lunes, 30 de junio de 2008

Exámenes (o "Francamente, querida, me importa un bledo").

Acabo de salir de un examen con sentimientos encontrados. He estado más de dos horas dándole al manubrio sin parar y me duele la mano un huevo (¡viva la ambigüedad! ¡Ataca, Jill! xD). El caso es que he rellenado tres folios din A3 por ambas caras sin tener mucha idea de si lo que estaba respondiendo estaba bien o mal. Por X motivos que no voy a poder aquí (entre ellos, que ya estoy hasta los ovotestis), no he estudiado casi para este examen. Es de estas asignaturas que podemos denominar “de sentido común”, que son más de entender que de memorizar. Que no quiere decir, inocente de mí, que baste con leerse los apuntes (apuntes que ni siquiera son míos, porque a esa clase yo no he ido...). El caso es que me ha dado el canguelo antes de entrar, pero al final me he dicho eso de que “la suerte favorece a los audaces” y demás mariconadas de Powerpoint que lee mi madre y me he metido para adentro (gracias también a las palabras de ánimo de última hora, todo sea dicho).


¿Y cómo he contestado a las preguntas?, os diréis.


Pues poniendo lo que pensaba. Con un par. ¿Que me preguntan que cuáles son los rasgos más característicos del empleo actual? Pues mire usted, lo más característico del empleo actual es que no hay empleo, señor mío. Precariedad laboral y todo eso. Liberalización, que le dicen. Me he acordado mucho del post de la esclavitud de hace poco XD Pero además, me ha hecho gracia a toro pasado la naturalidad con la que iba redactando el examen. Ejemplo: “Pues mire, teniendo en cuenta lo dicho de la división sexual del trabajo, creo que concordará conmigo en que llamarlo división es un chiste. Es discriminación y punto. A ver si perdemos el miedo de llamar a las cosas por su nombre”. Y así durante dos folios din A3.


Pero el momento WTF!! del examen ha llegado cuando al terminar las preguntas me han dado (oh, sorpresa!), un texto para que lo comentara. “De perdidos al río”, me digo. Le echo un vistazo y... ¿A qué no adivináis de qué iba? ¿Veo una mano levantada por allá atrás? ¿Nadie? Tsk, tsk, tsk...


Sobre la ampliación de la jornada laboral a 65 horas semanales.


Tócate los huevos. Le he echado un vistazo al texto así por encima, he pensado “mariconadas”, y he empezado a escribir tal que así [léase con tonillo de arenga comunista]:


“Porque el capital blablabla blablabla, pérdida de la conciencia obrera, blablabla blablabla, lucha de clases blablabla, esclavitud asalariada blablabla blablabla... –así durante otra sábana din A3, y terminando con esto:- Y mientras el capital ha ido ganando poder, la izquierda, los sindicatos y el movimiento obrero en general se ha dormido (esperemos que esté dormido y no muerto), dejando que nos quiten derechos fundamentales y colocándonos en una posición cada vez más debilitada. Queda ver ahora si la clase trabajadora reaccionará y protestará o si simplemente agacharemos la cabeza esperando tiempos mejores, olvidando que los tiempos mejores no llegan, se crean”.


Y me he quedado más a guuuuuuustooo... Oish, oish, oish. Os lo recomiendo, de verdad. Un día deberíais entrar a un examen y responder a las preguntas con lo que pensáis. Liberador, oyes.


Ahora a ver si es tan de izquierdas como parece por los apuntes que me pasaron XD


De momento, si me disculpáis, voy a echarme hielo en la mano. Tengo el mal hábito de agarrar el bolígrafo y apretarlo contra el papel con fuerza rayana en saña, como si se fuera a escapar y morderme. Se me ponen los nudillos blancos y se me agarrota la mano y todo. Si queréis verme jodidamente frenético, dadme un portaminas y decidme que no hay nada más para escribir. Luego sentaos a una distancia prudencial a observar el espectáculo XD

domingo, 29 de junio de 2008

Eurocopa

Estábamos sentados tal que así: GamaBlanca, yo, Morocha y el Negro.


Zorrocloco.- Joder, Negro, esta birra está buenísima.


Negro.- ¿A que sí? Y ya si no estuviera caducada sería la hostia.


Me lo quedo mirando. El Negro trabaja en un polígono industrial, y les suelen dar las cosas caducadas en vez de tirarlas. Tiene un montón de cosas de comer en la casa de marcas que no has visto en tu puta vida.


Zorrocloco.- Es coña, ¿no?


Se echa a reír.


-Que va, míralo en la etiqueta.


Le doy la vuelta a la birra. Morocha, el Negro y yo miramos la etiqueta.


Negro.- ¿Lo ves?


Zorrocloco.- Aquí pone cinco del seis.


Nos miramos todos un momento.


Zorrocloco [contando con los dedos].- A ver: enero, febrero...


GamaBlanca.- ¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOOL!!!!!


Y eso es lo único que no vi del partido.


Definitivamente tengo que aprenderme los meses del año.

domingo, 15 de junio de 2008

¿Esclavitud? ¡Tu puta madre!

Vamos a ver una cosa: ¿qué mierda es esto?


Estaba tranquilamente navegando, sin meterme con nadie, y de repente he viajado en el tiempo, ¿o qué cojones pasa? ¿Cómo es posible que a NADIE se le meta en la cabeza semejante soplapollez? ¡Joder, con lo que ha costado, en cada momento de los últimos dos putos siglos, conseguir unos mínimos derechos laborales (MUY mejorables)!


Y mira que soy un pasota con la política, lo reconozco. Y que no sé como para dar una conferencia, también. Pero subir la jornada de trabajo MAAAAAAL. Mal, joder. Y eso de que “sigue estando en cuarenta, serán pactos individuales entre directiva y trabajador”, mis huevos toreros:


Patrón.- Obrero, a partir de ahora te voy subir la jornada de cuarenta horas semanales a sesenta. Firma aquí.


Obrero.- ¿Qué?


Patrón.- Y si no quieres, a la puta calle.


¡Oh, esto suena más a la puta realidad!


Me flipa, en serio, me flipa que cosas como estas sigan pasando hoy en día. En clase de historia siempre flipé con el fascismo y el comunismo. “¿Cómo lo permitían?”, pensaba. Nuestra maestra nos explicaba que en muchos casos las cosas no eran tan rápidas y claras como en un libro de texto, y que la toma del poder por parte del totalitarismo era lenta y disimulada, hasta que ¡zas, en toda la boca! Yo seguía sin creérmelo.


Bueno, ahora me lo creo.


Guántanamo primero. Ahora campos de concentración para inmigrantes donde podrán estar aislados hasta un año y medio. ¡Claro que sí! No son judíos, pero casi: vienen de un país pobre. Lo próximo serán disidentes o “prototerroristas”. Liberalización del empleo, ¡claro que sí! No sé que es, pero suena bien. Liberar tiene que ser bueno.


Patrón.- Verás, significa que puedo contratar y despedir a quien me salga del culo cuando me salga del culo sin tener que pagar casi indemnizaciones. Y cada vez estamos presionando más para que se reduzcan esos pagos por despido. Ya sabes, trabajo temporal y precario. Putos parásitos.


Zorrocloco.- Pero... eso no es bueno.


Patrón.- Que no, dice. ¡Está de puta madre!


La economía se va al traste, la gente está en el paro, ¿qué hacemos? ¿Reducir la jornada? ¡No, que los pocos que trabajan se maten como cabrones! Así tendrán que pasar por el aro, porque siempre habrá una cola de parados detrás deseando estar explotados! ¡Yipiyoú, yipiyei!


Bolonia. Hipotecarnos para estudiar. Estudios patrocinados por empresas. ¡Toma ya, con sponsor! Fuera filosofía, fuera filologías, fuera bellas artes (y si no, al tiempo), fuera historia. Las nuevas generaciones no necesitan intelectuales. Ya conoces el refrán: rebaño que piensa no es manso.


Lamento si esto suena como la pataleta de un adolescente de clase media pseudoconcienciado, pero tenía que soltarlo por algún lado. ¿Soy yo, o esto se está yendo de madre? Repito que no sé de política como para darle la charla a nadie, pero... ¿No estamos cada vez más cerca de un nuevo tipo de totalitarismo? O quizá no tan exagerado, pero entre la idea de democracia y progreso que yo tengo y lo que estoy viendo... Lo que está claro es que Europa se está convirtiendo en un sitio en el que no sé si voy a querer vivir.


Esto tiene que petar por algún lado. Es más, QUIERO que pete, antes de que vaya a más. ¿Por qué la gente no hace nada? ¿Donde hay que firmar, que yo me apunto?

viernes, 13 de junio de 2008

Epifanía

La cosa es que estoy un poco estresado con los exámenes (tranquilos, no es post perreta xD). No he ido casi a clase, así que me está costando mucho, y claro, en plena neura me da por pensar que perdí un año trabajando cuando cumplí los 18 y otros dos en filología antes de empezar esto, y no es cuestión de estar perdiendo el tiempo, que no voy a sacar la carrera en la vida y blablabla. Así que me encabrono conmigo mismo. Lo cual he de admitir que no es muy productivo.

Pero bajaba ahora a casa a comer (¡sanjacobos! X3), tranquilamente, sin prisas, en la Pode, con el sol calentándome la cara y la brisa refrescándome un poco, y me he dado cuenta de que tampoco es para tanto. El próximo año me esforzaré más, iré más a clase, me lo tomaré más en serio (seeep, ya sé cómo suena, pero dadme un voto de confianza, leches xD). Y mientras, este, a sacar todo lo que pueda. Y de repente he tenido un momento zen total al pensar en mi vida. Hace un día precioso, tengo un grupo de amigos más o menos estables después de casi un año desde que La Bruja acabara con los del barrio, y salgo con una chica tan increíblemente perfecta, que si no la hubiera visto por Skype pensaría que no es de verdad, sino un señor calvo y con bigote.

Da igual si tardo tres años o cuatro. Sacaré la carrera. ¿Qué prisa hay? El mercado laboral seguirá ahí cuando termine (o a lo mejor peta todo antes y me libro de hacer los exámenes, que también me vale xD). Las cosas importantes ya las tengo, ¿no?

A veces la vida puede ser maravillosa.

(Seep, hoy hacemos un mes y estoy tan ñoño que creo que me va a venir la regla)

lunes, 9 de junio de 2008

Cops

Los coches estaban parados ante el semáforo en rojo. Culebreando con la Pode me metí hasta alante del todo, al paso de peatones. Estaba en el cruce con la rambla General Franco. Eché un vistazo a la rambla. Petada de coches y con los semáforos en rojo.


Bauf.


Entonces oí la sirena de la policía local, justo detrás de mí. Me metí como pude en el cruce para permitir que el coche que tenía detrás se pudiera echar a un lado. La L que vi en el cristal trasero cuando lo rebasé no me daba mucha confianza. Era una chica. Mona.


La policía pasa a mi lado como una exhalación. Se detienen con chirriar de frenos al entrar en la rambla y los coches comienzan a apartarse. “Yo quiero”, pensé para mí. En mi ensimismamiento oigo una pita. La chica mona me sonríe y me hace un gesto, dándome a entender que el semáforo se ha puesto en verde. Entro en la rambla, dudo un momento y...


-Bah, qué coño, ¿cuándo voy a poder volver a hacer esto?


Y allí que íbamos, el coche patrulla con las sirenas puestas a toda hostia, los coches haciéndose a un lado, y todo el mundo mirando como por primera vez en la historia la policía era perseguida por una scooter. Me sentía como Pacman cuando come fruta. Es uno de esos momentos en los que, como Manolito Gafotas, te ves como te deben estar viendo los demás y piensas: “Me cago en mi máquina, ¡cómo molo!”.


No veas qué gozada, la versión automóvil de la separación de las aguas. Parecía que me estaban haciendo de escolta. A mí, que hace dos años que voy sin seguro, no te digo más XD

sábado, 7 de junio de 2008

Pero qué hija de puta es la gente (The perro's odyssey)

Pues como le decía a Ire, llevo una semana de mañanas y tardes en la biblioteca estudiando a piñón. He aprovechado que el primer examen es más o menos sencillo (famosas últimas palabras...) y estoy adelantando materia del tercer examen, para poder presentarme antes y tener tiempo de estudiar para el quinto. Jodidos números impares y sus tests... En fin, en mi caso es más un ejercicio de fe que otra cosa, porque salvo Organización y métodos y las prácticas de sociología, no he ido a ninguna otra asignatura este semestre. ¡Eh, que Historia la aprobé sin haber pisado nunca la clase! Así que deseadme suerte, y lo mismo para vosotros^^ ¡¡Podemos (caer en cuartos [tsk, un chiste futbolero en un blog de chicas, como dice Anne... ¡Indio, ríeme la gracia, porfa!])!!

Bien, y ahora preparémonos todos para odiar mucho a un señor. De verdad. Para que os vayáis preparando, os diré que es taxista. No sé por qué, pero a la gente le suelen joder los taxistas (espero que aquí nadie tenga un padre taxista, por cierto). Yo, que voy en scooter, doy fe de ello.


El caso es que estaba el otro día desperezándome en la biblio y dándole vueltas a por qué en estos días me estaba costando tanto dormirme (aparte de por el obvio estrés de los exámenes y la sensación de no estar aprovechando el tiempo, que supongo que nos pasa a todos).


-Coño –me dije de repente.- Pero si ya no estoy saliendo a correr, normal que por las noches no pegue ojo...


Así que decidí que, no importaba qué, saldría a correr en cuanto llegara a casa. Y aunque parezca increíble, eso hice. Llegué, saludé, me puse el chándal y volví a salir por la puerta. Un poco de calentamiento y, ¡hale!, a trotar. Fui sorteando las obras que están haciendo ahora por la carretera, bajé por la cervecera y me puse a dar vueltas alrededor del campo de fútbol de Ofra. Para que os hagáis una idea, imaginaos una pendiente relativamente suave. En ella hay un edificio de considerables dimensiones (la cervecera), luego unos aparcamientos, el estadio (bueno, estadio... un campo con un muro alrededor, tampoco es que sea el Nou Camp), y por debajo una carretera poco transitada. Es un lugar bastante solitario, sobre todo cuando cae la tarde. D
e hecho cuando la cae la noche los aparcamientos se convierten en un picadero bastante concurrido. Por la parte de arriba, que es donde están las puertas del campo, todavía entra y sale la gente que va a entrenar, pero por debajo no suelo ver a nadie. Cómo mucho pasa algún coche de vez en cuando, o veo al que guarda la obra que hay por ahí.


Me puse a dar vueltas al campo y a los diez minutos ya estaba muerto del asco. Enfadado conmigo mismo, decidí dar un par de vueltas más haciendo sprints a ver cuánto aguantaba sin sufrir un colapso respiratorio. Iba a toda hostia por la parte de abajo esquivando la basura cuando pasé al lado de un taxista que estaba bajando a un perro del taxi. El perro (un cachorrito) bajó y se puso a hacer sus necesidades en unos matorrales. Lo esquivé y seguí de largo, pero unos seis o siete metros más allá me paré y me volví a mirar.


El taxista no se había bajado del coche para abrirle la puerta al bicho. Lo había hecho desde dentro, y eso me escamaba. Por un momento recordé todas esas publicidades de “Él nunca lo haría” en la que se ve un pobre animalico en medio de una carretera desierta, y a punto de estuve de acercarme al taxi y preguntarle si iba a abandonar al cachorrito (sí, soy capaz de acciones tan bizarras). Pero el perro seguía cagando y meando la palmera, y el taxista esperando, así que reanudé el trote mientras me reía de mi mismo por mis paranoias.

Cuando volví a dar la vuelta al campo el taxi ya no estaba. El cachorro sí. Y un motorista que había estado a punto de atropellarlo.


-Lo he tenido que sacar de la carretera porque casi lo atropello yo y ahora se lanzó delante de un coche –me explicó cuando me acerqué.- Ojalá pudiera llevármelo, pero en la moto... Estoy llamando a mi novia, porque yo ya tengo perro, pero es tan bonito...


-Sí que es bonito, sí –y le expliqué lo que había pasado. Estaba un poco enfadado conmigo mismo por no seguir mi instinto. Una pareja de ancianos que aparecieron por allí también se indignaron todos.


-Qué hijo de puta –dijo la señora, resumiendo el sentir general acerca del taxista.


-Lo suyo sería que alguien lo llevara a algún lado donde lo recogieran, por si tiene chip o algo.


-Sí, sí, eso estaría bien, deberíais hacerlo... –dijo la pareja mientras seguía de largo.


-Yo es que tengo la moto, pero me da pena dejarlo...


-Ya, claro.


Miré al cachorro. Estaba saltando de un lado a otro, oliendo los matojos. Pensé en la hora que era, en que no sabía donde llevarlo, en que tenía que estudiar y acostarme temprano para hacer sesión intensiva de biblioteca al día siguiente. Luego suspiré para mis adentros y lo cogí en brazos.

-Ya me encargo yo de él.


Con lo poco que me gustan a mi los perros, y me puse a cargar al bicho aquel hasta Princesa Yballa buscando la policía local. No creía que lo fueran a recoger, pero por lo menos me indicarían dónde lo podía dejar. Tampoco creía mucho al tipo de la moto, que me dijo que se pasaría en un momento con el coche para recogerlo, si la novia no ponía pegas.


La verdad es que el bicho era bonito, y por donde pasaba todo el mundo tenía que ver con él. Pero no veas lo que se revolvía y lo que pesaba el cabrón, que no había manera de cogerlo. Y encima olía a perro. Aún así no podía imaginar cómo a alguien le da por abandonar a un cachorro. Y aunque no sea un cachorro. Para algo hay albergues y perreras, ¿no? Seguro que hay gente que querría un perro como ese, porque yo no sé mucho de perros, pero me daba que ese era de marca y todo. Y si no quieres un perro, no lo compres, gilipollas. Me lo estaba imaginando, buscando el sitio, dejando al bicho, viéndome llegar y disimulando como un cabrón, y luego yéndose a la zorrina, y me daba verdadero asco. Qué sangre fría hay que tener para hacer eso. Ojalá le remuerda la conciencia hasta el fin de sus días.


Primera sorpresa: en Princesa Yballa ya no hay policía.


-Pero, ¿y dónde está? –le pregunté a un chavalín que había por allí. Se encogió de hombros.


-Ahora hay una local en la plaza del tranvía, creo.


La madre que me parió, tremendo rodeo en subida había dado para volver a bajar ahora. Y el bicho cada vez se revolvía más. Bueno, más que revolverse, temblaba. Encima en la comisaría me dijeron lo que ya me esperaba:


-Aquí no podemos hacernos cargo de un perro, pero supongo que en la perrera de la Finca España igual lo recogen.<


-¿Y eso dónde está?


-Pues mira, coges la avenida de las Palmeras, llegas hasta la iglesia [el Zorrocloco observa al policía pero no lo oye. En lugar de su voz, suenan las Cuatro estaciones de Vivaldi durante unos treinta segundos]... y tuerces otra vez a la derecha y estás ahí. ¿Entendido?


-Perdone, pero no. ¿Me lo podría repetir?


-A ver... Llegas hasta la iglesia, subes una calle, tuerces la izquierda y bajas dos, tuerces a la derecha [na na na-na, nananana na na na-na...]... y por ahí ya preguntas.


-Ajá. Vale, gracias.


-Suerte.


Salí de la comisaría. Y una mierda iba a subir caminando hasta la Finca España con el perro en brazos.


-Pues me parece que nos vamos a casa...


Y a casa nos fuimos. La reacción de mi madre era tal y cómo la había esperado. Primero le hizo gracia, le puso agua y todo. Le hizo menos gracia saber que la perrera de la Finca España cierra a las seis de la tarde y abre a las once de la mañana.


-¿Y dónde va a pasar la noche el perro?


-Pues aquí, ¿dónde va a ser? Ya lo llevo yo mañ...


-No.


-Pero mujer, si...

-Yo no quiero perros aquí –se iba encabronando por momentos.- Además, ¿tú para qué lo recoges? ¡¿Eh?! ¡Ya estás llamando ahora mismo a alguien para que se lo lleve, o lo sacas a la calle y lo dejas en la carretera, que ya se encargará alguien de él! Aunque ahora vas a tener que correr, porque el puto perro te va a seguir, claro –y me miraba sacudiendo la cabeza, con expresión de “mi hijo es gilipollas”.


-Ahm, muy bonito, sí señor. Espera, que voy a hacer unas llamadas.


-Más te vale. ¡Y mira a ver por qué está llorando!


“Se sentirá querido”, pensé yo para mí. Peor me imaginé que tendría hambre, así que le abrí una lata de salchichas. Ponérsela y desaparecer fue todo uno.


-Caramba, pues sí que tienes hambre.


Y le abrí otra lata. Se la mandó y se puso a mirar la tercera lata de salchichas moviendo el rabo.


-Y una mierda –le dije- Que yo también quiero cenar.


Y me puse a hacer llamadas, con bastante poca convicción. Pero parece que ese día nada salía como uno pensaba que iba a salir.


-Nah, tío, con Spike aquí yo no puedo tener más perros, no veas como se pone. Pero mira, voy a hacer unas llamadas, y si no... pues yo que sé, yo le pago la inyección en el veterinario.


-¡¿Qué?!


-Claro, tío, es mejor así, para que esté dos meses en una jaula y luego lo sacrifiquen... Pero tú mándame una foto del perrito, y yo veo qué puedo hacer...


-Vale, vale, yo te la mando...


Este es el bicho en cuestión. Es mono (para ser un perro).

El caso es que a los diez minutos me vuelve a llamar este chico.


-Oye, que estoy aquí con Judío, que se queda al perro.


-¡No jodas!


-Que sí, que está llamando a la madre pa decírselo, porque querían un perrito, y mira, todos salen ganando.


Y vino Judío y se quedó con el perro. Parece ser que se llevan muy bien y se han cogido cariño. Fin de la historia. Parece que a veces uno encuentra lo que busca, su lugar en el mundo y alguien que le quiera. Aunque antes te hayan abandonado y te de la impresión de que nadie te quiere.


Y lo dejo ya, que al final sí va a parecer que escribo un libro de autoayuda xD


(He releído el post y no es gran cosa, pero ¿qué queréis? No doy para más... u___u).


¿A que dan ganas de patearle los ovotestis al taxista amante de los animales?

domingo, 1 de junio de 2008

El Gremblin voladoooor...!

Estaba anoche discutiendo de arte con Anne (sí, soy tan chulo como para discutir de arte con una estudiante de Bellas Artes y pretender tener la razón), sobre qué era arte y qué no.


Concretamente, intentaba explicarle como cosas como esta:



Y esta otra:



No son arte. El caso es que mientras discutíamos sobre el cuadro de Saura (el segundo), en mi cabeza algo hizo “click”.


-Ana –le dije.- En ese cuadro hay un Gremblin volador.


-¿Un qué?


-Un Gremblin volador. Ya sabes, un Gremblin que parece que está volando. Con una túnica.


-Tú estás gilipollas.


-No, en serio, es como un vampiro pero con las orejas alargadas, como un Gremblin.


-Saura no pintó un Gremblin en su Retrato de Brigitte Bardot, Zorro.


-Ya, bueno, tampoco pintó a Brigitte Bardot. ¿En serio no lo ves?


-Nopes.


-¿De verdad?