domingo, 22 de julio de 2007

¿Jose? ¡Jose!

Escribiendo el otro día lo del parking recordé otra situación surrealista que también ocurrió en el coche de una cajera, una de las chicas que entraron conmigo pero que no superó el mes de prueba (sospecho que por los piercings faciales y el tatuaje de la pierna más que por un rendimiento insatisfactorio, pero eso es harina de otro costal).

Esto ocurrió la noche de San Juan, en el atasco que se forma todos los años en la autovía que va a San Andrés. Al volante la Tatu, la Chula como copiloto, y Jan y yo detrás improvisando unos sándwiches de chorizo y queso con el pan y la chacina que compramos en el curro antes de salir.

La situación ya era surrealista de por sí, pues el Twingo de la Tatu estaba más caliente que un alemán al sol a las cuatro de la tarde, y tenía que parar el motor cada vez que nos deteníamos. Teniendo en cuenta que estábamos en un atasco, arrancaba y paraba el motor tres veces por minuto, más o menos. No sé mucho de coches, pero pa mí que eso es contraproducente…

El caso es que en una de estas se nos para un furgón de la Unipol al lado, a la izquierda (por cierto, ¿son cosas mías o el logo de la Unipol está basado en el de los Thundercats? A ver si pillo en Google ambos y los cuelgo para que opinéis. Yo es que tiendo a verle parecidos a todo). Me da por mirar, y veo que el que está conduciendo es mi vecino.

-El que está conduciendo es mi vecino –comento.

-¿Qué?

Yo soy así. No importa que llevemos un rato callados y nadie esté mirando el furgón. En mi mente mi frase tiene perfecto sentido y viene muy a cuento (de mis pensamientos).

-Que el que está conduciendo el furgón de la Unipol es mi vecino.

-¡No jodas! ¿Y cómo se llama?

-José, ¿por?

A modo de respuesta, Tatu baja la ventanilla y comienza a gritar.

-¡Oyeeeeeee! ¿Tú te llamas Joséeeeee? ¡Aquí está tu vecinooooooo! ¡Oyeeeeeee!

Me quedé como un ciervo ante los faros de un coche. No pude ni reaccionar. Por la ventanilla del copiloto aparece la cabeza de mi vecino, con cara de poker. Tatu me señala, el nota me mira, y yo, que sigo con la misma cara de susto, hago una mueca que se parece un poco a una sonrisa y muevo la patita a modo de saludo. El tipo se me queda mirando un rato, arquea una ceja y vuelve a meter el careto dentro del furgón.

La cara con la que nos quedamos todos fue algo así: o_O A mí jamás, JAMÁS, se me ocurriría gritarle a un furgón de la Unipol. Vamos, es que ni a la policía nacional. Juro que cuando empezó a gritar el nombre del nota, tuve una visión premonitoria de los cuatro apoyados contra el coche con las piernas abiertas, siendo cacheados. Diría que pasé vergüenza ajena, pero mentiría. Lo que pasé fue vergüenza propia. A ver con que cara miro yo a ese hombre cuando me lo vuelva a cruzar. Ahora sólo falta que se entere de que soy yo el que le roba el periódico que le dejan en el buzón los domingos…

3 comentarios:

Cattz dijo...

En mi encuesta personal: dos personas, ante la presencia de la Unipol, se habrían ido en dirección contraria a toda prisa y otras dos habrían ignorado la presencia policial mirando, eso sí, que se mantuviera cierta distancia de seguridad. Pero lo de empezar a berrear no se le ha ocurrido a ninguno XD

El Zorrocloco dijo...

Ya te dije que las cajeras de mi curro no son normales xD

JuanRa Diablo dijo...

"Diría que pasé vergüenza ajena, pero mentiría. Lo que pasé fue vergüenza propia" XDXDXD

Tío, eres un crack contando las cosas. Lo que me he reido...