martes, 27 de enero de 2009

Reflexión de biblioteca nº 21



Tacones para aquí, tacones para allá. Portazo. Uno que cuchichea. Tacones. Portazo. Risas ahogadas. Uno que entra hablando por el móvil. Carcajadas. Rueda silla. Tacones. Portazo...

Al carajo, estudio en casa. Por lo menos aquí sólo aguanto tele, música, niños berrinchosos y lavadoras artríticas.

Ya he pasado el ecuador de los exámenes, con saldo agridulce. En la porra mental llevo de momento dos aprobados, una dudosa (el típico examen fácil, pero fácil, fácil, que haces confiado, y cuando entregas, sales, y te metes en el coche, piensas: "¡Mierda! ¡Me olvidé de...!". Pues eso, que me faltaron 34.000 € de indemnización por despido improcedente.... Pero por lo visto, con ese hombre aprueba todo el mundo...) y un suspenso (llevaba cuatro años poniendo las mismas preguntas, el tío. Como no tenía tiempo material de estudiar todo, me ceñí a lo "seguro". De unas treinta personas que seríamos en total, se quedaron cinco haciendo el examen cuando vimos las preguntas XD).

En el horizonte, tres exámenes más: uno no me preocupa porque es una chorrada tipo test y tengo tiempo, pero los otros dos son ya de ya; uno que parece sencillo (pero que huele a chamusquina), y otro que ni siquiera se molesta en parecer asequible, el muy borde. ¡Deseadme suerte!

martes, 20 de enero de 2009

Highway to hell

Hay veces en las que uno se alegra de no tener a nadie cerca que le vea. Son esas ocasiones en las que te agachas y te tiras un cuesco, tiras la ropa sucia al wáter en vez de a la cesta porque están uno al lado de la otra y las legañas te impiden ver, o te das un cabezazo con la puerta del armarito de cocina que acabas de abrir.

Otras, en cambio, te alegras de no tener a nadie cerca porque no te escuche. Esta es una de esas ocasiones.

En la biblioteca de derecho hay una mesita con libros y revistas viejunos que ni la biblioteca quiere por tenerlos repetidos, y están ahí por si alguien necesita leña o algo así. Gruesos tochos sobre derecho canónico escritos en francés, una revista sobre Corea de mediados de los noventa... Cosas por el estilo (en la Casa de Cultura tienen más chispa y han puesto un cartel que reza: "Regalo de la biblioteca para nuestros lectores". Que tú dices: "¡Guao, Casa de Cultura, gracias, este libro sobre papas es mejor que aquella vez que me regalaron una Lucy Liu virtual!"). El caso es que la mesa está situada a un lado de la escalera, y suelo echar un vistazo cuando subo (cuando bajo no, que me conozco).

Pues el otro día miré a ver qué había de nuevo, y la portada de un magacín me llamó poderosamente la atención. En ella, un tipo con pinta de gañán mirando a lo lejos (cuando llegue a casa enlazaré el vídeo con el monólogo de Ernesto Sevilla, porque la cara es igual), entrecejo arrugado, ojos achinados, belfos contraídos enseñando la dentera, posaba con una total falta de vergüenza al lado de un enorme titular en letras rojas que rezaba: "LAS CARAS DEL ÉXITO". Era algo así:


Así, pero peor.

En serio, yo soy ese tío y, primero, no me dejo sacar fotos; y segundo, denuncio a la revista por reírse de mí, porque eso estaba hecho a mala hostia fijo. Si resulta que no sabe sonreír pues le sacas una foto serio, en plan interesante, pero no me jodas. No sólo era feo con ganas sino que salía con una cara de tonto que daba vergüenza ajena. Vamos, que aunque resultase ser el tio que inventó el dinero, ese fulano, nunca, JAMAS, podría ser la cara del éxito. El cerebro del éxito todavía, pero el rostro no. A no ser que el éxito se hubiera encontrado de frente con un tren.

Os podéis imaginar mi cara de cumpleaños por tener tema para un post sin muchas complicaciones, y la rabia que me dio en ese momento que mi móvil no tenga cámara (miento, cámara tiene, lo que no hace es sacar fotos, que es distinto. Cuidado ahí). Aquello era demasiado bueno como para disfrutarlo yo sólo, una auténtica obra maestra de la ironía, TENÍA que compartirlo con alguien. Era injusto que una situación así me pillase solo. Así que di la vuelta y bajé para llevarme la revista.

Mientras me acercaba a la mesa con una sonrisa maliciosa y toda clase de finos comentarios sarcásticos rondándome la cabeza, vi que debajo del título había escrito en letra mucho más pequeña: "Personas discapacitadas en puestos laborales de responsabiidad".




Y de repente me empecé a poner como colorado por dentro...

sábado, 10 de enero de 2009

Coño, 2009 ya

¡Hola de nuevo a todos! ¿Cómo han ido esas vacaciones? Poco a poco voy pasando por los blogs y viendo que, en general, hemos bebido bastante y nos lo hemos pasado bien, incluso aquellos a los que la navidad no les hace especial tilín.

Vuelvo bastante desconectado de todo tras mi retiro con Anne en el pueblo fantasma en que se convierte Benicássim en invierno. Para informaciones complementarias, os remito aquí. Ni siquiera pudimos organizar la nombrada quedada blogger por motivos ajenos a nosotros (nos olvidamos de intercambiar números, y la siguiente vez que pillamos Anne y yo un ordenador por banda vimos que ya habían huído de Beni. Pero no se nos escaparán dos veces...). Totalmente ajenos a nuestra propia incompetencia, como podéis observar. Sin embargo, nos permitimos salir de la gruta para socializar un poco en esos diez días. Lo curioso del caso es que, salvo el último, quedamos exclusivamente con amigos míos de Tenerife. Así, como lo oís. Primero con Ita, cuya familia es valenciana de toda la vida; y segundo con Gamablanca, que tras congelarse el culo cinco semanas en casa de su hermana en Suecia, hacía escala un día entero en Barcelona antes de coger la conexión a Tenerife (Ryan Air, ya sabéis), y decidió pillar una guagua y bajarse a cenar con nosotros, obsequiándonos con anécdotas varias (las que se podían contar en presencia de señoritas), galletas de canela suecas y un par de coronas.

Y ya que habéis sacado el tema de las guaguas, he comprobado que ni que me pongan una pistola en la cabeza digo autobús. También he comprobado que guagua es una palabra que provoca dos resultados completamente opuestos: o te miran frunciendo el ceño como si hablaras otro idioma, o se echan a reír y, señalándote con el dedo dicen: "¡Tú eres canario! ¡Te pillé! ¡Guagua!", lo que me hace sentir como Wally intentando camuflarse entre los Hermanos Dalton. Hace años que cambié el ustedes por vosotros, y en este viaje naranjeros ha sido reemplazado definitivamente por naranjos; incluso se me ha escapado (¡horror!), alguna patata. Pero autobús ni que me paguen. No me preguntéis por qué. A cambio, Anne utiliza ahora expresiones como "¡Pero una cosa exagerada, ¿eh?!", y se le escapa algún que otro loco y tío. De momento ninguno de los dos ha caído tan bajo como para empezar a repetir "flaco" a diestro y siniestro (una coletilla muy típica de los kinkis, o sea, canis autóctonos canarios).

Otra cosa que me flipa de las guaguas allá: nunca había visto a un chófer de guagua fumar o hablar por el móvil mientras conduce, ni tener al lado de la puerta un cubo de fregar lleno de agua. Están locos estos romanos. Pero no son sólo los conductores de vehículos públicos, ¿eh? De mano de un amigo de Anne pude comprobar en persona las maravillas de la conducción creativa valenciana: el zig zag entre coches, el sinomevennoesmulta, el trazar una diagonal perfecta en una rotonda de cuatro carriles (ninguno señalizado, por supuesto, que es un gasto de pintura que afea el piche) llena de coches...

El tiempo bien, gracias, máximas de "no sé si quitarme el suéter, que a ratos caminamos por la sombra" y mínimas de "despegaremos en cuanto podamos quitar el hielo de [interferencia en la megafonía del avión]. Muchas gracias". Esto último lo oí en el vuelo Madrid-Valencia. Para entonces ya llevaba once horas de viaje y más de veinticuatro despierto (salida de Tenerife a las 20:30, llegada a Barajas a eso de las once y algo, espera de siete horas de noche en Madrid hasta la salida a Valencia, a las 07:30. Una tortura que nunca mais repetiré), me había leído un libro entero (unas memorias de un profesor americano que se casó con una aristócrata china justo al tiempo que sucedía la revolución comunista en el país, y así pudo contemplar en primera persona cómo se desmoronaban la riqueza y posición de la familia de su mujer, y cómo se las gastaban los comunistas. Tengo que buscar el título, seguro que a Gurmo le interesa leerlo), y gastado toda mi calderilla para contingencias del viaje en comer un bocata de mierda de madrugada en la T2. Y estaba de muy mal humor.

Paso de decir que todo se me quitó cuando vi a Anne porque luego me tacháis de pasteloso de mierda. Y porque no es verdad. Todo se me quitó cuando me desperté en su cama al par de horas y la vi sentaba ante el ordenador, sonriéndome. Ahí ya volví a ser persona y pudimos comer tranquilamente con la familia. Tranquila, Anne, que no pienso contar lo del pelo en el pollo de mi paella. En cambio, sí que contaré que comí por vez primera roscón de reyes, y me tocó el rey. Claro que luego me lo metí en el bolsillo, y cuando a la noche me quité los vaqueros cayó al suelo con tal mala fortuna que quedó decapitado. Pero estoy tranquilo, porque no soy supersticioso. Y porque ahora sé que, antes de perder la cabeza, primero tendría que convertirme en rey. Lo cual es una muerte bastante afrancesada, ahora que lo pienso.

Con los suegros muy bien, gracias por preguntar. Se comportaron genial en todo momento; incluso cuando la madre de Anne se empeñó en que su marido nos alcanzara a Beni después de currar el día entero porque andaba yo con un poco de fiebre, el pobre hombre no perdió la sonrisa. Lo dicho, muy majos. Eso sí, están extendiéndome una fama de tiquismiquis con la comida totalmente injusta. ¡Si hasta probé el pescado!

Y eso, que paro ya de daros la vara con mis vacaciones, que sólo me falta poner diapositivas (en realidad pensábamos colgar un pequeño vídeo en el que salimos contando chistes malos, pero me parece que os váis a quedar con las ganas :P). Lo que sí os digo es que en breve vamos a abrir un blog conjunto para un pequeño proyecto que tenemos entre manos (no puedo creer que todavía no me haya preguntado nadie por la chica en pijama que sale en la barra de la derecha. ¡No es un anuncio!), y hasta aquí puedo leer. Tenemos varias cosas en cartera y mucha creatividad acumulada (como siempre que nos juntamos), pero me parece que mis apariciones por aquí se van a reducir al mínimo hasta final de mes, porque llegan los temidos exámenes de la universidad, un año más. Tranquilos, ya he pasado mi depresión de noséunamiedaquéhagoconmividaquierocambiardecarrera, y me he hecho un pequeño esquema de cómo afrontar los exámenes. Curiosamente, con el esquema delante me he dado cuenta de dos cosas: que casi no tengo tiempo material para estudiar todas las asignaturas, y que con un plan siempre se ven las cosas con más optimismo. Por malo que sea.

¡¡Un saludo a todos, y mucha suerte a los que seguís estudiando!!

P.D.- Algún lector con paciencia y conocimientos de contabilidad no me habrán dejado los reyes por un casual, ¿no?

P.P.D.- Que aunque me veáis poco por aquí, no he muerto ni voy a dejar el blog. ¡Nos quedan muchas risas todavía en esta nueva temporada! ¡Hu-ha!