domingo, 29 de marzo de 2009

Los Palmera

Cuando tenía doce años, nos mudamos al sur, a un diminuto apartamento en el subsuelo de un chalet que sólo tenía una habitación. Yo dormía en una camilla en el salón, que era a la vez la entrada del “piso”, la sala de estar y mi cuarto de juegos. Sólo teníamos una ventana, que daba a la diminuta cocina, y desde la puerta podías ver sin problemas toda la casa.

Nuestro piso estaba en una calle que bajaba de una montaña pequeñita desde donde se veía gran parte del sur de la isla, con una gran pendiente, y sin asfaltar. De hecho, todo el pueblo estaba sin asfaltar, que yo recuerde. La única tienda que conocía estaba a veinte pasos de mi casa, donde despachaban pan, leche, chocolatinas, el periódico y poco más. Para cualquier otra cosa, había que ir al pueblo de al lado. Además, como era el sur-sur, aquello parecía un desierto: lo único que veías eran matojos, piedras marrones, y hacía un calor de tres pares de cojones de día, y un pelete que te cagas por la noche.

Joder, me encantaba aquel sitio. Molaba mil el piso diminuto donde casi siempre estaba sólo a mis anchas, y donde, por curioso que parezca, se estaba bastante fresco durante el día. Llegaba de clase, me calentaba algo en el microondas, y me ponía a ver los Simpsons, y luego a leer o dibujar un rato, o a hacer cosas de clase (esto último lo he puesto sólo para quedar bien). Cuando me aburría, cogía la bici y me iba a pedalear por las calles de tierra, a ver las obras de la carretera vieja que con curvas y sus baches o dar vueltas alrededor de los obreros que asfaltaban el pueblo (qué gran olor, el del piche caliente ^^) hasta que se cagaban en mi puta madre. Llegaba a casa empapado y pesando medio kilo menos (así pasé de ser una bolita a un muchacho de buen palpar, lástima que ya no pueda ir en bici por la rodilla), me duchaba y me ponía a jugar con mis muñecos y a matar moscas en una especie de patio que formaban las escaleras que bajaban de la entrada del chalet al pisito. Era un hacha matando moscas. Hasta treinta llegué a matar un día, jamás supe de dónde salían tantas cabronas.

Pero si había algo que me gustaba de vivir en el sur, eran los viajes en coche. Allí, para ir a cualquier lado debes moverte en coche, y teniendo en cuenta cómo era el paisaje y el clima, aquello parecía más una road movie que otra cosa, en la parte en la que (esto es obligatorio), los tipos que ahora no se llevan demasiado bien, pero que cuando termine la peli serán grandes amigos de por vida, se pierden por el desierto. Mi viaje favorito era el que hacíamos hasta el área metropolitana a ver a mis abuelos, por ejemplo. Imaginaos la situación: una autopista en el desierto, poco más de una hora de viaje en un Seat Panda aguamarina que no podía pasar de cien, mi madre y yo dentro con las ventanillas subidas para ganar +1 en aerodinámica, sin radio.

¿Cómo puede ser divertido ir en un Panda con tu madre y sin una triste radio con la que distraerte?, pensarán horrorizados los jovenzuelos de hoy en día. Bueno, la verdad es que las primeras veces fue mortalmente aburrido. Pero que no tuviéramos radio no significa que no tuviéramos música. Porque un día... (dentro efecto de ondulación tipo flashback).

El interior del Panda, sobrepasando por poco los 100 km/h. En breve el coche comenzaría a traquetear.

-Oye, Zorro -dijo mi madre de repente.- ¿Conoces a Braulio?

-¿A quién?

-Un cantante canario. Decía aquello de (y empezó a cantar, rollo musical. Mi madre. De verdad de la buena): “Se equivoca quien sostiene que son siete nuestras islas y se olvida de que hay otra / La que forman los canarios que siguieron la llamada de la América remota...” ¿No lo oíste nunca de pequeño en el tocadiscos?

-......................................................nop.

-¿Y los Palmera?

-¿Los qué?

-Los Palmera. Un grupo de rock muy famoso de los setenta, que eran de aquí. (y meneando la cabeza en plan rocker, comenzó:) “Lucyyyyyyyyyyyy... / no paro de llamarteee / (no paro de llamarteee) / siempre me sale tu mamá en el aparatooo / (siempre me sale tu mamá en el aparatooo).

Y yo mirándola y pensando: “Ya se volvió loca”.

Fin de flashback. Pues por mucho que quisiera hacerme el preadolescente duro que fui más tarde, la verdad es que las canciones eran pegadizas; a partir de entonces, en cada viaje nos dedicábamos a cantar en el coche como dos locos. Total, nadie nos oía... Y nos lo pasábamos del diez^^

De todo esto me acordé el otro día por una de esas concatenaciones de pensamientos que parecen no tener sentido alguno (ñoños – dedos de los pies - cholas – chanclas – no me pises que llevo chanclas – oye qué cosa el café – los palmera). Y me di cuenta de que jamás llegué a escuchar las canciones reales. Con el tiempo mi madre compraría esta casa y volveríamos al norte, cambiaríamos el Panda por un Ford con radio, y pasamos la época de cantar en el coche. Como soy de naturaleza curiosa, me puse a buscar y mira tú por dónde... Sé que son muchas canciones, pero si estáis de buen humor y podéis, conectad los altavoces y disfrutad como si estuviérais en un guateque fetén =)











Son tal y como las cantábamos^^

lunes, 23 de marzo de 2009

Zorrodiario de Richard, tercera y final

Tengo un post entre manos desde el otro día, pero no acabo de estar contento con el resultado. Mientras, para no teneros abandonados, os dejo la última parte del zorrodiario de Richard y así me lo quito de encima ya XD

Capítulo 4.

Cuando Richard se desploma en la cama dispuesto a dormir despues de recorrer varios kilometros con Estela a cuestas suena el teléfono:

-Digaaa..

-Richard, soy Carmen ["¿qué Carmen?". "¡La que te va a dar esta!". Perdón, es un chiste privado que si no digo, reviento XD], están haciendo una renada [operación policial de extremada complejidad en la que renos con entrenamiento militar registran un lugar de cabo a rabo. Nada escapa a sus cuernos.] ¡Tienes que salir de aquí! Escucha: en la ventana del pasillo hay una escalera de incendios, sube hasta el tejado. Da la vuelta al tejado y encontraras otra escalera de incendios [yo sólo he visto una en mi vida, pero vamos, será por escaleras de incendios...] que comunica con otra casa. La ventana del segundo piso está abierta, puedes dormir allí. Adios.

Richard busca el pasillo [Richard es así; sí una desconocida le llama y le dice que un montón de renos se dirigen a por él y que tiene que hacer parkour para sobar en el edificio de enfrente, ¡él no piensa, actúa!], salta a la escalera de incendios, sube hasta el tejado y da la vuelta, baja por la otra escaleras y baja al segundo piso. Entra por la ventana de la cocina [lo cual se podía haber resuelto con un: “Richard siguió las indicaciones que la mujer del teléfono le había dado...], al pensar en la cocina a Richard le entra un hambre feroz . Gracias a Dios el “frigo” esta repletito y Richard se encarga de vaciarlo... despues de satisfacer sus necesidades, duerme una siesta de un día y medio... [Richard es español y punto]

Capitulo 5

Cuando despierta, es la una y media de la mañana. Desayuna y se ducha. Después pone el contestador:

-Richard, soy Carmen, encontraron tu pistola y la de Estela, que por cierto se recupera favorablemente [dicho así como de pasada, que se note que Richard es el único prota y los demás sólo personajes secundarios] y nos han cerrado el hostal -al oír esto último a Richard casi le da un patatús. ¿Cerrado el motel? ¿Y ahora a donde íba? Otro mensaje cortó sus cavilaciones- Richard, soy Carmen, detras del frigorífico hay un fusil y municiones. Hasta luego” [si es lo que digo yo siempre: ¿para qué cavilar si puedes fusilar? Me puedo imaginar a mí mismo pensando: “aquí hace demasiado que no hay tiros, vamos a meter unas municiones...”. Que tampoco sé sabe muy bien qué ha cambiado con el segundo mensaje, a no ser que Richard planee dormir en el fusil. Aunque ahora que lo pienso... qué hija de puta, la Carmen: “Eys, Richard, tu chica está en el hospital, la policía te acosa y me han cerrado el hostal por tu culpa... Yo no digo nada, pero hay una escopeta detrás de la nevera queee...”].

Richard no se lo piensa y va a la cocina. Despues de armarse y coger todo lo necesario [o sea, las municiones], sube a la escalera de incendios, da la vuelta a la azotea, baja la otra escalera de incendios y sube a la moto que Carmen debia (y es que lo hizo) dejarle allí [eso no me lo inventé sobre la marcha, que conste. Ni el personaje de Carmen tampoco. Toda la historia estaba pensada para desembocar en este punto. ¡Pues menudo soy yo! Ejem]. No sabe adonde dirigirse. El puerto esta vigilado, por avion, no, lo cogerian eseguida, ¿y por tren? Por intentarlo... [no, por tren. Ja, ja. Dios, que alguien me de un fusil con municiones...]. Pone en marcha la moto rumbo a la estacion mas proxima. Despues de un rato, se da cuenta de que lo sigen, es un 4x4 negro con matricula Dember 51432 ATV [Dember, famosa ciudad amerikana que se dio a conocer en la película: “Coss k acer n dembr cuand tas muert. Pasalo”] . Cuando se da cuenta de que a traves de los cristales no se puede ver desde fuera hacia dentro [sino que se veía desde fuera hacia afuera, lo cual comprendió tras unos segundos de desconcierto al pensar que era él mismo el que estaba conduciendo el 4x4], entonces se alarma. ¿Quien sera? ¿La policia quiza? ¿El hombre del jeep [barra, Porsche]? Richard estaba más convencido de que era el desconocido el desconocido del jeep. ¿Qué querría de él? ¿Era policía? ¿Por qué le perseguía? [¿olería bien?], fuera lo que fuese Richard estaba decidido a plantarle cara.

Se dirigió a un callejón apartado, guardó la moto en una esquina, empuño su fusil y aguardo, en unos minutos el coche entró en la calle [unos minutos, dice, menudo par de cracks. Uno por ser capaz de seguir una moto a dos kilómetros de distancia en ciudad, y el otro por verlo] y fue directo a el. Richard cogio el fusil [one more time] y apunto hacia el cristal, y disparo [y la bala salió del cañón, y cruzó el aire, y...]. La bala rebotó. Richard se quedo atonito. ¡El coche estaba blindado! ¿Cómo no había pensado en eso? [quizá porque los coches blindados no llegan al 0,5% del total del planeta], entonces recordó un truco que había visto en la televisión [McGyver y el de Bricomania tenían cosas buenísimas], consistía en tirarse al suelo y estirarse esperando que el coche pasara por encima de el sin hacerle nada [porque si lo deseas con mucha fuerza...]. Cuando el coche dio marcha atrás y salio del callejón, Richard comprobo que estaba ileso [y que su perseguidor era gilipollas]. ¡No era un truco! ¡Era realidad! [¡niños, hacedlo en casa!]. Entonces Richard experimento las mallores ganas de vivir que habia sentido en la vida. Por otro parte, el hombre cesaria de buscarlo, ¡eso era maravilloso! [¡yay!] Pero le seguia la policia y tenia que salir del pais [jo...]. Entonces sono una sirena y entro un coche patrulla entro en el callejon [¿dónde? En el callejón] ¡Aquel hombre debia de haber llamado a la policia para que recogieran su cadaver! ¡Era increible, no salia de una para meterse en otras!

Cogio la moto [que también había salido ilesa de ser arrollada por un 4x4. Es lo que tienen estas minimotos de gasolina] y salio disparado hacia el coche patrulla. Cuando parecia que iban a chocar Richard hizo un caballito, y despues con la subida del cristal salto el resto del coche [pues los Motoratones de Marte lo hacían]. Lamentablemente la moto cayó a un lado de Richard y no Richard encima de la moto. Menos mal que no sufrió una caída grave pero la moto sí. Por lo que Richard tiene que salir corriendo del callejon. Lamentablemente [lamentablemente era la palabra del día] un hombre con un fusil no pasa desapercibido, prueba de ello eran los gritos y desmallos que se sucedian por doquier y la policia le perseguia cuando todo parecia perdido una mano lo agarra y lo mete en un coche. ¡Es Estela! [esa ciudad está compuesta por dos calles y una plaza, si no, no me lo explico].


-Este... -comienza a decir Richard, pero Estela pisa el acelerador hasta el fondo y sus palabra quedaron cortadas por el susto.

-Richard, debías de haberme llevado contigo...

-No podía, imaginatelo yo llevarte a un medico ¡y encima por herida de bala! [mucho mejor dejarte morir dónde fuera que la dejaste, hijo de puta. Estela, para el coche]. Se sucede un silencio de un rato [me encanta esta frase] despues de el cual Estela dice:

-Richard; tienes razon: lo siento. [vale, sí, es la frase que a todo tío le gustaría oír en boca de una mujer de vez en cuando, pero así mal, Estela, así mal. Que la próxima vez que te lastimes la pata igual le da por sacrificarte y mandar a tu familia la factura de la bala...]

-¿Dónde vamos?

-¿Sabes? He ido a echar un vistazo y no hay vigilancia para salir de la ciudad por carretera.

Se dirigen a la frontera [la frontera de la ciudad, aclaro]. Aunque es un camino muy largo lo hacen con entusiasmo [cantando canciones de carretera y asomando el culo por la ventanilla. Esas cosas que amenizan un viaje] pero al cabo de unos kilometros, Estela ve que le sigen... ¡La policía! ¡Es increible! [hombre... pues no. Que llevan persiguiendo a este hombre desde el principio] ¿No le iban a dejar descansar? Estela conduce muy bien [para tener un agujero de bala en la pierna] entre los matorrales, pero la policia les está pisando los talones. En un claro, ven una manada de caballos salvajes que se espantan y corren en la misma dirección que Estela y Richard [esto me lo apunto: uno no huye, sino que corre en la misma dirección que el que va detrás]. Los disparos empiezan a sonar. ¿Qué quieren? ¡Matarlos! ¡Serán...! uno de los disparos va a la rueda y Richard salta a un caballo [esto está llegando a unos niveles de cutrez en las que no sé ni que comentar, lo juro] en el instante en que el coche vuelca dando vueltas de campana [tío, siempre pringa la piba que va con el nota]. Richard teme por Estela, al fin y al cabo todos los que han estado con el han acabado muertos. Richard espera que esta sea la primera excepcion De repente una silueta sale del humo. ¡Estela! Esta montada a caballo [xDDDD] y con una sonrisa en los labios “vamos” grita [Dios, mataría por ver esto en una peli]. No tarda en alcanza a Richard. Despues de doblar un recodo se encuentran con una pequeña meseta que el caballo puede subir de un salto [era una mesita, en realidad]. Estela sube, se acerca a un tronco sube a el y el caballo se va corriendo. Richard hace lo mismo y despues los dos aguardan silenciosos, al momento los coches patrulla doblan el recodo y pegan un frenazo, sus ocupantes se bajan y sigen a pie [el coche no podía subirse a la mesita] no reparan en el árbol. Cuando estan lejos, Estela y Richard se bajan del arbol y se dirigen a los coches patrulla, les pican las ruedas y les estropean las radios [yo hubiera defecado en los asientos, pero es que yo soy muy mío], a todos menos a uno, que es el que van a utilizar para escapar.

Capitulo 6

Una vez en la ciudad se meten en el conocido callejon, suben la escalera al segundo piso.

-Me pregunto como entraremos -dice Richard

-Con una llave -contesta Estela [redoble de tambor y golpe de platillo].- Richard se queda boquiabierto aunque no es de extrañar porque suyo tambien es el hostal. Despues de ducharse y comer un poco duermen hasta el día siguiente [la verdad es que el concepto de huída les es bastante ajeno. Al final acabarán viviendo en el hostal, y si no, al tiempo.]

Capítulo 7

Cuando se despierta, Richard sabe como salir de la ciudad [lo cual quiere decir que ya me había aburrido de la historia]. El banco nacional [ay, mi madre...]. Pordebajo está la via del tren que pasa exactamente a las 12:30 [todos conmigo: XDDD], y lo lleva hasta Macintosh. Está seguro de que funcionara. Le deja una nota a Estela [que ponía: “De nada”] y se dirige al banco nacional. A las 12:10 esta alli, a las 12:20 empieza el atraco. Richard dispara al unico guardia y dispara a la camara [luego disparó al único teléfono y el banco quedó completamente incomunicado]. Pide a todo el mundo que se arrincone en un lugar. A las 12:25 pide perdon [sobre todo al guardia muerto] y abre la especia de portezuela del suelo. A las 12:30 el tren llega al mismo tiempo que la policia. Richard salta al techo de un vagon. A la 1:20 llega a la principal ciudad de Macintosh, Gualidec [se conoce que la policía no puede parar un tren. Sin hacerlo descarrilar, digo], Richard salta y se hace pasa por uno de los viajeros, y sale de la estacion. Se dirige a su antigua casa en la zona centrica en la calle Martin Moncloa [serendipia, la calle en la que vivo hoy día tiene un nombre parecido]. Es libre. Ya no es un buscado. Buscara trabajar [o municiones] y dentro de unos años mandara un billete de tren para que Estela se reúna con él. [Dios mío XDDDD]

FIN

Conclusiones:

1,- Richard es un cabrón, y Estela gilipollas.
2.- La policía es estúpida. Ni sus renos se salvan. Para despistarlos no tienes más que doblar una esquina.
3.- Las siestas de día y media no son un mito.
4.- Si alguna vez vas a ser atropellado por un vehículo, tírate al suelo.
5.- Si alguna vez te persigue un loco armado o la policía, súbete a un árbol.
6.- Si tu coche va a volcar, tírate a un caballo. Un momento...
7.- Ese tipo que hay siempre en la esquina de tu calle no vende drogas, vende municiones.
8.- Sólo hay un motivo para que Carmen sea sólo una voz al teléfono, y es que en realidad se trate de... ¡Carmen Sandiego!
9.- Yo... ¡uso exclamaciones tras puntos suspensivos desde que tenía nueve años!
10.- Este zorrodiario no es ni la mitad de divertido que el otro.


miércoles, 18 de marzo de 2009

Zorrodiario de Richard, part chú

¡Parece que fue el otro día que empezamos el nuevo zorrodiario, pero ya hace más de un mes! Va siendo hora de que retomemos la acción donde lo habíamos dejado. Por si os da pereza leer dos posts (si es así, ¡largo de aquí, escoria!) os lo resumo: Richard es un ladrón de bancos que acaba de escapar de una prisión de máxima seguridad junto con un travelo que trabajaba para la policía secreta porque encontraron una puerta abierta. Perseguidos como animales, se hicieron fuertes en el interior de una guagua, donde asesinaron a varios de los rehenes y el travelo resultó muerto. Richard logró huir a lomos de la guagua, perseguido por el misterioso “hombre del jeep”. La guagua volcó provocando un choque múltiple. Nuestro prota (iba a decir héroe, pero no le pega ni con cola) se arrastró hasta una casa y amenazó a la inquilina, pero justo en ese momento, perdió el conocimiento (un molesto efecto secundario de la pérdida masiva de sangre). Pues ahí nos habíamos quedado...


Capítulo 2

Cuando despierta, Richard se halla en una cama no muy mullida [todo hay que decirlo], de la cocina se puede oler el potage y oir una mujer.

-¿Dónde estoy? -pregunta Richard aturdido. Como contestación le llega otra pregunta de la cocina:

-¿Ya se ha despertado? [hola niños, soy Coco, y os voy a enseñar la diferencia entre una pregunta típica y una pregunta estúpida] -se oyen pasos y enseguida está la mujer en la entrada de la habitación.

-Ha perdido mucha sangre -explica, y cambiando de tono, pregunta:- ¿Es usted al que busca la policía? [hola, niños, soy... Bah, al carajo] -Richard responde:

-¿Me denunciará? -dice con desconfianza.

-Aquí nadie denuncia a nadie. Estamos en la ciudad vieja, por cierto. ¿Cómo se llama usted?

-Richard se levanta de un salto. ¡Ciudad Vieja su salvación! ¡Ningún policía entra en la ciudad vieja, pero en seguida se acordó del hombre del jeep, así que pregunto sobre el accidente a la mujer:

-¿Cuántas víctimas?

-9 heridos y 2 muertos [pero no sabes que a él le estaban buscando...]

-Oiga sabe algo de un hombre que conducia un jeep.

-¿jeep, que jeep, en el accidente no habia ningun jeep [¿Qué ser esa cosa que llamar jeep, rostro-pálido?] -dice perpleja la mujer.- Por cierto, ¿como se llama?

-Richard -dice Richard [como su propio nombre indica] confuso. ¡Había logrado escapara! [hombre, si por escapar se entiende alojarse en la casa frente a la cual has tenido un accidente en tu huida, pues sí, estás a salvo...]

-Yo soy Melanye -dijo la mujer- ¡Oh, que se me quema la comida! -durante tres semanas estuvo Richard en casa de Melany [ya va perdiendo letras el nombre. Por cierto, menudo morro el de Richard. A este le das la mano...], hasta que un día acciono el tenefono [tenefono, en efecto. No lo busquen en Google, no existe. Palabra] y escuchó sin querer una llamada [claaaro...] telefonica [de tenefono, vaya].

-Policia, buenas ¿son ustedes los que buscan a un fugado de la prision? [Me imagino al policía contestando: “se equivoca, señora, nosotros ese campo no lo trabajamos. Nada, que tenga un buen día”] .

-Sí ¿puede facilitarnos informacion?

-Si se aloja en mi casa.

-¿En su casa? -dice el guardia extrañado- ¿y dónde vive usted?

-A las entrada de la ciudad vieja.

-¿En la ciudad vieja? -dice con desconfianza [así, entre nos: que entrenen a perros policía, pase; pero loros policía...]- está bien, dentro de poco habra ahi unos guardias. Adiossss... [ta'luegooo... ¿Calle? ¿Número del edificio? ¿Pa' qué? Así se escapó Pinochet, no digo más...]

Richard sale disparado por el cuarto de estar hacia la puerta trasera del a cocina. Como en las esquinas de la ciudad vieja hay un vendedor de armas en las entradas no iba a ser menos [en realidad, en la ciudad vieja todo el mundo vende armas. De hecho, en toda esa parte de la ciudad sólo hay un par de pistolas y un mosquetón de la guerra de Cuba, pero se lo van vendiendo unos a otros, y claro, parece más], y como Richard le ha cogido todo el dinero a Melanie [strike dos] compra una automática y munición. Se dirige fuera de la ciudad, a los campos de cultivo.

Capítulo 3.

Los campos de cultivo ofrecen mucha protección [de hecho, poca gente sabe que los nuevos chalecos antibala ecológicos están hechos a pasa de cáscara de plátano y coco. Parar las balas, las paran, pero no se puede estar al sol con ellos porque te comen las moscas]. Richard debe salir del país. Se dirige a un puerto pequeño y poco vigilado. De alli se dirigira a Macintosh [principal exportador de manzanas y pijos del mundo], donde se puede sobornar a la policia... [me encantan estos puntos suspensivos. Como si en el resto del mundo fueran Robocops]. A lo lejos divisa el pueblo. Busca un hostal llamado: “Hostal del río”. Ahí está, o debe estar, su complice en el atraco que le llevó a la cárcel [nunca debió confiar en un pianista ciego como conductor de huídas. Eh, no me miréis así, lo de meter de repente información nueva que resuelve un misterio lo hacen casi todos los escritores de thrillers. Anda que no me jodía romperme la cabeza con una historia de detectives para que luego la solución no estuviera en la que había leído...]. Se llama Estela. Es morena, tiene 30 [y entre sus piernas, una estrella... Parece una canción de Café Quijano] años más o menos y unos rasgos preciosos. Al entra recibe la paz de un hogar. No a cambiado en nada las mismas flores [pues si son las mismas, eso tiene que estar echando una peste...], las mismas sillas, etc. Enseguida divisa a Estela, que al verle le da un espasmo [Aaay, Richard, viejo zorro. ¡Que sólo de verte ya le dan espasmos!...]. Richard la lleva a su habitación. Cuando se repone dice:

-¡Por qué has venido aquí!

-Porque necesito ayuda. Dinero, armas, municiones [este tío, hasta que no le den un puto misil tierra-aire, no para]

-Oye, tienes que irte Richard, te puede venir a buscar la policia -En ese momento tocan en la puerta. Estela mira por la mirilla al tiempo que baja los brazos, nunca debio hacer eso porque su mano izquierda choca con el manillar abriendo la puerta [creo que ya sé por qué cogieron a Richard la primera vez. Si es que el que nace torpe...], el guardia empuja y entra en la habitacion, lamentablemente reconocio a Richard [se ve que normalmente la policía entra así en la casa de esta chica, no venían por nada en particular. Eh, no es gracioso, hay países en los que pasa] y desenfundo antes que el. Estela se incorpora, le enseña una placa de detective al tiempo que dice:

-Detective Cristina Sanchez, agente, pongale las esposas. El guardia obedece y Estela coge un palo [¿?] y le da en la cabeza. El guardia se desploma en el suelo [el viejo truco del: “agente, póngale las esposas...” ¿Soy el único que se ha imaginado al policía como uno de los esbirros anónimos del Doctor Maligno? Ahí-ahí, están, al mismo nivel]. Estela dice:

-Rápido, tenemos que irnos antes de que vengan más guardias -Richard la sigue. Se dirigen hacia el puerto. Pero para disgusto suyo el puerto está perfectamente vigilado [daba gloria verlo, de lo bien vigilado que estaba]. Un guardia reconoce a Richard y da la alarma [flaco, cómprate una peluca. Hazme caso, vivirás más tranquilo] Estela dirige el coche hasta la puerta del puerto, pero este se cierra y el coche se estrella. Todo alrededor de Richard se vuelve blanco y despues negro [pondría la mano en el fuego a que esto lo cogí de un libro. Uno no muy bueno, obviamente].

Richard se despierta en una ambulancia, le duele terriblemente el brazo. A su lado se encuentra Estela con los ojos abiertos.

-Estela -dice Richard- ¿te encuentras bien?

-Shss -dice ella- ahora soy la agente Cristina Sanchez.

-¿Estás enfadada? [XD]

-Ummm, un poco [anda, tonta...]

-Perdonn...

-Bueno [cruce de miradas. Sube la música de fondo].

-Y ahora ¿como salimos de aquí?

-Facil, me he escapado cien mil veces [me han llevado cien mil veces en ambulancia, tranquilo, sé lo que me hago...]. ¿Ves el botón/palanca [milagroso híbrido de ambos resortes que nunca llegó a asentarse en el mercado, pues unos querían llamarlo “Batanca” y otros “Patón”] de la camilla?

-Sí...

-Se quita y se abre la puerta trasera y se empuja y... [te rompes dos costillas, y vuelta a empezar] -Estela cae de la ambulancia y la ves rodar por la autopista desierta. Richard hace lo mismo, cae de la ambulancia [ambulancia doble, ahora yo pensando, y sin personal en la parte trasera. Claro, es que todos no caben], y rueda hasta donde esta Estela. Los dos rien como chiquillos durante un rato y despues de liberan de las camillas y caminan hacia la estación [es lo que me gusta de esta gente, nunca un momento de duda, ni de reflexión. ¡Siempre en movimiento!].

-Me queda un poco de dinero -dice [Estela, se supone. Mira, unos corchetes que son útiles, y no meramente sarcásticos. Qué cosas...]. Antes de que Richard conteste una bala silba sobre su cabeza. Tira a Estela y se agazapa al suelo. Richard se vira y ve ¡al hombre del jeep! [este es como el Team Rocket. Simplemente aparece]. Que les dispara con una pistola. Estela y Richard se arrastran fuera de la carretera. Richard encuentra un árbol y se sube a el [técnica harto efectiva, tanto para huir de hombres armados como de osos o pumas] sin que lo vean, pero cuando [Estela, copón ya] intenta subir el desconocido la divisa y dispara, alcanza su pierna. Resbala, pero Richard la coge y la sube [con dos ovotestis. O cuatro. O los que sean]. Entre las ramas divisa al hombre sube a un porsche y conduce en direccion contraria a la suya [este fulano es la clase de psicópata que no quiere matarte (todavía) sino que sepas que puede hacerlo cuando quiera y jugar contigo. Pero tiene buen gusto en coches, eso sí]. Pero todavía pasa una hora hasta que bajan. Necesitan un medico para Estela. Richard le hace un vendaje de emergencia para cortar la emorrajia [con diez años era todo un HOYGAN, oigan].

Mi madre, y esto aún no acaba... Hay al menos para otro zorrodiario más, así que... ¡hasta el próximo mes! (o hasta que me vuelva quedar sin ideas y lleve varios días sin actualizar, lo que pase antes^^)

domingo, 15 de marzo de 2009

La araña de la madera dice: "¡Di no a las drogas!"

No soy de hacer posts sólo con vídeos, y prometo que en breve habrá posts con más chicha y más anécdotas graciosas, pero la verdad es que no quería dejar de enseñaros este clip. Navegando por los enlaces de youtube desde un vídeo de Callejeros (uno de los mayores alegatos antidroga que se han hecho en televisión, no hay más que ver al Shrek de Almería), caí en un vídeo sobre los efectos de las drogas en las arañas de la madera. Creo que es muy ilustrativo y que todos podemos aprender algo de él. Allá va:




Escalofriante testimonio, sin duda.

viernes, 13 de marzo de 2009

Citas

"Nunca se me ha dado mal lo de coger apuntes. De los demás."

Sacado del novísimo blog de Minkoff. Qué gran frase, y cómo resume mi filosofía vital... =D

jueves, 12 de marzo de 2009

Meme bovino

Peibol me ha pasado un meme, así como quien no quiere la cosa. Me ha hecho gracia porque no es el típico meme que te pide que hagas dos chorradas, pongas enlaces al blog de nadie (he enlazado a Peibol porque he querido. Peibol, me debes una birrita), y punto. Este va de cosas rarunas. Concretamente, enumerar siete rarezas del menda lerenda (yo he enumerado seis. La séptima puede ser que no sé contar, por ejemplo). Vamos allá:

Rareza #1. Hablo solo. Un montón. Charlo, debato, pruebo diálogos y gags en voz alta, ensayo voces... No me aburro, la verdad. Y sí, sé que estoy solo. Me encanta el sonido de mi voz, qué le voy a hacer :P

Rareza #2. Puedo comer cualquier comida sólida fría, si ha sido cocinada antes. Esto se debe al efecto "según come el mulo" (caga el culo), que hace que en cualquier sitio donde mis esfínteres se sientan como en casa (léase mi propia casa, o casa de mi abuela), a los diez minutos de sentarme a comer, la comida anterior ya esté intentando dejar espacio. Problemas de estreñimiento cero. Y claro, para cuando vuelvo a la mesa la comida ya no está ni tibia. El colmo de esto es desayunar la pizza fría que deje a medias la noche anterior.

Rareza #3. Me he vuelto medio hipocondríaco con los años. De pequeño era un niño de lo más enfermizo; con la pubertad me volví sano como una manzana, hasta que hace un par de años una diablesa (literalmente, era carnaval) me pegase mononucleosis y me tirase más de un mes en cama delirando. El solo recuerdo de esa experiencia hace que evite cualquier posible contagio. Si alguien tose a mi espalda en clase, ya me ves trabado. Y si estornudan delante mío por la calle, cruzo para evitar la invisible nube de gérmenes. Llamadme loco, pero no me pongo enfermo. Ea.

Rareza #4. Me dan miedo las alturas, pero únicamente aquellas de las que dudo que muriese en caso de caída. De lo cual podemos deducir que lo que me asusta no es morirme en sí (que tampoco mola, pero sólo es un segundo), sino el dolor. Vamos, que puestos a aguantar torturas, cantaría como el canario que soy nada más ver el instrumental.

Rareza #5. No escribo excesivamente rápido, pero aprieto tanto el boli que parece que quiero apuñalar el papel. En la universidad la gente no fotocopia mis apuntes, directamente coge la hoja de abajo y le aplica carboncillo.

Rareza #6. ¿Véis como no sé contar? :P

Y el que lo quiera hacer que lo haga, pero que lo haga mojándose, ¿eh? ¡Raruno, raruno!

martes, 10 de marzo de 2009

Girl

Por casi un año de relación.

Por los nervios y las mariposas en el estómago las primeras veces que "hablamos". Por ser tal y como me imaginaba (y más).

Por hacerme tener ilusiones, quererme como soy -que parecerá poca cosa, pero nadie lo había hecho antes.- y apoyarme siempre.

Por contagiarme un poquito de tu felicidad.

Qué coño, ¡por el sexo!

Por mostrar más entereza que yo y no dejarme hacer más tonterías.

Por todos los recuerdos que dejas.

Y porque al final el título de la canción se cumplió (sólo el título, no empecemos a pensar mal).



Que sepas que esa seguirá siendo nuestra canción. Gracias por todo. Un beso (pero uno guarro, ¿eh? Con lengua y magreándote el culo).

domingo, 8 de marzo de 2009

Celebrity Jane

Para un día triste corresponde una historia triste. Un relato que escribí para un concurso de cuentos cortos. Cómo odio tener limitaciones para escribir, con lo que yo me enrollo. No me convence mucho porque me parece todo demasiado atropellado... En tres páginas no tuve espacio para contar nada mejor. Os dejo con una de mis chicas favoritas: Celebrity Jane.


Se movía por el pub como si fuera su casa. Formaba parte de ese selecto grupo de clientes que parecen venir con cualquier bar, como el mobiliario o la mierda del suelo, y contribuyen a darle ambiente. La chupa de cuero amarrada a la cintura, las camisetas ajustadas y rotas, los pantalones de pitillo y los andares de seductora. Dos lagos azules en medio de una cara pálida y chupada, enmarcada por una indómita melena rizada. Y la sonrisa siempre puesta.

Así era Celebrity Jane.

Vivaracha y extrovertida, sabía siempre cómo revolucionar al personal, tanto sola como en compañía. Estaba en todos los fregados e historias, y siempre había alguien con una nueva anécdota sobre Celebrity Jane.

Jamás me pagó una copa de su bolsillo, pero siempre se las arreglaba para beber cuanto quería. Nunca un cuerpo tan pequeño aguantó de esa manera el alcohol. Ceb solía bromear diciendo que descendía de cosacos rusos. Se acercaba a mí con una gran sonrisa en el rostro, la cara brillante y el pelo pegado a la frente por el sudor, y señalaba cualquier mejunje de los que tenía sobre la barra.

-Ponme tres chupitos, Al, y apúntaselo al Cabeza. ¡Mis amigas tienen sed!

-Creía que esta noche habías venido sola, chica.

-Sólo bebo con amigas imaginarias, Al. No me gusta compartir –y se tomaba los tres tequilas, uno tras otro; eructaba con fuerza, me guiñaba un ojo y seguía repartiéndose entre los parroquianos. Todo el mundo la quería, y ella quería a todo el mundo.

Sólo una vez la vi llorar. Acababa de mandar al último borrachín a casa, y andaba entre las mesas recogiendo vasos cuando vi algo moverse en los escalones de la salida de incendios. Tardé unos segundos en reconocer aquella melena rubia.

-Joder, chica, me has dado un susto de muerte.

No era la primera vez que se quedaba conmigo después de cerrar. En más de una ocasión se había emborrachado tanto que había tenido que acompañarla a coger un taxi, pagando yo, claro. Este tenía pinta de ser uno de esos días.

Alzó la vista y me taladró con la mirada, una mirada fría y dura que me dejó clavado en el sitio. Desvió rápidamente la vista y recompuso el gesto. Una frágil sonrisa asomó a sus labios. Sus ojos se habían humedecido.

-¿Sabes que soy mamá? –preguntó con una voz que no parecía la suya. Carraspeó para aclararse la garganta y yo permanecí callado.- Dos niñas. Gemelas. Esta semana cumplirían… cumplen… cuatro añitos –sonrío. Los labios le temblaban, y agachó la cabeza.- No sé dónde están...

Para cuanto terminó la frase su voz se había convertido en llanto. Fui hasta ella sin saber muy bien qué hacer y la abracé torpemente. Ella me agarró como un náufrago agarra un tronco y lloró con más fuerza aún. Cuando los sollozos remitieron alzó la vista, los ojos enormes, las lágrimas arrastrando el rimel mejilla abajo. Que Dios me perdone, pero aún así estaba preciosa.

-Al –me dijo.- Al, ¿puedo dormir aquí esta noche?

Y esa noche Celebrity Jane soñó sobre la mesa de billar, arropada en una chupa que era de su talla la primera vez que la vi, y en la que ahora podría haberse perdido. Viéndola dormir me di cuenta de cómo había ido menguando durante el último año sin que nadie se percatara. Y me di cuenta, como tantas otras veces antes, de que todo el mundo la quería, sí, pero nadie se preocupa por aquella chica. Ni siquiera ella misma. Con el firme propósito de hablar con ella largo y tendido en la mañana, salí de puntillas por la puerta de servicio, sin cerrar con llave. Cuado volví al día siguiente había desaparecido. El único rastro de que de verdad había pasado la noche en el pub era un beso de pintalabios morado en una servilleta sobre la caja. Eso, y su cartera en una de las troneras del billar. Puse el monedero tras la caja y esperé que en cualquier momento viniera buscándolo.

Pero no apareció. Ni esa noche ni las siguientes. Durante un tiempo nadie supo nada sobre Celebrity Jane, salvo rumores. Que andaba con malas compañías. Que había entrado en el oficio. Que ya no era más Celebrity Jane. Yo no quería creerme nada, hasta que hizo su última aparición triunfal.

Llegó abrazada a una jeringa con perilla que no paró de beber en toda la noche, mientras Celebrity daba tumbos por el pub, hablando con todo el mundo y bailando hasta caer rendida, sin dejar de sonreír ni un momento. Ni siquiera cuando sollozaba. Parecía querer sacarse las penas a golpe de sonrisa, pero la mueca no le daba para tanto. Cuánto se esforzó Celebrity Jane por parecer feliz aquella noche, como si no fuera a haber ninguna otra más.

Y de hecho no iba a haberla para ella. La encontrarían en un descampado a la mañana siguiente, con la ropa interior alrededor del cuello y los brazos llenos de marcas.

Hace meses de eso, y ya casi nadie menciona a Celebrity Jane. Pero yo sigo viéndola dormir sobre la mesa de billar, y bailar al ritmo de los Scorpions. Y sé, por el monedero que aún guardo bajo la barra, que hoy es su cumpleaños. Por eso, antes de abrir, coloco la placa que he encargado en la pared de la fama, junto a las fotos de grandes de la música como Brown o Mercury. Esta noche, cualquiera que entre en el pub podrá leerla y acordarse de que entre 1991 y 2008 vivió una de las grandes. Vivió Celebrity Jane.

Va por ti, Ceb.

sábado, 7 de marzo de 2009

Watchmen (sin spoilers, tranqui)

Mi consejo: vayan a verla. Como película está muy bien. Pero por Dios y por la virgen, LEAN EL COMIC PRIMERO.

¿Véis? Ni un spoiler.