jueves, 24 de enero de 2008

Regalo de reyes

El otro día pasó por mi caja una señora de unos cincuenta años, venezolana. Mientras la ayudaba a embolsar me dijo: "Oiga, ahora... necesito que sea mi cómplice".

"Qué gilipollez me irá a decir", pensé para mí.

-Verá -me comentó.- todos los años le hago un regalo sorpresa a mi marido por reyes, pero este año no he podido. Entonces, ¿podría llamarlo por megafonía y decirle que venga a esta caja? Y le da esto -una maletín con cosas de bricolaje.- y le dice que se lo dejaron los Reyes Magos. ¿Le importa?

No, la verdad es que no me importaba en absoluto. Es más, me acababa de enamorar de esa señora. Me pareció un detalle precioso, hasta sentí un poco de envidia sana de aquel hombre. Ya sé que muchos pensaréis que es una gilipollez como una casa y una conejada, pero qué quereis que os diga, en el fondo soy más tierno que el día de la madre.

Así que descolgé el teléfono y llame a Caja Central.

-Oye, necesito que me llames a Fulanito de Tal para que pase por mi caja, que se ha dejado una cosa.

Al momento se oía la llamada por megafonía.

-Voy a esconderme -me dijo la señora, y se alejó toda pizpireta por la línea de cajas.

Yo seguí a lo mío, pasando compra y tocándome un poco los huevos, y como a los cinco minutos, mientras atendía a una kinki, se me acercó un señor venezolano, un tipo alto y gordito.

-Oiga, perdone... Oí por megafonía que viniera a esta caja...

-Ah, ¿es usted Fulanito de Tal?

-Sí, soy yo.

-Pues mire, tengo aquí una cosa que le han dejado los reyes.

Y le planté el maletín en las manos. Creo que lo dije sin ponerme colorado, pero no aseguro nada xD

La cara del hombre no tuvo precio. Talmente como un niño abriendo los regalos el día de reyes. Como si estos existieran de verdad (/spoiler). No sabía qué decir, lo que único que podía hacer era sonreir.

-¿Pero esto es para mí de verdad?

-Sí, señor, dejado por un paje de los Reyes Magos.

Y el tipo sólo miraba al maletín con ojitos rayados y una sonrisa estúpida en la cara. Lo que yo te diga, pura envidia. Al momento apareció la mujer y le preguntó qué hacía.

-Pues creo que he ganado un concurso... -le explicó el hombre, mientras le pasaba un brazo por los hombros y le besaba el pelo. Me dieron las gracias y los buenos días y se fueron.

Probablemente ya no se acuerden de mí, pero os aseguro que la cara de ese hombre no se me va a olvidar en mucho tiempo.

Me quedé pensando en la naturaleza y el fin de los regalos durante toda la tarde (o unos diez minutos). Ese mismo regalo, el día de reyes, hubiera pasado desapercibido entre otros de más calibre. Y cuando digo calibre quiero decir valor. Sin embargo, un día normal, inesperado, hace que cobre un valor especial. Eso, y el modo en que se le dio, que para mí fue el puntazo.

Odio los cumpleñaos, los santos, las bodas, las comuniones, Navidad y todo lo demás por la obligación que supone. No hay sorpresa, no hay magia, solo una retahíla de regalos que no se aprecian porque tus amigos y familia están obligados a dártelos. Además, uno acaba pensando en el valor material de los regalos, y comparando, y eso no mola. No mola nada. Y no digáis que vosotros no lo haceis, porque todos tenemos pulgares oponibles.

Sin embargo, un regalo chorra en el momento menos esperado tiene un valor especial. Es una muestra genuina de afecto, sin ninguna obligación de por medio. Un "lo vi y me acordé de ti" (inciso: objetos que lleven ese lema inscrito NO son un regalo, son una prueba del mal gusto y falta de ingenio del comprador), eso es lo que vale. Y suelen ser chorraditas, pero que hacen más ilusión a veces que un mp3.

¿Es o no es?

miércoles, 9 de enero de 2008

Fábulas


"-¡Oh, un maravilloso lobo encantado ha venido a rescatarme!

-No exactamente. He venido a cenar y no como dragones."


Bill Willingham,
Fábulas, 1001 noches de nieve

Juas.