cabezota.

46.- No entiendo a la gente que estudia filosofía. Lo respeto y me parece algo muy interesante, pero no lo entiendo como carrera.

47.- Sé más sobre la Biblia que muchos creyentes, y eso que no sé mucho.

48.- Me encantan los tatuajes y llevo uno, aunque creo que algún día me lo quitaré.

49.- Aunque con mi 1'70 de estatura cueste creerlo, en 6º de primaria fui pívot del equipo de baloncesto de mi colegio.

50.- Y otra parecida: aunque con mi 1'70 de estatura cueste creerlo, calzo un 45. Ahí queda eso.

51.- No me gustan nada las motos, y eso que durante años conduje una scooter. Sin embargo me encanta ir en bicicleta, nada que ver.

52.- Siempre quise conseguir un trofeo deportivo, y estuve a punto con el baloncesto, pero nunca lo logré. Siempre me quedará esa espinita.

53.- Mi forma de andar es totalmente característica. Para que os hagáis una idea, hace un par de años me paró un chaval que no conocía de nada por la calle llamándome por mi nombre. Resultó que fuimos compañeros de clase en 4º de primaria en mi antiguo colegio, antes de que me mudase de barrio. Me había reconocido viéndome de espaldas por la forma de andar. Y no, no estoy cojo ni nada por estilo.

54.- No me gusta la gente que habla a gritos, pero cuando bebo pierdo el control del tono de mi voz. Aparte de eso, raro es que se me note el pedal.

55.- Hablando del tema, tengo +5 de resistencia al alcohol. Donde algunos ven una bendición yo veo un sumidero de dinero. Y no veas cómo corta el rollo beber y beber y ser el único sobrio de tu grupo.

56.- Pese a que no lo parezca por el punto anterior, sólo bebo de fiesta. Nunca me verás tomando una cerveza o un vino con la comida, por ejemplo.

57.- Me encanta el ajedrez, pero apenas juego. Creo que se me da bien, aunque nunca me lo he tomado muy en serio ni tengo ningún talento especial para ello.

58.- Mi canción favorita de todos los tiempos es I was born to love you, de Queen. Escucharla siempre me pone de buen humor.

59.- Odio cocinar. Si tengo hambre, tengo hambre YA. No quiero perder el tiempo complicándome la vida en la cocina.

60.- Soy competitivo en los juegos y tengo mal perder en ocasiones, pero no por lo que piensa la gente. Con quien me enfado es conmigo por mis errores si he jugado mal.

61.- Aprendí las reglas del tenis jugando a la Game Boy. Como la mitad de mi generación, creo.

62.- Paré de jugar a maquinitas con la Nintendo 64. Años después tuve la Play 2 y ahora la Wii, pero ninguna llegó a engancharme. De niño era un viciado.

63.- Si tuviera que vivir en un juego, me pasaría la vida pescando y recorriendo la campiña de Hyrule a lomos de Epona.

64.- Si tuviera un superpoder, elegiría ser intangible o poder teletransportarme. Amasaría una fortuna y viviría la buena vida. Poder volar o tener superfuerza está bien, pero tampoco es que sirva para mucho.

65.- Me gustaría ser capaz de apasionarme por algún tipo de creencia política, pero no me sale.

66.- Soy ateo, aunque me encantaría que existiese la reencarnación. No hay nada que quite más presión que tener vidas infinitas (como bien nos han enseñado los videojuegos).

67.- No he visto E.T ni muchas pelis de Disney que todo el mundo tiene asociadas a su infancia. Y vine a ver Pesadilla antes de Navidad con 19 años, creo. Tampoco era para tanto.

68.- La peli que más miedo me ha dado es El proyecto de la Bruja de Blair. Estaba sólo en casa, era pequeño y pensaba que de verdad habían encontrado el metraje perdido en el bosque. Que en ningún momento se vea claramente lo que tienen alrededor me parece lo más aterrador ever.

69.- No me gusta esta postura. O una cosa o la otra, pero así uno de los dos se va a distraer seguro.

70.- No me dan miedo los médicos, pero sí mucha pereza esperar en la consulta, así que lo evito siempre que puedo. Tampoco me gusta medicarme si creo que puedo pasar sin hacerlo.

71.- Me encanta la paz que se respira en muchas bibliotecas. Es como si de los libros emanara silencio.

72.- Prefiero tener tiempo libre sin un duro a tener dinero y no poder hacer nada con él.

73.- No tengo ni idea de qué camino quiero seguir en la vida, y llevo así años. Todos tienen sus cosas buenas, pero exigen sacrificios y no garantizan nada. Ah, ¿qué así es la vida? Coño, pues qué mierda.

74.- El agua de la ducha me gusta al punto de ebullición.

75.- Creo que podría comer pizza todos los días mientras viva y no llegar a aborrecerla nunca.

76.- Odio las palabras panchito y negrito. No puedo con ellas.

77.- Hablo rápido y vocalizo poco.

78.- La mayor parte de las veces no sé por qué sé las cosas que sé. Simplemente acumulo datos sin darme cuenta.

79.- Tengo fama de ligón y ni zorra idea de por qué.

80.- Me gustan los pequeños detalles de educación, y me revienta la gente incapaz de saludar, aguantar una puerta, o decir “gracias” o “por favor”.

81.- Nunca he pegado a nadie.

82.- Siempre he deseado hacer un viaje largo (pero largo, largo) en coche con amigos. En mi cabeza es una road movie divertida y genial, y pese a los problemas que surgen en el camino al final nuestra amistad se ve reforzada y acabamos cambiando para mejor por las experiencias vividas. Puke rainbows.

83.- Si hago pesas me inflo, no me marco.

84.- De pequeño tenía asociadas las vocales a distintos tipos de dolor: un pinchazo agudo como una i, o un golpe sordo como una o, que provoca darte con un objeto romo.

85.- Me van las tías raras. Que nadie se ofenda, que lo digo con cariño.

86.- Enfermo fácilmente si no me cubro la garganta cuando hace frío, pero para compensar no soy alérgico a nada.

87.- No soy capaz de ver el 3D porque tengo mucha más falta de vista en un ojo que en el otro (al menos ese motivo me dieron).

88.- Tengo un sentido de la vergüenza tremendo, que a veces me impide hacer las cosas que me apetece hacer.

89.- Para mí, una mascota es algo que está vivo y con lo que puedes interactuar. Una planta, un pez, o un bicho del Pet Society no son mascotas.

90.- Aunque al pensar en arte a todos nos venga a la mente un cuadro, para mí la escultura es la más artística de todas las ramas artísticas.

91.- Apenas levanto el bolígrafo cuando escribo. Tengo una letra rarísima en la que puntos de las íes parecen eles. Pero cuando le pillas el truco no es difícil de entender.

92.- Hasta que cumplí 21 años sólo había salido de Canarias en dos ocasiones. En los tres años siguientes he hecho un porrón de viajes a la península y visitado cuatro países más. No está mal.

93.- Soy perfeccionista, pero me frustro rápido y hago las cosas de cualquier manera.
94.- No me gusta el cangrejo, ni las gambas, langostinos, centollos, ni ninguna comida de ese tipo. Soy barato de invitar a comer.

95.- Soy capaz de dormir con el ruido de una obra, pero no con el tic-tac de un reloj.

96.- Se me da genial calcular los tiempos para llegar puntual a mis citas.

97.- He llegado a encontrarle la gracia al control de seguridad de los aeropuertos, y compito conmigo mismo buscando la forma más eficiente de quitarme todo lo que pite y colocarlo de modo que sólo ocupe una bandeja.

98.- Los ojos me cambian de color con la luz.

99.- Soy un procrastinador de tres pares de cojones.

Ya haré la número cien otro día, que ahora no me apetece. Pues hale, aquí están los cien random facts sobre mi zorruna persona. Me pregunto qué imagen os quedaría de mí si sólo me conociérais por este post XD

P.D.- ¡Ah, que siempre se me olvida! Me he hecho un Formspring como si fuera alguien importante XD He insertado el widget en el blog, bajo el de Twitter; para el que no lo conozca, Formspring permite a la gente hacerte preguntas de cualquier tipo, ya sea con tu cuenta (en caso de tener una) o de forma totalmente anónima. Me mola bastante que me pregunten, así que si tenéis curiosidad por algo o simplemente queréis preguntar por echaros unas risas, ya sabéis. Prometo que tendréis respuesta =)

domingo, 10 de abril de 2011

Mes 1

Hoy hace exactamente un mes que empecé mis andaduras en tierras valencianas. No sé si ha sido la cantidad de tiempo libre, la buena acogida de la gente de aquí o todas mis visitas anteriores, pero el caso es que tengo la impresión de llevar mucho más tiempo fuera de Tenerife. Cuando llegué no las tenía todas conmigo; venía de ocupa a casa de una amiga, apenas conocía a nadie más en la ciudad, y las perspectivas de encontrar trabajo eran más bien escasas. Estuve algo tristón la primera semana, fruto del vértigo de mi situación y de echar de menos a gente importante para mí. H@n ha sido un gran apoyo y tengo que agradecer que siempre tenga la oreja dispuesta para escuchar mis neuras, pero no ha sido la única. Desde que llegué Liet me ha adoptado dentro de su grupo, y entre todos han hecho que me sienta la mar de cómodo aquí. Además, compartimos humor y gustos frikis, y por fin estoy saciando mis ganas de juegos de mesa. Liet, eres un colega =)

Por si no fuera suficiente buena compañía, la próxima semana se va a dejar caer por aquí mi más mejor amigo Peibol a hacerme una visita (en realidad viene por ver Valencia, pero se agradece igual), y es posible que pueda achuchar a Arald en persona antes de lo que pensaba. Además, estando a tiro de piedra de los mallorquines, y teniendo en cuenta que se acerca el invierno verano, me parece que voy a tener poco tiempo para aburrirme. Mientras, he encontrado un curro para ir tirando. Así que a pesar de los malos momentos (que también ha habido), como diría el meme:




Y toco madera para que siga así^^

miércoles, 6 de abril de 2011

El curioso incidente del queso a medio comer

Llega un momento la vida de todo hombre en que tiene que ir al Mercadona a comprar un queso fresco. Y ahí estaba yo, en la sección de formatges y embutidos (la chacina de toda la vida, pero que se vea que me estoy integrando), intentando un imposible: comprar queso blanco (también conocido como queso fresco). Y mira que tienen quesos aquí de todos los colores, ¿eh? Tienen cubiertas todas las gamas del gris perla al amarillo apestoso, con motas verdes o azules como moscas de la mierda, e incluso de ese color naranja tan simpático que echan a la hamburguesas y te sube el colesterol sólo de mirarlo. Pero del auténtico queso blanco, tierno, tierno y acabante de salir de la cabra, nanai de la China. Están locos estos valencianos. Lo próximo será que no haya gofio donde los cereales ni Clipper en las bebidas.

Como tenía prisa me acabé llevando una cuña de uno que no tenía mala pinta del todo. Esa misma noche corté unos tacos para echárselo a la sopa y estaba de puta madre, la verdad. El calor los cocía hasta que adquirían una textura sólo un poco más densa que los moquitos, muy rico. Como soy un amo de casa responsable, después de comer saqué el rollo de papel Albal de su cajón, envolví el queso y lo guardé para que se conservara bien. No conviene que el queso blanco pase demasiado tiempo fuera de la nevera porque se pone malo.

Entonces el queso desapareció. Colega, ¿dónde está mi queso? Mi primer impulso fue llamar a H@n y preguntarle por su madre. No porque me guste acordarme de la vieja de nadie, sino porque justo antes de mi llegada a Valencia, H@n hizo una pequeña compra para que tuviera algo que echarme al estómago esa noche y la mañana siguiente, y en el lapso de tiempo entre dejar las cosas en la nevera e ir y volver del aeropuerto, casualmente pasó su señora madre por el piso y se llevó la comida que “las niñas” se habían dejado en el frigo. Aún sueño con esas pechugas de pollo por las noches ;____; (Y con pechugas en general, no discrimino).

Pero no, Ogro no se había manifestado por allí desde la vez que os acabo de contar. Y dado que yo soy la única otra persona con llaves del piso, y que sería muy retorcido por parte de H@n hacerme un Amélie con la comida de la nevera, empecé a pensar que el queso se había indignado ante mi desplante en el Mercadona, había cogido la puerta y se había pirado. Me sentí abandonado, desolado; soñaba que le pedía disculpas al queso por compararlo con los quesos tiernos canarios, e incluso tuve una pesadilla con la fábula del zorro y el cuervo, en la que cuando el cuervo finalmente trataba de cantar, el queso que caía era un cabrales inmundo que me pedía ayuda. Despertaba entre sudores, sobresaltado y sin saber dónde estaba, y como mi cama en Tenerife era de matrimonio y aquí es individual, me pegaba unas hostias contra el suelo al ir a darme la vuelta que ni os cuento. Mi vida era, poco más o menos, un infierno.

Hasta hoy.

Acabo de descubrir la guarida de mi queso, la cueva afgana donde se ocultaba el maldito. Ahora por fin su alma puede descansar en paz y dejar de joderme el ciclo REM. Por lo visto algún idiota lo puso en el mismo cajón que el rollo del papel Albal y los trapos de cocina. Ya me imagino el razonamiento de tamaño despistado: En cuando envolvió el queso y dejó de verlo, se olvidó de su existencia, como los niños chicos, y dijo: “El papel Albal con el papel Albal”. Y hale, ahí se podría haber quedado una semana entera si no llego a abrir el cajón hace un rato. Aunque ahora que lo pienso, no sé qué iba a buscar allí, pero seguro que tampoco era importante.

viernes, 1 de abril de 2011

Carnival blog 3: Apocalipsis Zombi

Esta semana Worm nos propone elegir tres cosas innecesarias que llevar a un apocalipsis zombi. En mi caso lo tengo claro:

-Chocolate. Montañas de chocolate. Palés enteros de Twirl, Twix, Mars y Kit-Kat, una habitación llena de bombones Cadbury rellenos de caramelo, y de tabletas con frutos secos (pasas no, ni aunque sea el fin del mundo). Las ventajas del chocolate son infinitas. Para empezar, no se echa a perder. O puede que sí, pero no iba a dar tiempo, así que es lo mismo. Tiene un contenido calórico importante, y además, nunca nos daría un bajón de azúcar. En todo caso diabetes, y prefiero ser un muerto a secas que un muerto viviente. De hecho no se me ocurre muerte más dulce que morir con una Chocogalleta en la boca. Es antidepresivo y sustituto del sexo, dicen, lo cual también es un punto si resulta que lo único que tienes a mano para matar el ardor primaveral es un cuerpo putrefacto y con media cara comida al que le cuelgan las tripas mientras te persigue. Yo es que soy muy sensible para los olores. Por último, el chocolate le gusta a todo el mundo, así que no se daría nunca la siguiente situación:

-¡Chicos, buenas noticias! ¡Estamos atrapados, pero hemos encontrado una habitación llena de provisiones!

-Fuck, yeah! ¿Qué hay, Twinkies? ¿Pizza? ¿Un armario lleno de patas de jamón?

-¡Mucho mejor, son todo latas de judías! Nos aportarán la energía que necesitamos y... ¿Dónde vas?

-¡Soltadme, que me voy con los zombis! ¡Quiero comer carne aunque sea como muerto viviente, joder!

Si el cuarto hubiera estado lleno de huevos Kinder, otro gallo le hubiera cantado al tipo de verde.

-Almax. Este antiácido es uno de mis mejores amigos, ya sea en pastilla o en sobrecito para beber. Por algún motivo que no alcanzo a comprender, la equilibrada dieta a base de pizza, carne roja y chocolate que he llevado durante años me produce cierto ardor estomacal que el Almax aplaca a las mil maravillas. De hecho, es muy normal verme chupando un Almax como el que se come un caramelo de menta. En Mallorca me vino muy bien para matar el picante del chupito aquel de no sé qué de dragón. Y con todo el chocolate del punto uno iba a necesitar Almax en cantidades industriales.

-Scottex.
El gran olvidado en toda situación de crisis. Que sí, que las gasas y las vendas son importantes, analgésicos y mercromina también, pero amigo, como no tengas con qué limpiarte el culo, créeme, vas a preferir no tener qué llevarte a la boca. Y es jodido, porque ningún papel tiene la resistencia, suavidad y capacidad de absorción del papel higiénico. En caso de apuro puede ser servilleta, gasa, venda, folio o incluso servir para prender un fuego. Pero pensad ahora, ¿cuántos tipos de papel serían un buen papel higiénico? Además, si lanzas muchos rollos rodando por el suelo, aparece un cachorro de golden retriever corriendo detrás y te lo puedes comer, llegado un caso de apuro. Y los hay incluso con perfume y colores y estampados graciosos. El fin del mundo con papel higiénico rosa con olor a fresas es otra cosa. Como más alegre.

Así que reuniendo lo publicado hasta ahora, los personajes de este RPG post-apocalíptico serían:

-H@n, una médico en patines armada con una Silk-épil y los bolsillos a reventar de tampones (creo sinceramente que, aunque muertas, las zombis huirían de la depiladora como de la peste).

-Kurai, una informática que corre poco armada con tijeras, corcho y alicates (de lejos lo que más miedo da)

-Worm, otro informático, este armado con un palo, dos docenas de calcetines y vestido con bragas de abuela (de lejos lo que más miedo da).

-Jill, una pedagoga con su inseparable cámara de fotos, amén de maquillaje y birra per tutti.

-y un zorro parlante envuelto en rollos de Scottex cual muñeco de Michelín, con una cantimplora llena de Almax y una maleta de viaje petada a chocolates.

Por favor, que alguien coja el post de Jill y lo utilice como base para una campaña de rol. Podríamos usar el Zombies como base, incluso XD