jueves, 19 de agosto de 2010

Cereales "light"

De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que me he ido poniendo un poco fondón. Claro, muchas Galletas Príncipe, Chocogalletas y Mutanlletas al final pasan factura, y un día te ves en una foto y dices: “Pero, ¿qué cojones...? ¡O sea, que la lavadora no me estaba encogiendo la ropa!”. Así que he decidido perder un par de kilillos, más que nada echándome a correr y sobre todo controlando lo que como. Vamos, que se acabó el cenar pizza y mandarme luego una tableta de chocolate porque me apetecía algo dulce. De hecho, aparte de dejar de lado la bollería, los fritos, y demás, me ha picado la curiosidad de ir mirando siempre el aporte energético, hidratos y demás de los alimentos. Ya sabéis, el típico recuadro que hay en la parte posterior de los envases y en el que sólo se fijan las bulímicas y los vigoréxicos. Así he descubierto, por ejemplo, que las Príncipe tampoco son para tanto, o que los Skittles, en apariencia inofensivos con su sabor a frutas (y porque no tienen chocolate), tienen tantas calorías que podrías asar un venado sobre una lumbre hecha con ellos. Eso me llegó al alma, con lo que me gustaban.

Por otro lado, mi madre es la típica que te veía caminar de peque por el borde un muro y empezaba: “Te vas a caer... Te vas a caer... Te vas a caer y luego van a venir los lloros”. Tanto lo repetía, que cuando llegabas sano y salvo al otro lado parecía quedarse como jodida y todo. Pues con las dietas lo mismo. “¿Dieta tú? ¿De qué?”. Y al día siguiente para almorzar hay puré de brécol con un apio, que tú te quedas mirando el plato con la misma cara que miraba tu padre el rancho del cuartel, y tú madre pasando por detrás: “Más sano que eso, imposible. En la nevera hay pizza, si quieres...”

Algo así me esperaba también en esta ocasión, pero todo lo contrario. Ha debido verme más resuelto que de costumbre (o con más panza) porque ha estado echándome un cable con la comida y tal, sobretodo evitando traer refrescos, bollería y demás, lo cual le agradezco profundamente. Claro que eso incluye cambiar mis cereales de chocolate de siempre por otros integrales, lo cual no agradezco tanto, básicamente porque:

1- los cereales de chocolate no sólo son un placer, son un derecho inalienable del ser humano. Son el desayuno más completo, una fuente de sabor, ese algo que te “asienta las madres” y te saca una sonrisa en pleno madrugón mañanero. Los cereales de chocolate no son chocolate, no engordan, son puro amor.

2- mi opinión de los cereales integrales viene condicionada por aquella vez que compré Weetabix de niño tras ver aquel anuncio tan simpático en el que los Weetabix hablaban y descubrí una especie de torta con pinta de alpiste prensado que no había Dios que se comiera. Sorprendentemente a día de hoy vas al super y los ves en el estante de los cereales, aunque tengo la sospecha de que no es tanto por sus ventas como por no querer aparentar el fiasco que resultaron ser.

Ninguno de estos argumentos convenció a mi madre, que apareció por casa con unos cereales integrales con virutas de chocolate (negro, encima) y una mala pinta del carajo. Como para presumir hay que sufrir, a la mañana siguiente hice a un lado mis “Chocapic” Hacendado de siempre y me puse a desayunar con los otros. Sin que llegue a haber comparación posible, los integrales resultaron ser bastante comestibles, e incluso dejar un buen saborcillo en la boca, y sensación de saciedad. Y encima eran integrales, con lo que no había remordimiento por estar comiendo mierda. Pero hete aquí, curiosidades de la vida, que al ir a dejarlos en el armario junto a los otros, me fijé en un sello en el frontal de los cereales de chocolate que jamás había visto (típico en mí), y en el que rezaba: “Cereales integrales”. Intrigado por el hecho de que unos cereales que eran puro cacao pudieran a su vez ser integrales, les di la vuelta a ambos paquetes y comparé las tablas de nutrientes. Sorpresa, sorpresa...



No sólo el trigo con chocolate tiene menos calorías, sino que también tiene menos grasa, más fibra, y cubre un mayor porcentaje de la cantidad diaria recomendada de la lista de vitaminas (83% frente a 67%, ahí es nada); además, viene en mayor cantidad (500g frente a 450g, que no será mucho, pero ese tazón extra te salva una mañana de domingo tranquilamente) y cuesta casi un euro menos (aquí hablo de memoria pero sé que los de chocolate salen 1'50 y los otros dos y algo). Ahora echemos un vistazo a las cajas por delante e imagínense que andan a dieta. ¿Cual de los dos se llevarían?


Uno está con los cereales para el desayuno de los críos, y el otro con los integrales. ¡A mí me han timado! Así que antes de renunciar a ciertas cosas bien ricas, aseguraos que la versión light e insípida de ese producto vale la pena. Prefiero comer un Mars y hacer dos minutos más en la cinta antes que picotear otra de esos snacks de muesli. He dicho.

viernes, 6 de agosto de 2010

Hoy, unas risas

La primera vez que vi el anuncio, primero puse cara de WTF y luego empecé a descojonarme. Digo: "Coño, si eso es para aprender a cascársela. ¡Es un pajilleitor!". Y mira por dónde...



¡Zaka, zaka, zaka, zaka!

Este hombre es la leche. Si se rieron, entonces tienen que ver (si no lo han hecho ya) su fucking obra maestra: ¡BATAMAAAAANTAAAAA!