domingo, 19 de diciembre de 2010

Piques

Sé que es una tontería, pero me ha hecho un montón de gracia XD

Lo que va a echar La Sexta esta tarde:



Lo que va a echar Telecinco:


Aaaaaaaains, chiquillaje...

Por otro lado, Antena 3, a su puta bola como siempre, echa el típico thriller-chungo-de-sobremesa en lo que nada es lo que parece, interpretado por un plantel de actores caracartón con menos registros que un Teleñeco. Empiezo a pensar que ya dan por perdida la tarde de los domingos pero les parece que poner la carta de ajuste es demasiado retro. Y que no pueden meterle veinte minutos de anuncios cada media hora, claro.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Diplomado

Antes que nada me gustaría haceros un breve resumen de mi paso por la universidad, resumido año por año en una cuantas viñetas. Ahí va:


Parece que fue hace siglos cuando llegué a RRLL después de dejar Filología Inglesa sin saber muy bien dónde me estaba metiendo, y resulta que fue en 2007. Recuerdo la liberación de salir de una carrera que no me gustaba, pero también la frustración por no poder sacarla adelante; y los nervios positivos de empezar en algo nuevo, pero también el miedo de que me pasara lo mismo otra vez. En mi caso a la segunda fue la vencida.

No sé si por presión familiar o porque simplemente todo el mundo lo daba por sentado porque era uno de los empollones de la clase, nunca me planteé una forma de vida que no implicase el paso por la universidad (recuerdo que cuando de pequeño me preguntaban qué quería ser de mayor, en vez de futbolista o policía decía siempre que abogado. Así de repelente era). Iba a ser el primero de mi familia en ir, además. Hoy tengo la sensación de haber cumplido, no sólo conmigo mismo, sino con las expectativas de la gente que me crió, y eso es algo grande. Tendríais que ver los lagrimones de mi abuelo, que jamás estudió porque con doce años ya estaba cuidando cabras. Lo voy a dejar aquí porque me voy a poner tierno.

Quizá lo más curioso de la educación universitaria sea que la mayoría de cosas las aprendes fuera de clase (aunque teniendo en cuenta la universidad en la que estudio estudiaba, se puede aprender más en cualquier otro lado). Tengo la impresión de haber conocido más gente, viajado y vivido más en estos tres años que en los 21 que los precedieron, hasta el punto de que me cuesta un poco reconocer a la persona que era antes, y me sorprendo de sus juicios y las decisiones que tomó. Estoy seguro de que mi yo de 21 tacos hubiera flipado de haber echado un vistazo a lo que le deparaba el futuro. Y aún más seguro de que mi yo de 27 leerá este post y se echará unas buenas risas pensando: “Criatura...”

Y si estudiar una carrera es difícil, he de decir que al menos tiene una gran ventaja: mientras la estás cursando tienes un objetivo claro y definido, y te mueves hacia él en línea recta (o en zigzag o haciendo eses, dependiendo de lo que estudies y lo que salgas de fiesta). Lo realmente difícil viene cuando terminas, te dan el comprobante del diploma y te enseñan la puerta de salida, y te ves en el mundo real haciéndote la pregunta del millón: ¿Y ahora? Pero bueno, sea cual sea la respuesta ya la pensaremos mañana. Hoy toca relajarse y disfrutar de las vistas, porque (fuck yeah!) ¡ya he terminado la carrera!

martes, 7 de diciembre de 2010

Roma

He llegado hace un par de horas de Barcelona, cansado, hambriento y con dolor de cabeza porque ando medio griposo. Una buena comida (de comer, animales) y dos horitas de sueño y ya estoy despejado y listo para caminar toda la tarde si hace falta. Es una habilidad que he ganado en este viaje; antes, sin ocho horas de sueño y las tres comida reglamentarias parecía Ron Weasley cargando con un Horrocrux.

Se me va a hacer un poco difícil transmitiros lo bien que lo he pasado durante el viaje. Los siete días (cinco en Roma y uno y medio en Barcelona, el medio que queda creo que lo perdí esperando vuelos o sobando en alguna parte) se han pasado en un abrir y cerrar de ojos. Roma es una ciudad enorme donde no se acaban las cosas que ver. Si vas tan pocos días como nosotros tienes que elegir cuidadosamente, y aún así te perderás un montón de cosas increíbles. Creo que la mejor manera de describirlo sería diciendo que he tenido la impresión de estar en una clase Historia del Arte en 3D durante todo el tiempo que estuvimos allí. Nos quedábamos cerca del Vaticano, y nada más salir del piso de La Griega (la fantastiquérrima amiga de H@n que nos acogió) veía la cúpula que me había caído en el examen de PAU (y que por cierto, suspendí por confundirla con otra cúpula famosa cuyo nombre no recuerdo ahora. Si en clase de Historia del Arte nos hubieran llevado alguna vez a Roma, otro gallo nos hubiera cantado en el examen de acceso a la universidad =P); nos acercábamos hasta la plaza de San Pablo y la veía de dos maneras: desde mi punto de vista a pie de calle, y desde lo alto de la basílica, en una panorámica que me trae recuerdos de diapositivas en una clase en penumbra, modorra, y el olor a humanidad de treinta adolescentes. Y así una y otra vez a cada paso que dábamos.

No voy a dar un informe exhaustivo de qué hicimos cada día, porque en el fondo es un coñazo y tampoco os voy a desvelar nada nuevo, vimos lo típico: Vaticano, Coliseo y Foro y las plazas y fuentes principales. Eso sí, he de confesar que las cosas que más me emocionaron probablemente fueron las menos conocidas, precisamente por lo inesperado de su belleza. En el otro extremo, algunos grandes reclamos como la Capilla Sixtina nos dejaron un poco indiferentes. La pintura es impresionante, pero todos los techos del Vaticano son impresionantes; la única diferencia es que esa sala estaba fría, mal iluminada, llena de turistas hablando a gritos y de guardias de seguridad mandando a callar y tratando de impedir que la gente sacara fotos con malos modos. La definición de anticlímax. Aunque también influye que el recorrido está diseñado para que sea casi lo último que ves, y el cansancio también juega un papel importante. Sin embargo, nada de lo que acabo de decir se aplica a la Fontana di Trevi. Creo que por mucho que la hayas visto en fotos, ver cómo esa enorme estructura parece emerger desde la fachada del edificio nunca dejará de asombrarte. Pero cuidado, que pese a la decepción de la Capilla quedamos alucinados con el Museo Vaticano, probablemente la mayor concentración de obras de arte por metro cuadrado del mundo. Eso sí, ¡huid de los tours guiados como de la peste! A nosotros intentaron clavarnos 48 euros a cada uno (precio de amigo por ser estudiantes, e iba a la ruina al dejárnoslo tan barato) aduciendo que la entrada sólo nos costaría 28, y lo que nos costó fueron ocho pavos a cada uno con el carnet de la universidad. Más cara que espalda, los colegas. Además a poco que entendáis inglés podréis arrimaros como quien no quiere la cosa a cualquier grupo que pase por una obra que os interese y el resultado será el mismo, sin el agobio de ir en pelotón y sin que nadie te marque el ritmo al que disfrutas de la experiencia.

Como digo, al visitar la ciudad uno puede tener la sensación de que ha viajado hacia atrás en el tiempo y, lo que es su gran atractivo turístico, en algunos aspectos también es un gran inconveniente. La mayoría de calles están adoquinadas o llenas de bollos (o ambas cosas) y es bastante jodido caminar, no quiero imaginarme lo que debe ser conducir o desplazarse por ellas en silla de ruedas o sin ver por dónde vas... Aunque os puedo decir que las guaguas que cogíamos parecían ir a desarmarse en cualquier momento. Otra cosa que me sorprendió mucho fue la iluminación de las calles, donde por cierto, oscurece en torno a las cuatro y media de la tarde. Más que para alumbrar parecen diseñadas para dar ambiente (lo apodamos “alumbrado romántico”), porque son realmente tenues y dan a la ciudad un aspecto la mar de curioso, aunque un poco inseguro, también. Y hablando de inseguridad (y con esto termino el apartado, que parece que sólo digo cosas malas de la ciudad XD), sé que es un cliché, pero... hay que ver cómo conducen, la virgen. Os diré simplemente que en los semáforos, la luz roja es el DOBLE de grande que la verde y ámbar. No lo había visto en ninguna otro sitio y creo que es suficientemente descriptivo. Eso sí, como peatones hay que echarle muchísimo morro al asunto, porque si no se te hace de noche (recordemos que anochece a las cuatro) sin que hayas podido llegar a la acera de al lado.

En el lado oeste del río hay un barrio llamado Trastevere (porque está detrás del Tíber. De verdad), que supongo que viene a ser lo que el Borne a Barcelona. Tiene un ambiente más juvenil y bohemio, y está lleno de tienditas de arte, librerías especializadas y ropa de segunda mano. Entramos en alguna de estas últimas para curiosear y nos quedamos helados. ¡Abrigos de segunda mano a 150 lerus! Y eso en Roma, no quiero pensar lo que debe ser comprar ropa en Milán. Por contra, los domingos montan un mercadillo inmenso lleno de quincalla y ropa, donde puedes encontrar auténticas gangas, como abrigos de piel por cinco o diez euros. Un poco ajados y con pinta de haber visto tiempos mejores, es verdad, pero piel al fin y al cabo. H@n se pilló una chupa de cuero tó molona por menos de lo que cuesta una entrada de cine hoy día.

Y hablando de cosas baratas, si os animáis a ir al mercadillo (o si simplemente estáis dando una vuelta por el barrio y se os abre el apetito), mi consejo es que paréis a repostar en Carlo Menta, un restaurante bastante apañado en cuanto a calidad y absolutamente tirado de precio. Roma tiene fama de cara (y barata no es), así que no veas la alegría que se llevó nuestra cartera al ver que la pizza más barata, la Margarita de toda la vida, valía 3 euros, y la más cara unos 5, y que el resto de platos de pasta y carne se mantenían en líneas generales en ese último precio. Por esa cantidad tampoco se puede esperar una pizza que rebose ingredientes por todos los lados, pero la verdad es que las dos veces que comí allí quedé saciado. La única pega que le hallo es el servicio, pero la verdad es que, aunque de todo hay, en la mayoría de establecimientos vimos una desgana que raya los malos modos. Pero no quiero contribuir al cliché de los italianos maleducados, porque la verdad es que fuera de eso la gente era muy maja, y no tenían ningún problema en pararse a darte indicaciones, por ejemplo. En cualquier caso, cualquier problema que pudiéramos haber tenido con los camareros se solucionó cuando nos trajeron los postres. Qué. Maravilla. Recordad mis palabras: Tiramisú y Ricotta con frutas del bosque. No os arrepentiréis.

La maña que tienen con los postres se extiende también a los helados (y también a los gofres, aunque me temo que estos últimos no pude probarlos), y pese a estar en torno a los trece grados la mayoría del tiempo, no nos resistimos a probar un par de sabores de la buena pinta que tenían. Por entre 1'50 y 2'50 tienes a tu disposición tres o cuatro sabores de tu elección con nata por encima. Luego acabarás como yo, con la garganta hecha una mierda, pero sarna con gusto no pica ;) Y ya que estamos hablando de dinero, un último truco para presupuestos ajustados: pagar la guagua es opcional. Nos lo había comentado La Griega antes de ir, y al llegar pudimos comprobar in situ que los italianos nunca pagan el trayecto en bus. Ciertamente hay máquinas en el interior para validar el billete o pagar la carrera con monedas, pero se limitan a ignorarlas, que es exactamente lo mismo que hace el conductor con la gente que no paga. Lo único que tienes que hacer es estar atento para bajar si sube un revisor, pero en los cinco días que estuvimos allí cogimos al menos un par de guaguas al día y no tuvimos el más mínimo problema.

Mi último consejo, fuera de visitar todo los “must” que vienen en las guías, es que dedicarais al menos un día a callejear sin rumbo por alguna zona del centro que no hayáis visitado. Las mejores tiendas y una de las iglesias más impresionantes que vimos las descubrimos así, y no aparecían en ninguna guía ni reseña sobre la ciudad. Y si vuestro paseo os lleva más allá de la Piazza del Popolo, hasta el parque de Villa Borghese, mejor que mejor. Podréis disfrutar primero de un panorámica de toda la ciudad, con la cúpula del Vaticano sobresaliendo al fondo, y luego de una zona verde que es una maravilla, llena de bustos, esculturas y fuentes, y un par de lagos donde merece la pena pararse a disfrutar de la vista y sacarse alguna foto. Y ya que estáis, daos un garbeo por el museo del parque. La entrada es un poco cara (alrededor de diez euros, si no recuerdo mal), pero el edificio en sí ya vale la pena, y además cuentan con una exposición de cuadros de Caravaggio y algunas obras de Bernini, entre la que están el David y Apolo y Dafne =)

Pues creo que eso es todo en lo que concierne a Roma. Veréis que en cuanto le dé a publicar se me ocurrirán más cosas, pero así es la vida. Aunque en realidad el viaje no acabó ahí, porque tras pegarnos el madrugón y coger el avión, nos esperaban más amigos de H@n para ofrecernos alojamiento en Barcelona (esta chica es una red de Couchsurfing en sí misma, es flipante), unos chicos la mar de majos con los que salimos de fiesta al famoso Gato Negro (que me parece que Misa y sobre todo Kurai conocen bastante bien XD). Si estáis por Barcelona, preguntad por el sitio, tiene un ambiente muy bueno y las mezclas que hacen son la caña. Para redondear el día se nos unió Pecosa para dar una vuelta y cenar, así que encima tuvimos mini-quedada blogger. Nos reímos lo que quisimos, y Pecas como siempre fue un encanto. ¡Y hasta nos regaló unas camisetas personalizadas tó molonas! Cuando tengamos las fotos las subiremos para que veáis lo guapas que están. ¡Muchas gracias por todo, salá!^^

Y básicamente así he pasado la última semana (no me odiéis, que llevaba dos meses en casa estudiando). Ahora tengo que ponerme a mirar qué ha sido de vuestra vida en estos días, espero que nadie que tuviera que viajar se viera en tierra por el tema de los controladores. Afortunadamente a nosotros todo ese tema nos pilló en Roma, aunque los problemas que hemos tenido para ir de un sitio a otro (retrasos de aviones, pérdidas de guaguas e incluso trenes...) ya han sido bastante grandes sin necesidad de ayuda de ningún colectivo [1]. Como muestra, la carrera que me tuve que pegar por la T1 de El Prat para coger el avión de vuelta a Tenerife después de llegar en taxi con ocho minutos de margen porque de los dos trenes que podía coger para venir, el primero se adelantó y salió según entraba yo por la puerta de la estación, y el segundo se retrasó tanto que ya no llegaba ni de coña. 25 pavazos y una mezcla de sprints y trote cochinero desde la puerta B1 hasta las B65 (que también manda cojones) que me dejaron claro que este año nuevo voy a tener que ponerme en forma sí o sí. Llegué con la lengua fuera y las puertas ya cerradas, sólo el retraso que llevaban todos los vuelos durante la mañana (y la flor que llevo en el culo) me salvó de quedarme en tierra. Pero no se lo digáis a H@n, que siempre me pelea por dejar poco margen para coger los vuelos, y yo siempre me río de ella porque quiere estar en el aeropuerto cinco horas antes de que salga el avión =P

[1] Con todo este tema de la huelga se han dicho muchas burradas sobre los controladores, pero a ellos no se les ha escuchado. Conste que soy el primero que condena una huelga tan brutal (e ilegal desde el punto de vista del Derecho Sindical) y que dice que se les ha ido la pinza cosa mala, pero este enlace que pillé por Facebook a través de Anne ha hecho que me lo piense dos veces antes de desear las burradas que se han escuchado a más de uno...

P.D.- Mi cámara de fotos ha muerto, así que tendréis que esperar para ver los famosos portales de Roma XD Y si os mantenéis al tanto del blog de JuanRa, puede que en unos días veáis una nueva entrega de un juego que se está extendiendo por todo el mundo, bwa-ha-ha-ha! =)