Creo que es el título más explícito que he escrito nunca.
Como dije el otro día en los comentarios, el fin de semana pasado fui de apartamento al Puerto de la Cruz, población del norte de Tenerife bastante turística, pero que ha sabido integrar ese impacto turístico sin perder su esencia (todo lo contrario a los pueblos del sur como Playa de las Américas, donde tienes la sensación de estar en otro país); así, tienes callejuelas empedradas y casas típicas canarias mezcladas con, por ejemplo, un paseo marítimo con tiendas y sitios de comida abiertos hasta tarde, lo que fomenta que una vez puesto el sol todavía haya vidilla en la calle y dé gusto pasear. Además, a pesar de tener diferentes opciones entre las que elegir si quieres salir de fiesta, en líneas generales el turismo que acude al Puerto es mucho más tranquilo (y también de mayor media de edad), lo que personalmente agradezco bastante. No mola volver al apartamento de madrugada y tener que estar aguantando ingleses borrachos por la calle.
El apartamento que habíamos reservado por internet era muy barato. Baratísimo. Tirado de precio. Tan barato que teníamos miedo de llegar y ser atendidos por cucarachas gigantes en medio de un descampado. No ayudó a mejorar la imagen del sitio la pandilla de yonkis que se echaban unas risas en un jardín cercano, o el hecho de que el chico del mostrador nos dijera que volviéramos más tarde porque todavía no estaba la habitación lista (eran las doce y algo y la entrada era a partir de las doce). Pero no nos desanimamos y aprovechamos para ir a comprar las típicas provisiones para cuando uno se va de apartamento: chucherías y cosas ricas sin ningún aporte nutricional y algo de pasta para cocinar y no sentirnos mal con nosotros mismos.
Contra todo pronóstico el sitio estaba muy bien, aunque carecía de algunas cosas esenciales que, primerizos como somos en eso de irnos de vacaciones, no (se me) se nos ocurrió traer de casa. Por ejemplo, utensilios de cocina. Porque en el apartamento había:
-2 platos grandes
-2 platos pequeños
-2 vasos
-2 tacitas de café
-2 tenedores
-2 cuchillos de untar
-1 cuchara sopera (algún inquilino tacaño se llevaría la otra)
-2 cucharillas de café
-1 cuchillo de unos 20 centímetros
-1 cacerola
-2 sartenes pequeñas (una de las cuales estaba hecha una mierda y casi prende fuego a la tortilla. True story. Lo cual, ahora pensando, significa que el detector de humos de la habitación estaba estropeado o era de pega, porque aquello parecía Gorilas en la niebla).
Y ya está. Ni un estropajo, ni un cucharón, ni nada para sacar lo que cocináramos en la cacerola. Y ya que estamos, tampoco servilletas, un fisco de sal, o pequeño bote de gel en el baño. Lo único que nos dieron toallas y papel higiénico. Diría que a partes iguales pecamos de ingenuos y despistados, porque a ninguno de los dos se nos ocurrió que podía haber traído todas esas cosas de casa (vivo como a una hora de allí), pero la verdad es que aquello era básico, básico. Y teniendo en cuenta que en la calle hacía 39 grados (se ve que a alguien de ahí arriba no le gustó mi último post) podríamos decir que muchas ganas no había de volver a salir y coger el coche hasta el supermercado, por lo menos ese día. Pero ante la adversidad, ¡imaginación e inventiva!. Y de ahí vienen nuestros siete consejos para mochileros que no quieren/pueden gastarse más dinero del necesario (y es que no veas cómo jode que las cosas se salgan de presupuesto cuando hasta el último euro cuenta):
-Uno: En tiempo de guerra todo agujero es trinchera; en la cocina, cualquier cosa lo suficientemente grande puede servir para remover la pasta. ¿Tienes un cuchillo de 20 centímetros? Pues ya tienes cucharón para revolver y servir, ayudándote de un tenedor y algo de maña.
-Dos: Si tienes gel, tienes champú, eso es de sobra conocido. Pero amplia tus miras, ve más allá. El gel de ducha es, básicamente, jabón. Y el jabón puede servir perfectamente para fregar la loza. Si ya lo hacían nuestros abuelos con el Jabón Lagarto, ¿por qué vamos a ser menos nosotros? Gel = 3 en 1.
-Tres: De acuerdo, tienes el gel para fregar la loza, pero no vas a quitar la roña con las uñas, ¿verdad? Necesitas algo limpio y, sobre todo, rasposo, para eliminar la suciedad de la vajilla. Tienes dos toallas de mano pero sólo un gancho al lado del lavabo del baño. Haz las matemáticas.
-Cuatro: Este también cae por su propio peso: Si tienes papel higiénico, tienes pañuelos y servilletas. Otro 3 en 1, como el gel.
-Cinco: Por cierto, el gel no vale como dentífrico. Aclaro por si acaso, no porque lo haya intentado.
-Seis: Este es bueno, y viene directamente inspirado en Trailer Park Boys. Te despiertas a las once de la madrugada y el cuerpo te pide un buen y nutritivo desayuno. Te arrastras fuera de la cama, sacas la leche y los cereales de frigorífico y despensa respectivamente, y entonces la realidad te golpea como una guarra infiel; no tienes tazón. ¿Qué haces? Te cagas en todo (se te permite por estar acabante de levantar) y luego abres tu tercer ojo recordando el mantra del consejo número uno. Como no llevamos cámara (sí, lo sé, somos la peste) no hay fotos, pero aquí os pongo una representación del proceso:
Como dije el otro día en los comentarios, el fin de semana pasado fui de apartamento al Puerto de la Cruz, población del norte de Tenerife bastante turística, pero que ha sabido integrar ese impacto turístico sin perder su esencia (todo lo contrario a los pueblos del sur como Playa de las Américas, donde tienes la sensación de estar en otro país); así, tienes callejuelas empedradas y casas típicas canarias mezcladas con, por ejemplo, un paseo marítimo con tiendas y sitios de comida abiertos hasta tarde, lo que fomenta que una vez puesto el sol todavía haya vidilla en la calle y dé gusto pasear. Además, a pesar de tener diferentes opciones entre las que elegir si quieres salir de fiesta, en líneas generales el turismo que acude al Puerto es mucho más tranquilo (y también de mayor media de edad), lo que personalmente agradezco bastante. No mola volver al apartamento de madrugada y tener que estar aguantando ingleses borrachos por la calle.
El apartamento que habíamos reservado por internet era muy barato. Baratísimo. Tirado de precio. Tan barato que teníamos miedo de llegar y ser atendidos por cucarachas gigantes en medio de un descampado. No ayudó a mejorar la imagen del sitio la pandilla de yonkis que se echaban unas risas en un jardín cercano, o el hecho de que el chico del mostrador nos dijera que volviéramos más tarde porque todavía no estaba la habitación lista (eran las doce y algo y la entrada era a partir de las doce). Pero no nos desanimamos y aprovechamos para ir a comprar las típicas provisiones para cuando uno se va de apartamento: chucherías y cosas ricas sin ningún aporte nutricional y algo de pasta para cocinar y no sentirnos mal con nosotros mismos.
Contra todo pronóstico el sitio estaba muy bien, aunque carecía de algunas cosas esenciales que, primerizos como somos en eso de irnos de vacaciones, no (se me) se nos ocurrió traer de casa. Por ejemplo, utensilios de cocina. Porque en el apartamento había:
-2 platos grandes
-2 platos pequeños
-2 vasos
-2 tacitas de café
-2 tenedores
-2 cuchillos de untar
-1 cuchara sopera (algún inquilino tacaño se llevaría la otra)
-2 cucharillas de café
-1 cuchillo de unos 20 centímetros
-1 cacerola
-2 sartenes pequeñas (una de las cuales estaba hecha una mierda y casi prende fuego a la tortilla. True story. Lo cual, ahora pensando, significa que el detector de humos de la habitación estaba estropeado o era de pega, porque aquello parecía Gorilas en la niebla).
Y ya está. Ni un estropajo, ni un cucharón, ni nada para sacar lo que cocináramos en la cacerola. Y ya que estamos, tampoco servilletas, un fisco de sal, o pequeño bote de gel en el baño. Lo único que nos dieron toallas y papel higiénico. Diría que a partes iguales pecamos de ingenuos y despistados, porque a ninguno de los dos se nos ocurrió que podía haber traído todas esas cosas de casa (vivo como a una hora de allí), pero la verdad es que aquello era básico, básico. Y teniendo en cuenta que en la calle hacía 39 grados (se ve que a alguien de ahí arriba no le gustó mi último post) podríamos decir que muchas ganas no había de volver a salir y coger el coche hasta el supermercado, por lo menos ese día. Pero ante la adversidad, ¡imaginación e inventiva!. Y de ahí vienen nuestros siete consejos para mochileros que no quieren/pueden gastarse más dinero del necesario (y es que no veas cómo jode que las cosas se salgan de presupuesto cuando hasta el último euro cuenta):
-Uno: En tiempo de guerra todo agujero es trinchera; en la cocina, cualquier cosa lo suficientemente grande puede servir para remover la pasta. ¿Tienes un cuchillo de 20 centímetros? Pues ya tienes cucharón para revolver y servir, ayudándote de un tenedor y algo de maña.
-Dos: Si tienes gel, tienes champú, eso es de sobra conocido. Pero amplia tus miras, ve más allá. El gel de ducha es, básicamente, jabón. Y el jabón puede servir perfectamente para fregar la loza. Si ya lo hacían nuestros abuelos con el Jabón Lagarto, ¿por qué vamos a ser menos nosotros? Gel = 3 en 1.
-Tres: De acuerdo, tienes el gel para fregar la loza, pero no vas a quitar la roña con las uñas, ¿verdad? Necesitas algo limpio y, sobre todo, rasposo, para eliminar la suciedad de la vajilla. Tienes dos toallas de mano pero sólo un gancho al lado del lavabo del baño. Haz las matemáticas.
-Cuatro: Este también cae por su propio peso: Si tienes papel higiénico, tienes pañuelos y servilletas. Otro 3 en 1, como el gel.
-Cinco: Por cierto, el gel no vale como dentífrico. Aclaro por si acaso, no porque lo haya intentado.
-Seis: Este es bueno, y viene directamente inspirado en Trailer Park Boys. Te despiertas a las once de la madrugada y el cuerpo te pide un buen y nutritivo desayuno. Te arrastras fuera de la cama, sacas la leche y los cereales de frigorífico y despensa respectivamente, y entonces la realidad te golpea como una guarra infiel; no tienes tazón. ¿Qué haces? Te cagas en todo (se te permite por estar acabante de levantar) y luego abres tu tercer ojo recordando el mantra del consejo número uno. Como no llevamos cámara (sí, lo sé, somos la peste) no hay fotos, pero aquí os pongo una representación del proceso:
No os lo vais a creer, pero se me jodió el escáner y no tenía un sólo rotulador negro en casa. Coraje.-Siete: ¿Olvidaste la toalla de playa? Si dejas puesto el cartel de “No molestar” en el pomo, la señora de la limpieza se limitará a dejar toallas limpias en una bolsa en la puerta. Ahora tienes el doble de toallas, ¡llévate una a la playa aprovechando que el blanco vuelve a estar de moda! De hecho, son tan finas y secan tanto, que total... ¡Llévatela a casa! Puede que la próxima vez las toallas no vengan con la cama o la habitación, y estas ocupan bastante poco en la mochila. La toalla de manos déjala, no seas cutre.
Al día siguiente fuimos a por la mayoría de cosas que faltaban, pero bien podríamos haber estado todo el finde dando un uso imaginativo a las herramientas de las que disponíamos, rollo campista experto. Eso sin contar lo que nos reímos de nosotros mismos. Hale, y ahora... ¿Cuándo nos vamos de viaje? =)
