domingo, 8 de marzo de 2009

Celebrity Jane

Para un día triste corresponde una historia triste. Un relato que escribí para un concurso de cuentos cortos. Cómo odio tener limitaciones para escribir, con lo que yo me enrollo. No me convence mucho porque me parece todo demasiado atropellado... En tres páginas no tuve espacio para contar nada mejor. Os dejo con una de mis chicas favoritas: Celebrity Jane.


Se movía por el pub como si fuera su casa. Formaba parte de ese selecto grupo de clientes que parecen venir con cualquier bar, como el mobiliario o la mierda del suelo, y contribuyen a darle ambiente. La chupa de cuero amarrada a la cintura, las camisetas ajustadas y rotas, los pantalones de pitillo y los andares de seductora. Dos lagos azules en medio de una cara pálida y chupada, enmarcada por una indómita melena rizada. Y la sonrisa siempre puesta.

Así era Celebrity Jane.

Vivaracha y extrovertida, sabía siempre cómo revolucionar al personal, tanto sola como en compañía. Estaba en todos los fregados e historias, y siempre había alguien con una nueva anécdota sobre Celebrity Jane.

Jamás me pagó una copa de su bolsillo, pero siempre se las arreglaba para beber cuanto quería. Nunca un cuerpo tan pequeño aguantó de esa manera el alcohol. Ceb solía bromear diciendo que descendía de cosacos rusos. Se acercaba a mí con una gran sonrisa en el rostro, la cara brillante y el pelo pegado a la frente por el sudor, y señalaba cualquier mejunje de los que tenía sobre la barra.

-Ponme tres chupitos, Al, y apúntaselo al Cabeza. ¡Mis amigas tienen sed!

-Creía que esta noche habías venido sola, chica.

-Sólo bebo con amigas imaginarias, Al. No me gusta compartir –y se tomaba los tres tequilas, uno tras otro; eructaba con fuerza, me guiñaba un ojo y seguía repartiéndose entre los parroquianos. Todo el mundo la quería, y ella quería a todo el mundo.

Sólo una vez la vi llorar. Acababa de mandar al último borrachín a casa, y andaba entre las mesas recogiendo vasos cuando vi algo moverse en los escalones de la salida de incendios. Tardé unos segundos en reconocer aquella melena rubia.

-Joder, chica, me has dado un susto de muerte.

No era la primera vez que se quedaba conmigo después de cerrar. En más de una ocasión se había emborrachado tanto que había tenido que acompañarla a coger un taxi, pagando yo, claro. Este tenía pinta de ser uno de esos días.

Alzó la vista y me taladró con la mirada, una mirada fría y dura que me dejó clavado en el sitio. Desvió rápidamente la vista y recompuso el gesto. Una frágil sonrisa asomó a sus labios. Sus ojos se habían humedecido.

-¿Sabes que soy mamá? –preguntó con una voz que no parecía la suya. Carraspeó para aclararse la garganta y yo permanecí callado.- Dos niñas. Gemelas. Esta semana cumplirían… cumplen… cuatro añitos –sonrío. Los labios le temblaban, y agachó la cabeza.- No sé dónde están...

Para cuanto terminó la frase su voz se había convertido en llanto. Fui hasta ella sin saber muy bien qué hacer y la abracé torpemente. Ella me agarró como un náufrago agarra un tronco y lloró con más fuerza aún. Cuando los sollozos remitieron alzó la vista, los ojos enormes, las lágrimas arrastrando el rimel mejilla abajo. Que Dios me perdone, pero aún así estaba preciosa.

-Al –me dijo.- Al, ¿puedo dormir aquí esta noche?

Y esa noche Celebrity Jane soñó sobre la mesa de billar, arropada en una chupa que era de su talla la primera vez que la vi, y en la que ahora podría haberse perdido. Viéndola dormir me di cuenta de cómo había ido menguando durante el último año sin que nadie se percatara. Y me di cuenta, como tantas otras veces antes, de que todo el mundo la quería, sí, pero nadie se preocupa por aquella chica. Ni siquiera ella misma. Con el firme propósito de hablar con ella largo y tendido en la mañana, salí de puntillas por la puerta de servicio, sin cerrar con llave. Cuado volví al día siguiente había desaparecido. El único rastro de que de verdad había pasado la noche en el pub era un beso de pintalabios morado en una servilleta sobre la caja. Eso, y su cartera en una de las troneras del billar. Puse el monedero tras la caja y esperé que en cualquier momento viniera buscándolo.

Pero no apareció. Ni esa noche ni las siguientes. Durante un tiempo nadie supo nada sobre Celebrity Jane, salvo rumores. Que andaba con malas compañías. Que había entrado en el oficio. Que ya no era más Celebrity Jane. Yo no quería creerme nada, hasta que hizo su última aparición triunfal.

Llegó abrazada a una jeringa con perilla que no paró de beber en toda la noche, mientras Celebrity daba tumbos por el pub, hablando con todo el mundo y bailando hasta caer rendida, sin dejar de sonreír ni un momento. Ni siquiera cuando sollozaba. Parecía querer sacarse las penas a golpe de sonrisa, pero la mueca no le daba para tanto. Cuánto se esforzó Celebrity Jane por parecer feliz aquella noche, como si no fuera a haber ninguna otra más.

Y de hecho no iba a haberla para ella. La encontrarían en un descampado a la mañana siguiente, con la ropa interior alrededor del cuello y los brazos llenos de marcas.

Hace meses de eso, y ya casi nadie menciona a Celebrity Jane. Pero yo sigo viéndola dormir sobre la mesa de billar, y bailar al ritmo de los Scorpions. Y sé, por el monedero que aún guardo bajo la barra, que hoy es su cumpleaños. Por eso, antes de abrir, coloco la placa que he encargado en la pared de la fama, junto a las fotos de grandes de la música como Brown o Mercury. Esta noche, cualquiera que entre en el pub podrá leerla y acordarse de que entre 1991 y 2008 vivió una de las grandes. Vivió Celebrity Jane.

Va por ti, Ceb.

16 comentarios:

AnnaRaven dijo...

Las limitaciones de espacio son un coñacito! Me gusta me recuerda a Barbie Superstar, de Sabina. Sobre todo los primeros párrafos.
:)
Espero que lo que fuiera que pasase en el día chungo ya esté olvidado y tengas un gran domingo.
Bicos

Ire dijo...

Pobre Ceb...Pero me ha gustado mucho el cuento, espero que el día triste sólo fuera uno, y los demás lo olvides ^^
A ver cuando viene el próximo relato, que me encantan!

Anne dijo...

Este no era uno de mis favoritos, porque no tenía un final muy feliz... pero me sigue gustando, como todo lo que escribes :)

Pecosa dijo...

Me encantan los finales trágicos, aunque me ponen la piel de gallina.

Ya falta menos para que acabe el día. Te mando buen rollito del mío -que hoy estoy de buenas- por ondas transbloggeras ≈≈≈≈≈≈≈

Aniña dijo...

es perfecto, aunque si algo atropellado...te quedo genial!!
besitos pa ti y pa jane

Déägol dijo...

Hasta el momento en que desaparece me recordó a una mujer que conozco de hace mucho... una triste reina de la noche.

Al igual que la canción 'Cien Días' de Ismael Serrano.

Triste, muy triste. Pero me ha gustado. A ver cuándo nos publicas otro.

Saludos!

Jill dijo...

Jo :___(

Me ha encantado, sobretodo la escena en la que duerme sobre el billar. >_<

Lillu dijo...

Vaya, precioso! En el buen sentido, claro... al revés que a mucha gente a mí me encantan las historias con final no tan feliz :)

saluditos!

Indio dijo...

Pobre Ceb...!

eva dijo...

Es una historia triste pero sin duda preciosa, la manera como la cuentas.
De veras, precioso y con ganas de leer más cositas así.
Un beso.

El Zorrocloco dijo...

Anna Raven, sí que lo son, hija, sí que lo son... Pero que te voy a contar que no sepas XD

¿Barbie Superstar? Me suena haberla oído long long time ago...

Gracias por los ánimos!^^ Bicos (me encanta esa palabra XD).

Ire, pues tengo escrita otra cosa que mañana llevo a un concurso, pero es tan, tan raruno, que hasta verguenza me da postearlo, te lo juro XD Me alegra que te guste^^ Y gracias. Besote!

Anne, pero si mis historias tienen todas finales tristes! Siempre muere algún niño, ¿te has fijado? Debería hacérmelo mirar XDD

Dí que sí, Pecosa! Lo finales trágicos tienen algo de catártico que te deja hecho polvo, pero como nuevo (como ir al fisio, vaya).

¡Oooooonnnnddaaaassss traaaaannnsblooooggeeeeeers!

Aniña, gracias, wapetona! Jane te lo agradece, y yo también XD

Déägol, en parte está basado en una chica de quince años que conozco de ver en los bares... u__u

Voy a echarle un oído a esa canción a ver qué tal. Me alegra que te gustase^^

Jill, ¿a que sí? Eso de "y esa noche Celebrity Jane soñó sobre la mesa de billar...", es una de esas frases que se te vienen de repente a la cabeza, poderosas, y sobre las que acabas construyendo el resto de la historia :)

Lillu, otra más al club de los finales tristes. Long life tragedia! XD

Muchas gracias, y bienvenida! Como digo siempre, tú, como en tu casa ^^

Indio, I know... Pero era inevitable :(

Eva, gracias, guapetona (eh, ahora lo puedo decir con conocimiento de causa: ¡wapetona! XD). Me alegra verte por aquí. Un beso!

peibol dijo...

Me voy a sumar a la lista de elogios; es GENIAL; me encantaría saber escribir así. Me quito el sombrero y te hago la ola. En serio. :o

Un saludo

dudo dijo...

me sumo a la ola de peibol: ooooooéeééeééééoooo...
ya sabes lo que pienso de tu manera de juntar letras...
(me deja un poco mosca la última entrada. ánimo, besos y que estés bien pronto, espero).
abrazazo.

Aniña dijo...

felicidades por el año que en la otra no me dejaste escribir!!

beitos

El Zorrocloco dijo...

Me alegro que os haya gustado, chicos! La verdad es que le subís la moral a uno cosa fina XDD

Dudo, muchas gracias, niña. Eres un amor :**

Melvin de Gats dijo...

Brillante!! De verdad de la buena ;-)