jueves, 25 de diciembre de 2008

¡Epale!

Aquí estoy probando la opción de autopublicación. ¡Feliz navidad a todos! Siendo como soy, pensaba que cualquier momento antes del 31 era bueno para felicitar la navidad, pero se ve que no, que tiene que ser hoy así que... ¡Feliz navidad one more time!

Espero que Santa os deje mucho, que últimamente está tirando la casa por la ventana. Hasta este blog tiene regalos, ¡no os digo más! Sendos premios entregados por Aniña y Melvin de Gats, que aunque me los dieron hace tiempillo los pongo ahora que quedan más cuquis (o'sa).

Primero Aniña, que me entregó este hace mil años y no había encontrado el momento de ponerlo. Personalmente me gusta muchísimo la imagen, Losselith tuvo mucho gusto. Helo aquí:



Destinado a bloggers que prefieren la noche al día (soy un zorro nocturno; o, mejor dicho, más zorro de noche), y que dejan parte de sí mismos en el blog. ¡Gracias guapetona!

El segundo me lo dieron hace menos, y me sorprendió mucho^^ Melvin de Gats me concedía el (espera que miro como se escribe) premio Symbelmine, que lleva el nombre de una especie de flor que crece sobre las tumbas de los reyes Rohirrin en la obra de Tolkien, y que traducido a nuestro idioma significa "no me olvides". Me parece precioso. Aquí lo pongo, en lo alto de la estantería:



Dice que porque le hago sonreír con mis anécdotas^^ ¡Muchas gracias, Melvin!

Lo único malo de estas cosas es que nunca sé a quíen pasárselos (no porque no me gusten vuestros blogs, panda de animales; todo lo contrario). Así que, pese a que me da la impresión de estar cortándole el rollo al asunto, creo que los voy a dejar aquí para compartirlos con todos:

Anne, Aniña, Bian, Ire, Indio, Peibol, Dudo, Gurmo, Cattz (que sé que estás ahí XD), H@n y su gremblin, La Exorsister, Polaroid Girl^^, Eva, Jill, Joey, Melvin, Anna Raven, Misaoshi, Losselith, Rotskull, Lu, Mariokun, El Lic Rivera, Dormida en vertical, Sara López... A todos los que habéis dejado alguna vez un comentario.

A todos, gracias. Sin vosotros no sería más que un tonto hablando solo (que tiene su gracia, pero no llena igual), y este chiringuito habría cerrado hace tiempo. Gracias por leer, reiros y reconfortarme en los comments sabiendo que no soy el único loco de las coles que anda por ahí; y también por darme la oportunidad de conoceros (cosa que me ha gustado casi tanto como conocerme a mí mismo. Coña). <> ¡Tío, sois geniales, tíos, en serio, tíos... Dios... ¡¡Tíooooos!!< /big brother mode >

Como dice el de Pasapalabra, un beso para ellas y un abrazo para ellos. Feliz navidad, y si no nos leemos de aquí a fin de año, que tengáis salud y trabajo (o en su defecto, que no necesitéis esto último. En ese caso, cabrones afortunados, acordaos de la plebe). De los propósitos de año nuevo no digo nada porque si los cumpliéramos... ¿Qué pediríamos? ¿La paz en el mundo? Amos, no me jodas...

martes, 23 de diciembre de 2008

Cobarde

Subía en la guagua pensando en un post de felicitación navideña (o lo más parecido que me pudiera salir, soy de esa gente a la que la navidad ni le va ni le viene), pero ha pasado una cosa que me ha quitado todas las ganas de repartir buenos deseos. Acabo de presenciar una de estas escenas de abuso que uno le oye a un conocido de vez en cuando, y meneando la cabeza dice: “Llego a estar yo allí…” Pues yo estaba ahí y no he hecho nada.

Hace un rato he visto como una vieja era increpada por un niñato de unos trece años porque le había arañado la zapatilla con el zapato al pasar. Envalentonado al ver que nadie le decía nada, ha insultado a la vieja, y cuando la pobre mujer se bajaba de la guagua, ha llegado a amenazarla con cortarle el cuello, entre risas de los otros tres enanos que iban con él (otro macarra un poco más alto y dos putillas maquilladas hasta el culo). He tenido que contenerme para no saltar del asiento y reventarle los sesos contra el cristal de emergencia, aunque no sé qué hubiera sido peor, porque ahora me doy asco a mí mismo. Que un saco de mierda como ese pueda hacer eso en una guagua llena de hombres adultos y nadie haga nada –ya sea por miedo a una represalia física, cosa que dudo, porque el mierda no tenía ni media hostia; o, mucho más lógico, por miedo a que encima te denuncie por ponerle la mano encima y acabes teniendo que pagarle la gracia.- es indignante. Llevo la última hora consumido, repitiendo la escena en mi cabeza una y otra vez, y no sé con quién estoy más cabreado, si no con ese trasunto del puto niñato del metro de Valencia, o conmigo mismo por mi pasividad.

Hasta se pasó por la cabeza un momento bajarme en la misma parada que él, pero llevo tan agresivo unos días que miedo me daba la que podía haberle dado. En ocasiones como esta echo de menos tener todavía diecisiete años y libertad para darle un buen palo en las costillas. A saber para qué otras cosas habremos envalentonado a ese kinki de los cojones, que se habrá bajado del bus sintiéndose el más chulo del mundo.

Hijo de puta el aprendiz de matón que no se encuentra a nadie que le baje los humos e hijos de puta los hombres que íbamos en la guagua y actuamos como si no ocurriese nada. Y, especialmente, hijo de puta yo, por atreverme a escribir esto y no a actuar cuando hace falta.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Psico-odisea

Os estaréis preguntando dónde he estado, seguro (y si no, os lo preguntáis ahora). La verdad es que las obligaciones del MundoReal(tm) me tenían saturado, y ni me sentía especialmente ocurrente ni me pasaba nada digno de mención. O pensaba yo que no.

Pero hete aquí que cual tragedia griega, los hados, el destino, o el Unicornio Rosa Invisible (ese maldito bastardo hereje que intenta robar adeptos al santísimo MVE), confabulábanse contra mí sin yo saberlo. Estaba a punto de emprender un viaje lleno de sobresaltos, milagrosos giros de los acontecimientos y, sobre todo, decepciones. Iba a embarcarme en... La Odisea de mi Trabajo de Psicología (como alguien escriba psicología sin -p en los comentarios, le doy).

Toda esta historia comienza una gélida noche (para los estándares canarios. Échale quince grados). El viento golpeaba el edificio haciendo ulular las grietas de mi ventana. Yo, el Zorrocloco. con los pies helados pese a llevar puestos dos pares de calcetines (el arquitecto que proyectó mi edificio era una fuera de serie; cualquiera no logra que haga más frío dentro que fuera), hallábame tumbado bien arrebujado en una manta, luchando por mantener los ojos abiertos y fijos en el portátil, a la vez que torcía el gesto con las descaradas referencias religiosas de El príncipe Caspian (ya, ya sé que los libros son iguales). En mi mente, una vocecilla me decía que sería buena idea ir ya a la cama, metiendo primero los archivos del trabajo en el pendrive para imprimirlos al día siguiente en la facultad y ponerlos en común con el resto de compañeros. El tiempo se nos echaba encima y mucho me temía, dado el carácter disperso de mis compañeros, que no íbamos a entregar en fecha.

Como quiera que soy un zorro diligente y centrado decidí acostarme de inmediato, cerré la película con decisión, miré mi correo, abrí un momento el tuenti, leí quince tiras de Multiplex, comprobé el Google Reader y me puse a fregar la loza. Mientras me cepillaba los dientes después del pequeño tentempié (estar en la cocina me da hambre), tuve la ligera impresión. de que se me olvidaba algo. Y que ese algo tenía que ver con el portátil. Tras terminar con mi ritual de aseo nocturno, desenchufé el ordenador del salón y lo llevé a mi dormitorio. Perfecto. Y sin dilación alguna me acosté, sin meter nada en ningún sitio (ejem).

Sobre lo que pasó durante la noche haremos una pequeña elipsis (baste decir que me despertaron unos gritos procedentes del baño, cosa harto extraña pues me hallaba solo, y que tras entrar en el cuarto armado con una edición en tapa dura de Wachtmen descubrí a una diminuta y peluda criatura dentro de mi plato de ducha, con medio cuerpo fuera del desagüe, padeciendo lo que sólo podían ser los últimos estertores antes de pasar a ser invitado de la Gran Dama. Reprimiendo mi asco inicial por su aspecto y olor, entré en el plato de ducha (al que, por cierto, hay que pasarle un antical urgente) y me arrodillé junto a la estrambótica criatura. El pequeñín hablaba entrecortadamente en un idioma desconocido, y al ver que no me era posible comprenderle introdujo su manita en un zurrón que llevaba colgado a un costado y me tendió un diminuto papiro. Estaba tan empapado como su portador, por lo que me costó más que un parto desdoblarlo con mis torpes dedos de gigante sin que se resquebrajara. Era un mapa. Alcé mi vista hacia el ser, interrogándolo con la mirada, pero antes de que este pudiera decir más una fuerza invisible tiró de él con violencia haciéndolo desaparecer por el desagüe. Lo último que oí fueron sus gritos de auxilio, como un eco cada vez más lejano, y un rugido felino que hizo reverberar los huesos de mi cráneo. Incrédulo ante lo que acababa de presenciar, volví a la cama, donde traté de encontrar explicación al mapa y la misteriosa caligrafía de su leyenda. Pero después de un rato me aburrí, tiré el papiro a la papelera, me hice un Nesquick y me volví a dormir) y saltaremos directamente a lo interesante, la mañana siguiente.

He de decir que por las mañanas no soy zorro. En serio. Pongo el despertador a las siete menos diez para levantarme a y cuarto, y no es fruto de la pereza o de una mala noche; simplemente necesito un tiempo de carga, como cualquier ordenador. Sin embargo esa mañana fue diferente. Me levanté de un salto, me eché un agua por la sobaquina, me vestí y desayuné viendo un partido de la liga inglesa de fútbol, creo que repetido (si aquí es de día en Inglaterra no puede ser de noche, ¿no?). Todo eso con un runrún de fondo que me decía que se me olvidaba algo. Antes de salir por la puerta comprobé que lo llevaba todo: las llaves, las gafas, el móvil... Incluso los calzoncillos (no quería volver a tener un problema con el botón de los pantalones frente al colegio de monjas y vérmelas otra vez con una demanda). Todo estaba en su sitio.

Mientras esperaba el ascensor, me vibró el móvil. Uno de mis compañeros del trabajo no podía venir a hacer la puesta en común, que nos arregláramos solos. ¿Puesta en común? ¿Qué puesta? Puesta, puesta, puesta, pues... Mierda.

Pa'dentro otra vez, corre al portátil, enciéndelo, mete el pendrive, copia los archivos (este pendrive está conectado a un puerto USB lento, puede tener probleCancelar), saca el pendrive, sal corriendo, llama al ascensor, entra, sal, entra en casa, apaga el ordenador, cierra la puerta al salir, espera al ascensor que ha bajado solo al aparcamiento...

En fin, un desastre. Hagamos otra pequeña elipsis en mi trayecto a la biblioteca (baste decir que casi me veo envuelto en un choque múltiple causado por un taxista borracho parado en medio de la carretera ante una mancha de aceite que juraba y perjuraba era Jesús con grelos). Y entremos en la facultad de ADE (la de derecho al parecer no tiene glamour para hacer un trabajo), al trote a ser posible, porque acaba de empezar a llover a cántaros. Pobre Jesús.

En la biblioteca, ya reunidos y metidos en el trabajo, las chicas clamaban sangre. Querían terminarlo de una vez y no teníamos los datos de Nach.

-Ni los tuyos -puntualizó una de las compañeras.

-Tranquiiiila, smiley que mueve los brazos (todos hemos hablado así alguna vez). Que lo mío está en el pen, y ahora llamo a Nach para lo suyo.

Qué feliz era en aquel momento. Qué pocas preocupaciones. No era consciente de que la tragedia se había fraguado, que ya no era dueño de mi destino, que no había nada que pudiese hacer para cambiar el curso de los acontecimientos. Hagamos una pequeña pausa.

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Total, que llamé a Nach y nos dió los datos de su test MOW (¡maldito, maldito test de motivación laboral!). Así que ni corto ni perezoso, me dirigí a uno de los ordenadores de la biblioteca (desde donde os estoy escribiendo ahora, por cierto. A estas alturas ya deben haberme robado todo lo que dejé sobre la mesa), y enchufé el trasto (definitivamente no hay manera de conectar algo que se llama pen a una ranura sin que suene a chascarrillo sexual). Doble click en el icono. Sytem error. Vaya por Dios.

Como estos ordenadores son una mierda, no le di importancia y me fui a otro. Doble click. System error. Vaya por Dios. Al tercer intento más que un ratificación tuve un dejà vu. Temiéndome lo peor me acerqué al mostrador de la biblioteca.

-Oye, que tenéis todos los ordenadores rotos.

-¿Cómo?

-Que no me leen el pendrive.

-¿El pendrive está formateado?

-Es de ocho gigas (Duh!)

-Es que no leen pendrives.

-Yo he visto gente usar pendrives.

-Es que no son ordenadores de verdad.

-...

-...

-¿Y un sitio con ordenadores de verdad?

-El aula de informática.

-¿Tenéis en esta facultad?

-Por supuesto.

-¿Dónde?

-No tengo ni idea.

Mientras volvía al carrel a buscar a una de las chicas iba pensando que nunca se tienen conversaciones lo suficientemente estúpidas. Asomé la cabeza por la puerta con cara de cachorrito.

-Que los ordenadores de la biblioteca no leen pendrives.

-Sí que lo hacen -me contestó Lora.

-Es que no son ordenadores de verdad -contesté muy serio. Lora arqueó una ceja.

-¿Tú pendrive está formateado?

-Dios... Que si me puede acompañar una al aula de informática, que no tengo aquí mi número de niu y la clave, así lo imprimo y a tomar por culo.

Lora se levantó y sacó unas hojas de su cartapacio.

-Yo misma. ¿Sabes dónde es?

-Algo me ha dicho el bibliotecario.

Bueno, dejad que os diga que la facultad de ADE es el edificio con más recovecos que he visto nunca. Los despachos de los profesores tienen una falsa estantaría que oculta una barra por la que deslizarse hasta el aparcamiento, no os digo más. Pero dimos con ello tras un rato de búsqueda y de preguntar a todas las chicas que nos encontrábamos. Ejem. Nos agenciamos un ordenador, y Lora introdujo su número de niu y clave. Error. Volvió a teclearlo todo. Error.

-¡¿Pero qué cojones...?!

-Creo que esto ya lo he vivido...

Así que nos dirigimos a El Despacho del Becario. Un sitio horrible, que era... bueno, un despacho de becario. Anodino y con fotocopias de chistes gráficos (estuve a punto de preguntarle dónde tenían el clásico: "No hace falta estar loco para trabajar aquí, pero ayuda"). Lora empezaba a tener un tic nervioso en la ceja, pero pensé que no era buena idea hacérselo notar.

-Mira, que no me deja entrar en los ordenadores.

El chico ni siquiera levantó la vista de su teclado.

-¿Estás dada de alta?

-Estoy matriculada -Lora se frotaba la ceja.

-Eso no es suficiente [¡Puta! -Escupitajo-]. Tengo que darte de alta.

Lora le tendió el folio con los datos y el informático empezó a usar su mojo con el ordenador. Al cabo de cinco minutos, preguntó:

-¿Tú no serás de relaciones laborables, no?

Lora y yo nos miramos.

-Si -contestó ella señalando la hoja que el chaval tiene ante las narices.-. Lo pone ahí.

-Pues entonces no te puedo dar de alta. Sólo es para alumnos de ADE y empresariales -y sin más siguió a lo suyo, informateando sin ni un adiós muy buenas.

Salimos del despacho arrastrando los pies con cara de WTF. Nos miramos. Creo de verdad que Lora debería mirarse el tic de la ceja. Empiezo a pensar que quizá haya una fuerza superior a mí que quiere impedir que saque los datos del ordenador. Quizá si lo hago provoque la Tercera Guerra Mundial u otra glaciación. Cosas más raras se han visto (como, por ejemplo, la ceremonia de los Oscars en la que Titanic se llevó once estatuillas).

Pero no estaba dispuesto a rendirme tan pronto, así que la arrastré de nuevo al aula y a la primera chica atractiva que vi le pedí ayuda. Dio la casualidad de que no hablaba muy bien español, pero era una chica muy dada, que de hecho nos dio su cartera y nos dijo que en una de las cremalleras estaban los datos que buscábamos.

Metí mi enorme pen en la estrecha ranura de la torre y me sentí como Dios. ¡Por fin, pese a todas las adversidades, iba a lograr sacar los putos archivos del puto pendrive! ¡Que se jodan las adversidades, que le den al destino y a las fuerzas superiores! ¡Yo, el Zorrocloco, os he venci...!

-No te lee el pendrive. ¿Seguro que está formateado?

-Esto tiene que ser una broma... <---- Ojo, cuando alguien pronuncia esta frase en voz baja y con una mueca que le descubre los incisivos es que está muy quemado. Así que volvimos al despacho del becario gurú y le expliqué todo el rollo. El tipo nos miró como sólo un admin mira a un loser, y nos habló en estos términos: -Qué raro. Dicho lo cual salió de su cueva, entró en el aula, sacó el pendrive de la torreta y lo introdujo en la que estaba al otro lado de la pantalla. -Listo -dijo. Y un segundo después se había ido, dejándonose ciegos por sobreexposición a su alucinancia. Sintiéndonos un poquito más tontos, volvimos a sentarnos frente al monitor y, esta vez sí, entramos en el pendrive (aunque el efecto dramático se había perdido en gran parte). En la pantalla aparecieron una docena de iconos, casi todos películas. -¡Eh, mira, tengo "La loca historia de la Guerra de las Galaxias"! -exclamé mirando a mi compañera con júbilo. La sonrisa se me congeló en los labios al ver su semblante. -¿Dónde están los archivos, Zorro? -¿Cómo que dónde? Están aquí, están... eh... Eh... En el interior de mi cabeza, Wally y Carmen Sandiego se partían el culo mientras decían: "¡Chaval, no podemos decirte dónde están, pero sí podemos decirte dónde NO están!"

-Te juro por Dios que yo metí los archivos en el pen.

-Ajá.

-Te lo juro, no sé cómo han podido salirse. Quizá es que me metí el pen en el bolsillo boca abajo, ¿puede haber sido eso? Es de ocho gigas.

-Volvamos a la biblioteca.

-Espera, creo que puedo...

-Volvamos. A. La. Biblioteca.

-Siseñora.

Hagamos un pequeño parón, porque me acabo de dar cuenta de que este post es jodidamente largo y que probablemente haya perdido la gracia hace un rato XD Así que dejad que resuma un poco: tras veinte minutos de excusas y ahora-qué-hacemos (el Chapulín Colorado nunca aparece cuando lo necesitas), decidí volver a hacerlo todo desde el principio en uno de los no ordenadores de la biblio. Anotaría los resultados del test y la gráfica en el cuaderno, y volvería a hacer los comentarios en casa. Como no tenía los tests originales, simplemente me inventé los datos para que dieran dos perfiles diferentes (otro día tengo que comentaros cómo se hacen las investigaciones de campo de psicología en mi universidad, de la que salen estudios de verdad; sus cagaréis). Ya habíamos perdido media mañana, no era cuestión también de perder la otra media. Además, si hay algo que odio es la incompetencia, así que como comprenderéis estaba muy cabreado conmigo mismo.

Tardé casi media hora en hacer los dos tests. Sólo me quedaba pasar los resultados al excel y que me calculara los valores de la gráfica, y podríamos terminar el puto trabajo de una vez. Fue entonces, justo cuando clické en el icono del excel, cuando el navegador se quedó en blanco. Literalmente. El mensaje de la barra del navegador no podía ser más claro: "Esta aplicación no puede ejecutarse en este sistema". Os juro que algún dia entaré en la biblioteca con un bate y empezaré a aporrear no-ordenadores. Agotado (y por qué no, también partido del culo). Volví al carrel.

-Chicas -dije.- Coged vuestras cosas y vamos a desayunar. Será mejor que olvidemos que esto ha pasado y quedemos el lunes sin falta para la puesta en común y entregarlo sobre la marcha.

La puntilla a ese día la obtuve al volver a casa, calentar el almuerzo y abrir la carpeta de las pelis para relajarme un poco.

-Vaya, vaya... O sea que aquí es donde había copiado los archivos...

Cualquiera diría que mi odisea con el trabajo había acabado ahí. Sip. Pero es que hay mucha gente ingenua por ahí (yo el primero). Y en mi ingenuidad me puse a ver una película sin pensar más en ello. Ya tendría tiempo de pasar los archivos al pendrive durante el fin de semana.

Saltemos ahora de la tarde del viernes al domingo por la mañana (en realidad no puedo contaros lo que ocurrió en ese lapso de tiempo; el Código de Honor de los Asha me lo impide. Sólo puedo decir que finalmente descubrí el misterio que ocultaba el pequeño papiro de mi papelera -qué bien suena: pequeño papiro de mi papelera, pequeño papiro de mi papelera...- y que nunca, jamás, debéis pensar en cucarachas cuando tengáis los ojos cerrados en la ducha). Tras desayunar, acudí al PC para comprobar el correo. Mientras esperaba a que el ordenador arrancara, pensé en el tiempo que llevaba sin actualizar, y en que precisamente el otro día había hecho un tira cómica en una página web... En ese fatídico momento, mis ojos se posaron sobre el pendrive, allí solito, encima de la mesa, con pinta de no haber roto nunca un plato.

-Hostia -me dije a mí mismo.- Tengo que pasar los archivos al pendrive antes de que se me olvi...

Y en ese justo momento el diferencial de mi casa saltó.

-Joder -me reí.- Esto es para llevarlo al programa del Íker Jiménez ese...

A lo lejos pude oír a mi madre salir refunfuñando de la cocina y volver a subir los plomos. El PC volvió a revivir. Los plomos volvieron a saltar. Esta vez el ordenador había hecho "un ruidito raro".

Y esa, querido amigos, es la historia de cómo me quedé sin portátil, y de cómo es posible que no tenga otro hasta mediados de enero, con suerte -que la cosa está mu malamente.- Cualquiera pensaría que finalmente, los hados me habían vencido. Pero es que hay gente muy ingenua por ahí. Esa misma tarde fui a casa de un amigo, y por tercera vez realicé el mismo trabajo (aunque como las tres veces me he inventado los valores, han sido tres trabajos distintos, pero da igual). Pude pasar los archivos al pendrive, imprimirlos luego, y hacer finalmente la puesta en común. Una vez más se demuestra que no existe eso que llaman destino, que no existen los dioses ni la mala suerte, pero también que las casualidades son muy putas. Estoy a diez minutos de entregar mi parte del trabajo final (hoy es el último día), y tengo todo lo mío bien guardadito en mi mochila, en mi sitio de la biblio. Mirad, desde aquí puedo verlo y todo. Mis apuntes de contabilidad bien desperdigados sobre la mesa para dar la sensación de que me acabo de levantar, mi chaqueta colgada de la silla, y mi mochila en el suelo, al lado. Espera un momento... ¿¿Dónde cojones está mi mochila??

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Pequeña pausa

Os vais a cagar en mí en cuanto termineis de leer esta frase, pero no soy Zorrocloco. Soy Anne. El amo y señor del blog me ha dejado las llaves momentáneamente para que dejara un aviso de que está librando su batalla personal contra la malvada tecnología (traducción: se le ha escachuflao el portátil) y tardará un poco en volver.

Ahora que si alguien tiene un portátil de sobra, la cosa se puede arreglar rápido...

Es broma. Os prometo que volverá pronto (aunque os lo vuelvo a robar el 26, si no os importa :P). Mientras tanto, ¡atent@s a los feeds! :)