jueves, 25 de diciembre de 2008

¡Epale!

Aquí estoy probando la opción de autopublicación. ¡Feliz navidad a todos! Siendo como soy, pensaba que cualquier momento antes del 31 era bueno para felicitar la navidad, pero se ve que no, que tiene que ser hoy así que... ¡Feliz navidad one more time!

Espero que Santa os deje mucho, que últimamente está tirando la casa por la ventana. Hasta este blog tiene regalos, ¡no os digo más! Sendos premios entregados por Aniña y Melvin de Gats, que aunque me los dieron hace tiempillo los pongo ahora que quedan más cuquis (o'sa).

Primero Aniña, que me entregó este hace mil años y no había encontrado el momento de ponerlo. Personalmente me gusta muchísimo la imagen, Losselith tuvo mucho gusto. Helo aquí:



Destinado a bloggers que prefieren la noche al día (soy un zorro nocturno; o, mejor dicho, más zorro de noche), y que dejan parte de sí mismos en el blog. ¡Gracias guapetona!

El segundo me lo dieron hace menos, y me sorprendió mucho^^ Melvin de Gats me concedía el (espera que miro como se escribe) premio Symbelmine, que lleva el nombre de una especie de flor que crece sobre las tumbas de los reyes Rohirrin en la obra de Tolkien, y que traducido a nuestro idioma significa "no me olvides". Me parece precioso. Aquí lo pongo, en lo alto de la estantería:



Dice que porque le hago sonreír con mis anécdotas^^ ¡Muchas gracias, Melvin!

Lo único malo de estas cosas es que nunca sé a quíen pasárselos (no porque no me gusten vuestros blogs, panda de animales; todo lo contrario). Así que, pese a que me da la impresión de estar cortándole el rollo al asunto, creo que los voy a dejar aquí para compartirlos con todos:

Anne, Aniña, Bian, Ire, Indio, Peibol, Dudo, Gurmo, Cattz (que sé que estás ahí XD), H@n y su gremblin, La Exorsister, Polaroid Girl^^, Eva, Jill, Joey, Melvin, Anna Raven, Misaoshi, Losselith, Rotskull, Lu, Mariokun, El Lic Rivera, Dormida en vertical, Sara López... A todos los que habéis dejado alguna vez un comentario.

A todos, gracias. Sin vosotros no sería más que un tonto hablando solo (que tiene su gracia, pero no llena igual), y este chiringuito habría cerrado hace tiempo. Gracias por leer, reiros y reconfortarme en los comments sabiendo que no soy el único loco de las coles que anda por ahí; y también por darme la oportunidad de conoceros (cosa que me ha gustado casi tanto como conocerme a mí mismo. Coña). <> ¡Tío, sois geniales, tíos, en serio, tíos... Dios... ¡¡Tíooooos!!< /big brother mode >

Como dice el de Pasapalabra, un beso para ellas y un abrazo para ellos. Feliz navidad, y si no nos leemos de aquí a fin de año, que tengáis salud y trabajo (o en su defecto, que no necesitéis esto último. En ese caso, cabrones afortunados, acordaos de la plebe). De los propósitos de año nuevo no digo nada porque si los cumpliéramos... ¿Qué pediríamos? ¿La paz en el mundo? Amos, no me jodas...

martes, 23 de diciembre de 2008

Cobarde

Subía en la guagua pensando en un post de felicitación navideña (o lo más parecido que me pudiera salir, soy de esa gente a la que la navidad ni le va ni le viene), pero ha pasado una cosa que me ha quitado todas las ganas de repartir buenos deseos. Acabo de presenciar una de estas escenas de abuso que uno le oye a un conocido de vez en cuando, y meneando la cabeza dice: “Llego a estar yo allí…” Pues yo estaba ahí y no he hecho nada.

Hace un rato he visto como una vieja era increpada por un niñato de unos trece años porque le había arañado la zapatilla con el zapato al pasar. Envalentonado al ver que nadie le decía nada, ha insultado a la vieja, y cuando la pobre mujer se bajaba de la guagua, ha llegado a amenazarla con cortarle el cuello, entre risas de los otros tres enanos que iban con él (otro macarra un poco más alto y dos putillas maquilladas hasta el culo). He tenido que contenerme para no saltar del asiento y reventarle los sesos contra el cristal de emergencia, aunque no sé qué hubiera sido peor, porque ahora me doy asco a mí mismo. Que un saco de mierda como ese pueda hacer eso en una guagua llena de hombres adultos y nadie haga nada –ya sea por miedo a una represalia física, cosa que dudo, porque el mierda no tenía ni media hostia; o, mucho más lógico, por miedo a que encima te denuncie por ponerle la mano encima y acabes teniendo que pagarle la gracia.- es indignante. Llevo la última hora consumido, repitiendo la escena en mi cabeza una y otra vez, y no sé con quién estoy más cabreado, si no con ese trasunto del puto niñato del metro de Valencia, o conmigo mismo por mi pasividad.

Hasta se pasó por la cabeza un momento bajarme en la misma parada que él, pero llevo tan agresivo unos días que miedo me daba la que podía haberle dado. En ocasiones como esta echo de menos tener todavía diecisiete años y libertad para darle un buen palo en las costillas. A saber para qué otras cosas habremos envalentonado a ese kinki de los cojones, que se habrá bajado del bus sintiéndose el más chulo del mundo.

Hijo de puta el aprendiz de matón que no se encuentra a nadie que le baje los humos e hijos de puta los hombres que íbamos en la guagua y actuamos como si no ocurriese nada. Y, especialmente, hijo de puta yo, por atreverme a escribir esto y no a actuar cuando hace falta.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Psico-odisea

Os estaréis preguntando dónde he estado, seguro (y si no, os lo preguntáis ahora). La verdad es que las obligaciones del MundoReal(tm) me tenían saturado, y ni me sentía especialmente ocurrente ni me pasaba nada digno de mención. O pensaba yo que no.

Pero hete aquí que cual tragedia griega, los hados, el destino, o el Unicornio Rosa Invisible (ese maldito bastardo hereje que intenta robar adeptos al santísimo MVE), confabulábanse contra mí sin yo saberlo. Estaba a punto de emprender un viaje lleno de sobresaltos, milagrosos giros de los acontecimientos y, sobre todo, decepciones. Iba a embarcarme en... La Odisea de mi Trabajo de Psicología (como alguien escriba psicología sin -p en los comentarios, le doy).

Toda esta historia comienza una gélida noche (para los estándares canarios. Échale quince grados). El viento golpeaba el edificio haciendo ulular las grietas de mi ventana. Yo, el Zorrocloco. con los pies helados pese a llevar puestos dos pares de calcetines (el arquitecto que proyectó mi edificio era una fuera de serie; cualquiera no logra que haga más frío dentro que fuera), hallábame tumbado bien arrebujado en una manta, luchando por mantener los ojos abiertos y fijos en el portátil, a la vez que torcía el gesto con las descaradas referencias religiosas de El príncipe Caspian (ya, ya sé que los libros son iguales). En mi mente, una vocecilla me decía que sería buena idea ir ya a la cama, metiendo primero los archivos del trabajo en el pendrive para imprimirlos al día siguiente en la facultad y ponerlos en común con el resto de compañeros. El tiempo se nos echaba encima y mucho me temía, dado el carácter disperso de mis compañeros, que no íbamos a entregar en fecha.

Como quiera que soy un zorro diligente y centrado decidí acostarme de inmediato, cerré la película con decisión, miré mi correo, abrí un momento el tuenti, leí quince tiras de Multiplex, comprobé el Google Reader y me puse a fregar la loza. Mientras me cepillaba los dientes después del pequeño tentempié (estar en la cocina me da hambre), tuve la ligera impresión. de que se me olvidaba algo. Y que ese algo tenía que ver con el portátil. Tras terminar con mi ritual de aseo nocturno, desenchufé el ordenador del salón y lo llevé a mi dormitorio. Perfecto. Y sin dilación alguna me acosté, sin meter nada en ningún sitio (ejem).

Sobre lo que pasó durante la noche haremos una pequeña elipsis (baste decir que me despertaron unos gritos procedentes del baño, cosa harto extraña pues me hallaba solo, y que tras entrar en el cuarto armado con una edición en tapa dura de Wachtmen descubrí a una diminuta y peluda criatura dentro de mi plato de ducha, con medio cuerpo fuera del desagüe, padeciendo lo que sólo podían ser los últimos estertores antes de pasar a ser invitado de la Gran Dama. Reprimiendo mi asco inicial por su aspecto y olor, entré en el plato de ducha (al que, por cierto, hay que pasarle un antical urgente) y me arrodillé junto a la estrambótica criatura. El pequeñín hablaba entrecortadamente en un idioma desconocido, y al ver que no me era posible comprenderle introdujo su manita en un zurrón que llevaba colgado a un costado y me tendió un diminuto papiro. Estaba tan empapado como su portador, por lo que me costó más que un parto desdoblarlo con mis torpes dedos de gigante sin que se resquebrajara. Era un mapa. Alcé mi vista hacia el ser, interrogándolo con la mirada, pero antes de que este pudiera decir más una fuerza invisible tiró de él con violencia haciéndolo desaparecer por el desagüe. Lo último que oí fueron sus gritos de auxilio, como un eco cada vez más lejano, y un rugido felino que hizo reverberar los huesos de mi cráneo. Incrédulo ante lo que acababa de presenciar, volví a la cama, donde traté de encontrar explicación al mapa y la misteriosa caligrafía de su leyenda. Pero después de un rato me aburrí, tiré el papiro a la papelera, me hice un Nesquick y me volví a dormir) y saltaremos directamente a lo interesante, la mañana siguiente.

He de decir que por las mañanas no soy zorro. En serio. Pongo el despertador a las siete menos diez para levantarme a y cuarto, y no es fruto de la pereza o de una mala noche; simplemente necesito un tiempo de carga, como cualquier ordenador. Sin embargo esa mañana fue diferente. Me levanté de un salto, me eché un agua por la sobaquina, me vestí y desayuné viendo un partido de la liga inglesa de fútbol, creo que repetido (si aquí es de día en Inglaterra no puede ser de noche, ¿no?). Todo eso con un runrún de fondo que me decía que se me olvidaba algo. Antes de salir por la puerta comprobé que lo llevaba todo: las llaves, las gafas, el móvil... Incluso los calzoncillos (no quería volver a tener un problema con el botón de los pantalones frente al colegio de monjas y vérmelas otra vez con una demanda). Todo estaba en su sitio.

Mientras esperaba el ascensor, me vibró el móvil. Uno de mis compañeros del trabajo no podía venir a hacer la puesta en común, que nos arregláramos solos. ¿Puesta en común? ¿Qué puesta? Puesta, puesta, puesta, pues... Mierda.

Pa'dentro otra vez, corre al portátil, enciéndelo, mete el pendrive, copia los archivos (este pendrive está conectado a un puerto USB lento, puede tener probleCancelar), saca el pendrive, sal corriendo, llama al ascensor, entra, sal, entra en casa, apaga el ordenador, cierra la puerta al salir, espera al ascensor que ha bajado solo al aparcamiento...

En fin, un desastre. Hagamos otra pequeña elipsis en mi trayecto a la biblioteca (baste decir que casi me veo envuelto en un choque múltiple causado por un taxista borracho parado en medio de la carretera ante una mancha de aceite que juraba y perjuraba era Jesús con grelos). Y entremos en la facultad de ADE (la de derecho al parecer no tiene glamour para hacer un trabajo), al trote a ser posible, porque acaba de empezar a llover a cántaros. Pobre Jesús.

En la biblioteca, ya reunidos y metidos en el trabajo, las chicas clamaban sangre. Querían terminarlo de una vez y no teníamos los datos de Nach.

-Ni los tuyos -puntualizó una de las compañeras.

-Tranquiiiila, smiley que mueve los brazos (todos hemos hablado así alguna vez). Que lo mío está en el pen, y ahora llamo a Nach para lo suyo.

Qué feliz era en aquel momento. Qué pocas preocupaciones. No era consciente de que la tragedia se había fraguado, que ya no era dueño de mi destino, que no había nada que pudiese hacer para cambiar el curso de los acontecimientos. Hagamos una pequeña pausa.

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Total, que llamé a Nach y nos dió los datos de su test MOW (¡maldito, maldito test de motivación laboral!). Así que ni corto ni perezoso, me dirigí a uno de los ordenadores de la biblioteca (desde donde os estoy escribiendo ahora, por cierto. A estas alturas ya deben haberme robado todo lo que dejé sobre la mesa), y enchufé el trasto (definitivamente no hay manera de conectar algo que se llama pen a una ranura sin que suene a chascarrillo sexual). Doble click en el icono. Sytem error. Vaya por Dios.

Como estos ordenadores son una mierda, no le di importancia y me fui a otro. Doble click. System error. Vaya por Dios. Al tercer intento más que un ratificación tuve un dejà vu. Temiéndome lo peor me acerqué al mostrador de la biblioteca.

-Oye, que tenéis todos los ordenadores rotos.

-¿Cómo?

-Que no me leen el pendrive.

-¿El pendrive está formateado?

-Es de ocho gigas (Duh!)

-Es que no leen pendrives.

-Yo he visto gente usar pendrives.

-Es que no son ordenadores de verdad.

-...

-...

-¿Y un sitio con ordenadores de verdad?

-El aula de informática.

-¿Tenéis en esta facultad?

-Por supuesto.

-¿Dónde?

-No tengo ni idea.

Mientras volvía al carrel a buscar a una de las chicas iba pensando que nunca se tienen conversaciones lo suficientemente estúpidas. Asomé la cabeza por la puerta con cara de cachorrito.

-Que los ordenadores de la biblioteca no leen pendrives.

-Sí que lo hacen -me contestó Lora.

-Es que no son ordenadores de verdad -contesté muy serio. Lora arqueó una ceja.

-¿Tú pendrive está formateado?

-Dios... Que si me puede acompañar una al aula de informática, que no tengo aquí mi número de niu y la clave, así lo imprimo y a tomar por culo.

Lora se levantó y sacó unas hojas de su cartapacio.

-Yo misma. ¿Sabes dónde es?

-Algo me ha dicho el bibliotecario.

Bueno, dejad que os diga que la facultad de ADE es el edificio con más recovecos que he visto nunca. Los despachos de los profesores tienen una falsa estantaría que oculta una barra por la que deslizarse hasta el aparcamiento, no os digo más. Pero dimos con ello tras un rato de búsqueda y de preguntar a todas las chicas que nos encontrábamos. Ejem. Nos agenciamos un ordenador, y Lora introdujo su número de niu y clave. Error. Volvió a teclearlo todo. Error.

-¡¿Pero qué cojones...?!

-Creo que esto ya lo he vivido...

Así que nos dirigimos a El Despacho del Becario. Un sitio horrible, que era... bueno, un despacho de becario. Anodino y con fotocopias de chistes gráficos (estuve a punto de preguntarle dónde tenían el clásico: "No hace falta estar loco para trabajar aquí, pero ayuda"). Lora empezaba a tener un tic nervioso en la ceja, pero pensé que no era buena idea hacérselo notar.

-Mira, que no me deja entrar en los ordenadores.

El chico ni siquiera levantó la vista de su teclado.

-¿Estás dada de alta?

-Estoy matriculada -Lora se frotaba la ceja.

-Eso no es suficiente [¡Puta! -Escupitajo-]. Tengo que darte de alta.

Lora le tendió el folio con los datos y el informático empezó a usar su mojo con el ordenador. Al cabo de cinco minutos, preguntó:

-¿Tú no serás de relaciones laborables, no?

Lora y yo nos miramos.

-Si -contestó ella señalando la hoja que el chaval tiene ante las narices.-. Lo pone ahí.

-Pues entonces no te puedo dar de alta. Sólo es para alumnos de ADE y empresariales -y sin más siguió a lo suyo, informateando sin ni un adiós muy buenas.

Salimos del despacho arrastrando los pies con cara de WTF. Nos miramos. Creo de verdad que Lora debería mirarse el tic de la ceja. Empiezo a pensar que quizá haya una fuerza superior a mí que quiere impedir que saque los datos del ordenador. Quizá si lo hago provoque la Tercera Guerra Mundial u otra glaciación. Cosas más raras se han visto (como, por ejemplo, la ceremonia de los Oscars en la que Titanic se llevó once estatuillas).

Pero no estaba dispuesto a rendirme tan pronto, así que la arrastré de nuevo al aula y a la primera chica atractiva que vi le pedí ayuda. Dio la casualidad de que no hablaba muy bien español, pero era una chica muy dada, que de hecho nos dio su cartera y nos dijo que en una de las cremalleras estaban los datos que buscábamos.

Metí mi enorme pen en la estrecha ranura de la torre y me sentí como Dios. ¡Por fin, pese a todas las adversidades, iba a lograr sacar los putos archivos del puto pendrive! ¡Que se jodan las adversidades, que le den al destino y a las fuerzas superiores! ¡Yo, el Zorrocloco, os he venci...!

-No te lee el pendrive. ¿Seguro que está formateado?

-Esto tiene que ser una broma... <---- Ojo, cuando alguien pronuncia esta frase en voz baja y con una mueca que le descubre los incisivos es que está muy quemado. Así que volvimos al despacho del becario gurú y le expliqué todo el rollo. El tipo nos miró como sólo un admin mira a un loser, y nos habló en estos términos: -Qué raro. Dicho lo cual salió de su cueva, entró en el aula, sacó el pendrive de la torreta y lo introdujo en la que estaba al otro lado de la pantalla. -Listo -dijo. Y un segundo después se había ido, dejándonose ciegos por sobreexposición a su alucinancia. Sintiéndonos un poquito más tontos, volvimos a sentarnos frente al monitor y, esta vez sí, entramos en el pendrive (aunque el efecto dramático se había perdido en gran parte). En la pantalla aparecieron una docena de iconos, casi todos películas. -¡Eh, mira, tengo "La loca historia de la Guerra de las Galaxias"! -exclamé mirando a mi compañera con júbilo. La sonrisa se me congeló en los labios al ver su semblante. -¿Dónde están los archivos, Zorro? -¿Cómo que dónde? Están aquí, están... eh... Eh... En el interior de mi cabeza, Wally y Carmen Sandiego se partían el culo mientras decían: "¡Chaval, no podemos decirte dónde están, pero sí podemos decirte dónde NO están!"

-Te juro por Dios que yo metí los archivos en el pen.

-Ajá.

-Te lo juro, no sé cómo han podido salirse. Quizá es que me metí el pen en el bolsillo boca abajo, ¿puede haber sido eso? Es de ocho gigas.

-Volvamos a la biblioteca.

-Espera, creo que puedo...

-Volvamos. A. La. Biblioteca.

-Siseñora.

Hagamos un pequeño parón, porque me acabo de dar cuenta de que este post es jodidamente largo y que probablemente haya perdido la gracia hace un rato XD Así que dejad que resuma un poco: tras veinte minutos de excusas y ahora-qué-hacemos (el Chapulín Colorado nunca aparece cuando lo necesitas), decidí volver a hacerlo todo desde el principio en uno de los no ordenadores de la biblio. Anotaría los resultados del test y la gráfica en el cuaderno, y volvería a hacer los comentarios en casa. Como no tenía los tests originales, simplemente me inventé los datos para que dieran dos perfiles diferentes (otro día tengo que comentaros cómo se hacen las investigaciones de campo de psicología en mi universidad, de la que salen estudios de verdad; sus cagaréis). Ya habíamos perdido media mañana, no era cuestión también de perder la otra media. Además, si hay algo que odio es la incompetencia, así que como comprenderéis estaba muy cabreado conmigo mismo.

Tardé casi media hora en hacer los dos tests. Sólo me quedaba pasar los resultados al excel y que me calculara los valores de la gráfica, y podríamos terminar el puto trabajo de una vez. Fue entonces, justo cuando clické en el icono del excel, cuando el navegador se quedó en blanco. Literalmente. El mensaje de la barra del navegador no podía ser más claro: "Esta aplicación no puede ejecutarse en este sistema". Os juro que algún dia entaré en la biblioteca con un bate y empezaré a aporrear no-ordenadores. Agotado (y por qué no, también partido del culo). Volví al carrel.

-Chicas -dije.- Coged vuestras cosas y vamos a desayunar. Será mejor que olvidemos que esto ha pasado y quedemos el lunes sin falta para la puesta en común y entregarlo sobre la marcha.

La puntilla a ese día la obtuve al volver a casa, calentar el almuerzo y abrir la carpeta de las pelis para relajarme un poco.

-Vaya, vaya... O sea que aquí es donde había copiado los archivos...

Cualquiera diría que mi odisea con el trabajo había acabado ahí. Sip. Pero es que hay mucha gente ingenua por ahí (yo el primero). Y en mi ingenuidad me puse a ver una película sin pensar más en ello. Ya tendría tiempo de pasar los archivos al pendrive durante el fin de semana.

Saltemos ahora de la tarde del viernes al domingo por la mañana (en realidad no puedo contaros lo que ocurrió en ese lapso de tiempo; el Código de Honor de los Asha me lo impide. Sólo puedo decir que finalmente descubrí el misterio que ocultaba el pequeño papiro de mi papelera -qué bien suena: pequeño papiro de mi papelera, pequeño papiro de mi papelera...- y que nunca, jamás, debéis pensar en cucarachas cuando tengáis los ojos cerrados en la ducha). Tras desayunar, acudí al PC para comprobar el correo. Mientras esperaba a que el ordenador arrancara, pensé en el tiempo que llevaba sin actualizar, y en que precisamente el otro día había hecho un tira cómica en una página web... En ese fatídico momento, mis ojos se posaron sobre el pendrive, allí solito, encima de la mesa, con pinta de no haber roto nunca un plato.

-Hostia -me dije a mí mismo.- Tengo que pasar los archivos al pendrive antes de que se me olvi...

Y en ese justo momento el diferencial de mi casa saltó.

-Joder -me reí.- Esto es para llevarlo al programa del Íker Jiménez ese...

A lo lejos pude oír a mi madre salir refunfuñando de la cocina y volver a subir los plomos. El PC volvió a revivir. Los plomos volvieron a saltar. Esta vez el ordenador había hecho "un ruidito raro".

Y esa, querido amigos, es la historia de cómo me quedé sin portátil, y de cómo es posible que no tenga otro hasta mediados de enero, con suerte -que la cosa está mu malamente.- Cualquiera pensaría que finalmente, los hados me habían vencido. Pero es que hay gente muy ingenua por ahí. Esa misma tarde fui a casa de un amigo, y por tercera vez realicé el mismo trabajo (aunque como las tres veces me he inventado los valores, han sido tres trabajos distintos, pero da igual). Pude pasar los archivos al pendrive, imprimirlos luego, y hacer finalmente la puesta en común. Una vez más se demuestra que no existe eso que llaman destino, que no existen los dioses ni la mala suerte, pero también que las casualidades son muy putas. Estoy a diez minutos de entregar mi parte del trabajo final (hoy es el último día), y tengo todo lo mío bien guardadito en mi mochila, en mi sitio de la biblio. Mirad, desde aquí puedo verlo y todo. Mis apuntes de contabilidad bien desperdigados sobre la mesa para dar la sensación de que me acabo de levantar, mi chaqueta colgada de la silla, y mi mochila en el suelo, al lado. Espera un momento... ¿¿Dónde cojones está mi mochila??

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Pequeña pausa

Os vais a cagar en mí en cuanto termineis de leer esta frase, pero no soy Zorrocloco. Soy Anne. El amo y señor del blog me ha dejado las llaves momentáneamente para que dejara un aviso de que está librando su batalla personal contra la malvada tecnología (traducción: se le ha escachuflao el portátil) y tardará un poco en volver.

Ahora que si alguien tiene un portátil de sobra, la cosa se puede arreglar rápido...

Es broma. Os prometo que volverá pronto (aunque os lo vuelvo a robar el 26, si no os importa :P). Mientras tanto, ¡atent@s a los feeds! :)

viernes, 21 de noviembre de 2008

La vista al frente, apañero!

¿Sabíais que en la Casa de Cultura, las escaleras, aparte de las barras normales que sujetan el pasamanos, tienen otras que salen en pico hacia afuera, como a un metro setenta del suelo? ¿No?

Bueno, pues yo tampoco u__u


Auch

miércoles, 19 de noviembre de 2008

FW: urgente!! muy divertido!! menudo negro!!

NO LO LEAN!!

Hace años, caminaba por el bosque una fría mañana de medianoche el niño Timmy O’Toole, cuando de la nadie salieron dos violadores asesinos, y le asestaron ciento cuarenta y dos puñaladas. Posteriormente lo violaron, y para más INRI, lo mataron. Pero Timmy era boi eskut, y pese a las terribles heridas de bala, logró arrastrarse sobre sus piernas hasta el borde de una carretera cercana situada a cuatro kilómetros del lugar del incidente. Sorprendido, miró alrededor con calma y vio las luces de un coche acercándose a él. Finalmente logró sorprender la atención del camionero, no sin antes perder ambas piernas en el dramático accidente. Hoy día Timmy es profesor de Feng Shui y piensa que el aborto es un diablo que posee a las mujeres y que se cura abriéndoles las tres cabezas con una piedra ungida envuelta en papel albal

Desde entonces, la desgracia de la Chica de la curva que era más cerrada de lo que parecía se ha escrito en el web y en los principales periódicos de tirada semestral y todo el que lo lee se pregunta por qué hay tanta mierda en las ventanas de mi clase. Ahora que lo leíste, Timmy te he pegado la maldición, y también ladillas en el caso de los chicos y cáncer de próstata en el de las chicas. Manda esto a todos tus contactos, pon un anuncio en el periódico y tatúate este mensaje en la frente usando caracteres élficos. Si lo haces, esta noche a las doce de la noche la persona que te quiere pensará en ti, así que la Chica de la curva no es mala. Eso sí, como no hagas todo lo que te digo, me cago en tus muertos, voy a ir a tu puta casa a rajarte como un puto cerdo, y cinco años de mala suerte. Lo siento lo siento lo siento lo siento te dije que no lo leyeras!!

Aaaaaah, las cadenas, literatura bipolar del siglo XXI. Deberían colgar de los cojones al primero que se le ocurrió esta mierda. Aunque estoy seguro de que si rastreásemos la fuente no encontraríamos un único culpable, sino una prueba de que la involución espontánea es posible a partir de determinado punto de avance tecnológico. Concretamente, el punto en el que decenas de miles de niñas sudamericanas de quince años aprendieron a usar powerpoints y millones de progenitores de mediana edad alrededor del globo aprendieron a abrirlos. Y se juntó el hambre con las ganas de comer.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Que cualquier tiempo pasado fue mejor...

La verdad es que Tenerife es un pañuelo. Más de una vez me ha pasado que un amigo me presente a un tercero, y luego volver a conocer a esa persona en un ambiente totalmente diferente a través de otro amigo distinto, que nada tenía que ver con el anterior.

Básicamente eso fue lo que me pasó en la fiesta de ayer. Me encontré con Ita, una amiga que conocí en la universidad por un amigo del instituto (y que por cierto le hizo un peluche tamaño llavero a Anne monisimo para su cumpleaños), y que resultó estar con una gente que me había presentado Pucheros dos años antes, poco antes de empezar con este blog.

Lila.- ¡Hala, tú eres el Zorrocloco, el amigo de Pucheros!

Zorrocloco.- Yeah. Espera, ¿vosotros todos os conocéis?

L.- ¡Claro! ¿Te acuerdas de Gar, la amiga de Pucheros?

Z.- Ajá.

L.- Iba al cole con Ita, que es vecina mía y de los demás de toda la vida.

Z.- Vaya hombre...

Para más inri, Ita también viaja a Valencia estás navidades, porque su familia es de allí. ¿Y quién está estudiando en Valencia? Gar. Si es que hasta cuando salimos de las islas acabamos todos en los mismos sitios, madre mía...

El caso es que entre copas y chistes malos lo pasé muy bien. Sin embargo, Ita no olvidaba que no había ido a la anterior fiesta universitaria, la de aparejadores (su novio estudia allí).

Ita.- Eres la mierda humana, mira que no venir... Llevo ya dos años diciéndotelo y tú pasando de mi real culo blanco...

Zorrocloco, poniendo cara de circunstancias.- Ita, no sé cómo decirte esto... Kim Basinyer, Basinjer, Basinger... No, ahora en serio, no sé que me pasa, que siempre digo que voy y nunca lo hago.

Ita, con mirada de tener una teoría.- Jum... puede que fuera por lo que te pasó la última vez que fuiste...

Ita y yo nos miramos muy seriamente antes de empezar a descojonarnos. Lila y Chiki, que están en corrillo con nosotros se miran extrañados.

Lila.- ¿Qué te pasó en la última fiesta de aparejadores a la que fuiste?

Ita, interrumpiéndome.- ¡Espera, espera! ¿Puedo contarlo yo, porfa? Resulta que llega allí directamente de clase, en la moto. Bebemos un poco, comemos una chuleta, y llama a la novia a ver si ya ha salido de clase. Y la novia que le dice que se va por ahí con una amiga -me mira.- Y vosotros habíais quedado porque era vuestro aniversario o algo así, ¿no?

-Algo así, sí.

-Pues resulta que empiezan a discutir por el móvil, pero te estoy hablando de más de una hora, ¿eh? Y de repente al Zorro se le rompe el móvil.

Lila.- Hala.

Ita.- Sí, sí. Total, que me pide el mío, cambia la tarjeta, y siguen discutiendo. Y rompen.

Chiki.- Joder, tío.

Zorro.- Yeah.

Ita.- Bueno, tú imagínate, el resto de la tarde medio embajonado y tal y cual. Cuando se acaba la fiesta, a eso de las ocho, va a coger la moto, y la moto no le arranca.

Zorro, que empieza a no poder aguantar la risa.- Tuve que ir con el motor apagado de aparejadores a mi casa, menos mal que es todo bajada.

A estas alturas, Lila y Chiki ya están partidos el culo.

Ita.- ¡Espera, espera! Que encima, cuando por fin llega a su casa, me llama y me dice: "¡Ita! ¡Que me he dejado la mochila en el párking! ¡Que tengo todos los apuntes del curso ahí!" La mochila completamente desaparecida XDD

Lila y Chiki me miran boquiabiertos. No se acaban de creer que alguien tenga tan mala suerte.

Zorro, asintiendo solemne.- Ese fue el año que dejé la carrera, por cierto.

Chiki me pone un brazo en el hombro, con gesto adusto. Me dice:

-Zorro... Nunca jamás vuelvas a ir a aparejadores.

Luego seguimos contando más anécdotas y paridas, pero ninguna superó la de aquel fatídico día de aparejadores. Lo más curioso del caso es que pensaba que sólo había pasado un año, pero han sido dos (¿dónde se va mi tiempo? ¡¿Dónde?!). Horas más tarde, mientras me duchaba antes de meterme en la cama, volvieron a mí muchos recuerdos de aquella época, y sobre de aquel día.

Justo en esta fecha, hace dos años, estaba completamente perdido. Metido en una relación con alguien a quién no le importaba un carajo y que yo me empeñaba en idolatrar, y cursando una carrera que cada vez tenía más claro que no era lo mío, me hallaba completamente sólo y perdido. Hasta mi grupo de amigos de toda la vida se había disuelto por esas fechas, más o menos. Recuerdo lo negativo que era y lo mal que veía el futuro por aquel entonces. En un pozo lleno de mierda, estaba. Y la mierda tapaba la luz.

Dos años después, estoy en segundo año de una diplomatura que, si bien tampoco me vuelve loco, me gusta infinitamente más que lo que estudiaba antes, y además es muchísimo más práctica. Con suerte terminaré el próximo año. Hace dos años no sabía cuántos me llevaría terminar filología, y eso que había pasado con primero limpio, cosa que en esta carrera no he hecho.

Igual que hace dos años, la moto se me ha vuelto a estropear, pero ya no importa tanto; tengo carné y coche. Un carné que os juro pensé que nunca iba a lograr sacarme de tanto como odiaba conducir un coche y todo lo relacionado con ello. Como muchas otras cosas en esta vida, no era ni la mitad de difícil de lo que yo me decía que era. Aún recuerdo el subidón cuando el tipo me dijo que había aprobado. Tuve la sensación de que si había logrado eso, nada de lo que me propusiera estaba fuera de mi alcance.

Y lo más importante, hace dos años me desesperaba por una persona que no merecía nada la pena, que me hizo sentir tan poca cosa que me extraña que no llegase a desaparecer como el Hombre Menguante. Recuerdo los pensamientos post-ruptura, las dudas y la inseguridad (incluso intenté volver con ella, ¡Dios! ¿Qué me pasaba?). Los: “¿Y quién me querrá ahora?” Dos años más tarde, estoy con una chica que se lo merece todo, y que me lo da todo sin reservas. Alguien que me hace sentir grande, querido y apoyado en todo momento. Recuerdo pensar, según iba conociendo a Anne, que era demasiado buena para ser verdad, que tenía que tener truco. Siete meses después de empezar a salir con ella puedo decir que no lo tiene. O que por lo menos yo no se lo he visto XD Estoy loco por ella, y eso que no quería volver a estarlo por nadie. Muchas barreras ha tumbado esta chica. Y la quiero con locura por ello.

Que le jodan a aparejadores.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El manisero

Sus voy a contar un secreto: me gusta Antonio Machín. Y también los Panchos, pero eso lo dejo para otro post, cuando se os haya pasado el susto.

Sé que es un tipo de música que no me pega una mierda, y es además, una clase de música que no me gusta una mierda. ¿Entonces? Pues me pasa como con Juan Luis Guerra, que los llevo escuchando desde que no levantaba un palmo del suelo, y al final se han hecho un huequito en mi corazón a base de machaqueo materno.

Sin embargo, no fue hasta que la pubertad llamó a mi puerta y mis hormonas tomaron el recado, que pillé el sentido de una de las canciones más famosas de Antonio Machín (que, para quien no lo sepa, vivió muchos años en la España franquista. Con dos cojones). La canción en concreto se titula: "El manisero", y es un verdadero pornazo encubierto, ya que todavía faltaban algunas décadas para la llegada del Chivi y el Reggeaton. Os voy a dejar escucharla antes de continuar, pero quiero que tengáis esto en mente: ved el cucurucho de maní como... Bueno, os podéis imaginar qué es el cucurucho de maní. Dentro vídeo:



Qué gracia. Se parece al ex-novio de mi madre, pero en negro. En fin, dejemos a un lado que no se sabe los tiempos del playback, porque el video parece tan Mundo Viejuno que es hasta entrañable.

Analicemos:

"Si te quieres por el pico divertir / cómete un cucuruchito de maní".

Recuerdo que la primera vez que pillé el juego de palabras me eché a reír, pensando: "Si es que tengo una mente más sucia..." Pero según pasaban los segundos, mi sonrisa no era lo único que se ensanchaba (y no penséis mal, jodidos pervertidos); mis ojos también.

"Maní / qué calentito y rico está / ya no se puede pedir más".

¿Qué tío no ha usado alguna vez un argumento así, eh? Bueno, yo tampoco, pero sí es verdad que todos nos hemos hecho los tontos con una chica especialmente reticente en plan: "Es que a mí nunca nadie... Y quiero saber cómo es... Jo..." Y viene a ser lo mismo. Una treta, vaya.

Y si de entrada los primeros versos llaman la atención, los que siguen no dan lugar a duda:

"Ay, caterita, no me dejes ir / porque después te vas a arrepentir / y va a ser muy tarde ya".

Debido, claro está, a la falta de anticonceptivos de la época. Uno no podía irse así como así. Había un orden y un concierto. Y esponjas. O al menos eso oí una vez, no me hagáis mucho caso.

Sigamos:

"Manisero se va / Manisero se va".

Si es que Machín es todo un caballero. Y desde aquí doy un consejo a todos los zorros de la blogosfera: si os dicen que les aviséis, avisad. Sólo imaginaros que sois vosotros los que estáis amorrados al pilón (ak, ak, ak) y entenderéis por qué. Un momentito de gustirrinín = dos tubos de pasta de dientas. Las hay muy sensibles, y eso hay que respetarlo. He dicho XD

"Caterita, no te acuestes a dormir / sin comerte un cucurucho de maní".

Está demostrado científicamente que comer maní y otras variantes de juego con este fruto seco rejuvenecen la piel, aumentan las defensas y producen un mayor descanso por la liberación de endorfinas.

"El manisero entona su pregón / y si la niña escucha su cantar / llama desde su balcón"

La niña tampoco es tonta, tiene sus necesidades. Y si está sola en casa con algo se ha de entretener. Criaturica.

"'Dame de tu maní' / 'Dame de tu maní' / 'Que esta noche no voy a poder dormir / sin comerme un cucurucho de maní'".

Este es un ejemplo claro de cómo la diferencia entre la letra de una canción y un guión pornográfico es simplemente semántica.

"Me voy / Me voy".

Ídem de ídem.

Hasta tres veces tiene que empezar con el último me voy, porque no le cuadraba con el playblack. Qué encanto de hombre, miradle qué carita de circunstancias. Y el detalle de dar la vuelta completa a la cámara para enfocar al público, muy tieso y callado y sin saludar (no los vayan a moler a palos). ¡Me encanta este vídeo! Por cierto, la N encima de la mosca de TVE es del No-Do, ¿verdad?

Bueno, pues con esto os descubro un nuevo género musical. Lo podemos llamar "erótico encubierto" o "Eroto", pa los amigos. Además, esta canción tiene la cualidad de ser súper simpática y movida, tanto, que si algún día escribo un guión de una road movie mezcla de humor y de slice of life en la que a los protas les pase de todo, tengo claro que uno de los personajes mencionará esta canción durante momentos puntuales del film (en plan: "No me puedo sacar de la cabeza la canción de..." o "Eh, señor matón lleno de tatuajes, ¿no habra oído usted por casualidad la canción de...?") y todo el mundo lo trarará como si estuviera pirado. Pero al final, mientras los protas se suben al coche como personas nuevas, maduras y mejores, reforzada su amistad y liberada la hija del granjero, a la vez que la cámara se eleva ampliando la imagen a la polvorienta carretera hasta abarcar el horizonte, oíremos dentro del coche como uno de los chicos trastea con la radio hasta dar de pura chiripa con El manisero.

Y entonces entran los créditos finales.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Esther Sarraute y las ONG's

Llevo desde el sábado con ganas de postear esto, pero como justo ese día había posteado ya... Qué gran programa es Sé lo que hicísteis, y lo que me he estado perdiendo estos años de no sintonizar La Sexta. Con sudores fríos me quedé tras ver esto. Si Peibol decía en mi anterior entrada que a veces la realidad supera la ficción, ahora se le van a caer los cataplines al suelo. Dentro vídeo:



Esta es Esther Sarraute, concejala de patrimonio:


Yes, we can.

Sí esta tía puede llegar a concejala de Patrimonio, todos podemos. Ya sé a qué dedicarme definitavemente en un futuro. Además, como tengo bachiller, igual me eligen de presidente del gobierno canario.

Me encanta cómo empieza el vídeo.

-Señora concejala, ¿cuántas ONG's hay en canarias?

-Guá, ¿y yo qué sé? Míralo en las Páginas Blancas, m'ijo. ¡Ahí te vienen todos los apellidos!

Me encanta, me encanta. Pero lo mejor de todo es que el vídeo entero es un WTF! Mira a Miguel Zerolo, el "arcarde", según el que subió el vídeo (anda que también...).

-Es-espe... Espeere... No, sí... Si ya sé lo que vas a decir... Sí... No, si estamos pensando todos lo mismo... Pero espere a que acabe. ¡Ah! ¿Ya acabó? Pues nada...

Y he de decir que el Guigou este se lo toma bien. Bueno, bien. Está tan indignado que no sabe ni que decir. Lo comprendo.

-Por favor... Pero... Pero, por favor... Vamos a ver... Pero... ¿Esto qué es? ¿Cómo viene aquí a decirme que no hay ninguna organización que se llame ONG?

Y ojo a la réplica.

-Es que tengo varias personas trabajando para mí, y son las que me han pasado la información. ¡Yo me he fiado de un informe que me han dado!

Esta es Esther Sarraute:


¡Ole tus huevos, pibita!

Luego, para que no decaiga la fiesta, toma la palabra Zerolo, que para algo está sentado en medio:

-Ehhhhhhhh... Esto.... Ehhhh... Obviamente, esto es una conca... concanetación. ¿Concanetación? De errores... Pues si alguien ha firmado eso, habrá que enseñar acrónimos y tal.

Y me encanta la matización:

-Obviamente esto no se ha hecho así adrede, porque es que no se puede hacer adrede (obviamente. Aunque no sé yo... quizá alguien debería pagar mejor a sus becarios).

El Guigou lo sigue flipando. Debe pensar que es la única persona cuerda de la sala. Zerolo le entiende, y entiende que pueda pensar que la contestación fue a mal (este Guigou... en seguida descofiando). Pero que nada, que en cuanto los negros le den a la concejala la información buena, que ella viene y la repite como un loro, por eso no hay problema, que para eso cobra sus miles al mes.

¿Algo más que añadir, señora concejala?

-Hombre, quizá sea culpa mía, vete tú a saber. A mi me dieron esto así, no pretenderás que encima me lo lea, no te jode... Aunque no sé... Igual tenemos que ser nosotros los políticos los que leamos los informes que firmamos... Si es que parece usted un votante Guigou, tocando los cojones. Coñoya.

Me encanta esta mujer. De mayor quiero ser como ella.


A ella le pagan por ir a un sitio a reunirse con unos señores.

Me gusta mucho también como finiquita Zerolo el asunto. La verdad es que tiene que ser una putada que un empleado tuyo te deje en ridículo de esa manera delante de toda la cámara. Pero que se joda, que es un capullo ^^

-Le aseguro que la señora concejala a partir de ahora se va a leer los informes antes. Vamos, que si se los va a leer antes. Doscientas veces que me va a copiar: "ONG significa Organización No Gubernamental". Y las copas de la próxima cena de partido las paga ella. Y lo va a hacer con su propio dinero de las arcas de Patrimonio, ¡para que aprenda!

Hay que joderse...

Literatura de cagar de pie

Llevo unos cuantos días perdido de la blogocosa por motivos varios. Intento seguiros a todos, pero es que no tengo tiempo ni fuerzas a veces para comentar. Dentro de poco espero tener algo más de tiempo libre. Mientras, esto tengo que contarlo antes de que se me olvide.

Situación espacio-temporal: interior de la facultad de derecho, segundo piso, baños de los tíos. Jueves, cambio de clases.

Intérpretes: Nach, Wistrol Anónimo y el Zorrocloco.

Zorrocloco, entrando en uno de los aseos.- Yo no sé por qué bebo agua, si con la humedad que hay aquí dentro ya me hidrato de sobra...

Nach, desde el otro.- Hay que joderse... "Busco tía para sexo esporádico". ¿Quién pone eso en un baño de tíos?

Z.- Eh, no te metas con las pintadas de las puertas, que me han amenizado más de un momento de asueto. Lo mejor son las discusiones políticas.

Nach.- Todas llenas de tachones.

Z, lavándose las manos y riéndose.- Yeah, llega uno y pone: "Canarias no es España". Va otro y tacha el no, luego saca otro una flecha y pone: "Godo mierda, asesino". Y otro, con rotulador: "Los asesinos son los canarios, los peninsulares se quedaron en la península, hijnorante".

El Zorrocloco se atusa el pelo delante del espejo del baño. Entra un tío alto y wistrolado (un cachitas de gimnasio, vaya), con pinta de tipo duro. Pasa al lado del Zorro y se pone en el urinario más próximo a este, que sigue intentando peinarse con escaso éxito. Durante unos segundos reina el silencio en el baño. Tanto, que se puede escuchar el chorro del wistrol al mear.

Nach, desde el interior del aseo.- "Dios, estoy tan estresado que lo único que quiero es una buena paja turca o una mamada de un travesti". ¿Qué te parece?

Salimos de la tercera persona. Me quedo en pausa con las manos en el pelo y una sonrisa de oreja a oreja, porque la situación es demasiado cómica para ser verdad, y lo primero que percibo es que ya no se oye al Wistrol mear. Ha cortado en seco. Por el rabillo del ojo veo como se tensa. Me mira. Lo miro. Agacha rápidamente la cabeza, se tapa con las manos y comienza a dar pasitos de lado hasta colocarse en el urinario más alejado de mi. La sonrisa se me agranda mientras lo observo, y comienzo a emitir un sonidito como de tetera, síntoma de que estoy aguantado a duras penas las ganas de reír. El tipo me mira alamardo. Ya no puedo más, salgo del baño y comienzo a descojonarme por el pasillo.

Y cuando ya se me empieza a pasar el ataque, veo que Nach sale del baño completamente rojo, me mira y me habla en estos términos:

-Cabrón.

Y hala, el despiporre carcajil. Tanto, que cuando entramos en clase una de nuestras compañeras nos pregunta si habíamos estado corriendo, de tan colorados que estábamos los dos.


P.D.- Si antes llegaba aquí gente buscando profesoras cachondas y pollas de negros, después de este post las visitas vía Google se van a quintuplicar XD

P.D.2- Tetas, gangbang, 18, bukkake X'DDDDDD

viernes, 24 de octubre de 2008

Ceremonia de premios I love your blog 2008

Chacho, chacho... Creo que es la primera vez que me meto en el blog en una semana, lo nunca visto XD Estoy haciendo un curso de prevención de riesgos laborales por las tardes, y me tiro diez horas al día sentado en la uni. Estoy por desatornillarme las piernas, porque total, no las uso para nada y están ahí ocupando espacio...

Sin embargo, hago un pequeño break hoy porque hace ya no sé ni cuánto Aniña le otorgó el primer premio a este blog porque, y cito textualmente: "merece llegar muy lejos, porque espero que le traiga buenas vibraciones y todo pase pronto. porque me encanta leerte". No me digáis que no es maja, cawen... ^^

¡¡Así que aquí está, el premio I love your blog!!


Y como todo premio, este tiene sus reglas también. Veamos...


1- Enlazar a la persona que nos invita (hecho).

2- Enumerar seis cosas sin importancia que nos hagan felices:

  • Ir conduciendo y que se vayan poniendo en verde los semáforos a mí paso (me hace sentir Zorrocloco Almighty).
  • Cuando logro hacer reír a alguien.
  • Terminar de escribir algo y decir: "Eh, pues no está tan mal..."
  • Salir bien en una foto (cuesta engañar a la cámara XD).
  • Una buena ducha caliente.
  • Encontrarme una moneda.

3- Hacer constar las reglas.

4-Elegir a seis personas que continúen con el desafío:


Y aquí es dónde me voy a saltar las normas. En vez de hacer de esto un meme, voy a nombrar seis blogs que me gustan mucho. Y ya. El que quiera recoge el galardón y el que crea que estas cosas no van con él (o ella), no. No me voy a ofender ni mucho menos. And the winners are...


Manual de supervivencia para torpes, de Dudo. Porque la primera vez que entré en su blog me enamoré de su forma de escribir. Anda que si yo supiera escribir así...


The Sheffield Experience, de Anna Raven. Uno de los primeros blogs que leí y me hicieron aficionarme a esto, cuando todavía entraba de forma esporádica y en plan Fantasmiko.


Mi mesa cojea, de José A. Pérez. Eso si son patadas en la boca, y lo demás son tonterías. El único blogger del mundo que pierde cincuenta lectores por entrada, siempre los mismos.


La mujer trampa, de Jill. En realidad no sé por qué la pongo, si me quiere robar la novia, pero bueno...


Tinta de lagarta, de Maria. Cápsulas literarias de uso tópico.


Y... By chance and other things, de Anne. Porque la primera vez que entré me vi reflejado en sus entradas, y mira...


Termina así la ceremonia de premios I love your blog 2008 (Me lo podría haber currado un poco más, pero bueno...). Devolvemos la conexión a nuestros estudios centrales (AKA, me voy a echar la siesta que salí anoche. Dura, la vida del universitario...), no si antes agradecerles que hayan permanecido a nuestro lado y decir que es una putada tener que estar eligiendo, con la cantidad de blogs que me encantan. I love your blogs, gentucilla.


Los Lunnis y los Zorroclocos nos vamos a la cama...

sábado, 18 de octubre de 2008

El instante

Bueno, ahora sí. Aquí tenéis el relato. Unas pocas líneas escritas en una cuartilla en un momento de inspiración que tras andar perdidas unos meses se convirtieron en el mejor relato que he escrito hasta la fecha. Y sigo sin estar contento con el resultado (ahora es cuando lo leéis y me hacéis la pelota XD). Con todos vosotros, El instante:

A los malos recuerdos, a los verdaderamente malos, hay que sacarlos a pasear de vez en cuando. Los buscas, les quitas el polvo, te regodeas en ellos mientras juegas al “¿Y si hubiera...?”, y luego, cuando te sientes tan culpable que te cuesta respirar, te los tragas con ayuda de lo que sea. Y vuelta a empezar, hasta que crees que los has expiado durante otra semana.

Este es de los malos. Déjame explicarte cuánto.

La gente que nunca ha visto una pelea suele creer que son como en las películas. Movimientos fluidos y contundentes, andanadas de golpes sin que ninguno de los contendientes los acuse. Una coreografía, vaya. Sin violencia, sin dolor. Me refiero a quienes nunca han visto una pelea de verdad, no a las riñas de patio de colegio o de niñas tirándose de los pelos. Hablo de auténtico dolor. Caos, pánico y adrenalina.

Lo que sí he visto varias veces en telefilmes y se corresponde con la realidad es ese momento en medio de la pelea en que el tiempo parece detenerse. Todo se mueve como si estuviera bajo el agua, incluso uno mismo, y durante ese instante tienes una eternidad para pensar. Es el momento en el que el otro se despista o comete un error, en el que después de tanto tratar de calcular, forcejear, odiar y acojonarte, ves claramente que puedes acabar con la pelea de un sólo golpe. El dilema, cuando ves que se abre ante ti ese instante de iluminación, es qué hacer. Porque esa clase de golpe no hace pupa. Es la clase de golpe tras el que no se siente nada.

Lo que nos lleva a Guillermo y a mí.

Y a la fábrica, claro.

Es curioso cómo funciona la memoria. Cuando pienso en aquella mañana lo primero que acude a mi mente es el olor de los naranjos. Los había por docenas a ambos lados del camino rural por el que deambulábamos Guille y yo. Un intenso olor a azahar de los naranjos en flor. Teníamos doce años e íbamos camino del río a darnos un chapuzón, pues la primavera estaba siendo excepcionalmente seca y calurosa. Charlábamos de cosas intrascendentes, nos empujábamos, hacíamos chistes y mentábamos a nuestras madres a la mínima ocasión (aprovechando que ningún adulto podía oírnos). Cosas de críos, y más de lo mismo cuando llegamos al río; nadamos, hicimos aguadillas, carreras, e incluso nos lanzamos de cabeza en la zona de la poza, un rectángulo de agua color azul ultramar de unos cuatro metros de ancho donde por mucho que te hundieras buceando no encontrabas el fondo.

Al cabo de unas dos horas, agotados, nos echamos junto nuestras cosas a la sombra de los árboles. Adormilados por su aroma comenzamos a fantasear sobre chicas, comentando a quién le había salido qué o había visto cuál. Guille sabía un montón de chistes guarros y yo me desternillaba de la risa. Mi padre siempre decía que para ser hijo de un señorito era un niño llano y majo, y tenía toda la razón.
Cuando calculamos que debía faltar poco para las dos recogimos para ir a casa. Las dos de la tarde era la hora de la comida, y en mi casa todas las comidas eran sagradas. Saltarte una significaba que estabas demasiado bien alimentado y, por lo tanto, que podías pasar muy bien sin el resto de ellas ese día. Para acortar decidimos volver por la carretera vieja, la que pasa por delante de la vieja siderúrgica.

La verdad, la idea de entrar fue mía. Infantil afán aventurero, supongo. El caso es que nos colamos por un roto de la valla y comenzamos a explorar. Éramos dos arqueólogos famosos que buscaban tesoros entre las ruinas de una antigua civilización. Y ruinas es la palabra adecuada para describir el estado de aquel lugar. La mayor parte del techo había cedido, y los escombros se amontonaban en el suelo junto a los restos de la maquinaria y demás parafernalia. El sitio llevaba unos diez años abandonado, y se notaba. Las malas hierbas y los matojos habían infestado el lugar, saliendo aquí y allá en el suelo, e incluso entre las grietas de los muros y los tubos de las máquinas. La basura formaba montones, que habían atraído a las ratas y demás fauna asquerosa.

No reparé en su presencia hasta que Guillermo, que me precedía, se paró en seco y chocamos, tan metido estaba en el juego. Delante nuestro había dos chicos mayores, de unos diecisiete años. Cuando me di la vuelta –puro acto reflejo, todavía no se me había pasado si quiera por la cabeza la idea de huir- vi a otros dos. Uno de ellos era el Chino.

Decir que el Chino era el mayor hijo de puta que ha parido madre es quedarse corto. Gente como él no debería existir, por el simple hecho de que atenta contra las mismas leyes naturales; no son humanos. Pueden parecerlo, sin duda, hablar, moverse e incluso comportarse como tales si quieren, pero no lo son. Basta con mirarles a los ojos cuando los pillas despistados, con la guardia baja, o haciendo alguna maldad. Entonces puedes verlo, ahí, en el fondo, su auténtica naturaleza. Y te mareas.

Poco a poco el alcance de la situación fue cayendo sobre mí como una losa; estábamos solos y muy lejos de donde se suponía que estaríamos, y no nos empezarían a echar en falta hasta dentro de al menos media hora. Durante ese tiempo, más lo que tardaran en dar con nosotros, estábamos a su merced.

-Mira lo que tenemos aquí –dijo socarrón mientras estrechaban el círculo en torno nuestro.- ¡Pero si son los famosos arqueólogos Cuatrojos y Culogordo! –sus amigos prorrumpieron en carcajadas. Lo de cuatrojos iba por mí, pero estaba demasiado asustado para reaccionar. Guillermo no.

-Que te den, maricón –le espetó. Al Chino no le cambió la cara. Eso era exactamente lo que estaba esperando: una excusa. Uno de sus compinches se acercó a mi amigo por detrás y le pateó en la espalda con la planta del pie. Guillermo rodó por el suelo y se le saltaron las lágrimas, entre risas del corro. No me atreví a moverme. Empecé a sudar frío.

-Quédate en el suelo, chaval –ordenó el Chino. Esta vez Guillermo obedeció sin abrir la boca, aunque lo taladraba con la mirada. El Chino se acercó a mí y me rodeó los hombros con uno de sus brazos. Tenía una cicatriz enorme desde el codo hasta la muñeca. Tiró de mí hacia Guille- Tú eres amigo mío. ¿Verdad, mocoso? –me preguntó.

No contesté nada por miedo a recibir un golpe yo también. No me atrevía ni a mirarle. Tenía la vista clavada en Guillermo, que seguía tirado en el suelo con semblante serio. El Chino me zarandeó con el brazo y me repitió la pregunta.

-Porque a los que no son mis amigos les parto el alma –añadió. Así que le dije que sí, que era su amigo- Pues este otro mocoso me ha insultado, compadre –y señaló con el pie a Guillermo, que arrugó el entrecejo- Quiero que le pegues.

-¿Cómo? –por primera vez le miré, y luego a los demás, y tenían la misma expresión sádica y desalmada en el rostro. Guille se removió un poco en el suelo, pero no se levantó.

-Ya me has oído. Venga –me soltó y retrocedió unos pasos para observar. No quería hacerlo. Miré a Guillermo, que desde el suelo negaba quedamente con la cabeza. Me quedé allí quieto, con cara de bobo, sin saber cómo salir de la situación.

-¡Qué lo hagas! –gritó de repente el Chino. El berrido cortó el silencio como una cuchilla y me hizo dar un bote. Asustado, temblando, levanté el pie, lo apoyé sobre la cadera de Guille y empujé un poco. Cuando volví a mirarle a la cara vi en su rostro la expresión de la traición, y descubrí que es más de sorpresa que de dolor. El aspecto de un traicionado es el de quien no sabe muy bien qué está pasando, como si de repente el mundo se hubiera vuelto del revés.

Pero para el Chino no había sido suficiente. Se colocó tras de mí, su aliento caliente en mi nuca, y sentí algo puntiagudo presionarme el final de la espalda por encima de la camisa. No mucho, sólo lo suficiente. No había necesidad de preguntar qué era, bastaba con ver la palidez de Guillermo. Los compinches del Chino se revolvieron inquietos, murmurando. Esa última jugada de su amigo se salía de lo normal. Lo que había empezado siendo una canallada típica de abusadores se había transformado en otra cosa. Ahora nos movíamos en un nivel nuevo, mucho más peligroso.

-Más fuerte –me susurró al oído.

Alcé el pie y lo dejé caer con más fuerza, en el mismo punto de la cadera. Guille torció el gesto y se dobló un poco sobre sí mismo, pero no hizo ruido alguno. Todos contuvimos la respiración, aguardando qué vendría a continuación.

-Más.

El hijoputa pidió más. Tragué saliva, cerré los ojos y golpeé con fuerza, dándole lo que quería con la esperanza de que así nos dejase en paz. Guille gritó y a mí se me humedecieron los ojos. Me sentía como una mierda. El Chino me soltó y ayudó a Guillermo a incorporarse, de un modo asquerosamente amable. Busqué la mirada de mi amigo, pero me rehuía.

-¿Has visto a este tío? –le dijo el Chino refiriéndose a mí. Gesticulaba al hablar, y la navaja iba de acá para allá. Ninguno de los dos la perdía de vista- ¡Te pega cuando estás en el suelo! Eso no es de hombre. Deberías devolvérsela. Yo no te lo voy a impedir –y sonrío, el muy cabrón. Sus amigos se daban codazos entre ellos, divertidos por el nuevo giro que daban las cosas. Por un momento se habían preocupado al ver el cuchillo. Y una vez más, Guillermo demostró ser más hombre que yo. Miró al Chino directamente a los ojos y le dijo que no. Así de simple, en un tono totalmente neutro y llano, de los que no admite réplica.

Eso le costó un navajazo en la cara, tan rápido que apenas pude verlo. Le cruzó la mejilla izquierda en diagonal, de abajo a arriba, desde el comienzo de la mandíbula hasta casi la nariz. El alarido de Guillermo se tuvo que escuchar hasta en el infierno. Cayó de rodillas sujetándose el cachete con ambas manos como si se le fuera a caer. La sangre le chorreaba entre los dedos, goteando al suelo. Era un corte profundo.

Dos de los amigos del Chino se metieron en medio para separarlos, pero el Chino también los amenazó con la navaja. Eran dos contra uno, pero el otro parecía indeciso y el Chino estaba armado. Por un momento pensé que se lanzarían a por él, pero finalmente uno de ellos escupió en el suelo y ambos se largaron echando hostias. El Chino se volvió hacia Guille como si tal cosa y le ayudó de nuevo a levantarse. Mi amigo intentaba controlar el llanto sin éxito, y por ello se convulsionaba e hipaba.

- Tienes otra oportunidad. Si no lo haces, te mato –y lo dijo en el mismo tono que un momento antes había usado Guille.

Sin pensarlo dos veces avanzó y me dio un puñetazo en la cara, con una mueca de rabia e impotencia deformando su ya desfigurado rostro. Fue un golpe bastante duro, directo al pómulo izquierdo, pero no moví ni un músculo para evitarlo. Me aterraba lo que podría ocurrir. El Chino le palmeó el hombro.

-Muy bien, eso es un golpe –dijo, moviendo la cabeza afirmativamente-. Ahora dale otro más, que él te dio dos veces.

Echó el cuerpo hacia atrás inmediatamente y me dio un puñetazo magnífico en plena nariz. Caí como un plomo al suelo, sangrando. Me asusté mucho, no paraba de pensar que me la había roto y me había desgraciado para siempre, aunque en realidad sólo había sido el golpe. Hace falta algo más que el puñetazo de un niño de doce años para romper una nariz. Todavía creo que ahí podía haber quedado la cosa, que el Chino no quería más que obligarnos a darnos un par de hostias para sentirse poderoso y se le fue la mano; pero cuando me fui a levantar Guille me pateó en el estómago sin que nadie le dijera nada. Me hice un ovillo en el suelo por el dolor mientras oía la estruendosa carcajada del Chino. Mis ojos se encontraron con los de Guillermo, y vi algo en ellos que me asustó muchísimo, aunque no fue hasta mucho después que entendí realmente qué era: ira. No hacia sí mismo, ni hacia el Chino, sino hacia mí. Como no podía vengarse del navajero, la había canalizado hacia alguien más asequible. Sus ojos me culpaban de todo lo que estaba pasando.

Sea como fuere, en ese instante descubrí que ya no estaba ante Guillermo, el chico de la vecina, que me regalaba sus dientes de leche para que el Ratoncito Pérez me dejase golosinas porque en mi casa no había dinero para comprarlas. Estaba ante un desconocido que me odiaba. Y sin darme cuenta, en ese momento, le odié yo también. Algo en mi interior se encendió (expresión de sorpresa no es lo único que provoca la traición). Cediendo a la rabia del momento, me revolví y, con una tijereta, lo tiré al suelo. Un par de golpes habían bastado para convertir a dos amigos en enemigos irreconciliables.

Tengo recuerdos borrosos de lo que ocurrió a continuación, imágenes sueltas. Rodamos por el suelo golpeándonos como podíamos, mordiéndonos, arañándonos y tirándonos del pelo como dos crías. Fue bastante patético, pero paulatinamente creció en intensidad hasta convertirse en una verdadera sangría. Recuerdo que en un momento en el que estaba sobre él logré meter dos dedos en el corte de su mejilla y tirar, a lo que contestó abriéndome la cabeza con un escombro, y ni por esas acabó la pelea. El sudor se nos metía en los ojos mezclándose con nuestras lágrimas, saboreábamos el amargor de la sangre en la boca, jadeábamos y gruñíamos como animales, sin articular cadena alguna de fonemas reconocible. No pensábamos ni siquiera en nuestro propio dolor. Nos habíamos convertido en dos animales, dos seres primitivos cuyo único fin existencial era la supervivencia, entendida ésta como la erradicación total del peligro. El Chino ya no existía para nosotros. Era el retorno del instinto primario, la involución más absoluta. Darwin.

Nos separamos y nos pusimos en pie, tanteándonos. Guille no lo pensó y se abalanzó sobre mí con el escombro en la mano, tratando de golpearme. Apenas tuve tiempo de parpadear y ya lo tenía encima. Me agaché en el último segundo, esquivando aquella carga mortal por los pelos.

Ese fue el instante en el que el tiempo se detuvo, como si nos hubiéramos metido en una burbuja sin darnos cuenta. Lo recuerdo como si fuera un sueño, porque puedo ver a la vez a través de mis ojos y también desde fuera cual espectador. Como si nada fuera real. Veo a Guillermo congelado en mitad del golpe, el puño armado apuntando al infinito y una mueca desquiciada en el rostro. Y a mí agachado a sus pies con cara de absoluta concentración, pues ya lo había visto. El golpe. A cámara lenta, puedo ver cómo Guille baja la cabeza hasta mirarme a los ojos, mientras el resto de su cuerpo sigue la inercia del golpe fallido. Su expresión se transfigura de rabia a pánico al comprender, pero yo estoy demasiado ido como para detenerme. Y le pego.

El tiempo volvió a discurrir con normalidad en cuanto estiré las piernas y me alcé como un cohete directo a su cara, hasta oír el primer crujido, que retumbó en mi cráneo. Luego vino otro. Y un tercero, todos ellos muy seguidos, y Guillermo cayó al suelo, sin vida. Tenía la mitad de la nariz dentro de la cabeza y el resto despachurrado entre los ojos como la napia de un cochino. En su camino, el puente de la nariz había tirado del labio superior dejando al aire sus dientes, y también la encía. Con ese aspecto no parecía un niño en absoluto, ni siquiera parecía muy humano. Me derrumbé a su lado, atontado, repentinamente consciente de todo lo que me rodeaba. Lo oía, olía y veía todo –podía ver su cara aunque no mirase. De hecho, durante mucho tiempo bastaba con que cerrase los ojos para que apareciera-, pero todavía no sentía nada, ningún tipo de dolor. Y me gustaría decir que tampoco era consciente de lo que había hecho, pero mentiría. Sabía perfectamente lo que había hecho, igual que sabía que no quería hacerlo e igual que sabía que mis intenciones importaban una mierda. ¿Y sabes qué es lo peor de todo, lo que no me deja dormir por las noches?

No es que lo matase. Es que no me importó.

Mi preocupación no iba más allá del mero instinto de conservación, del miedo a que me pillasen y me llevaran ante la justicia. Ni siquiera se lo podría calificar de remordimiento. Con perfecta frialdad llegué a la conclusión de que no me sentía orgulloso, claro, pero tampoco era para tanto. Y como si ese pensamiento fuera completamente normal y no la cosa más aborrecible que pudiera concebir mente humana, me levanté y me sacudí la basura de la ropa lo mejor que pude. “Ya no llego a comer –pensé mientras lo hacía-. Vaya mierda”.

El último de los compinches, el más alto, se había mandado a mudar, no sé si antes del final o después. Nunca me enteré, ahora que lo pienso. El que sí seguía allí era el Chino, que me miraba con los ojos muy abiertos, como si fuera una aparición demoníaca. Supongo que más o menos era el aspecto que tenía, con la ropa, la cara y las manos llenas de sangre y mierda, la ropa dada de sí y todo sudado. Y mi expresión, claro. Recuerdo que me miró a los ojos antes de hablar pero no pudo sostener mi mirada. Creo que vio algo en ellos, no sé. Parecía mareado. Me dijo que me fuera, que no volviera por allí y que no hablara con nadie. Me amenazó de muerte si lo hacía. No me lo creí, pero de todos modos no iba a contárselo a nadie, por mi propio bien. Después de mirarle muy fijo durante un par de segundos me di la vuelta y salí del edificio sin decir nada. A él no volví a mirarle, si te lo preguntas.

Fuera el calor era más intenso. Me encaré al sol con los ojos cerrados, dejando que la luz me bañara y reconfortase. Desanduve el camino hasta el río y me lavé lo mejor que pude. Luego corrí a casa. Sólo me paré una vez por el camino, para recoger un ramillete de flores de azahar para mi madre -aún así me cayó una paliza al llegar-. Mientras lo hacía, vomité.

Mi padre insistió toda la tarde en que le dijera quién me había causado aquellos moratones –los que no me había hecho él-, hasta que nos enteramos de que una pareja de guardias civiles había pillado al Chino enterrando a Guillermo. Me miró muy serio y me dijo que si alguien me preguntaba por los golpes, dijera que había sido él mismo. No volvimos a hablar del tema. Por supuesto, fui al entierro de Guillermo junto con mi familia. Todo el pueblo estaba allí, acompañando el ataúd blanco en su último viaje. Fue muy bonito. La madre de Guille y la mía lloraban desconsoladas. Mientras, yo me preguntaba una y otra vez –duda que aún me consume- si ser un monstruo consiste en ser malvado o si lo único necesario, lo que te deshumaniza, es carecer de emociones. Al final lograron contagiarme el llanto. Nos abrazamos los tres, cerca de su tumba, y lloramos hasta que no pudimos más. Nunca he soportado ver llorar a una mujer.

Al Chino lo juzgaron y encarcelaron por asesinato en primer grado, con premeditación y alevosía. No volví a verle, creo que murió en la cárcel. Me alegré mucho cuando me enteré del veredicto. Todo ese tiempo había vivido de prestado, pensando que cualquier desconocido que se me acercaba, llamaba por teléfono o tocaba en la puerta quería detenerme. Pero el Chino nunca dijo nada. Supongo que hay quien tiene asumido su destino, o expía los pecados a su manera. Yo necesito otra botella.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Subamos las apuestas, todo legal

Tenía pensado subir el relato con el que gané la última vez, ahora que ya me han pagado (el premio son 600 pavos y me ingresan 492, Hacienda cada vez chupa más... Suponiendo que haya sido sólo Hacienda. Lo cual tampoco me hubiese importado demasiado si no fuera porque debo 600 pavos justos y pensaba liquidarlos con el premio, pero eso es otra historia).

Pues como digo, ese era el plan. Pero resulta que hoy me he levantado con gripe, la grúa se ha llevado mi coche del aparcamiento de la facultad, y cuando he llegado por fin a casa tenía una carta del negociado de becas en la que me informan de que como hace dos años me concedieron una y no me presenté a un tercio de los exámenes (fue el año que me fui de Filología), tengo que devolver los seiscientos y pico euros de la matrícula.

Así que doblo la apuesta, si alguien ha tenido un miércoles peor quiero ver la pasta sobre la mesa, panda-de-gente-a-quienes-un-tuerto-no-ha-mirado...

P.D.- Mi balance de cuentas era de -108 a las doce. Dos horas después ascendía a poco más de -800. Al final me voy a hacer fontanero de los que decían H@n y Dudo...

P.P.D.- Ahora yo pensando, que la buena noticia es que desde las dos de la tarde no ha empeorado. Lo cuál, visto la evolución del mercado durante la mañana, es todo un alivio. Claro que también tuve que echarme después de comer porque no aguantaba la cabeza. Quién sabe lo que hubiera pasado de haber seguido despierto... :S

viernes, 10 de octubre de 2008

Meme de humor-profesional

Como últimamente ando sin tiempo y sin ganas de escribir ni hacer ná de ná (me está saliendo la muela del juicio y me cago en su puta madre) he decidido continuar el meme de humor empezado por Ernie y seguido por Indio.

Y como no me sé chistes relacionados con mi carrera (aparte del hecho de que nadie es capaz de definir qué cojones es), os dejo una anécdota que me ocurrió antes de ayer:

Situación espacio-temporal: interior del aula, espacio entre clases, a punto de comenzar economía laboral. Intérpretes: Har (cinco años en la diplomatura, cinco asignaturas pendientes para terminar) y el Zorrocloco.

Zorrocloco.- Oye, Har, y tus compañeros... los que ya terminaron la carrera, digo, ¿están trabajando?

Har, encogiéndose de hombros.- Algunos sí y otros no.

Zorrocloco.- Ya, claro.

Pausa larga. El Zorrocloco mira las nubes de tormenta desde la ventana. Har parece pensativa. De repente abre mucho los ojos, chasquea la lengua y golpea al Zorrocloco en el hombro:

Har, riendo.- ¡Calla! ¿¿Tú dices de esto?? ¡Jajajajajajajaja, no hombre, de esto no; de otras cosas!

Pausa larga. El Zorrocloco mira fijamente a su compañera con cara de pocos amigos.

Zorrocloco.- ¿Sabes? La próxima vez que te pregunte algo así... tú miénteme, que yo no me ofendo, ¿eh?


Moraleja: me tenía que haber hecho fontanero XD

P.D. a la moraleja: ¡Como Super Mario!

P.P.D. a la moraleja: Tin, tin, tin, tintintintin, tin-tin, tin-tin, tin-tin, tin, tin-tin, tin... ¡Sroup, sroup, sroup! Chunda, chunda, chunda... chunda, chunda, chunda...

P.P.P.D. a la moraleja: Estos antiinflamatorios no antiinflaman, pero me caen bien xD

jueves, 2 de octubre de 2008

Efemérides

Cuentan los antiguos del lugar que un día como el de hoy de hace veintidós años, a eso de las ocho menos algo de la mañana hora del meridiano de Greenwich, nivel de humedad del setenta por ciento y rachas de viento variable nor-noroeste, dicisiete grados celsius a la sombra, que tenga un buen día, su tabaco gracias, vino al mundo un niño con tanto pelo en la cabeza que la enfermera lo depositó en nido peinado con la raya a un lado.

Como respuesta, el niño le propinó a la enfermera una patada en la boca. Luego se cagó encima y le echó la culpa a ella.

Acababa de nacer una leyenda...

domingo, 28 de septiembre de 2008

Diarios de bolsillo

No sé si os habréis enterado, pero el viernes hice cola para presentar la matrícula [voz de fondo: “Algo había oído, sí…”]. Una cola muy larga, de cerca de hora y media. Yo solo. Sin un libro, sin mi mp3, sin nada de nada.

A los diez minutos me subía por las paredes. Cambiaba el peso de una pierna a otra, me estiraba, miraba a mi alrededor rascándome la pelambre del mentón, me ponía de cuclillas y vuelta a empezar (ni siquiera había un muro donde apoyarse). Como siempre que me aburro, llevé la mano al bolsillo de la cartera, para hacer criba de papelotes y demás. Pero me había dejado la cartera en casa. Lo único que llevaba encima eran los papeles de la beca, un boli bic azul, las llaves de casa y del coche, y el móvil. Seguramente McGuiver hubiera hecho una grapadora con todo eso (que tú dices: “¿Y para qué sirve una grapadora en esa situación?”. Pues para echar el rato haciendo manualidades, lissto), pero yo soy aquel niño al que en el colegio mandaron una vez a hacer un pequeño cofre de madera, y cuando levantabas la tapa se caía hacia atrás…

En ese momento me sonó un sms en el móvil, uno de esos de: “Le informamos de que el número tal sigue sin estar disponible”, que te llegan cuando menos los esperas (en mi caso, generalmente de madrugada… ¬¬). Cuando fui a borrarlo, me apareció un mensaje de advertencia del móvil. 95% de la memoria de mensajes llena.

-Pues tampoco tengo nada mejor que hacer –me dije a mí mismo, así que me di a la monótona tarea de borrar mensajes.

Mientras iba seleccionando qué borraba y qué no, me di cuenta de lo que da título al post. Todo este tiempo había ido creando un diario de bolsillo en mi móvil. Peleas, confesiones, listas de la compra, quedadas para salir por ahí, mensajes de felicitación por cosas que había olvidado ya, de compañeros de mi antiguo trabajo, de gente de mi otra carrera. Podía abocetar cómo había ido evolucionando mi vida en los últimos años, partiendo de los primeros mensajes de mi relación con E.; de los primeros de colegueo a otros más cariñosos y cada vez más descarados, hasta llegar a los propios de una pareja, para después de un breve lapso (no llegaba a diez mensajes), comenzar otros más agrios que presagiaban el fin de la relación. Desfiló ante mí la despedida de mis compañeros de filología, mi entrada en Carrefour, los amigos que hice allí, los comienzos en la nueva carrera, mi estrepitosa salida del curro, los aprobados de junio… Remitentes que aparecían varias veces seguidas y luego no volvían a dar señales, según iban saliendo de mi vida y eran reemplazados por nombres nuevos, con nuevas coñas y nuevas historias. Y Anne, por supuesto, pero eso me lo reservo para mí (jojojo).

Dejé de llevar un diario de crío porque me parecía eso, de críos. Empecé el blog porque me pareció una forma de compartir coñas y anécdotas, y de conocer gente, pero no es un verdadero diario. No contiene ni una ínfima parte de la información que contenía la memoria de mi móvil. De hecho, cuando terminé de hacer criba, estuve un rato pensando en lo que podría aprender de mi un desconocido que se encontrara mi teléfono por ahí. Versión siglo XXI de la novela epistolar.

Me pareció una idea muy bonita y romántica en un primer momento, un desconocido que se va metiendo en la historia de mi vida, fantaseando con las partes que no conoce, con las lagunas entre mensajes (quizá algún día escriba una historia con eso), pero se me quitó en seguida. En realidad es algo que da mucho miedo, si os paráis a pensarlo. Casi tanto como perder la cartera. La de putadas que podría hacerte alguien con la memoria de mensajes, la agenda, y mala hostia. A partir de ahora tendré más cuidado con dónde pongo el móvil (que el viernes casi lo pierdo en la playa, por cierto).

Si no sois de esos que borran los mensajes nada más recibirlos seguro que os habéis quedado con ganas de echar un vistazo a vuestra bandeja de entrada (o a la de algún allegado, que nos conocemos XD). ¿Cuánto de vosotros dice vuestro móvil?

Hu-ha!

P.D.- Y eso sin incluir las fotos y los vídeos, que sería para un post aparte XD

P.P.D.- Réstate dos puntos si has llegado hasta aquí sin darte cuenta de que estrenamos cabecera :P

jueves, 25 de septiembre de 2008

Principio de curso

Llevo una semanita que me va a dar un yuyu, y eso que es la primera sólo. Resulta que voy a matricularme de todo segundo año (obviamente, mi intención es sacar la diplomatura en sus tres años correpondientes). Y parte de ese plan entre paréntesis pasa por sacar las dos que me quedaron de primero en el turno de tarde (si me lo conceden, que me han dicho que si estás en un turno no puedes coger clases en el otro, aunque te choquen asignaturas de distintos años. Sólo con eso ya os podéis hacer una idea de la enorme mierda que es mi universidad). Con una no voy a tener problemas, es semestral y es una chorrada. La otra es derecho del trabajo, y me cago en sus muertos. A parte de ser la bestia negra de la carrera, es anual.

¿Lo bueno? El tipo que me toca de tarde (si me lo dan, recordemos), hace una especie de evaluación contínua, lo cual suena a gloria bendita si en el otro lado de la balanza ponemos un libro de novecientas páginas y decimos: "¡hale, a estudiar!". Evidentemente, al ser evaluación contínua, hay que tener una asistencia del 90% a clase, más participación, trabajos y demás. Lo típico.

¿Lo malo? En el segundo semestre tengo una optativa que quiero coger, informática. Y se da por la tarde. Los mismos días que derecho. Con dos cojones. Vosotros me diréis: "pues coge la optativa el año próximo". Pues no. El año próximo en mi carrera sólo hay turno de tarde (con dos cojones, también), y esa asignatura sólo se da de tarde. Y el año pasado sólo podía coger una de entre tres optativas que me daban ellos (ese profesor tiene para un post él sólo. Él y su: "tenemos clase de tres a cinco, pero yo voy a venir a las cuatro porque no me gusta andar con prisas después de comer". Literal). Y ahora vosotros me diréis: "¿realmente es tan importante esa optativa?". Yo respondo: ni idea. Creo que se darán los programas típicos de nóminas y demás, programas que si no sabes manejar no te vas a comer una mierda en la calle, pero claro, también pensaba en bachiller de arte que informática aplicada sería Photoshop, y me pasé un curso escribiendo en Word y haciendo cuentas en Excel. Sería muy sencillo ir al programa de la asignatura y mirar de qué va, pero eso en mi facultad no se estila. No le puedo mandar un email al profesor para preguntarle porque no sé quién es. Los otros profesores tampoco saben y en secretaría no tienen esa información. Según ellos todo está en la web, pero la web NO FUNCIONA. No funcionaba cuando entré el año pasado, y sigue sin funcionar ahora. No tenemos ninguno de los programas, y los profesores no los reparten porque piensan que están en internet. Recordemos que estoy pagando por todo esto, cuidado.

En caso de que cogiera la optativa dejaría de ir a derecho, por lo que tendría que presentarme al examen. Por otro lado, aún tengo la convocatoria de diciembre para sacarme derecho de encima y no tener problemas de optativas ni penes en vinagre, pero yo a esa clase no fui el año pasado, ni hice prácticas ni nada de nada, y creo que ya gasté los milagros que me quedaban en junio.

Es decir. Tengo un curso completo de asignaturas por la mañana, más dos más por la tarde, una de ellas anual, y a la que voy a asistir en plan evaluación continua mientras la estudio por mi cuenta para sacarla en diciembre (y si la saco habré pagado para nada), porque tengo una optativa que no sé si me interesa porque no sé de ella más que el nombre, y que sólo puedo cursar ese semestre en los tres años de carrera.

Y qué quieres que te diga, entrar en la facultad a las ocho y media de la mañana y salir a las cuatro y media cuatro días a la semana no lo veo. Añádele el salir y seguir estudiando por mi cuenta (los fines de semana no serían una opción, finde a finde laboral no lo saco), por lo que tranquilamente entraría a las ocho y media de la mañana y saldría doce horas después, al cerrar la biblioteca. Aparte, ya tengo las fechas de los exámenes de enero, y por lo visto me quedo sin ver a Anne en navidades. Ya lo que me faltaba.

Y sí, al final lograré hablar con el profesor de informática y preguntar, menudo soy yo. Y sí, igual me saco la asignatura en diciembre y me he preocupado para nada, y si no la saco al menos habré tenido un parcial en evaluación contínua y me examinaré sólo del otro (tengo que preguntar al profesor si eso se puede, pero no creo que haya problema). Y... y... y yo que sé, al final me sacaré la carrera y me reiré de esto. [Imagen mental de Niles Crane diciendo: "Esto me recuerda a aquella vez hace unos años en que viajaba en primera clase al lado de una atractiva ejecutiva que me preguntó si quería tener un affaire en las alturas, ¡y yo pensé que se refería a la comida! Ja, ja, ja... Ja. No, sigue sin hacerme gracia..."]

Pero ahora mismo estoy cansado, estresado y acelerado. Y sólo llevo cuatro días de clases.

P.D.- Y mañana, que no tengo clase, aprovecharé para ir a la facultad a hacer cola desde las seis y media de la mañana hasta las nueve que abren secretaría (abren de nueve a una por las mañanas y punto en boca. Y ayer cuando llegué a clase a las siete y media había sin exagerar una cola de unas setenta personas esperando) para poder entregar la matrícula sin perder clase. Porque allí se estila así. Nada de citas y demás como en la uni de Anne. Allí vas y coges número. Y si se acaba el rollo de números se deja de atender. De paso preguntar por mi número de alumno, imprescindible para usar servicios de la universidad como la biblioteca o las actividades deportivas y tan secreto que ni yo lo sé (tenía la ingenua idea de apuntar a ajedrez o tenis de mesa este año para echar las tardes y cogerme unas risas. Ja, ja... ja).

P.P.D.- ¿Es sólo mi universidad la que es así, o es algo general? Porque de verdad, me dan ganas de coger un martillo pilón y terminar de tirarla abajo...

P.P.P.D.- Acaba de llegar mi madre a decirme que esta noche no espere dormir, que van a montar un concierto de pachanga en la plaza de al lado de casa. Matadme si os queda pizca de piedad... ;______;