domingo, 28 de enero de 2007

Soy lo que como

Pues estaba hablando el otro con Pelusa tras el examen de Estudios Comparados sobre cocina. A la chica le encanta preparar platos (y certifico que es una crack. Llevó a la chuletada de filología una tarta de melocotón casera para chuparse los dedos. Dos veces repetí, y porque los egoistas del resto de mis compañeros se empeñaron en comerse un trozo cada uno), y yo me divierto viendo la cara que pone cuando le digo cosas como que no sabía que los tomates se molieran para hacer salsa, que yo pensaba que se exprimían XD

Para desconsolarme, ella hace lista y repaso de todas las exquisiteces que ha comido durante la semana, o las que piensa preparar, y es como escuchar el planning de un programa de Arguiñano. Cuando terminó hice yo lo propio.

- Pues esta mañana desayuné galletas del Príncipe de chocolate con leche, el desayuno de los campeones. Y anoche cené pizza de jamón y queso. Ayer al mediodía comí lomo, y desayuné galletas de chocolate, también. El día anterior... Pizza para cenar... Tortilla para almorzar... Y galletas en el desayuno...

El tanteo final arroja a la luz la cruda realidad: en los últimos siete días, he cenado seis veces pizza (no siempre del mismo tipo, que conste), y he desayunado todos los días galletas de chocolate con leche. Pelusa ya no se reía, sino que me miraba con pena. Y no sé por qué... Si soy lo que como, no debe haber nadie en el planeta a quien no le guste.

[Disclaimer: Nah, ahora en serio, la alimentación es un tema muy ídem. Así que a comer bien a partir de ahora. O al menos intentar no comer tan mal, por Diox.]



jueves, 25 de enero de 2007

¡Qué vivan la rubias! ¡R! ¡U! ¡H! ¡V! U! ¡S! ¡RUBIAAAAS!

No sé qué gilipollez dije, que la Flaquita (aunque ella prefiere que la llame Gomerilla yo paso, me parece más insultante, qué quieres que te diga) me contestó:

- No lo he entendido, pero me voy a reír de todos modos, ¡jajajajaja! [Nota: se reía con ganas.]

Así que me metí con ella.

- Joder, yo pensaba que lo de que eras boba y te quedabas pescando en tu mundo de ponys y castillos era una pose pa' despistar... Veo que me equivoqué.

Y pensaréis: "Fuerte hijoputa, el Zorrocloco". Pero es que la conversación sigue.

- Es que las rubias siempre hemos sido tontas -replica, toda convencida.

- Niña, tú no eres rubia.

- Pero me voy a teñir el pelo de naranja. ¿Te he enseñados las fotos que me saqué cuando lo tuve de color naranja? ¿Y morado?

Y me dice esas cosas y se queda tan pancha, sin ponerse colorada ni nada. En el fondo la envidio, fíjate tú.

martes, 23 de enero de 2007

Radicalismo lector

Hoy me ha pasado una cosa simpática. Soy una de esas personas que leen porque sí, ya tú ves, porque les da por ahí la venada. Pero no sólo eso, lo hago habitualmente. Casi compulsivamente. Hace más de un año que me habitué a visitar regularmente la Casa de la Cultura de S/C (c\ Comodoro Rolin, nº 1), y cada vez que llevo los libros leídos, saco otros tantos. Como no me gusta tener que estar yendo todos los días, y sí tener algo que a lo que echarle un ojo en cualquier momento, suelo llevarme los cinco libros que se me permite sacar como máximo. Así es casi imposible no acertar con alguno.

El caso es que cuando he ido hoy me he encontrado con la amarga sorpresa de que estoy penalizado. Un cómic que saqué hace tiempo (Fábulas en el exilio: la marcha de los soldados de madera) se ha debido camuflar con el resto de mis colorines y se ha pasado de fecha. Como no me puedo llevar nada, pensé, tampoco tiene mucho sentido que me ponga a revolver las estanterías. Sin embargo no me quería ir, así que me agencié un par de libros de relatos que me llamaron la atención, y me fui a los sillones a leer.

Los sillones son seis sillas como de hospital, pero de chapa de madera y asiento de color azul situadas al lado del mostrador, por lo que cuando no viene alguien a preguntar algo, es una de las bibliotecarias la que habla a otra, o si no es alguien que deja caer los libros sobre el mostrador sin piedad ninguna, o el trasto ese que ponen en las tiendas de ropa pita porque alguien ha pasado muy cerca con un libro... Que no se puede leer, vaya. Y además, las sillas esas son incómodas de cojones, al cuarto de hora no sabía cómo ponerme. Así que, ni corto ni perezoso, me he ido a la parte de libros de consulta (IOW: lo que no son novelas). Esa parte está mucho menos transitada y no está rodeada de mesas de estudio. Eso mola. Además, está más caldeada, lo que me venía de miedo porque había ido en moto y no acababa de entrar en calor. He buscado una pared que parecía cómoda y allí que me he sentado en el suelo, entre dos estanterías, bien apoyadito, donde no molestaba a nadie.


Qué paz, qué tranquilidad... Parecía talmente que hubiera o hubiese entrado en una burbuja. Y el relato no estaba mal. Un poco pesado, quizá. Al cabo oigo un taconeo, y la figura de una de las bibliotecarias pasa fugazmente ante mí pasillo. Me ha visto. Oigo un titubeo en sus tacones, y se mete en el pasillo de al lado. Hace como que busca algo en la estantería. Supongo que me espía a través de los libros. Sonrio. Estoy sentado contra la pared sobre mi pierna izquierda, con la derecha estirada, leyendo un libro. Mi mochila está a mi lado. Quizá le parece que estoy haciendo algo raro... La oigo moverse otra vez. Pasa delante del pasillo de nuevo, se mete en el otro de al lado, el que queda a mi derecha, y se queda quieta. Yo ya empiezo a pensar que igual me llama la atención por estar allí sentado leyendo. Pasa de nuevo por delante mío. La oigo ir hasta el final de la sala y vuelve. Por lo que (no) oigo, debemos estar ella y yo nada más. Va y vuelve otra vez. Yo me debato entre la sonrisa y el mosqueo, y como me diga algo no sé cómo reaccionaré, si me lo tomaré a guasa o en plan borde "qué-te-pasa-si-no-molesto-a-nadie". En mi imaginación es el segurita de la puerta el que viene a echarme, tras haberle roto los esquemas a la cuadriculada bibliotecaria con mi rebelde actitud de lector taciturno. Otra sonrisa. Esto es material de historia corta, no sólo de post, me digo.

Parece ser que la bibliotecaria al final pasa de mí. Qué bien, pero ya no me puedo concentrar, ahora estoy esperando que aparezca alguien más para ver cómo reacciona. Y mi deseo se cumple inmediatamente. Oigo a dos chiquillas de mi edad acercarse cuchicheando y riéndose por lo bajini. Argh, son dos quinquis (jenis, ruinas, bajunas... como las llaméis en vuestro pueblo). Pasan por delante mi pasillo. Me ven. Se callan. Se esconden tras la estantería. Asoman la cabeza para mirarme. Se ríen por lo bajo. Alzo la vista. Se esconden. Se ríen, cuchichean. Repiten la operación a la inversa, y luego se dan el piro.

Bueeeeno, por dónde iba... "Odio a todas las razas, incluida la mía...". Vale, seguimos, que esto se pone interesante. Espera, más pasos, y las risas de antes. Esta vez las chicas no vienen solas, sino con la bibliotecaria. Juas, juas. Pero se quedan en el pasillo de al lado, qué pena. Oigo la típica conversación bibliotecario-usuario: "¿Seguro que habéis buscado bien?". "Seguro, seguro". "¿En serio?". "Se lo juro, no está". "¿Y esto que es?". Me solidarizo con las quinquis, aunque sean quinquis. Quien nunca haya notado cómo se le ponen las orejas coloradas cuando la bibliotecaria agita ante sus narices el tomo que había dado por quimérico tras media hora de búsqueda infructuosa, que casualmente es el más grande y vistoso de todos, que tire la primera piedra. Se van todas de nuevo. Yo intento volver a leer. Pero las pibas vuelven. Erre que erre.

Pasan por mi pasillo. Un pasillo más, otro... y oigo un culo dar contra el suelo. Y un susurro: "Si el colega puede...". Miro por entre los libros y veo a una chica morena sentada que me sonríe y me agita la patita a modo de saludo al estilo quinqui. Agh, que poco me gustan las quinquis. Sin embargo, me hace gracia que hayan seguido mi ejemplo, me hace sentir como un exaltador, algún tipo de subversor pacífico. "Todo comenzó en el pasillo de una biblioteca...". Devuelvo la sonrisa (son quinquis-risitas, mejor caerles bien) pero me pongo colorado (no lo puedo evitar, soy demasiado blanco). Lo que me faltaba. Meto la nariz en el libro mientras las oigo cuchichear sobre no sé qué trabajo. Y venga a reírse. Oigo cómo una le dice a la otra que se va descalzar (...), y cómo se quita más cosas -joyas, creo, no os emocionéis.- hasta que la amiga le dice que ya puestos, que se saque el tanga también. Y venga a reírse, porque ahora tienen público pa' sus... ¿bastadas? ¿Comentarios zafios y de mal gusto? Elegid vosotros, que hoy no doy yo son los sinónimos... ¡Bromas chuscas! Bromas chuscas mola, aunque no suene nada canario. Pues eso: "
Y venga a reírse, porque ahora tienen público pa' sus bromas chuscas..."

El caso es que ya me han jodido el relato (que tampoco era tan bueno, por otro lado). Me siento incómodo allí sentado por vez primera. Se me ha dormido la pierna izquierda. Por fin termino el cuento (saltando párrafos enteros) como me había prometido, así que me piro; sin poder evitar, eso sí, que las quinquis comenten la jugada y se rían. Podrán haber ganado esta batalla, pero a la larga la victoria será mía. Y digo a la larga porque cuando las boten del instituto no volverán a pisar la Casa de Cultura en la puta vida, mientras que yo seguiré rondando por los pasillos como si fuera el Fantasma de los libros. Y dispondré de mi pasillo, cómodo y calentito:D

Ahhh..., aún recuerdo esos tiempos en que fui un revolucionario...

P.D.- Las quinquis-risitas son una variante de las pijas-risitas; una variante quinqui (como su propio nombre indica). Son esas tías (porque generalmente van en grupo. Su unidad mínima es la pareja-clon, de la que ya hablaré otro día) quienes, les digas lo que los digas, o te digan lo que te digan, se van a reír de ti. Y cuando lo hacen con motivo, jode; pero cuando de lo que se ríen no tiene sentido, o es tan tonto que te deja sin palabras (risas redobladas, entonces), te dan ganas de sacrificarlas por el bien de la especie, porque esos genes no pueden ser buenos. Iba a poner algunos ejemplos de la vida real, pero creo que todos sabemos a lo que me refiero. Como contendientes dialécticos no tienen rival, entre otras cosas porque no se puede razonar con ellas. Bueno, qué coño, sí que voy a poner un ejemplo:

Situación espacio-temporal: hace unos años, en la esquina de mi calle. Quinqui-risitas estándar, con pinta de estar pasándolo mal, se acerca al Zorrocloco y se da la vuelta. Señala su top, que se cierra por la espalda con una cremallera a medio subir.

Quinqui-risitas.- Oye, perdona, ¿me puedes ayudar con la cremallera, que está atascada y no sube?

Zorrocloco.- Claro, mujer.

Quinqui-risitas, girándose mientras me señala con un dedo, dando saltos en el sitio y partida el culo.- ¡Jajajajajajajaaja! ¡Qué basto! ¡Jajajajajajaja!

Miro a mi alrededor y veo otra quinqui un par de metros más allá, también partida ante lo ingenioso de la broma (??). La cara de gilipollas aún me dura cuando me acuerdo.

lunes, 22 de enero de 2007

De zorras y demás fauna silvestre (I)

Bueeeeeno, recapitulemos. Tras perderme ayer otra sesión de escalada, esta vez en compañía del campeón de Francia (damn it!), y de comerme una caja entera de galletas Mimo rellenas de chocolate (las de nata son popó), tres paquetes de Príncipe de Beuckelaer de crema de chocolate, beberme dos litros de Clipper de fresa y angustiarme en general por no ser capaz de estudiar para el examen ni preparar la presentación que tenía marcados para hoy, he de decir que vuelvo a ser persona otra vez.

Porque este fin de semana he sido una sombra de mí mismo (una sombra que se ha dedicado a entullarse de chocolate y bebidas azucaradas para evitar la bajona, que eso te lo puedo decir yo sin haber visto "Soy lo que como" o "Eres lo que jalas" o como-se-llame
), pululando por los rincones y con el estómago encogido ante la perspectiva de exponer en clase. Pero algo exagerado, ¿eh? Que no tenía tanto cangelo desde aquella vez que me fui a tirar del trampolín del rompeolas de las Teresitas. Y sí, ya sé que eso está a medio metro sobre el agua, ¿pero qué quieres si tengo vértigo?

Y lo más curioso es que no conseguía dilucidar el por qué de tanta mariconada. Quiero decir, no conozco a nadie a quien no le ponga un poco nervioso hablar en público, pero yo nunca he sido de esa gente que se va por la patilla. Supongo que se debería a la poca confianza que tengo a la hora de hablar en inglés, en gran parte debida a experiencias como las del otro día en Literatura Inglesa (¿quién paga un psicoanalista pudiendo tener un blog gratis?).

Estábamos en clase cinco personas; la profesora (¿tú sabes la típica profesora de aspecto anodino, pero que nada más verla piensas: "fuerte zooorra..."? Pues esa.), y los cuatro de mi grupo: la Danesa, Pippy, Red y yo. El espectáculo consistía en que hiciéramos una exposición de prueba, antes de dar la clase del día siguiente (porque no te lo pierdas, las clases las damos nosotros. Nosotros buscamos la información, nosotros la preparamos y nosotros palicamos. La única diferencia entonces entre nosotros y ella es que nosotros pagamos por hacer su trabajo, y ella cobra por criticarnos.). El caso es que yo no me lo sabía de memoria. Tenía allí los folios para leerle mi parte y punto, que aún quedaba una semana para memorizarla y no es cuestión de aprendértelo antes de tiempo y que luego se te olvide.

Empieza Pippy con la exposición, con su inglés fluido y correcto de la muerte y la tiparraca no dice ni mu. Termina Pippy y empieza la Danesa (una erasmus que es danesa, como su propio nombre indica) y esa sí que habla bien, la hija de puta. Uno la oye y se pregunta de que parte de EEUU es. Menos mal que en clase hay otra del mismo sitio que habla con acento nórdico para compensar, que si no no sabría uno dónde meterse. La tía se explaya de lo lindo y yo desconecto hasta que me toca.

Zorrocloco.- Do you mind if a read it? 'Cause I haven't memorized it yet... [¿Le importa si leo? Porque no me lo sé de memoria todavía.]

Puta (por ponerle un nombre, más que nada), enarcando una ceja.- Of course I mind, but if you haven't prepared it... [Claro que me importa, pero si no te lo has preparado...]

Leo la primera línea.

Puta.- Read it louder, please. [Más alto, tú.]

La miro. Esta a un metro escaso de mí. Debe ser la edad. Empiezo otra vez.

Puta.- Slower, please. [Más despacio.]

La miro. Cojo aire. Empezamos de nuevo. No he terminado la primera frase cuando me interrumpe de nuevo.

Puta.- Try to vocalize. [Esto creo que no necesita traducción, pero viene siendo algo así: Puto gangoso.]

Mi orgullo por los suelos. A partir de ahí leo paalaabraa pooor paalaabraa, como si tuviera cinco años. La arpía me interrumpe cada dos por tres, me hace volver atrás y adelante, preguntas para las que no tengo respuesta... Lo que más me jode es que el trabajo sí que me lo he preparado. Me he tirado horas en la biblio buscando información sobre los Cavalier Poets, sobre quienes por cierto no hay ni un puto libro en todo el fondo bibliográfico de la Universidad de La Laguna (y eso que son un tema aparte en el temario de la asignatura. Asignatura troncal, para más inri), por lo que tuve que rescatar parrafillos y frases sueltas de más de una docena de antologías de la época. He navegado por internet horas también quemando los enlaces de Google, y no ha servido para casi nada. Y va y me dice la tía que tengo mucha paja y mucho dato biográfico que no viene a cuento. ¡Si es que no hay otra cosa! Y no vendrá a cuento si no quieres, ¡pero a mí bien que me lo hacían estudiar el año pasado!

Total, que llegó un momento en que muy serio recogí mis hojas y le dije (en castellano) que no tenía respuesta para esa última pregunta, ni para las demás, y que era una lástima perder así mi tiempo, el de mis compañeros y el suyo. Obviamente me cayó una charla como una casa, en español también, pero pude capear el temporal. Soy especialista en hacerme la víctima con dignidad, y mi interlocutor indefectiblemente acaba pensando que se ha pasado tres pueblos.

- Así que espero tu email mañana con el trabajo corregido -dijo al final en resumen. Luego sonrió.- Y si no, ni te presentes al examen, que no lo vas a aprobar.

Bueno, quizá no se me da tan bien lo de hacerme la víctima. ¿Veis por qué la llamo Puta?

Luego le tocó el turno a Red, que desde el primer momento dijo que se lo había preparado como yo, pero que a él no le importaba porque iba a dejar la carrera y sólo hacía esto por no dejarnos colgados. Con dos cojones.

Danesa.- I didn't understand it... But it just didn't sound good... [No lo pillé, pero me huele a mierda.]

Me dio un poco de pena. Ella y Pippy. En fin. ¿Conclusión? Red, que no lo tenía demasiado claro hasta entonces, deja la carrera. Yo dejo la asignatura para verano, a ver qué pasa. Pippy se mosquea como una china pero intenta que no se le note, y yo hago como que no me doy cuenta de que me fulmina con la mirada y pone morritos. La Danesa creo que se cabrea también, y con razón, pero no lo tengo claro porque no hablo con ella. Nunca me cayó muy bien.

Ah, que sepáis que no hacer nuestra parte a ellas no les afecto en la nota, faltaría más. De haber sido así, sí que hubiera ido, aunque fuera a hacer el ridículo.

Y desde eso, como que la idea de hablar en público en inglés me traba sobremanera. Putas (/os) como esa truncan carreras y resquebrajan egos. Espero al menos que tenga una vejez cruel y desoladora, y que la muerte se la lleve de manera lenta y dolorosa, eso sí, conservando la cordura hasta el fin de sus días. Me vale sólo con la cordura, no tiene por qué poder moverse ni controlar sus esfínteres.

De resto no me cae mal.

P.D.-
Para rematar, cuando me iba, me chistó la tipa para preguntarme si iba a continuar en la carrera o también me iba.

Zorrocloco.- Bueno... Voy a hacer el ciclo de periodismo el año próximo, así que técnicamente sí, dejo la carrera. Pero necesito tener este año aprobado completo (lo dejo caer por si acaso).

Puta.- ¿A periodismo? ¿Aquí?

Zorrocloco.- Sí...

La tía sonríe con chulería y se convulsiona levemente, como quien reprime el principio de una carcajada.

Puta.- Pues buena suerte...

Pero qué zorra.

viernes, 19 de enero de 2007

Telegrammen

Época exámenes. STOP. Agobiado hasta indecible. STOP. Dos suspensos*. STOP. Tomar culo. STOP. STOP.

El Zorrocloco Hastiado.

P.D.- Cuando tenga tiempo postearé algo sobre los sueños, que lleva tiempo rondándome la cabeza. Siempre he tenido curiosidad por el mundo onírico (pero no en plan "dime qué sueñas y te diré con qué miembro de tu familia te gustaría pernoctar con alevosía", viciosos), ni tampoco creo que sean la ventana a otros mundos ni experiencias de otras vidas ni demás mariconadas. Simplemente me gustan las historias, como a todos. Y las de los sueños suelen ser la mar de curiosas. Como decía un profesor mío: "Si alguien te dice que no tiene imaginación, pregúntale si se acuerda de lo que soñó anoche".

*A la mierda lo de sacarme la carrera en un año. Valiente gilipollas el listo que dijo eso... :P

martes, 16 de enero de 2007

Paredes verticales

Hoy, por primera vez en dos días, me he levantado casi sin agujetas. Creo que mis músculos jamás habían sufrido una presión semejante, sobre todo los de las manos. Me dolían músculos que ni sabía que tenía, y ayer no podía abrir y cerrar la mano izquierda con normalidad. A ratos tuve los huevos en la garganta, y a ratos me sentí como un fuera de serie. Y eso que no subí ni cinco metros, pero teníais que haber visto la pared. ¡Qué pared! Tranquilos, no estoy (demasiado) tonto. Es que he ido a escalar. Y, pese a lo que me temía, ha resultado una experiencia de lo más gratificante.

Aquí conviene explicar algo de mí, y es que soy un puto cageta. Siempre digo que quiero hacer cosas, y me entusiasmo pensando en ellas, pero a la hora de la verdad mi palabra se escabulle por la taza como la diarrea que la acompaña. Así que cuando Lennon me dijo el otro día entre garimba y garimba que estaba aprendiendo a escalar, le dije que a mí me encantaría aprender, lo cual fue una mentira como una casa. A mí lo que me gustaría es saber, qué cojones. Eso y no tener miedo a las alturas, claro.

Sin embargo, la llamada sorpresa del domingo me pilló con la guardia baja, y acabé en María Jiménez sin saber muy bien cómo iba a salir de aquello. Como indumentaria llevaba unos tenis de correr, unos pantalones de pijama a rayas (lo juro) y una camiseta blanca. Pero eso no era nada. De haberme visto no hubiérais reparado en esos detalles sin importancia. El verdadero espectáculo estaba en mi cara de gilipollas cuando Lennon me dijo qué pared era la que supuestamente íbamos a subir. Fui levantando la vista por aquella superficie completamente vertical hasta que casi se me desarticuló el cuello, y no se me ocurrió otra cosa que preguntar:

- ¿Por ahí?

- Sí, hombre, claro. Esa es la más sencilla que hay aquí, es un 6A+

- Pero yo pensaba, no sé... Que estarían un poco inclinadas, para que fuera más fácil subir.

Para ser completamente sincero, lo que yo pensaba es que, como era la primera vez, las podría subir a gatas. Aquí el instructor no pensaba lo mismo.

- Anda, engánchate esto y empieza.

- Y una mierda pa' ti. Sube tú primero, que vea yo que las cuerdas resisten.

Y el cabrón subió. Le costó un buen rato, pero subió. Y llegó arriba de milagro, porque al lado nuestro estaban escalando dos puretillas que me iban guiando y sobre todo recordando cómo hay que tirar de la soga (¿se llaman así?) y cómo colocar la mano para que aquello se bloquease. Y encima el capullo de Lennon intentando dinámicos, que para el que no lo sepa (selecto grupo de ignorantes en el que tan pancho me encontraba yo hasta el domingo) consiste en pegar un brinco con la esperanza de asirte a un saliente situado más arriba y al que no se puede llegar de otra forma. Con dos cojones. Y para cojones, los míos, que con tanto saltito y tanto tensar la cuerda para que no se hostiara acabé de puntillas y con los susodichos sobresaliéndome literalmente del arnés, que parecía que en cualquier momento iba a perder el riego sanguíneo en mi más estimada extremidad.

Pero eso no fue nada comparado con cuando me tocó a mí subir. Ahí no tenía los huevos apretados, los tenía por corbata. Qué coño, corbata, las pelotas ya me estaban esperando en lo alto de la pared. Aún así logré vencer mi impulso inicial de decir: "No, no, no, no, no, a casa, llévame a casa, no, no ¿ahí?, ¿ahí?, yo ahí no me subo, que no, que no...". Y por lo menos hice el amago de encaramarme a la pared, cuando uno de los puretas intervino.

- ¿Vas a subir con tenis?

- Sí... Es que no tengo pies de gato (brillante observación por mi parte).

- Ponte los de tu colega.

- Es que él calza un 43 y yo un 45, así que...

- Da igual, hombre, esos te entran. Te tienen que quedar un poco apretados, de hecho. No te pueden quedar sueltos.

Estaba tan contento de tener una excusa para retrasar la escalada que me saqué tenis y calcetines y empecé a pelearme con aquellas miniaturas. Y vaya si entraron, menudo soy yo. Pero parecía un puto halcón, con los dedos todos revirados p'abajo. Talmente como una bailarina, se me marcaba el puente que daba gusto. "Bueno -pensé-, a ver si así me agarro mejor". Por lo menos tenía un aliciente para subir: poder bajar cagando leches y quitarme aquello antes de que necrosaran los tejidos por falta de circulación.

Y allí que me subí, en pijama y con unos pies de gato dos tallas más pequeños, planteándome qué cojones hago con mi vida. Un pie, una mano, el otro pie, la otra mano.... ¿Y ahora?

- Sube el pie izquierdo, al agujero.

- La mano derecha, tienes un saliente un poco más allá.

- Sube la rodilla... La rodilla, súbela.

Y yo, mientras, con los dedos blancos de agarrarme a un fisura de mierda.

- ¡Coño, ¿nos aclaramos o qué?!

Al final mal que bien logré subir unos cinco metros, siendo generosos, antes de que cedieran mis pobres músculos. Y contento como unas castañuelas. No os imagináis lo duro que es subir a pulso por una pared, y sobre todo mantenerse. Porque uno piensa que cuando te cansas, te paras y recuperas el aliento. Una mierda, que aunque te pares te tienes que estar aguantando para no caerte, y estamos en las mismas, pero peor: no sólo te cansas, sino que encima no avanzas (qué bonito, en verso).

Aún así me gustó mucho, la verdad. Pienso repetir, cuando me compre unos pies de gato de mi talla (¡imprescindible!) y, sobre todo, cuando haya hecho algo de ejercicio. Mas, como a mí no me puede salir todo bien, en especial si hay vehículos de por medio, el domingo también pasó algo chungo, aunque podría haber sido muchísimo peor.

Resulta que al irnos Lennon se empeñó en llevar la moto. Insistió e insistió, se definió como un auténtico experto en vehículos de dos ruedas, una mezcla de McGuiver y los Motorratones de Marte; tanto, que acabé convencido de que si le daba un triciclo y un tanque me hacía una burra como la del Motorista Fantasma. Así que le dejé. Se subió. Me subí. Arrancó, tocó el manillar, y dos metros depués estábamos en el suelo, a cuarenta centímetros de un pobre coche aparcado que sucedía de existir en esas coordenadas espacio-temporales tan poco afortunadas. No se me ocurre cómo alguien puede ser tan sumamente gilipollas como para acelerar al mismo tiempo que frena, aunque jamás haya conducido (¿qué pasa, que tampoco ha jugado nunca a un puto juego de coches? ¡Acelerar y frenar, mal! ¡Contraproducente!), y sobre todo, no se me ocurre cómo pudo ser capaz de pegar un acelerón con la Poderosa que la hiciera derrapar con dos personas encima, cuando la moto en llano y con carrerilla no pasa de 60 km/h.

Afortunadamente no le dio al coche, y los daños en la Pode se reducen a que ahora el retrovisor izquierdo ya gira libremente sobre sí mismo cual peonza cuando conduzco (de todos modos tenía que arreglarlo), porque ya me veía jodido como la otra vez con Pucheros.

Moraleja: nadie sabe conducir mi moto. Como si es Dani Pedrosa, me suda el pequeñín. Nadie. Toca. Mi moto. De hecho, creo que me voy a estampar una camiseta y a llevarla siempre en el hueco del asiento: "No, no sabes".

¡Hu-ha!

P.D.- Por lo que sé, las paredes se clasifican por dificultad siguiendo esta nomenclatura: primero, un número comprendido entre el 3 y el 9, siendo tres lo más fácil y nueve la rampa de Humor Amarillo; luego, dentro de cada número, tenemos tres letras (A, B y C), de nuevo de menor a mayor. Y cada letra puede llevar a su vez un signo de suma que indica que es más complicada que su homónima sin este signo. Moraleja número dos: Lennon es un cabrón hijo de puta.


domingo, 7 de enero de 2007

El año más caluroso

Pues sí, amigos. Según dijeron en el telediario el otro día (y como sabemos, todo lo que sale por la tele es la pura verdad), este año en el que incautos entramos será el más caluroso en siglos (más o menos desde tiempos de Isabel la Católica, que entre eso y que no se cambiaba los interiores ni para remojarse el higo, tenía que tener un Ambipur Brisa Marina que tiraba de espaldas...)

Pues ya me están preguntando que si tengo ganas de ir a la playa... Y la respuesta es que no. La persona con la que hablaba (peninsular ella) se sorprendió mucho: "¡Pero si ahí hay playas muy buenas! ¿No?". Bueno, pues sí, serán todo lo bonitas que tú quieras, pero no, gracias. Y es que a pesar de ser canario, soy más blanco que la leche y padezco hiperhidrosis (verbigracia: hipertranspiración), con lo cual, no sólo odio el calor y lo que conlleva, sino que el sol no es precisamente mi mejor amigo.

Envidio esos sitios en los que el sol es sólo un disco templadito, bajo el que te puedes calentar sin agobios, en vez del lanzallamas que tenemos aquí, que parece empeñado en querer despellejarme la nuca o, en su defecto, cualquier cosa que deje al aire; de ahí el por qué no practico nudismo.

Recuerdo que hace un par de años fui a visitar a un amigo a Sanlúcar de Barrameda en el verano, y durante el día no se podía estar en la calle. La actividad de la ciudad empezaba al caer la tarde. Eran unas temperaturas que yo nunca había visto, de treinta y pico grados por lo menos. Un infierno. Recuerdo que decía a todo el mundo "Pues en Canarias tenemos la suerte de tener un clima subtropical... una temperatura agradable la mayor marte del año. Calor, pero no tanto como aquí".

El día que volví a Tenerife aterricé en el aeropuerto del sur. Cuando salí por las puertas el cambio de temperatura casi me noquea. Había por lo menos 28 grados con calima y ráfagas de aire caliente que se te metían hasta el fondillo de los pulmones, y el sol más picón que hayas visto jamás. Miraras donde miraras sólo había desierto. Hasta los aparcamientos estaban vacíos ese día. No había un alma. Era la estampa más desoladora que he visto nunca, como "28 días después" pero en el inframundo. No podía respirar, apenas podía abrir los ojos de la claridad, el calor me envolvía y el sol me machacaba...

Una sola hora bajo aquel solajero hubiera bastado para matarme, lo digo en serio. Ni siquiera a las dos de la tarde del día más caluroso en Sanlúcar vi yo algo así. Pasé los siguientes días con todas las ventanas y persianas de casa cerradas a cal y canto para no dejar entrar el calor, arrastrándome a la ducha para remojarme y asaltando la nevera cada dos por tres, planteándome el vaciarla para meterme dentro. Clima subtropical por mis cojones; clima saharaui.

¿Y este va a ser todavía más caluroso? Pues habrá que prohibir a la gente salir de casa, o morirán como hormigas bajo una lupa... ¡Quiero una cabaña en Canadá ya! A ser posible al pie de una montaña nevada y a poco metros de un lago de aguas cristalinas... Ains...

miércoles, 3 de enero de 2007

Conversaciones de msn

Jan dice: ¡Se me ha cagado el pollo encima!

Zorrocloco piensa: ¿Qué?

Zorrocloco dice: Claro, claro... ¿A quién no le ha pasado eso alguna vez?

Jan dice: A quien no tenga pollitos.


¡Toma coooño...!