martes, 4 de marzo de 2008

De machismo y feminisno (ya sólo el título me da yuyu)

A propósito de la palabra history, que la conocida de mi ex-profesor encontraba tan machista y que gustaría de cambiar por hertory (his, suyo de él; her, suyo de ella), y por la que preguntaba La niña de las pinturas en el post anterior, hoy he vuelto a escuchar burradas de ese calibre de la boca de una profesora que tenía por mucho más inteligente.


Derecho del trabajo me lo da una señora divina de la muerte y supermegaestilosa, que dicta materia como si estuviera en un spot de Micromachines, y que no tiene palabra. Puede parecer una gilipollez, pero a mí eso me jode. Sin palabra no hay confianza, y sin confianza no vamos a ningún lado. Para muestra, una perla del principio de curso (que se convertiría luego en algo recurrente), en el que teníamos clase ininterrumpida de ocho de la mañana a dos de la tarde. Un día de la semana nos cuadraban tres clases seguidas de una hora con esa señora, desde las diez hasta la una. Al comienzo de la clase comentó que haríamos una pausa cada hora, porque entendía que era mucho y tendríamos hambre. Mira qué tía más maja, pensamos todos. Al terminar la primera hora nos dijo que siguiéramos un poco más para terminar el punto, y que iríamos a y media. Al llegar a las doce, y ante nuestras protestas, se encogió de hombros, se echó a reír y dijo que simplemente no íbamos a hacer descanso.


Y la gente se quedó tan pancha. Realmente me la pela si tienes tres horas que dar y no quieres darnos descanso, hijoputas hay en todos lados. Ahora, que me tomes el pelo si que no. Me levanté y empecé a recoger mis cosas sin cortarme. Estaba en la segunda fila, a dos metros de ella. Me echó una mirada que me quemó las patillas.


-¿Qué haces?


-Voy a comer algo, que soy diabético y llevo con el azúcar bajo desde las diez que nos iba a dar descanso.


Y con la misma salí por la puerta. Una bola como un señor bajito de grande, pero me quedé más a gusto que un arbusto. Poco después me vi en la tesitura de tener que elegir a qué me iba a presentar para salvar un poco los muebles, porque con el curro no había manera, y sin ninguna pena su ladrillo de asignatura quedó descartada y no la vi más [insentar aquí smiley de ojos llorosos].


Pues hoy volví a pasar por su clase, a ver que se contaba de nuevo este semestre, y ya volví a envenenarme. Me pasa siempre que veo decir tonterías a alguien con alguna clase de poder, véase un político de derechas, un cura, o, en este caso, mi profesora. Me jode porque la gente tiende a creerse y adoptar sus opiniones simplemente por estar al otro lado del pupitre o del púlpito, sin más; e igual que los que se creen todo lo que pone la tele o leen en los libros (esto último es ya más escaso).


Bueno, que me enrollo. El tema del día era la mujer y el trabajo. Y, evidentemente, hablaba de la desigualdad que ha sufrido la mujer a la hora de integrarse al mercado laboral y demás. Todo bien hasta ahí. Y en esas estamos cuando nos nombra una Ley (o un decreto, no recuerdo bien y paso de coger los apuntes ahora) para la igualdad de mujeres y hombres. Y recalca eso último: mujeres y hombres.


-Es muy importante esto porque antes siempre se decía “hombre y mujeres”, lo cual es una prueba de lo machista que es el lenguaje.


¿Lo qué? No acaba de decir una gilipollez como esa, ¿verdad? ¿De verdad cree que es una victoria del feminismo que ahora se diga así? ¿Tanto monta y monta tanto o son cosas mías? En mi mente ya se dibujaba aquella políticamente correcta circular que me habían mandado una vez en el colegio y que empezaba:


A la atención de las alumnas y alumnos, y las madres y padres de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos y Alumnas.


Y que yo, por aquello de seguir la corriente de lo políticamente correcto, continué redactando en mi PC y luego distribuí por clase:


Estamos y estamas, aquí y acá, reunidas y reunidos los y las miembras y miembros…


Continuó la mujer hablando de las discriminaciones veladas y demás putadas de género (que no de sexo) que llevábamos acabo nosotros, pérfidos hombres, cada vez más exaltada.


-No hablemos nunca de discriminación de sexo, porque el sexo es algo físico que no podemos cambiar y el género son maneras, formas de pensar, etc, etc.


En aquel momento iba a desconectar y ponerme a dibujar (mis apuntes parecen un cuento ilustrado) cuando una de las chicas le llevó la contraria.


-Hombre –dijo la pibita, que se sentaba justo detrás de mí. Mal empezaba.- Eso de que somos completamente iguales… Hay trabajos queeee… Por ejemplo, bombero…


Pa qué abrió la boca. Casi se la come.


-¡Pero cómo puedes decir eso! ¡Precisamente tú! El otro día estaba con dos amigos, uno gordo y el otro flaco [¿y Chaplin dónde andaba?, pensé para mí], y me decía el flaco precisamente que el trabajo de bombero, por ejemplo, era cosa de hombres, que si un señor gordo como nuestro amigo tenía que ser rescatado de un edificio en llamas una mujer no iba a poder, y yo le decía: “¿y tú crees que un esmirriao cómo tú iba a poder sacarlo?”.


Yo alucinaba pepinillos/as con la tía. Primero me dio pena del amigo gordo, puesto como ejemplo y encima abrasado, ahí es nada. Luego pensé que la mujer nunca había dado Conocimiento del medio en el colegio. Un hombre es más fuerte que una mujer. No es machismo, es genética. Yo soy una poca cosa, pero soy más fuerte que la mayoría de mujeres que conozco. De hecho, es muy posible que un esmirriao de cuarenta y cinco kilos saque fuerza para mover mi peso muerto de 75, pero dudo que una mujer de 50 o 60 pudiera cargarme. También es obvio que hay mujeres que podrían levantarme como si fuera una pluma, y conozco alguna, pero no nos engañemos, son las menos.


La chiquita de antes comentaba que las mismas pruebas de selección para un puesto de bombero eran discriminatorias, porque aunque los tests técnicos eran los mismos, en los físicos a las chicas se les exigía un menor rendimiento.


-Que sólo faltaría que el examen escrito también fuera más fácil… -añadía…


“Un caso de discriminación positiva”, pensé yo. Pues parece que no, a juzgar por cómo miró la profesora a mi colega (ya era colega mía, a esas alturas. Total, estaba diciendo lo que yo me callaba como una puta).


-¡Cómo que es discriminación! ¡Es obvio que nos deben pedir menos, somos más flojas! ¡Pero aún así tenemos derecho a entrar en los bomberos!


WTF??!! ¿Dónde está la igualdad entonces? ¿De verdad acaba de decir que aunque una mujer no dé la talla, se le debe dar un puesto por ser mujer o la estaremos discriminando? Y coño, no tengo nada en contra de una mujer bombero, pero la parte de mi cerebro que se encarga de hacer bromas de todo, incluso de lo que tiene gracia, se imaginó lo que le diría el jefe de bomberos a la viuda del gordo del ejemplo si hubiera ido a rescatarla una mujer bombero de esas tan flojas:


-Lo siento, señora; hubiera mandado al bombero Rambo, pero hoy le tocaba a la chica, si no, es discriminación.


Y la excusa de la chica:


-Jo, señora, es que su marido es muy gordo y yo no tengo por qué levantar tanto peso, lo pone en mi contrato.


Y no pude evitar reírme. Craso error. La tía empezó a señalarme.


-¡Hay muchos trabajos que puede hacer una mujer bombero, no tienen que entrar donde el fuego! ¡Puede conducir! ¡O manejar la manguera! ¡O apartar a la gente! ¡Oh…! ¡Oh…!


O ir a buscar bocadillos, o ponerse falda y quedarse de telefonista en la central, no te jode… No sé, a mi me parece mucho más machista su forma de ver las cosas que la mía. No me parece machismo pedirle a una mujer lo mismo que a un hombre. Sí me parece feminismo (dicho con el mismo tono que las feministas dicen machismo) cosas como:


-Y es que muchos hombres no se ocupan de su familia, ni siquiera se cogen la baja por paternidad, porque los otros hombres se ríen de ellos y claro, luego se ven en casa y no saben qué hacer. Ellos son así.


No sé a cuántos hombres conocerá esta mujer, pero yo mismo he intentado pedir la baja por paternidad y no tengo hijos… La tía seguía señalándome, cosa que me jode mucho:


-¿Por qué deberían las mujeres someterse a las mismas pruebas físicas que los hombres? ¿Eh?


-¿Porque queremos bomberos competentes que puedan sacar gordos en llamas de un edificio?


Y la clase entera, cuyos componentes son femeninos en un noventa por ciento, comenzó a reírse a carcajadas. Creo que también voy a dejar esta para el próximo año, a ver cuándo aprendo a tener la boca cerrada.


Y ahora en serio, ¿vosotros qué opináis? Sobre todo me interesa tu opinión Anne, ¿ves machismo que se pida a una mujer lo mismo que a un hombre, aunque eso excluya a la mayoría a efectos prácticos? Estoy de acuerdo en que algunos casos la situación laboral de la mujer y el hombre no puede ser igual (bajas de maternidad y demás), pero ¿se le debe pedir a una mujer menos por ser mujer? ¿No es eso protegeros de vosotras mismas? ¿Soy el único que ha aplaudido cuando la teniente O’Neill le dice al capullo de su superior, mientras vuelve a ponerse de pie, que le chupe la polla?

5 comentarios:

Cattz dijo...

Considero que las pruebas deben ser iguales si se pretende acceder a los mismos puestos, ya sean pruebas de conocimiento o pruebas físicas. A menos, claro está, que las mujeres-bombero quieran pasar el día limpiando los camiones y revisando las mangueras. Tal vez ayudar si hay un gato en un árbol.
Hay mujeres bombero, poquísimas, pero las hay. Es difícil reunir las condiciones físicas necesarias. Claro que también pediría que los bomberos en general mantuvieran su buen estado de forma durante unos años como mínimo, no es plan entrar en el cuerpo y dedicarse a comer donuts.
Resumiendo, la paridad me parece la gilipollez más grande que se ha parido en mucho tiempo, es absurdo que se escoja a alguien por cumplir un cupo, y no por su valía.

Cattz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anne dijo...

Conozco casos en los que también existen pruebas físicas para entrar y se les exige lo mismo a mujeres que a hombres. Y las tías que no pasan, pues no pasan. Las que pasan, como tu dices, son excepciones. Y se machacan físicamente lo mismo o más que los hombres para mantenerse en el nivel. Pero lo hacen porque realmente quieren ese puesto, o estudiar en esa carrera. Y punto pelota.

Y como dice Cattz, lo de la paridad es una gilipollez. "Como hay discriminación, vamos a establecer un mínimo, aunque las tías que ponga yo en ese puesto de trabajo sean unas inútiles". Si yo aspiro a un puesto de trabajo, no quiero que me pongan allí por ser tía, sino por valer para el puesto.

Además, teniendo en cuenta que muchos de los casos de discriminación se dan cuando la mujer ya tiene el puesto de trabajo (que la marginen al volver de su baja de maternidad, porque no la pueden despedir, que la echen de su puesto de trabajo sin más, que le reduzcan el sueldo...), ¿no sería ahí donde tendría que entrar la ley?

Donde hay que entrar realmente es en otros temas más preocupantes, como el hecho de que mueran mujeres todos los días a manos de sus parejas, o que una chica crea que para resultar atractiva debe meterse los dedos en la garganta hasta el fondo. Eso me preocupa mucho más.

El Zorrocloco dijo...

Gracias, chicas, ya pensaba yo que es que estaba loco. O desfasado :P

Completamente de acuerdo con vosotras.

Anne dijo...

Espero que ahora ya puedas dormir tranquilo xDD

La verdad es que me alegro de que haya chicos que lo tengan claro (cada vez más). Ayuda bastante ;)