martes, 23 de enero de 2007

Radicalismo lector

Hoy me ha pasado una cosa simpática. Soy una de esas personas que leen porque sí, ya tú ves, porque les da por ahí la venada. Pero no sólo eso, lo hago habitualmente. Casi compulsivamente. Hace más de un año que me habitué a visitar regularmente la Casa de la Cultura de S/C (c\ Comodoro Rolin, nº 1), y cada vez que llevo los libros leídos, saco otros tantos. Como no me gusta tener que estar yendo todos los días, y sí tener algo que a lo que echarle un ojo en cualquier momento, suelo llevarme los cinco libros que se me permite sacar como máximo. Así es casi imposible no acertar con alguno.

El caso es que cuando he ido hoy me he encontrado con la amarga sorpresa de que estoy penalizado. Un cómic que saqué hace tiempo (Fábulas en el exilio: la marcha de los soldados de madera) se ha debido camuflar con el resto de mis colorines y se ha pasado de fecha. Como no me puedo llevar nada, pensé, tampoco tiene mucho sentido que me ponga a revolver las estanterías. Sin embargo no me quería ir, así que me agencié un par de libros de relatos que me llamaron la atención, y me fui a los sillones a leer.

Los sillones son seis sillas como de hospital, pero de chapa de madera y asiento de color azul situadas al lado del mostrador, por lo que cuando no viene alguien a preguntar algo, es una de las bibliotecarias la que habla a otra, o si no es alguien que deja caer los libros sobre el mostrador sin piedad ninguna, o el trasto ese que ponen en las tiendas de ropa pita porque alguien ha pasado muy cerca con un libro... Que no se puede leer, vaya. Y además, las sillas esas son incómodas de cojones, al cuarto de hora no sabía cómo ponerme. Así que, ni corto ni perezoso, me he ido a la parte de libros de consulta (IOW: lo que no son novelas). Esa parte está mucho menos transitada y no está rodeada de mesas de estudio. Eso mola. Además, está más caldeada, lo que me venía de miedo porque había ido en moto y no acababa de entrar en calor. He buscado una pared que parecía cómoda y allí que me he sentado en el suelo, entre dos estanterías, bien apoyadito, donde no molestaba a nadie.


Qué paz, qué tranquilidad... Parecía talmente que hubiera o hubiese entrado en una burbuja. Y el relato no estaba mal. Un poco pesado, quizá. Al cabo oigo un taconeo, y la figura de una de las bibliotecarias pasa fugazmente ante mí pasillo. Me ha visto. Oigo un titubeo en sus tacones, y se mete en el pasillo de al lado. Hace como que busca algo en la estantería. Supongo que me espía a través de los libros. Sonrio. Estoy sentado contra la pared sobre mi pierna izquierda, con la derecha estirada, leyendo un libro. Mi mochila está a mi lado. Quizá le parece que estoy haciendo algo raro... La oigo moverse otra vez. Pasa delante del pasillo de nuevo, se mete en el otro de al lado, el que queda a mi derecha, y se queda quieta. Yo ya empiezo a pensar que igual me llama la atención por estar allí sentado leyendo. Pasa de nuevo por delante mío. La oigo ir hasta el final de la sala y vuelve. Por lo que (no) oigo, debemos estar ella y yo nada más. Va y vuelve otra vez. Yo me debato entre la sonrisa y el mosqueo, y como me diga algo no sé cómo reaccionaré, si me lo tomaré a guasa o en plan borde "qué-te-pasa-si-no-molesto-a-nadie". En mi imaginación es el segurita de la puerta el que viene a echarme, tras haberle roto los esquemas a la cuadriculada bibliotecaria con mi rebelde actitud de lector taciturno. Otra sonrisa. Esto es material de historia corta, no sólo de post, me digo.

Parece ser que la bibliotecaria al final pasa de mí. Qué bien, pero ya no me puedo concentrar, ahora estoy esperando que aparezca alguien más para ver cómo reacciona. Y mi deseo se cumple inmediatamente. Oigo a dos chiquillas de mi edad acercarse cuchicheando y riéndose por lo bajini. Argh, son dos quinquis (jenis, ruinas, bajunas... como las llaméis en vuestro pueblo). Pasan por delante mi pasillo. Me ven. Se callan. Se esconden tras la estantería. Asoman la cabeza para mirarme. Se ríen por lo bajo. Alzo la vista. Se esconden. Se ríen, cuchichean. Repiten la operación a la inversa, y luego se dan el piro.

Bueeeeno, por dónde iba... "Odio a todas las razas, incluida la mía...". Vale, seguimos, que esto se pone interesante. Espera, más pasos, y las risas de antes. Esta vez las chicas no vienen solas, sino con la bibliotecaria. Juas, juas. Pero se quedan en el pasillo de al lado, qué pena. Oigo la típica conversación bibliotecario-usuario: "¿Seguro que habéis buscado bien?". "Seguro, seguro". "¿En serio?". "Se lo juro, no está". "¿Y esto que es?". Me solidarizo con las quinquis, aunque sean quinquis. Quien nunca haya notado cómo se le ponen las orejas coloradas cuando la bibliotecaria agita ante sus narices el tomo que había dado por quimérico tras media hora de búsqueda infructuosa, que casualmente es el más grande y vistoso de todos, que tire la primera piedra. Se van todas de nuevo. Yo intento volver a leer. Pero las pibas vuelven. Erre que erre.

Pasan por mi pasillo. Un pasillo más, otro... y oigo un culo dar contra el suelo. Y un susurro: "Si el colega puede...". Miro por entre los libros y veo a una chica morena sentada que me sonríe y me agita la patita a modo de saludo al estilo quinqui. Agh, que poco me gustan las quinquis. Sin embargo, me hace gracia que hayan seguido mi ejemplo, me hace sentir como un exaltador, algún tipo de subversor pacífico. "Todo comenzó en el pasillo de una biblioteca...". Devuelvo la sonrisa (son quinquis-risitas, mejor caerles bien) pero me pongo colorado (no lo puedo evitar, soy demasiado blanco). Lo que me faltaba. Meto la nariz en el libro mientras las oigo cuchichear sobre no sé qué trabajo. Y venga a reírse. Oigo cómo una le dice a la otra que se va descalzar (...), y cómo se quita más cosas -joyas, creo, no os emocionéis.- hasta que la amiga le dice que ya puestos, que se saque el tanga también. Y venga a reírse, porque ahora tienen público pa' sus... ¿bastadas? ¿Comentarios zafios y de mal gusto? Elegid vosotros, que hoy no doy yo son los sinónimos... ¡Bromas chuscas! Bromas chuscas mola, aunque no suene nada canario. Pues eso: "
Y venga a reírse, porque ahora tienen público pa' sus bromas chuscas..."

El caso es que ya me han jodido el relato (que tampoco era tan bueno, por otro lado). Me siento incómodo allí sentado por vez primera. Se me ha dormido la pierna izquierda. Por fin termino el cuento (saltando párrafos enteros) como me había prometido, así que me piro; sin poder evitar, eso sí, que las quinquis comenten la jugada y se rían. Podrán haber ganado esta batalla, pero a la larga la victoria será mía. Y digo a la larga porque cuando las boten del instituto no volverán a pisar la Casa de Cultura en la puta vida, mientras que yo seguiré rondando por los pasillos como si fuera el Fantasma de los libros. Y dispondré de mi pasillo, cómodo y calentito:D

Ahhh..., aún recuerdo esos tiempos en que fui un revolucionario...

P.D.- Las quinquis-risitas son una variante de las pijas-risitas; una variante quinqui (como su propio nombre indica). Son esas tías (porque generalmente van en grupo. Su unidad mínima es la pareja-clon, de la que ya hablaré otro día) quienes, les digas lo que los digas, o te digan lo que te digan, se van a reír de ti. Y cuando lo hacen con motivo, jode; pero cuando de lo que se ríen no tiene sentido, o es tan tonto que te deja sin palabras (risas redobladas, entonces), te dan ganas de sacrificarlas por el bien de la especie, porque esos genes no pueden ser buenos. Iba a poner algunos ejemplos de la vida real, pero creo que todos sabemos a lo que me refiero. Como contendientes dialécticos no tienen rival, entre otras cosas porque no se puede razonar con ellas. Bueno, qué coño, sí que voy a poner un ejemplo:

Situación espacio-temporal: hace unos años, en la esquina de mi calle. Quinqui-risitas estándar, con pinta de estar pasándolo mal, se acerca al Zorrocloco y se da la vuelta. Señala su top, que se cierra por la espalda con una cremallera a medio subir.

Quinqui-risitas.- Oye, perdona, ¿me puedes ayudar con la cremallera, que está atascada y no sube?

Zorrocloco.- Claro, mujer.

Quinqui-risitas, girándose mientras me señala con un dedo, dando saltos en el sitio y partida el culo.- ¡Jajajajajajajaaja! ¡Qué basto! ¡Jajajajajajaja!

Miro a mi alrededor y veo otra quinqui un par de metros más allá, también partida ante lo ingenioso de la broma (??). La cara de gilipollas aún me dura cuando me acuerdo.

5 comentarios:

Cattz dijo...

Dame al menos el código postal para no acercarme a las calles con chavalas con el top a medio poner, por favor. Por cierto, ¿tenía la elementa en cuestión barriga? Es que por algún motivo que desconozco se ha puesto de moda enseñar las chichas por encima del pantalón y por debajo de los tops.
Paisana, paisana no soy, aunque lleve aqui desde que naciste, aprendí a hablar en los madriles y ese acento se me quedó XD
Tendrías que meterte en chocoloadictos anónimos, como mi hermano, que se iba a la calle de madrugada en busca de gasolineras para comprar M&Ms ;)

El Zorrocloco dijo...

Ja, lo de que llevas aquí desde que nací me suena a que debería tratarte de usted... pero no soy tan cabrón ;)

Cuestero, hija mí, cuestero. De kinki-landia.

Cattz dijo...

No es culpa mía que nacieras en el ¿86? y te perdieras las delicias de los dibujos animados de Naranjito XD
Y puede tratarme de usted si lo desea, incluso llamarme doña, no sería la primera vez que me lo hacen ;)
Y La Cuesta no está tan mal, conozco zonas por las que no iría sola y no es una de ellas. Pero vamos, medio S/C está tomado por jovencitas como las que describes, vas una tarde al CC Meridiano y tienes desfile continuo :D

El Zorrocloco dijo...

Buena intuición con el año. ¿Naranjito tuvo dibujos? Diox... Traumático tuvo que ser, no quiero pensar en la voz que le pondrían. A lo más que yo llegué fue a los Thundercats y Dragones y mazmorras ^^

Ja, y lo del "Meri" es increíble. El otro día me tocó esperar en taquilla y me quedé absorto viendo la marea de coletas y pendientes de aro pirata moverse a la vez, como un banco de peces... Besugos.

Ey, yo he llegado a oír hablar de La Cuesta como "esos arrabales" xD

peibol dijo...

Igual no es tu entrada más sesuda, pero me encanta cómo la has redactado; pura poesía :D

Un saludo