sábado, 29 de marzo de 2008

Cayuco

Mientras decido si hago los bocadillos a mano o a ordenador, que es lo único que me falta para subir la primera página de Evos (¿oigo exclamaciones de sorpresa por ahí atrás?) y preparo un post sobre mis diez canciones favoritas de todos los tiempos, me han pasado un meme.

Momento histórico. Primer meme de este blog. Un meme, a mí. Mi meme me mima.

Lo único que tengo que hacer es... publicar una foto mía de bebé en pelotas. Y tendré mi primer meme.

Me siento sucia, sniff...

Anne ha descubierto sin querer mi secreto más oculto, como si pudiera leerme la mente. Yo no nací como los niños normales. No me encontraron debajo de una lechuga (¿o es u
na col?) al ir a hacer una ensalada, ni me trajo la cigüeña, yo... Venía en el paquete de una colchoneta hinchable.


"¡Hooola, paisanos!"

He ahí la horrible realidad. E
n aquel momento, la que posteriormente se convertiría en mi madre, dejó de darle a la bomba de la bici y, rebosante de cariño y amor ante el ser que acababa de encontrar, exclamó:

-¡¿Pero qué mierda es ESTO?!

Viendo como estiraba mis bracitos hacia ella, avanzó un paso y me golpeó en la cabeza con la bomba, dejándome inconsciente. Mi madre siempre ha sido muy decidida.

No recuerdo cuanto tiempo estuve dormido, pero sí que cuando desperté estaba en su casa. Podía oírla contando por teléfono la buena nueva.

-¡... dense prisa, creo que tiene la rabia! ¡No para de babear! -sonó el ruido de un teléfono al colgarse.- Uf, menos mal. Los de la perrera ya están en camino.


Había feeling entre nosotros, lo había notado desde el principio. Se había encariñado conmigo. Normal. Miré a mi alrededor. La decoración, papel con estampados hortera, me subyugó, y decidí quedarme. Oí sus pasos por el pasillo y supe lo que tenía que hacer para asegurar mi posición en aquella casa. De un sitio que prefiero no nombrar, saqué mi arma definitiva y le inflé con energía.


Me pilló in fraganti, pero creo que conseguí mi objetivo. A día de hoy todavía sigo aquí, y me sigue queriendo como el primer día. Ahora mismo me lo está diciendo...


-¡¡A ver si te dejas de tanto ordenador y terminas la carrera de una vez para que te independiceeeeees!!

-¡Yo también te quiero, mamá!

Y le paso el meme a... ehm... pues la verdad, no tengo así confianza con nadie como para pedirle una foto en plan pedófilo. Al menos nadie que no lo haya hecho ya. Así que recurro a lo de: el que lo quiera hacer, que lo haga. Uhm, voy a tener que empezar a comentar en más blogs.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Eugenio

Bueeeeno, esto es una pequeña prueba a ver si (por fin! Grrrrr!) he logrado configurar el blog para poder abreviar las entradas. Cof, cof... "Esto es un cura, una monja, un rabino y un pastor que entran en un bar, y el camarero les dice:...



-¿Qué es esto, un chiste?

Ya sé que es malo, pero si lo estás leyendo... "Yiiiii-jah!!" ^^

martes, 25 de marzo de 2008

Handwritten (segunda parte)

Andaba buscando una cosa en Mis documentos cuando me topé con un relato que escribí para un concurso de la Casa de Cultura de aquí. No me acordaba de que iba, me puse a leer y ¡sorpresa! No fue en Handwritten la primera vez que le di al tema de la caligrafía y el lenguaje. Debo tener algún tipo de fijación con el asunto... Eso explicaría por qué disfrutaba de las lecciones de Lingüística General cuando estudiaba Filología (es coña).

El relato no debía superar las tres páginas y debía estar relacionado con una ilustración dada: dibujados en blanco y negro, una mujer de color de mediana edad, con un pañuelo anudado en la cabeza, escribía algo en un papel. Un anciano de aspecto asiático, sitúado de pie tras la mujer, ponía su mano en el hombro de esta y miraba lo escrito.

No llegué a participar no recuerdo por qué, seguramente porque me pasé un poco de las tres páginas y no quería recortarlo. Así que aquí lo tenéis, en primicia:


El sol tardaría todavía una hora en salir. Fuera se amontonaba la nieve, cubriendo el valle con un manto blanco jaspeado de abetos. Dentro, el calor de la chimenea calentaba los huesos, y la luz del hogar se derramaba intermitentemente sobre la habitación, manchando las paredes forradas de libros de naranja, dorado y negro. Eso era lo primero que veía Maruca al deslizarse por la puerta corredera, la danza de los colores, jugando al corre que te pillo con la oscuridad de los rincones. Luego dirigía la vista al fuego para ver la espalda de Kato echar el último tocón y colocar la madera con el atizador. Lo hacía en silencio y con parsimonia, disfrutando del crujir y crepitar de la leña. Viéndolo en esa actitud tan digna, parecía el señor de la casa en vez del jardinero. Maruca se santiguó al pensar eso y el frufrú de su chal atrajo la atención de Kato, que sonrió divertido ante la costumbre, tan extendida entre los occidentales, de que los gestos delatasen los pensamientos.


Se incorporó sacudiéndose las manos y avanzó hasta el sillón de cuero del escritorio. Sobre la mesa, cuidadosamente colocado, había un paquete de hojas porosas, una pluma y un tintero. Maruca miró el conjunto con aprensión un momento, para avanzar resignada a sentarse en el cómodo sillón que su amigo le ofrecía.


-Tu nombre –dijo Kato con suavidad, pese al marcado acento que destrozaba sus palabras-. Escribe.


Maruca asió la pluma con cierta torpeza por la escasa práctica y lentamente sumergió la punta en el pote de tinta. La pasó diez, cien, mil veces por el borde para eliminar la sobrante, con calma y sin prisas, como le había enseñado. Los principios son siempre importantes. Cuando por fin levantó la pluma del pote una gota solitaria se abrió paso hasta la hoja, filtrándose todo lo que pudo entre las fibras del papel y haciendo que Maruca se mordiera el labio, hastiada. Ya sin miramientos comenzó a dibujar su nombre en el papel como le parecía recordar que se trazaban las letras. Primero una eme –bastante buena, por cierto, aunque fuera en minúscula-; luego una “a” un tanto rabona, y otra eme temblorosa. A estas alturas ya comenzaba a dudar; se veía por la forma en que sin darse cuenta asomaba la punta de la lengua por entre los labios, tan concentrada estaba en lo que hacía.


A Kato le gustaba verla así de involucrada, metida de lleno en la escritura, desgranando las palabras una por una. Le parecía que disfrutaba del lenguaje escrito a un nivel que a él le estaba vedado desde su infancia, antes de que la escritura se transformara en una acción mecánica para su cerebro. Ni siquiera al aprender el idioma de aquel extraño país con su curioso alfabeto, en el que las letras no representaban realidad alguna (no hay nada que recuerde a un tejado en la palabra “casa”), había experimentado una sensación tan plena de conquista como la que percibía en las facciones de la cocinera. Porque cada letra y cada sílaba era un triunfo, territorio ganado a la ignorancia y un abanico infinito de posibilidades; un juguete y un arma con la que defenderse, que corría rauda, no, ¡volaba! sobre el papel, ahora que la espadachina había cogido confianza y carrerilla. Y de su nombre derivó su apellido, y del sustantivo el verbo, sin necesidad de que Kato le instara o propusiese un tema. Escribía que escribía, rápida pero a su ritmo, mientras su cabeza, la auténtica pluma, bullía de frases y estamentos, oraciones, recuerdos y sentimientos que no sabía bien como expresar.


En el último requiebro del palito de una “o”, él le puso apenas la mano en el hombro. El tiempo se había acabado, esfumado, perdido por entre los poros del papel acompañando a la tinta. Maruca miró a su alrededor sobresaltada y sorprendida de sentir su corazón cabalgando su pecho. Mientras las agonizantes brasas se consumían en la chimenea, la suave luz matinal atravesaba las cortinas, permitiéndole apreciar su obra, hojas y hojas desparramadas sobre el escritorio y alrededor de la moqueta, como nieve recién caída jaspeada de notas de color, picudas y apretadas en ciertas partes y amplias y redondeadas en otras. Una sinfonía de pensamientos que Kato recogía pacientemente, y que a lo largo del día corregiría, entre poda y siembra, para que Maruca pudiera aprender de sus errores. A media tarde, como todos los días, se colaría en la casa sin que el señor lo viera (era un hombre iracundo y muy estricto), y ella leería ávidamente tanto las correcciones, como su propia prosa, que tras el trance de la mañana, se le antojaba escrita por un desconocido que la conociese a la perfección.


Y antes de ir a la cama en la noche, el jardinero dejaría la suficiente leña como para calentarse en la mañana. Los únicos elementos que no disponía eran los caros materiales, el papel poroso y la tinta china. Kato pensaba que los colocaba Maruca. Maruca, que lo hacía el jardinero.



Y ahora no seáis muy duros con la historia. Vamos a imaginar que tengo un ego frágil, por ejemplo xDD

jueves, 20 de marzo de 2008

El síndrome del Tuareg.

Ubicación espacio-temporal: playa de las Teresitas, martes al mediodía. Intérpretes: servidor, Lú y la hermana de esta, Piratilla. Le he puesto Piratilla porque la muy idiota se metió en el agua con lentillas y al primer chapuzón perdió una, quedándose tuerta el resto del día.


Lú habla de un Callejeros que vio hace tiempo, de gente que tenía ticks nerviosos, como poner los ojos en blanco, parpadear o girar el cuello compulsivamente.


-Y bueno, no sé –nos cuenta.- Es chungo y tal, pero tampoco es como esa gente que tiene el síndrome del Tuareg. Eso sí que es una putada.


-¿El síndrome del Tuareg?


-Sí, esa gente que está tan normal y de repente... –pone los ojos en blanco y voz de pito.- ¡GILIPOLLAAAAAS!


La Piratilla y yo nos miramos.


-Ya, los Tuaregs son famosos por eso. En los casos más severos se compran un camello y se piran al desierto. Sus caravanas son un espectáculo.


Todavía se pone roja si se lo recuerdas.

martes, 18 de marzo de 2008

Ejem, ejem...

Me levanté a las nueve. Tenía tiempo de desayunar antes de bajar al intercambiador. Había quedado allí a las diez para ir a la playa.


Mientras dejaba que los Chocapic se ablandaran un poco en la leche navegué por mis enlaces de blogger, a ver si alguien había actualizado y me echaba unas risas mientras llenaba el buche. Nepo alababa en su página la capacidad de abstracción de su compañero de curro, capaz de quedarse sopa mientras le hablas –cosa que alguien como yo, que tiene en la mesilla de noche un reloj digital porque le molesta el tictac de los de toda la vida, jamás experimentará.-, y se me ocurrió comentarle que, con la descripción que hace del nota, en mi cabeza le he adjudicado la pinta de Alastor Moody con su ojo esquivo.


Maldita la hora porque aquello estaba lleno de comentarios; más que un blog, las entradas de este hombre parecen el topic de un foro. Y claro, no voy a comentar sin haber leído los anteriores comentarios, no sea que me esté perdiendo algo interesante y quede como un pardillo por redicho o no quedarme con la movida. Así que me puse a leer comentarios.


Y leí.


Y leí.


Y leí.


Y cuando ya me tocaba a mí comentar, el reloj marcaba las 9:54.


¡Mierda! Iba a tardar al menos veinte minutos en llegar hasta el intercambiador, dependiendo del tráfico, y aún tenía que meter los bártulos en la mochila. Odio la impuntualidad con toda mi alma, me parece una falta de respeto. Y a ellas, más. Rápidamente tecleé lo que iba a decir y me puse en pie para prepararlo todo. El tiempo era crucial, así que sin perder un segundo comencé a correr por el salón agitando las manos sobre la cabeza. Metí protector solar (factor 40, ¡chúpate esa, Casper!), toalla, cartera, llaves y móvil en la mochila, cerré la puerta y llamé al ascensor. Entonces noté esa enojosa sensación de que te falta algo, y comencé a estrujarme los sesos: la crema, la toalla, la cartera, las llaves de casa… ¡las llaves del coche!


Entré de nuevo en casa, cogí las llaves del coche y corrí hacia el ascensor, que ya se iba sin mí. Seguía con esa maldita sensación de olvidar algo, pero ya no iba a volver arriba. Llegué un cuarto de hora tarde, pero no me lo tuvieron en cuenta, y peleándonos por la música a escuchar tiramos hacia las Teresitas.


A eso de las cuatro de la tarde, mientras repartía una nueva mano de Uno después del chapuzón de rigor para evitar quedarme churruscadito (que estaba medio nublado, pero entre nube y nube pega duro, el cabrón) y me cagaba en todos mis muertos por olvidarme la gorra, comenzó a sonar mi móvil. Era mamá Zorrocloco.


-¡¿Se puede saber dónde estás?! –fue lo primero que dijo cuando descolgué. Hice un repaso mental y concluí que no había hecho nada, o dejado nada por hacer. Por el tono que usaba también sabía que me equivocaba.


-En la playa...


-¡¡¿¿En la playa??!! ¡¡¿¿Desde cuándo??!!


-Ehm… pues no sé… Llegaríamos sobre las diez y media u once, ¿por?


-¡¡¡¿¿¿QUE LLEVA DESDE LAS DIEZ Y MEDIA LA PUERTA DE LA CALLE ABIERTAAAAA???!!!


-¡Pero qué dices, si yo la cerré! Que me acuerdo que tuve que volver a entrar porque… Uy.


Pues no era la gorra lo que me olvidaba, no…

jueves, 13 de marzo de 2008

domingo, 9 de marzo de 2008

Apuntes

Hala, lo prometido es deuda. Como últimamente ando liadillo (las tareas domésticas son muuuuuy aburridas. Puedo tirarme horas pa limpiar el polvo porque me distraigo cada dos minutos, y encima con remordimientos por ser un procastinator de tomo y lomo. Lo que hay que ver...), pongo aquí parte de mis apuntes, para que os hagáis una idea de por qué no he aprobado ninguna en el primer semestre (pero no lo digais por ahí, que me da un poco de vergüenza...)


Y ahora a ver como subo fotos aquí... Que casi no me deja logear. Y pa escanear estuve casi una hora, chiquito triunfo...




La pescadilla es mi profe de Organización. Decir que la clavé es poco xD No son mis mejores dibujos, pero ahora que sé cómo hacerlo, igual subo algunos bocetos de una serie en la que llevo trabajando desde que el hombre empezó a mear de pie xD Páginas hechas, pocas, pero bocetos y tramas tengo por un tubo ^^

martes, 4 de marzo de 2008

De machismo y feminisno (ya sólo el título me da yuyu)

A propósito de la palabra history, que la conocida de mi ex-profesor encontraba tan machista y que gustaría de cambiar por hertory (his, suyo de él; her, suyo de ella), y por la que preguntaba La niña de las pinturas en el post anterior, hoy he vuelto a escuchar burradas de ese calibre de la boca de una profesora que tenía por mucho más inteligente.


Derecho del trabajo me lo da una señora divina de la muerte y supermegaestilosa, que dicta materia como si estuviera en un spot de Micromachines, y que no tiene palabra. Puede parecer una gilipollez, pero a mí eso me jode. Sin palabra no hay confianza, y sin confianza no vamos a ningún lado. Para muestra, una perla del principio de curso (que se convertiría luego en algo recurrente), en el que teníamos clase ininterrumpida de ocho de la mañana a dos de la tarde. Un día de la semana nos cuadraban tres clases seguidas de una hora con esa señora, desde las diez hasta la una. Al comienzo de la clase comentó que haríamos una pausa cada hora, porque entendía que era mucho y tendríamos hambre. Mira qué tía más maja, pensamos todos. Al terminar la primera hora nos dijo que siguiéramos un poco más para terminar el punto, y que iríamos a y media. Al llegar a las doce, y ante nuestras protestas, se encogió de hombros, se echó a reír y dijo que simplemente no íbamos a hacer descanso.


Y la gente se quedó tan pancha. Realmente me la pela si tienes tres horas que dar y no quieres darnos descanso, hijoputas hay en todos lados. Ahora, que me tomes el pelo si que no. Me levanté y empecé a recoger mis cosas sin cortarme. Estaba en la segunda fila, a dos metros de ella. Me echó una mirada que me quemó las patillas.


-¿Qué haces?


-Voy a comer algo, que soy diabético y llevo con el azúcar bajo desde las diez que nos iba a dar descanso.


Y con la misma salí por la puerta. Una bola como un señor bajito de grande, pero me quedé más a gusto que un arbusto. Poco después me vi en la tesitura de tener que elegir a qué me iba a presentar para salvar un poco los muebles, porque con el curro no había manera, y sin ninguna pena su ladrillo de asignatura quedó descartada y no la vi más [insentar aquí smiley de ojos llorosos].


Pues hoy volví a pasar por su clase, a ver que se contaba de nuevo este semestre, y ya volví a envenenarme. Me pasa siempre que veo decir tonterías a alguien con alguna clase de poder, véase un político de derechas, un cura, o, en este caso, mi profesora. Me jode porque la gente tiende a creerse y adoptar sus opiniones simplemente por estar al otro lado del pupitre o del púlpito, sin más; e igual que los que se creen todo lo que pone la tele o leen en los libros (esto último es ya más escaso).


Bueno, que me enrollo. El tema del día era la mujer y el trabajo. Y, evidentemente, hablaba de la desigualdad que ha sufrido la mujer a la hora de integrarse al mercado laboral y demás. Todo bien hasta ahí. Y en esas estamos cuando nos nombra una Ley (o un decreto, no recuerdo bien y paso de coger los apuntes ahora) para la igualdad de mujeres y hombres. Y recalca eso último: mujeres y hombres.


-Es muy importante esto porque antes siempre se decía “hombre y mujeres”, lo cual es una prueba de lo machista que es el lenguaje.


¿Lo qué? No acaba de decir una gilipollez como esa, ¿verdad? ¿De verdad cree que es una victoria del feminismo que ahora se diga así? ¿Tanto monta y monta tanto o son cosas mías? En mi mente ya se dibujaba aquella políticamente correcta circular que me habían mandado una vez en el colegio y que empezaba:


A la atención de las alumnas y alumnos, y las madres y padres de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos y Alumnas.


Y que yo, por aquello de seguir la corriente de lo políticamente correcto, continué redactando en mi PC y luego distribuí por clase:


Estamos y estamas, aquí y acá, reunidas y reunidos los y las miembras y miembros…


Continuó la mujer hablando de las discriminaciones veladas y demás putadas de género (que no de sexo) que llevábamos acabo nosotros, pérfidos hombres, cada vez más exaltada.


-No hablemos nunca de discriminación de sexo, porque el sexo es algo físico que no podemos cambiar y el género son maneras, formas de pensar, etc, etc.


En aquel momento iba a desconectar y ponerme a dibujar (mis apuntes parecen un cuento ilustrado) cuando una de las chicas le llevó la contraria.


-Hombre –dijo la pibita, que se sentaba justo detrás de mí. Mal empezaba.- Eso de que somos completamente iguales… Hay trabajos queeee… Por ejemplo, bombero…


Pa qué abrió la boca. Casi se la come.


-¡Pero cómo puedes decir eso! ¡Precisamente tú! El otro día estaba con dos amigos, uno gordo y el otro flaco [¿y Chaplin dónde andaba?, pensé para mí], y me decía el flaco precisamente que el trabajo de bombero, por ejemplo, era cosa de hombres, que si un señor gordo como nuestro amigo tenía que ser rescatado de un edificio en llamas una mujer no iba a poder, y yo le decía: “¿y tú crees que un esmirriao cómo tú iba a poder sacarlo?”.


Yo alucinaba pepinillos/as con la tía. Primero me dio pena del amigo gordo, puesto como ejemplo y encima abrasado, ahí es nada. Luego pensé que la mujer nunca había dado Conocimiento del medio en el colegio. Un hombre es más fuerte que una mujer. No es machismo, es genética. Yo soy una poca cosa, pero soy más fuerte que la mayoría de mujeres que conozco. De hecho, es muy posible que un esmirriao de cuarenta y cinco kilos saque fuerza para mover mi peso muerto de 75, pero dudo que una mujer de 50 o 60 pudiera cargarme. También es obvio que hay mujeres que podrían levantarme como si fuera una pluma, y conozco alguna, pero no nos engañemos, son las menos.


La chiquita de antes comentaba que las mismas pruebas de selección para un puesto de bombero eran discriminatorias, porque aunque los tests técnicos eran los mismos, en los físicos a las chicas se les exigía un menor rendimiento.


-Que sólo faltaría que el examen escrito también fuera más fácil… -añadía…


“Un caso de discriminación positiva”, pensé yo. Pues parece que no, a juzgar por cómo miró la profesora a mi colega (ya era colega mía, a esas alturas. Total, estaba diciendo lo que yo me callaba como una puta).


-¡Cómo que es discriminación! ¡Es obvio que nos deben pedir menos, somos más flojas! ¡Pero aún así tenemos derecho a entrar en los bomberos!


WTF??!! ¿Dónde está la igualdad entonces? ¿De verdad acaba de decir que aunque una mujer no dé la talla, se le debe dar un puesto por ser mujer o la estaremos discriminando? Y coño, no tengo nada en contra de una mujer bombero, pero la parte de mi cerebro que se encarga de hacer bromas de todo, incluso de lo que tiene gracia, se imaginó lo que le diría el jefe de bomberos a la viuda del gordo del ejemplo si hubiera ido a rescatarla una mujer bombero de esas tan flojas:


-Lo siento, señora; hubiera mandado al bombero Rambo, pero hoy le tocaba a la chica, si no, es discriminación.


Y la excusa de la chica:


-Jo, señora, es que su marido es muy gordo y yo no tengo por qué levantar tanto peso, lo pone en mi contrato.


Y no pude evitar reírme. Craso error. La tía empezó a señalarme.


-¡Hay muchos trabajos que puede hacer una mujer bombero, no tienen que entrar donde el fuego! ¡Puede conducir! ¡O manejar la manguera! ¡O apartar a la gente! ¡Oh…! ¡Oh…!


O ir a buscar bocadillos, o ponerse falda y quedarse de telefonista en la central, no te jode… No sé, a mi me parece mucho más machista su forma de ver las cosas que la mía. No me parece machismo pedirle a una mujer lo mismo que a un hombre. Sí me parece feminismo (dicho con el mismo tono que las feministas dicen machismo) cosas como:


-Y es que muchos hombres no se ocupan de su familia, ni siquiera se cogen la baja por paternidad, porque los otros hombres se ríen de ellos y claro, luego se ven en casa y no saben qué hacer. Ellos son así.


No sé a cuántos hombres conocerá esta mujer, pero yo mismo he intentado pedir la baja por paternidad y no tengo hijos… La tía seguía señalándome, cosa que me jode mucho:


-¿Por qué deberían las mujeres someterse a las mismas pruebas físicas que los hombres? ¿Eh?


-¿Porque queremos bomberos competentes que puedan sacar gordos en llamas de un edificio?


Y la clase entera, cuyos componentes son femeninos en un noventa por ciento, comenzó a reírse a carcajadas. Creo que también voy a dejar esta para el próximo año, a ver cuándo aprendo a tener la boca cerrada.


Y ahora en serio, ¿vosotros qué opináis? Sobre todo me interesa tu opinión Anne, ¿ves machismo que se pida a una mujer lo mismo que a un hombre, aunque eso excluya a la mayoría a efectos prácticos? Estoy de acuerdo en que algunos casos la situación laboral de la mujer y el hombre no puede ser igual (bajas de maternidad y demás), pero ¿se le debe pedir a una mujer menos por ser mujer? ¿No es eso protegeros de vosotras mismas? ¿Soy el único que ha aplaudido cuando la teniente O’Neill le dice al capullo de su superior, mientras vuelve a ponerse de pie, que le chupe la polla?