miércoles, 25 de julio de 2007

La de los puntos

Ubicación espacio-temporal: secretaría de la facultad de Filología Inglesa.

Portero.- Aquí tienes el resguardo del traslado de matrícula.

Zorrocloco.- ¿Tiene la tarjetita Carrefour?

Portero.- ¿Qué?

Zorrocloco.- Ehm... Nada, nada. Gracias.

Trabajo demasiado.

domingo, 22 de julio de 2007

¿Jose? ¡Jose!

Escribiendo el otro día lo del parking recordé otra situación surrealista que también ocurrió en el coche de una cajera, una de las chicas que entraron conmigo pero que no superó el mes de prueba (sospecho que por los piercings faciales y el tatuaje de la pierna más que por un rendimiento insatisfactorio, pero eso es harina de otro costal).

Esto ocurrió la noche de San Juan, en el atasco que se forma todos los años en la autovía que va a San Andrés. Al volante la Tatu, la Chula como copiloto, y Jan y yo detrás improvisando unos sándwiches de chorizo y queso con el pan y la chacina que compramos en el curro antes de salir.

La situación ya era surrealista de por sí, pues el Twingo de la Tatu estaba más caliente que un alemán al sol a las cuatro de la tarde, y tenía que parar el motor cada vez que nos deteníamos. Teniendo en cuenta que estábamos en un atasco, arrancaba y paraba el motor tres veces por minuto, más o menos. No sé mucho de coches, pero pa mí que eso es contraproducente…

El caso es que en una de estas se nos para un furgón de la Unipol al lado, a la izquierda (por cierto, ¿son cosas mías o el logo de la Unipol está basado en el de los Thundercats? A ver si pillo en Google ambos y los cuelgo para que opinéis. Yo es que tiendo a verle parecidos a todo). Me da por mirar, y veo que el que está conduciendo es mi vecino.

-El que está conduciendo es mi vecino –comento.

-¿Qué?

Yo soy así. No importa que llevemos un rato callados y nadie esté mirando el furgón. En mi mente mi frase tiene perfecto sentido y viene muy a cuento (de mis pensamientos).

-Que el que está conduciendo el furgón de la Unipol es mi vecino.

-¡No jodas! ¿Y cómo se llama?

-José, ¿por?

A modo de respuesta, Tatu baja la ventanilla y comienza a gritar.

-¡Oyeeeeeee! ¿Tú te llamas Joséeeeee? ¡Aquí está tu vecinooooooo! ¡Oyeeeeeee!

Me quedé como un ciervo ante los faros de un coche. No pude ni reaccionar. Por la ventanilla del copiloto aparece la cabeza de mi vecino, con cara de poker. Tatu me señala, el nota me mira, y yo, que sigo con la misma cara de susto, hago una mueca que se parece un poco a una sonrisa y muevo la patita a modo de saludo. El tipo se me queda mirando un rato, arquea una ceja y vuelve a meter el careto dentro del furgón.

La cara con la que nos quedamos todos fue algo así: o_O A mí jamás, JAMÁS, se me ocurriría gritarle a un furgón de la Unipol. Vamos, es que ni a la policía nacional. Juro que cuando empezó a gritar el nombre del nota, tuve una visión premonitoria de los cuatro apoyados contra el coche con las piernas abiertas, siendo cacheados. Diría que pasé vergüenza ajena, pero mentiría. Lo que pasé fue vergüenza propia. A ver con que cara miro yo a ese hombre cuando me lo vuelva a cruzar. Ahora sólo falta que se entere de que soy yo el que le roba el periódico que le dejan en el buzón los domingos…

jueves, 19 de julio de 2007

Veo, veo

Situación espacio-temporal: sábado, una de la mañana, aparcamientos del Centro Comercial (¡tengo curro nuevo!), interior del coche de Eve.

Intérpretes: Eve, Bunny, Hulka y yo.

-Teníais que haber visto a Hulka el día de San Juan –digo yo riéndome.- Empiezo a cantar: “picaporte, no es que yo me meta ni me importe” [Masculino singular – Rosendo] y salta ella: “¡Eh, yo esa canción la conozco…! Para, pa, pa, pa-pa, parapapa, para, pa, pa… [Éxito house del momento]

Eve, Hulka y yo nos reímos.

-No lo entiendo –dice Bunny con esa voz nasal característica suya. Dan ganas de sonarle la nariz.

Eve, Hulka y yo nos reímos más todavía.

-Dios, tenías que haberme visto, Bunny –comenta Hulka.

-¿Tú me viste? –pregunta la interpelada.

-¿Yo te vi? –pregunta Hulka, que no se acuerda de gran cosa de esa noche.

-¡Ay, Dios! ¿Y dónde? –dice Bunny, visiblemente nerviosa. Algo hizo en San Juan que no quiere que nadie sepa, seguro.

-Te lo está preguntando –interviene Eve.

-¡Yo a ti no te vi! –exclama Bunny sorprendida.

-¡Anda, yo a ti tampoco! -dice Hulka, perpleja.

Ambas parecen repentinamente extrañadas de no haberse visto en San Juan. A mí me comienza a dar “el carcajadote”, que es ese momento de hilaridad en el que ya no eres dueño de tus cuerdas vocales y lo mismo te sale una risa gutural que el pitido de una tetera.

-¿Qué pasa? No lo entiendo –vuelve a decir la brillante mente de Bunny.

Por un momento pienso que me va a dar algo. Encima mi risa es contagiosa, y Eve tiene que parar el coche para no pegársela contra la puerta del parking. Y así todos los días. Yo no sé si es que las buscan así o qué, pero macho, vaya compañeras más raras de curro tengo. Claro que yo tampoco me quedo atrás, y mis despistes comienzan a ser legendarios. El otro día, sin ir más lejos, casi pierdo el medio millón de pesetas que hice durante la tarde :S

Lo gracioso es que ni siquiera me echaron la bronca. En serio. Le puse ojitos de cordero ™ a mi jefa y se le pasó.

-A la próxima, te chillo –me dijo, eso sí.

Es lo que tiene tener cara de “buen chico” (también ™). Para ligar, te comes lo que viene siendo una mierda, pero si pierdes medio kilo, pues tampoco pasa nada. Digo yo que una cosa compensa la otra. Al menos a mí me sale a cuenta, con lo despistado que soy.