sábado, 7 de junio de 2008

Pero qué hija de puta es la gente (The perro's odyssey)

Pues como le decía a Ire, llevo una semana de mañanas y tardes en la biblioteca estudiando a piñón. He aprovechado que el primer examen es más o menos sencillo (famosas últimas palabras...) y estoy adelantando materia del tercer examen, para poder presentarme antes y tener tiempo de estudiar para el quinto. Jodidos números impares y sus tests... En fin, en mi caso es más un ejercicio de fe que otra cosa, porque salvo Organización y métodos y las prácticas de sociología, no he ido a ninguna otra asignatura este semestre. ¡Eh, que Historia la aprobé sin haber pisado nunca la clase! Así que deseadme suerte, y lo mismo para vosotros^^ ¡¡Podemos (caer en cuartos [tsk, un chiste futbolero en un blog de chicas, como dice Anne... ¡Indio, ríeme la gracia, porfa!])!!

Bien, y ahora preparémonos todos para odiar mucho a un señor. De verdad. Para que os vayáis preparando, os diré que es taxista. No sé por qué, pero a la gente le suelen joder los taxistas (espero que aquí nadie tenga un padre taxista, por cierto). Yo, que voy en scooter, doy fe de ello.


El caso es que estaba el otro día desperezándome en la biblio y dándole vueltas a por qué en estos días me estaba costando tanto dormirme (aparte de por el obvio estrés de los exámenes y la sensación de no estar aprovechando el tiempo, que supongo que nos pasa a todos).


-Coño –me dije de repente.- Pero si ya no estoy saliendo a correr, normal que por las noches no pegue ojo...


Así que decidí que, no importaba qué, saldría a correr en cuanto llegara a casa. Y aunque parezca increíble, eso hice. Llegué, saludé, me puse el chándal y volví a salir por la puerta. Un poco de calentamiento y, ¡hale!, a trotar. Fui sorteando las obras que están haciendo ahora por la carretera, bajé por la cervecera y me puse a dar vueltas alrededor del campo de fútbol de Ofra. Para que os hagáis una idea, imaginaos una pendiente relativamente suave. En ella hay un edificio de considerables dimensiones (la cervecera), luego unos aparcamientos, el estadio (bueno, estadio... un campo con un muro alrededor, tampoco es que sea el Nou Camp), y por debajo una carretera poco transitada. Es un lugar bastante solitario, sobre todo cuando cae la tarde. D
e hecho cuando la cae la noche los aparcamientos se convierten en un picadero bastante concurrido. Por la parte de arriba, que es donde están las puertas del campo, todavía entra y sale la gente que va a entrenar, pero por debajo no suelo ver a nadie. Cómo mucho pasa algún coche de vez en cuando, o veo al que guarda la obra que hay por ahí.


Me puse a dar vueltas al campo y a los diez minutos ya estaba muerto del asco. Enfadado conmigo mismo, decidí dar un par de vueltas más haciendo sprints a ver cuánto aguantaba sin sufrir un colapso respiratorio. Iba a toda hostia por la parte de abajo esquivando la basura cuando pasé al lado de un taxista que estaba bajando a un perro del taxi. El perro (un cachorrito) bajó y se puso a hacer sus necesidades en unos matorrales. Lo esquivé y seguí de largo, pero unos seis o siete metros más allá me paré y me volví a mirar.


El taxista no se había bajado del coche para abrirle la puerta al bicho. Lo había hecho desde dentro, y eso me escamaba. Por un momento recordé todas esas publicidades de “Él nunca lo haría” en la que se ve un pobre animalico en medio de una carretera desierta, y a punto de estuve de acercarme al taxi y preguntarle si iba a abandonar al cachorrito (sí, soy capaz de acciones tan bizarras). Pero el perro seguía cagando y meando la palmera, y el taxista esperando, así que reanudé el trote mientras me reía de mi mismo por mis paranoias.

Cuando volví a dar la vuelta al campo el taxi ya no estaba. El cachorro sí. Y un motorista que había estado a punto de atropellarlo.


-Lo he tenido que sacar de la carretera porque casi lo atropello yo y ahora se lanzó delante de un coche –me explicó cuando me acerqué.- Ojalá pudiera llevármelo, pero en la moto... Estoy llamando a mi novia, porque yo ya tengo perro, pero es tan bonito...


-Sí que es bonito, sí –y le expliqué lo que había pasado. Estaba un poco enfadado conmigo mismo por no seguir mi instinto. Una pareja de ancianos que aparecieron por allí también se indignaron todos.


-Qué hijo de puta –dijo la señora, resumiendo el sentir general acerca del taxista.


-Lo suyo sería que alguien lo llevara a algún lado donde lo recogieran, por si tiene chip o algo.


-Sí, sí, eso estaría bien, deberíais hacerlo... –dijo la pareja mientras seguía de largo.


-Yo es que tengo la moto, pero me da pena dejarlo...


-Ya, claro.


Miré al cachorro. Estaba saltando de un lado a otro, oliendo los matojos. Pensé en la hora que era, en que no sabía donde llevarlo, en que tenía que estudiar y acostarme temprano para hacer sesión intensiva de biblioteca al día siguiente. Luego suspiré para mis adentros y lo cogí en brazos.

-Ya me encargo yo de él.


Con lo poco que me gustan a mi los perros, y me puse a cargar al bicho aquel hasta Princesa Yballa buscando la policía local. No creía que lo fueran a recoger, pero por lo menos me indicarían dónde lo podía dejar. Tampoco creía mucho al tipo de la moto, que me dijo que se pasaría en un momento con el coche para recogerlo, si la novia no ponía pegas.


La verdad es que el bicho era bonito, y por donde pasaba todo el mundo tenía que ver con él. Pero no veas lo que se revolvía y lo que pesaba el cabrón, que no había manera de cogerlo. Y encima olía a perro. Aún así no podía imaginar cómo a alguien le da por abandonar a un cachorro. Y aunque no sea un cachorro. Para algo hay albergues y perreras, ¿no? Seguro que hay gente que querría un perro como ese, porque yo no sé mucho de perros, pero me daba que ese era de marca y todo. Y si no quieres un perro, no lo compres, gilipollas. Me lo estaba imaginando, buscando el sitio, dejando al bicho, viéndome llegar y disimulando como un cabrón, y luego yéndose a la zorrina, y me daba verdadero asco. Qué sangre fría hay que tener para hacer eso. Ojalá le remuerda la conciencia hasta el fin de sus días.


Primera sorpresa: en Princesa Yballa ya no hay policía.


-Pero, ¿y dónde está? –le pregunté a un chavalín que había por allí. Se encogió de hombros.


-Ahora hay una local en la plaza del tranvía, creo.


La madre que me parió, tremendo rodeo en subida había dado para volver a bajar ahora. Y el bicho cada vez se revolvía más. Bueno, más que revolverse, temblaba. Encima en la comisaría me dijeron lo que ya me esperaba:


-Aquí no podemos hacernos cargo de un perro, pero supongo que en la perrera de la Finca España igual lo recogen.<


-¿Y eso dónde está?


-Pues mira, coges la avenida de las Palmeras, llegas hasta la iglesia [el Zorrocloco observa al policía pero no lo oye. En lugar de su voz, suenan las Cuatro estaciones de Vivaldi durante unos treinta segundos]... y tuerces otra vez a la derecha y estás ahí. ¿Entendido?


-Perdone, pero no. ¿Me lo podría repetir?


-A ver... Llegas hasta la iglesia, subes una calle, tuerces la izquierda y bajas dos, tuerces a la derecha [na na na-na, nananana na na na-na...]... y por ahí ya preguntas.


-Ajá. Vale, gracias.


-Suerte.


Salí de la comisaría. Y una mierda iba a subir caminando hasta la Finca España con el perro en brazos.


-Pues me parece que nos vamos a casa...


Y a casa nos fuimos. La reacción de mi madre era tal y cómo la había esperado. Primero le hizo gracia, le puso agua y todo. Le hizo menos gracia saber que la perrera de la Finca España cierra a las seis de la tarde y abre a las once de la mañana.


-¿Y dónde va a pasar la noche el perro?


-Pues aquí, ¿dónde va a ser? Ya lo llevo yo mañ...


-No.


-Pero mujer, si...

-Yo no quiero perros aquí –se iba encabronando por momentos.- Además, ¿tú para qué lo recoges? ¡¿Eh?! ¡Ya estás llamando ahora mismo a alguien para que se lo lleve, o lo sacas a la calle y lo dejas en la carretera, que ya se encargará alguien de él! Aunque ahora vas a tener que correr, porque el puto perro te va a seguir, claro –y me miraba sacudiendo la cabeza, con expresión de “mi hijo es gilipollas”.


-Ahm, muy bonito, sí señor. Espera, que voy a hacer unas llamadas.


-Más te vale. ¡Y mira a ver por qué está llorando!


“Se sentirá querido”, pensé yo para mí. Peor me imaginé que tendría hambre, así que le abrí una lata de salchichas. Ponérsela y desaparecer fue todo uno.


-Caramba, pues sí que tienes hambre.


Y le abrí otra lata. Se la mandó y se puso a mirar la tercera lata de salchichas moviendo el rabo.


-Y una mierda –le dije- Que yo también quiero cenar.


Y me puse a hacer llamadas, con bastante poca convicción. Pero parece que ese día nada salía como uno pensaba que iba a salir.


-Nah, tío, con Spike aquí yo no puedo tener más perros, no veas como se pone. Pero mira, voy a hacer unas llamadas, y si no... pues yo que sé, yo le pago la inyección en el veterinario.


-¡¿Qué?!


-Claro, tío, es mejor así, para que esté dos meses en una jaula y luego lo sacrifiquen... Pero tú mándame una foto del perrito, y yo veo qué puedo hacer...


-Vale, vale, yo te la mando...


Este es el bicho en cuestión. Es mono (para ser un perro).

El caso es que a los diez minutos me vuelve a llamar este chico.


-Oye, que estoy aquí con Judío, que se queda al perro.


-¡No jodas!


-Que sí, que está llamando a la madre pa decírselo, porque querían un perrito, y mira, todos salen ganando.


Y vino Judío y se quedó con el perro. Parece ser que se llevan muy bien y se han cogido cariño. Fin de la historia. Parece que a veces uno encuentra lo que busca, su lugar en el mundo y alguien que le quiera. Aunque antes te hayan abandonado y te de la impresión de que nadie te quiere.


Y lo dejo ya, que al final sí va a parecer que escribo un libro de autoayuda xD


(He releído el post y no es gran cosa, pero ¿qué queréis? No doy para más... u___u).


¿A que dan ganas de patearle los ovotestis al taxista amante de los animales?

17 comentarios:

Anne dijo...

Mi parte buena se inclina a pensar que quizá el taxista lo encontró abandonado a las afueras y lo recogió, pero no se lo quería llevar.
Mi parte mala le desea que el recuerdo del animalico le persiga para el resto de sus días y unas cuantas cosas más que no voy a poner u____u

Pero mira, al final acabó bien ^u^ Ahora, cuando lo lleven al veterinario, si tiene chip sabrán de quién es. Sería la oportunidad de meterle un buen puro.

PD: Es más bonicoooo!! Me daba una pena cuando lloraba... Ya sé que no te gustan pero... jo ;____;

PPD: No sé porqué pero creo que es mejor que no le dijeras nada al taxista... :S

Ire dijo...

Pero que mono!!
No se como la gente puede dejar a un animal tirado por ahí o tratarlo mal.
Me alegro de que acabara bien!

PD: Como no te gustan los perros?? Ni de cachorritos? con lo salaos que son?

Jill dijo...

Jo, me recuerda a aquella mañana que desperté con un bicho peludo lamiéndome la cara: un cachorro abandonadito que mi papi había encontrado. Fue un gran compañero de parranda.

Me da mucha rabia la gente que se compra perros y que luego se deshacen de ellos como si nada (o inyección o abandono), sin ningún remordimiento. Si no quieres un p*** cachorro métete las manos en el c***: no lo compres para luego abandonarlo.

Estas cosas me indignan. Hiciste muy bien en recogerlo y buscarle un hogar. >_<

Bian dijo...

Hijo de puta más!
En fin...a mi nunca se me olvidará el día que vislumbré desde el salón una bola de pelo tan quieta e impasible como tierna en el jardín de mi casa. No sé ni cómo llegó a parar ahí, pero ahora vive felizmente con mi abuela.

(Ovotestis! Veo que aplicas las lecciones aprendidas ^^ P.A.)

Indio dijo...

Tengo varios comentarios independientes respecto al post xD
- Qué buena obra, lo primero =)
- Es muy bonico el perro! Cómo no te pueden gustar? Nunca te han gustado o alguna vez te mordió uno de pequeño o algo así?
- Me ha hecho gracia lo del fúrgol xD Aunque a algunos amig@s mios les indigne, me encanta el fútbol, jugarlo y verlo. Me acabo de tragar Suiza-República Checa XDD
- El taxista es hermafrodita a proósito? xD!!
- El padre de un amigo es taxista =b

Indio dijo...

Bueno, conociendo ahora a la gente de la universidad, ya son 2 los taxistas

El Zorrocloco dijo...

La verdad es que no soy mucho de animales, y prefiero los gatos a los perros. Los perros-patada todavía son soportables (los pequineses molan: pequeñitos y mala leche, me recuerdan a mí^^). Pero los perros grandes no me gustan. Me dan cosa. De pequeño me enganchó uno por la espalda y casi no me suelta, el hijoputa >__<

Ya sabía yo que el partido era hoy y no mañana... Si yo no sé en qué día vivo, mis amigos menos xDD

P.A.?? Diox, qué recuerdos xDDD

Por cierto, el único taxista que he conocido personalmente era el dueño del perro que me mordió, y una vez intentó golpearme con un tablón de madera por estar sentado en un murito de su propiedad. Valiente hijo de puta ¬¬

Disclaimer: Seguro que hay taxistas que son bellísimas personas.

Anne dijo...

Diosssssssss...

Pues normal que el perro te enganchara, con semejante ejemplo de dueño...

Que sepas que los perros con dueños cariñosos son cariñosos también u_____u

El Zorrocloco dijo...

¿Tú no castraste a tu perro?

Anne dijo...

Sí, después de que casi se automutilara él por culpa de la soledad perruna xD

(Estás solito, corazón? XDDDDD)

El Zorrocloco dijo...

La verdad es que no padezco soledad perruna, sino celibato amoroso. Curiosa contradicción, por cierto.

Ahora, que si tu solución es cortarme los huevos, ahora mismo hago una llamada, ¿eh?

Anne dijo...

No tenía yo eso en mente, no...

Cattz dijo...

Mi perra es el espíritu de mimosín con pelo, desde pequeña. La dejabas sin vigilancia un minuto y ya estaba intentando que alguien la cogiera en brazos XD

El Zorrocloco dijo...

Me encanta tu bicho. Y cómo posa la jodía^^

¿ves? Así chiquitines, pues sí.

Fio dijo...

M'a saltado la lagrimilla y todo... ¡Eres mi héroe! :)

P.D. Judío, te queremos x)

Cattz dijo...

Pero si mi perra pesa 15 kilos y yo sigo cogiéndola en brazos...

El Zorrocloco dijo...

Aún así entra dentro de la categoría de perros pequeños para mí. Pequeños y regordetes ;)