martes, 29 de abril de 2008

Podcast!!

Lo prometido es deuda, aunque sea cutre xDDD


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lunes, 28 de abril de 2008

Amistades de ida

Amistades de ida. Me ha costado encontrar un término para describirlas. Me refiero a esas personas anónimas con las que tropiezas un día por casualidad y entablas conversación sabiendo que no las vas a volver a ver. En el mejor de los casos puede salir de ahí una pequeña amistad. Puede ocurrir, por poner un ejemplo, que la persona que se siente al lado tuyo en el avión no sea ni un pesado ni de los que no abren la boca ni para dar gracias a la azafata, y durante las dos horas que dure el vuelo entables una amena conversación con ella, y te haga el vuelo más ameno. Al llegar a destino os daréis la mano, o dos besos si procede, y cada uno seguirá su camino. A lo mejor no vuelves a pensar jamás en esa persona, o quizá evocarla te haga sonreír, recordando un remanso de paz entre tanto gilipollas cotidiano.

Recuerdo que cuando me alisté en el ejército (laaaarga historia) hice el viaje con un chaval unos años mayor que yo llamado Aurelio. Nada más vernos en la puerta de embarque del avión supimos que los dos íbamos al mismo sitio.

-Llámame Lío –me dijo al estrecharme la mano.- Mis amigos me llaman así.

Estábamos en asientos separados, así que no pude entablar conversación con él hasta que terminó el vuelo. Juntos nos perdimos por el metro de Madrid, correteando arriba y abajo para llegar a un andén y justo darnos cuenta de que era el que teníamos enfrente. Casi perdemos el tren en Chamartín. Cuando por fin subimos en el que nos llevaría a Murcia, estábamos agotados. Soltamos las mochilas y comenzamos a charlar. Al cabo de un rato me di cuenta de que el chaval no era precisamente un lince, pero sí muy buena gente, atento y educado, y le cogí un poco de cariño en aquellas seis horas.

Me contó que trabajaba en seguridad pero que se había hartado, esperaba poder ver mundo con los paracaidistas. Era un aventurero. Yo le dije que iba por escapar de mi vida. En aquel momento tenía la impresión de haber estado toda mi existencia encarrilado en una dirección, sin posibilidad alguna de elección. Tenía una amiga en los paracaidistas que me había animado a alistarme: los sueldos eran buenos, no trabajabas una mierda y te ponías como una piedra.

Cuando le conté que había aplazado mi ingreso en la universidad por alistarme Lío no dio crédito a lo que oía. Dos días después –ya se me había quitado la tontería.- estaba sentado en mi litera debatiéndome entre volver a casa y quedar como un rajado o aguantarme y quedarme aunque sabía que no era sitio para mí y me iba a dar algo allí encerrado. Lío se sentó junto a mí en silencio, y después de pensar un rato, dijo:

-Zorrocloco, todos los que estamos aquí... Es porque no tenemos otra opción. A ti que se te da estudiar, estudia. Y ya si eso te alistas, pero con un rango. Pero estudia.

De haberme quedado podríamos haber sido amigos. Pero lo que hice fue darle las gracias y un abrazo, y colgarme el petate al hombro.

Volví a verlo una vez más, hará unos dos años. Iba con un amigo al cine cuando un segurita de Las Palmeras me hizo señas con la mano.

-¡Coño, Lío! ¿Y ese uniforme?

Me contó que le habían dado puerta en los tests psicológicos, como a tantos otros de nuestra camada. En su caso, cuando le preguntaron si alguna vez había tenido ideas suicidas, él contestó que una vez de joven había estado muy deprimido y se le pasó por la cabeza. Resultado: no apto.

-Aaaaaay, Lío, ¿pero cómo se te ocurre decir la verdad? A todos se nos ha ocurrido al menos una vez en la vida, ¡pero no lo dices en una evaluación psicológica!

Todavía guardo su número, aunque no creo que lo llame. No sé por qué, pero creo que nuestra amistad no funcionaría aquí. Quizá porque se trata de un claro ejemplo de amistad de ida.

Un par de meses después de dejar el ejército (tras mi espectacular carrera de tres días), volvía a mi casa del trabajo en guagua cuando una chica con uniforme de azafata se sentó a mi lado, me dio las buenas tardes y comenzó a empalicarse conmigo. Aquello me sorprendió muchísimo. Yo nunca había intentado entablar conversación con un desconocido en la guagua. Era evidente que no era de aquí.

-Mi familia llegó hace poco de Venezuela, yo voy a la Escuela de Aeronáutica porque estudio para azafata, pero todavía no tengo muy claro en que parada tengo que quedarme, así que si no te importa tú me indicas...

-Faltaría plus.

En los veinte minutos que duró el trayecto hablamos de todo un poco: de su país y las diferencias con Canarias, de su trabajo y el mío... Curiosamente, se mostró interesada en lo que le contara sobre el noble arte de la charcutería. Un encanto de niña. Se despidió con dos besos.

-¡Cuídate y muchas gracias por todo!

Permitid que me tome un segundo para evocar su rostro sonriente mientras la guagua arrancaba. Era y es la muchacha más hermosa que he visto con mis propios ojos.

Listo.

La tercera amistad de ida, con la que cerramos este post, la hice por internet. Me había olvidado de ella hasta que trasteando el otro día en mis historiales de conversaciones para echar una apuesta en cara a un colega di con un archivo cuya dirección no me sonaba de nada. Al abrirlo me retrotraje a una noche de hace siete meses (aunque a mí se me antoja más tiempo). Me apetecía navegar un rato para desconectar del curro, y vi que me había agregado al msn una tal Bella. Según parece había visto mi correo en un mail en cadena, y le había hecho gracia mi dirección (yo no mando mails en cadena, pero eso no quiere decir que no me los manden a mí, con lo que mi dirección acaba entre todas las demás que se agencian terceros). Su nombre real era Isabella, y vivía en Madrid. Estuvimos chateando cerca de una hora. Le conté que me había cambiado de carrera a una que me gusta más y ella me dijo que acababa de superar la PAU y el año próximo se iba a estudiar Ingeniería Genética, aunque no lo acababa de tener claro.

Me preguntó si había estado alguna vez en su ciudad y le hablé por encima del museo del Prado, que ella nunca había visitado. Ella a cambio me describió un poco los distintos sitios de la península en los que había vivido. Su madre era policía y ello la obligaba a mudarse cada pocos años. Es la única persona que conozco que ha estado en más colegios que yo. En un momento de la conversación me dijo entre risas que era un tipo bastante peculiar, y yo le respondí que era el cumplido más sincero que me hacían en mucho tiempo.

Tras despedirme de ella no volví a conectarme en una temporada. Creo que fue cuando quitamos internet en casa para ahorrar gastos. Jamás volví a hablar con ella, aunque todavía la tengo entre mis contactos. Quién sabe, igual algún día me entero de cómo le va en la carrera. O me monto en un avión y me atiende la chica más guapa del mundo. O, en su defecto, entablo conversación con el tipo del asiento de al lado, que quizá tenga alguna historia interesante que contar.

Las amistades de ida tienen un componente romántico en su brevedad que las hace muy especiales. Son pequeñas conexiones completamente aleatorias que te permiten asomarte durante un segundo al universo de otra persona. Como un libro de relatos selectos.

Deberíamos tener menos miedo a la gente y hablar más. He dicho.



sábado, 26 de abril de 2008

Entrada miscelánea de mucho autobombo

La puta calima me tiene frito. No hay quien salga de casa durante el día. Anoche estaba sudando tanto que me quité la camiseta para jugar al futbolín en el Luz. Vaya un espectáculo. Se acuñaron varias frases nuevas para añadir a la colección:

“No, que me ponesh droja en losh bolsillosh...” [Si alguien te llama o te dice que vayas a algún lado.]

“Y ahora viene el príncipe de Mónaco y me parte la cara”.

"No me fío de la gente que sólo cena una vez".

“¿Pero es infidelidad si te lamo la vagina?” [Judío, cuando la chica le dijo que tenía novio.]

“Yo estaré borracho, pero... A vosotros dos os veo follando”. [Judío, a la chica con la que estaba yo hablando, después de que la que tenía novio le mandara a tomar por culo.]

Debemos ser las únicas personas que guardan la cerveza en un descampado para que no se caliente. Y no digo más, que me ponéis droga en los bolsillos.

En otro orden de cosas, si miráis a la derecha veréis que hay un elemento nuevo llamado: “Si te gusta como escribo...” Clicando en él iréis a dar a un cuanto infantil que acabo de publicar en un blog aparte. Espero que os guste. Y si no me mentís, que tampoco pasa nada. (Jamás pensé que tendría un blog rosa, pero la verdad es que queda cuco...)


¡Más cosas! Hoy me he tirado la tarde entretenido con esto:





Son dos tiras –si es que se pueden llamar así-, que dibujé hace tiempo. Hoy las he entintado y escaneado. Puede que no tengan gracia, que el dibujo sea malo o que directamente no se entiendan, pero, ¿y lo que me he entretenido yo haciéndolo? Aaaaamigo, pues eso. De hecho, tengo un montón de gags con los mismos personajes apuntados por ahí en una libreta. La prota se llama Avril LaCuesta (vamos a echarle imaginación y decir que es la misma chica en la dos tiras), y los otros personajes no son más que su novio, algunos amigos y su conejo (sí, es un conejo). Igual me pongo y dibujo alguno más en estos años por venir. ¿Por qué en inglés? Ni idea, simplemente fue en ese idioma en el que se me ocurrieron los chistes. Soy así de especialito.

¡Más cosas! En el blog de Mebo he encontrado un juego bastante interesante basado en una peli de próximo estreno que sin duda alguna habrá que ir a ver. La verdad es que me he enganchado, y eso que la primera parte no dura demasiado. ¿Descubriremos por qué han despedido a Marta López? Yo ya tengo mis sospechas, pero no quiero spoilear a nadie. Pasaos por www.cronocrimenes.com y lo veis por vosotros mismo.

¡Más cosas! Prometo un podcast en breve. O quizá a medio plazo. O digamos plazo indefinido. Pero ahí lo dejo caer para que a nadie le sorprenda. Y prometo que eso sí tendrá gracia, que si no va a venir el príncipe de Mónaco a partirme la cara.

Saludines!

miércoles, 23 de abril de 2008

Hay que joderse...

Bueno, lo reconozco, no ha sido mi maniobra más ortodoxa. Iba por el carril izquierdo, me metí en el derecho al entrar en la rotonda, al izquierdo de nuevo para tomar la curva cerrada, y salí por el derecho para entrar en la universidad un poco más adelante. Lo sé, una maniobra de mierda, pero que conste que estaba completamente solo. O eso pensaba hasta que miré por el retrovisor y vi el coche de la policía local y las dos motos detrás de mí. Como estaba en la puerta de los aparcamientos, decidí hacerme el longui y tratar de escabullirme entre tanto coche.
Crucé todo el parking hasta el lado de la autopista y empecé a aparcar. Esta vez no iba a tener problema, había unos espacios enormes. En esas estaba cuando una compañera de clase me tocó la pita.

-Hay un aviso de bomba –me dijo, riéndose.- Están evacuando a todo el mundo.

-¡Aaaah, o sea que era eso! Ya me extrañó ver tanta gente en las puertas, pensé que era la Jornada de puertas abiertas o algo así.

Pues por lo que parece no era a mí a quien buscaba la policía. Anda que, si lo sé no madrugo. Yendo para mi casa me encontré con dos compañeros que bajaban caminando. Me paré a un lado de la carretera.

-Ey, tíos, hay un aviso de bomba, no hay clase.

-¡¿Qué dices?! ¿Un aviso de bomba? ¡Oh, Dios, vamos a morir! –intentó meterse en mi coche por la ventanilla, partido del culo.- Pero, ¿en serio es un aviso de bomba de verdad?

-Sí, vi a la policía viniendo y todo.

Se miraron el uno al otro con cara de cumpleaños.

-¡Hostia, un aviso de bomba de verdad! ¡Vamos a verlo!

Y se alejaron al trote, todos contentos. Puse rumbo a mi guarida, para lo cual tengo que pasar de nuevo por delante de la universidad. La gente esperaba en las puertas o en la parada del tranvía, charlando y riendo. Se me pasó por la cabeza ir a buscar a mis antiguos compañeros de carrera para echar unas risas en la cafetería, pero me dio pereza volver atrás a buscar aparcamiento.

Más abajo, mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde, pensaba en las diferencias entre un sitio y otro. En Madrid o Bilbao tendrías un equipo de artificieros y a la Guardia Civil acordonando la zona. La gente hubiera huido en desbandada, seguramente. Aquí no pasa de ser un chiste. Hasta mi madre, que es una paranoica del quince, se ha partido el culo cuando se lo he contado.

-¿No habrás sido tú porque no querías ir a clase, no? –ha bromeado.

-Nah, eso me lo guardo para cuando haya exámenes.

Pero no acabo de tener claro si es bueno estar tan seguros de que aquí nunca va a pasar nada, la verdad. Las peores hostias son así. Eso sí, me he librado de la práctica de Organización ^^

viernes, 18 de abril de 2008

El caballero

Esto, para no varíar, lo encontré buscando otra cosa. A ver si también os hace sonreír. Recuerdo que lo presenté a un concurso de relato ultracorto del ayuntamiento de Arona pero no me comí ni los mocos. Y no es por criticar (en serio) pero recuerdo haber leído el ganador y pensar: "¿Eh?". Con todos ustedes, El caballero:

La despertó con un beso, como en todos los cuentos famosos.

- Princesa –le dijo-, soy el Príncipe Azul. No os levantéis, no hace falta. Por vos he cruzado montañas, ríos y lagos, enfrentándome a toda clase de criaturas sin que jamás mi pulso temblase. Tras muchas jornadas arribé a la profunda sima donde os hallábais presa hasta este instante. Dejando atrás mi montura, adentrome en las profundidades de la tierra, donde carente de vituallas, mas colmado de coraje, tesón y pureza, superé toda clase de obstáculos hasta las mismas puertas de este castillo. Las últimas tres semanas de mi fantástica odisea, que ya os contaré con más detalle en el camino de regreso, batallé con el malvado y fiero dragón de siete cabezas que os raptó de vuestra casa hasta darle muerte, dejándome de recuerdo esta horrible a la par que varonil cicatriz que... ¿Princesa? ¿Os habéis vuelto a dormir?

martes, 15 de abril de 2008

Pero mira que eres blogger...

Ocurrió la otra noche. Estaba sentado al lado de Judío bebiendo una cervecilla y viendo al personal y no recuerdo exactamente qué pasó, pero sí que pensé para mí: "Juas, ya tengo entrada para el blog". A mi lado Judío meneaba la cabeza.

-Tío -me dijo.- Soy un friki. Acabo de ver eso y pensar: "ya tengo nick para el messenger"...

-Desde luego -repuse.- Eres la mierda.

"Dos entradas", me dije a mí mismo, y di otro trago a la garimba.

lunes, 14 de abril de 2008

Al blog pongo por testigo...

... que durante las próximas dos semanas voy a llevar una dieta sana, en la que no va a haber ni papas fritas, ni cholocate, ni bebidas con gas. Queda exenta de esta norma la cervecilla del sábado noche (pues la otra opción es una bebida con gas). Y cuando digo nada, es nada de nada.

No es la primera vez que intento abandonar el chocolate y los fritos, y nunca he podido. Pero son sólo dos semanas, y el finde recibí una fuerte motivación positiva para cuidar mi físico ^^

Os mantendré al tanto de la inminente psicosis...

jueves, 10 de abril de 2008

Asimilando la realidad

Estaba tranquilamente haciendo abdominales y viendo a las chicas de spinning salir empapaditas de clase cuando Red, que estaba a mi vera, me ha dado un golpe en el hombro y me ha dicho:

-¿Sabes? No somos altos, ni morenos, ni estamos cuadrados, ni tenemos dinero...

Y se ha quedado ensimismado rascándose la barbilla.

-¿Pero...?

-¿Qué? Ah, no, no hay peros. Es una afirmación. ¿A qué viene esa mirada?

¿Alguien que quiera ir al gimnasio conmigo a partir de hoy, por favor? Porque entre la pereza que me da y los ánimos del colega, mal vamos...

sábado, 5 de abril de 2008

Don Quixote

La noche se estaba dando de puta madre. Con tres cervezas estaba jodidamente eufórico. Reía y hacía el ganso como no lo había hecho en mucho tiempo. Cosa rara en mí, me sentía capaz de hacer cualquier cosa, y no paraba de insistir a los chicos para que entráramos a alguna de las chiquillas que había por allí. No estaba tan borracho como para no darme cuenta de que me iban a mandar a tomar viento, pero no me importaba en absoluto. Es más, me hacía gracia la perspectiva. Eso era lo genial del pedo que tenía. Entonces las vi bailando en medio del bar: Aina y la Niña-Erizo.

En cuanto Aina me vio vino corriendo a abrazarme. A esa niña le tengo un cariño fuera de la común, aunque apenas la vea. Ha crecido para convertirse en una auténtica belleza de ojos verdes, pero para mí siempre será la niña panzudita en mallas que se sentaba a jugar a las Barbies en la acera de mi casa. Me encanta verla borracha, porque sobria es de lo más seca y cortante, pero en cuanto sus labios se mojan con alcohol sufre una transformación total para convertirse en la persona más simpática y cariñosa que te puedas imaginar.

Detrás llegó tambaleándose la Niña-Erizo y me abrazó con ternura. Tenía un pedo que no se tenía en pie. Comencé a hablar con Aina lo de siempre: que si nunca me llamas, que si la que no llamas eres tú, que cómo me gusta beber contigo, que si te acuerdas de aquella vez que... Miré un par de veces a la Niña-Erizo, y me sorprendió no notar nada. Ni bueno ni malo. Ni siquiera la encontraba atractiva. Me hacía mucha más ilusión estar con la enana de Aina.

Siguieron bebiendo, y cuando volví a verlas no es que estuvieran borrachas, es que se arrastraban por los rincones. Fue ahí cuando me salió la vena paternalista. Las saqué del bar perdiendo a mis amigos por el camino, aguanté a Aina vomitando, y la otra enfadada conmigo no sé por qué. Dejé de mirarlas un momento para marcar el número de la hermana de Aina y que fuera a buscarla y de repente ya no estaban. Me puse de los nervios, por lo borrachas que iban y por la tendencia de Aina a meterse en problemas de los que luego hay que sacarla. Las busqué por toda la calle del Haring, volví a entrar en el bar, salí otra vez, las llamé... Nada.

Resignado, me di la vuelta para ir a buscar a mis amigos y allí estaban, sentadas en el escalón de un portal. En cuanto las vi dejé de estar preocupado para estar cabreado. Me acerqué a ellas y las reprendí. La mirada de desdén que la Niña-Erizo me echó en ese momento no se me olvidará en la vida. Me di cuenta de que no estaba enfadado con ellas, sino conmigo. Me acerqué a Aina, que estaba sentada con la cabeza colgando hacia adelante y los ojos cerrados y le di un bofetón. Se sacudió ligeramente, abrió los ojos un poco y me sonrió.

-Veo que estáis bien. Adiós –y me marché. Mientras caminaba rumbo al bar donde Jos, el Negro y demás terminábamos siempre las noches iba cavilando y encabronándome por momentos.

¿A santo de qué me había hecho cargo de ellas? ¿Acaso seguía saliendo con la Niña? ¿Acaso era yo el hermano mayor de Aina? Y para colmo de males no dejaba de ver esa expresión en los ojos de la Niña, que me trajo más de un mal recuerdo. Parece que no aprendo que no todo el mundo quiere ser ayudado, ni que se preocupen por ellos. Y sobre todo, parece que no aprendo a no hacer lo que no me han pedido.

jueves, 3 de abril de 2008

Top five (leáse tal cual, /top fíbe/)

El otro día volví a ver Alta Fidelidad (recomendadísimos tanto la novela como la peli, por ese orden), y me di cuenta de que nunca había hecho un Top 5 de casi nada en mi vida, ni siquiera de música. No volví a pensar en ello hasta que la semana pasada me quedé sólo en casa y me dio por poner algo de música en el equipo a toda hostia y brincar un rato por el salón para quemar energía.


Fue cuando comenzó el trueno de I was born to love you, de Queen, cuando me di cuenta. “Esta –pensé para mí.- Esta es mi canción número uno de todos los tiempos”.

No es famosa, ni siquiera es uno de los muchos éxitos que tuvieron los chicos de Mercury. En realidad tiene una letra bastante simple, pero hay algo en ella que me flipa. Cuando tengo un mal día o estoy bajo de energía, pongo el corte número seis de Made in Heaven y ahí empieza... Debo haberla escuchado un par de cientos de veces, muchas de ellas (y no me sonrojo) imaginando que toco alguno de los instrumentos, o que soy Mercury, contoneándome mientras hago el solo de batería o intentando seguir los imposibles punteos de Brian May, y el ritmo es tan apasionado que siempre acabo sudando y con el corazón acelerado. Y por qué no decirlo, con una sonrisa de oreja a oreja. Si tenéis tiempo, y os falta algo de vergüenza, os animo a que probéis también. Para canciones como esta se inventó la tecla de Repeat.



Mientras me duchaba tras haber repasado la canción instrumento por instrumento ante mi entregado público imaginario, me puse a confeccionar el resto de la lista, y estoy bastante contento con el resultado. He evitado las canciones del momento, o las que rayé en su día de tanto oírlas y ahora detesto, y me he ceñido un poco a los clásicos. Por supuesto puede ser mejorable, y os invito a que añadáis aquellas canciones que os han hecho vibrar desde siempre, aquellas que también estáis seguro que os seguirán gustando cuando tengáis ochenta años, porque por mucho que cambie el mundo, no puede cambiar tanto como para que Sinatra deje de ser un crack.



My way, la historia de un tío con dos cojones, que ha hecho lo que ha querido como ha querido, y que no se arrepiente de nada ahora que hace repaso antes de espicharla. Así quiero ser yo cuando sea mayor, mecagüenlamar. Y qué voz, por el Monstruo Volador de Espaghetti...



Mi historia de esta canción es la de un amor a primera vista oída. Cuando metí el CD que me había grabado una compañera de clase (prima de una chica con la que tropezaría en una biblioteca cinco años después y que se convertiría a la postre en mi última ex, para que veáis que pequeño es el mundo. Y Canarias, más.) jamás había oído hablar de Muse, ni falta que me hacía. El CD era un popurrí de canciones de distintos estilos, y la verdad es que eran una mierda, hasta que llegué al corte número 6 (¡ese diabólico número no me deja ni a sol ni a sombra!). Un solitario piano sonaba nota a nota, como si le diera vergüenza profanar el silencio en que me había sumido de repente. Subí un poco el volumen para dejarme llevar por lo que parecía una lenta y preciosa balada (me encanta el sonido del piano. Violín y piano. Y punto.), y de repente ¡se vuelve loco!


Empieza a subir, y a subir, y entran los demás instrumentos y ya no para hasta el final, con un pequeño break en medio de la canción que te da el tiempo justo de tomar resuello para enfrentarte al final de la canción. Quedan para la posteridad las líneas de: You make me sick / because I adore you so / I love all the dirty tricks / and twisted games you play / on me.
Y mira que he buscado lo que significa el H-8 del principio de la canción. Al principio pensé que se trataría de algún tipo de droga, pero se ve que es argot para la palabra “odio”, lo cual me ha dejado un poco trastocado. Ya sabéis, zorritos y zorrones, la ignorancia es la felicidad. Pero sigue siendo una canción de puta madre, de amor, además. Amor al odio, toma ironía. Y si el piano os gusta echad un vistazo a la versión que hacen de Feeling Good, de Nina Simone. Le dan tres patadas al original ^^

Siguiente canción, otro clásico que no consideré en ningún momento, pero que se abrió paso entre las brumas de mi MP3 mientras iba a comprar como una revelación. Una canción que puede parecer inconsistente e incluso cutre después de haber visto a tantos bichos animados por ordenador bailándola en internet, pero que es un baluarte del buen rollo y del pasar página y mandar a ese capullo/a que te ha estado jodiendo a tomar por culo en viaje sólo de ida. Damas y caballeros, miss Gloria Gaynor con I will survive.



(Aunque el el video con Jesucristo está mucho mejor ;)

Y puestos a seguir con clásico, he aquí el magnífico I love rock and roll. ¿Qué se puede decir de LA canción de rock, junto con Satisfaction, de los Rolling? Nada. Por eso lo único que comento es que dudé si poner el original de los Arrows o la versión de Joan Jett, más cañera y famosa. Pero han ganado los Arrows por tres razones: a) son los originales; b) Alan Merrill tiene mejor voz que Joan Jett un rato largo y c) tienen más estilo (yeah!).



Y por último, pero no menos importante, la mejor canción de Eric Clapton para mi gusto, Change the world. Es como un sedante. Cuando he tenido un mal día, llego a casa, pinchó el segundo corte de su disco, y con sólo escuchar los primeros compases ya me siento mejor. Nada malo me puede pasar mientras en los casi cuatro minutos que dura. Y escucha la letra, eso es amor empalagoso del que ya no queda.




Hale, pues hasta aquí el Top 5. Y vosotros, ¿qué me decís? ¿He cometido algún atropello, alguna injusticia al olvidarme de algún dios de la guitarra o cantante de infarto? Venga, a ver esos Top 5. Si gusta, iré haciendo más. O más bien si me da la gana, siendo realistas ;)


miércoles, 2 de abril de 2008

No soy ningún fanático ecologista ni nada por el estilo. No suelo pensar en la contaminación de los mares, ni doy la tabarra con el calentamiento global. Sin embargo sí soy una persona a la que inculcaron valores cívicos, y no soy capaz de tirar ni un papel al suelo. Para eso están las papeleras. Cuando voy al monte o a la playa, recojo toda mi mierda antes de irme, igual que no me gusta ir a echarme sobre los restos de comida de alguien.

Por eso me ha dado bastante por culo cuando las dos compañeras de clase con las que estaban estudiando en el césped del campus han empezado a tirar las colillas al suelo. Que lo hagas en medio de la calle todavía pase, pero la imagen de algún despistado/a tumbándose sobre unas colillas no me hacía ni pizca de gracia. Cuando se lo hice notar me dieron la razón y las metieron en una lata vacía de Pepsi que nos habíamos tomado.

Pero hete aquí, oh, sorpresa, que al irnos dejan la lata en medio del césped.

-Mer, te dejas la lata.

-Déjala ahí, tengo las manos ocupadas –me contestó. Llevaba el suéter en una mano y los cigarros y el mechero en la otra.


-No me jodas, tía, recoge eso.


-Que paso.


Nos hemos mirado un momento, se ha dado la vuelta y se ha pirado. La cara de gilipollas que se me ha tenido que quedar allí plantado mirando alternativamente a la lata y la espalda de Mer no me la quiero ni imaginar.


Ahora, como Mer suspenda, la próxima vez le va a explicar el principio de legalidad penal su puta madre.