sábado, 5 de abril de 2008

Don Quixote

La noche se estaba dando de puta madre. Con tres cervezas estaba jodidamente eufórico. Reía y hacía el ganso como no lo había hecho en mucho tiempo. Cosa rara en mí, me sentía capaz de hacer cualquier cosa, y no paraba de insistir a los chicos para que entráramos a alguna de las chiquillas que había por allí. No estaba tan borracho como para no darme cuenta de que me iban a mandar a tomar viento, pero no me importaba en absoluto. Es más, me hacía gracia la perspectiva. Eso era lo genial del pedo que tenía. Entonces las vi bailando en medio del bar: Aina y la Niña-Erizo.

En cuanto Aina me vio vino corriendo a abrazarme. A esa niña le tengo un cariño fuera de la común, aunque apenas la vea. Ha crecido para convertirse en una auténtica belleza de ojos verdes, pero para mí siempre será la niña panzudita en mallas que se sentaba a jugar a las Barbies en la acera de mi casa. Me encanta verla borracha, porque sobria es de lo más seca y cortante, pero en cuanto sus labios se mojan con alcohol sufre una transformación total para convertirse en la persona más simpática y cariñosa que te puedas imaginar.

Detrás llegó tambaleándose la Niña-Erizo y me abrazó con ternura. Tenía un pedo que no se tenía en pie. Comencé a hablar con Aina lo de siempre: que si nunca me llamas, que si la que no llamas eres tú, que cómo me gusta beber contigo, que si te acuerdas de aquella vez que... Miré un par de veces a la Niña-Erizo, y me sorprendió no notar nada. Ni bueno ni malo. Ni siquiera la encontraba atractiva. Me hacía mucha más ilusión estar con la enana de Aina.

Siguieron bebiendo, y cuando volví a verlas no es que estuvieran borrachas, es que se arrastraban por los rincones. Fue ahí cuando me salió la vena paternalista. Las saqué del bar perdiendo a mis amigos por el camino, aguanté a Aina vomitando, y la otra enfadada conmigo no sé por qué. Dejé de mirarlas un momento para marcar el número de la hermana de Aina y que fuera a buscarla y de repente ya no estaban. Me puse de los nervios, por lo borrachas que iban y por la tendencia de Aina a meterse en problemas de los que luego hay que sacarla. Las busqué por toda la calle del Haring, volví a entrar en el bar, salí otra vez, las llamé... Nada.

Resignado, me di la vuelta para ir a buscar a mis amigos y allí estaban, sentadas en el escalón de un portal. En cuanto las vi dejé de estar preocupado para estar cabreado. Me acerqué a ellas y las reprendí. La mirada de desdén que la Niña-Erizo me echó en ese momento no se me olvidará en la vida. Me di cuenta de que no estaba enfadado con ellas, sino conmigo. Me acerqué a Aina, que estaba sentada con la cabeza colgando hacia adelante y los ojos cerrados y le di un bofetón. Se sacudió ligeramente, abrió los ojos un poco y me sonrió.

-Veo que estáis bien. Adiós –y me marché. Mientras caminaba rumbo al bar donde Jos, el Negro y demás terminábamos siempre las noches iba cavilando y encabronándome por momentos.

¿A santo de qué me había hecho cargo de ellas? ¿Acaso seguía saliendo con la Niña? ¿Acaso era yo el hermano mayor de Aina? Y para colmo de males no dejaba de ver esa expresión en los ojos de la Niña, que me trajo más de un mal recuerdo. Parece que no aprendo que no todo el mundo quiere ser ayudado, ni que se preocupen por ellos. Y sobre todo, parece que no aprendo a no hacer lo que no me han pedido.

2 comentarios:

Anne dijo...

Vamos a ver. Déjame que me ponga en modo insportable durante un momento...
Yo soy de la opinión -que mucha gente parece no compartir- de que cualquier persona adulta que decida beber -porque sí, existe la opción de no beber y pasárselo de puta madre- debe hacerlo con responsabilidad. Y por "con resposabilidad" yo entiendo el no ser tan egoísta como para beber, llegar a un estado totalmente lamentable y esperar a que tus amigos se tengan que hacer cargo de tu mal pedo. Tú dices que ellas no esperaban ser ayudadas, pero probablemente a Aina le hiciste un jodido favor (y algo me dice que si te hubieras ido sin más de allí, sin ayudarlas, luego te hubieras arrepentido y le hubieras dado vueltas sin parar al tema).

Por otra parte, me gustaría pegarte un coscorrón por arrepentirte de ser capaz de dar ayuda sin que te la pidan. Te pongan la cara que te pongan -que en este caso no creo que tengan derecho a ponértela-. Lo que tendrían que haber hecho es darte las gracias cuatrocientas veces. Y punto pelota.

(Y perdona por el ladrillo que te acabo de soltar. Ya está, modo insoportable off ;))

El Zorrocloco dijo...

Bueno, si ya nos estamos pegando collejas es que nos estamos haciendo amigos xD

Si no hubiera dado con ellas hubiera estado toda la noche dándole vueltas al tema y llamándolas, lo sé.

Y tienes razón también en lo otro, pero da rabia cuando te preocupas por alguien y todo lo que recibes es un escupitajo en la cara (metafóricamente hablando, sólo faltaba...). Ya me gustaría a mi tener alguien que se preocupara por mí.

Y nada de ladrillo, al contrario, gracias por comentar! ;)