martes, 16 de enero de 2007

Paredes verticales

Hoy, por primera vez en dos días, me he levantado casi sin agujetas. Creo que mis músculos jamás habían sufrido una presión semejante, sobre todo los de las manos. Me dolían músculos que ni sabía que tenía, y ayer no podía abrir y cerrar la mano izquierda con normalidad. A ratos tuve los huevos en la garganta, y a ratos me sentí como un fuera de serie. Y eso que no subí ni cinco metros, pero teníais que haber visto la pared. ¡Qué pared! Tranquilos, no estoy (demasiado) tonto. Es que he ido a escalar. Y, pese a lo que me temía, ha resultado una experiencia de lo más gratificante.

Aquí conviene explicar algo de mí, y es que soy un puto cageta. Siempre digo que quiero hacer cosas, y me entusiasmo pensando en ellas, pero a la hora de la verdad mi palabra se escabulle por la taza como la diarrea que la acompaña. Así que cuando Lennon me dijo el otro día entre garimba y garimba que estaba aprendiendo a escalar, le dije que a mí me encantaría aprender, lo cual fue una mentira como una casa. A mí lo que me gustaría es saber, qué cojones. Eso y no tener miedo a las alturas, claro.

Sin embargo, la llamada sorpresa del domingo me pilló con la guardia baja, y acabé en María Jiménez sin saber muy bien cómo iba a salir de aquello. Como indumentaria llevaba unos tenis de correr, unos pantalones de pijama a rayas (lo juro) y una camiseta blanca. Pero eso no era nada. De haberme visto no hubiérais reparado en esos detalles sin importancia. El verdadero espectáculo estaba en mi cara de gilipollas cuando Lennon me dijo qué pared era la que supuestamente íbamos a subir. Fui levantando la vista por aquella superficie completamente vertical hasta que casi se me desarticuló el cuello, y no se me ocurrió otra cosa que preguntar:

- ¿Por ahí?

- Sí, hombre, claro. Esa es la más sencilla que hay aquí, es un 6A+

- Pero yo pensaba, no sé... Que estarían un poco inclinadas, para que fuera más fácil subir.

Para ser completamente sincero, lo que yo pensaba es que, como era la primera vez, las podría subir a gatas. Aquí el instructor no pensaba lo mismo.

- Anda, engánchate esto y empieza.

- Y una mierda pa' ti. Sube tú primero, que vea yo que las cuerdas resisten.

Y el cabrón subió. Le costó un buen rato, pero subió. Y llegó arriba de milagro, porque al lado nuestro estaban escalando dos puretillas que me iban guiando y sobre todo recordando cómo hay que tirar de la soga (¿se llaman así?) y cómo colocar la mano para que aquello se bloquease. Y encima el capullo de Lennon intentando dinámicos, que para el que no lo sepa (selecto grupo de ignorantes en el que tan pancho me encontraba yo hasta el domingo) consiste en pegar un brinco con la esperanza de asirte a un saliente situado más arriba y al que no se puede llegar de otra forma. Con dos cojones. Y para cojones, los míos, que con tanto saltito y tanto tensar la cuerda para que no se hostiara acabé de puntillas y con los susodichos sobresaliéndome literalmente del arnés, que parecía que en cualquier momento iba a perder el riego sanguíneo en mi más estimada extremidad.

Pero eso no fue nada comparado con cuando me tocó a mí subir. Ahí no tenía los huevos apretados, los tenía por corbata. Qué coño, corbata, las pelotas ya me estaban esperando en lo alto de la pared. Aún así logré vencer mi impulso inicial de decir: "No, no, no, no, no, a casa, llévame a casa, no, no ¿ahí?, ¿ahí?, yo ahí no me subo, que no, que no...". Y por lo menos hice el amago de encaramarme a la pared, cuando uno de los puretas intervino.

- ¿Vas a subir con tenis?

- Sí... Es que no tengo pies de gato (brillante observación por mi parte).

- Ponte los de tu colega.

- Es que él calza un 43 y yo un 45, así que...

- Da igual, hombre, esos te entran. Te tienen que quedar un poco apretados, de hecho. No te pueden quedar sueltos.

Estaba tan contento de tener una excusa para retrasar la escalada que me saqué tenis y calcetines y empecé a pelearme con aquellas miniaturas. Y vaya si entraron, menudo soy yo. Pero parecía un puto halcón, con los dedos todos revirados p'abajo. Talmente como una bailarina, se me marcaba el puente que daba gusto. "Bueno -pensé-, a ver si así me agarro mejor". Por lo menos tenía un aliciente para subir: poder bajar cagando leches y quitarme aquello antes de que necrosaran los tejidos por falta de circulación.

Y allí que me subí, en pijama y con unos pies de gato dos tallas más pequeños, planteándome qué cojones hago con mi vida. Un pie, una mano, el otro pie, la otra mano.... ¿Y ahora?

- Sube el pie izquierdo, al agujero.

- La mano derecha, tienes un saliente un poco más allá.

- Sube la rodilla... La rodilla, súbela.

Y yo, mientras, con los dedos blancos de agarrarme a un fisura de mierda.

- ¡Coño, ¿nos aclaramos o qué?!

Al final mal que bien logré subir unos cinco metros, siendo generosos, antes de que cedieran mis pobres músculos. Y contento como unas castañuelas. No os imagináis lo duro que es subir a pulso por una pared, y sobre todo mantenerse. Porque uno piensa que cuando te cansas, te paras y recuperas el aliento. Una mierda, que aunque te pares te tienes que estar aguantando para no caerte, y estamos en las mismas, pero peor: no sólo te cansas, sino que encima no avanzas (qué bonito, en verso).

Aún así me gustó mucho, la verdad. Pienso repetir, cuando me compre unos pies de gato de mi talla (¡imprescindible!) y, sobre todo, cuando haya hecho algo de ejercicio. Mas, como a mí no me puede salir todo bien, en especial si hay vehículos de por medio, el domingo también pasó algo chungo, aunque podría haber sido muchísimo peor.

Resulta que al irnos Lennon se empeñó en llevar la moto. Insistió e insistió, se definió como un auténtico experto en vehículos de dos ruedas, una mezcla de McGuiver y los Motorratones de Marte; tanto, que acabé convencido de que si le daba un triciclo y un tanque me hacía una burra como la del Motorista Fantasma. Así que le dejé. Se subió. Me subí. Arrancó, tocó el manillar, y dos metros depués estábamos en el suelo, a cuarenta centímetros de un pobre coche aparcado que sucedía de existir en esas coordenadas espacio-temporales tan poco afortunadas. No se me ocurre cómo alguien puede ser tan sumamente gilipollas como para acelerar al mismo tiempo que frena, aunque jamás haya conducido (¿qué pasa, que tampoco ha jugado nunca a un puto juego de coches? ¡Acelerar y frenar, mal! ¡Contraproducente!), y sobre todo, no se me ocurre cómo pudo ser capaz de pegar un acelerón con la Poderosa que la hiciera derrapar con dos personas encima, cuando la moto en llano y con carrerilla no pasa de 60 km/h.

Afortunadamente no le dio al coche, y los daños en la Pode se reducen a que ahora el retrovisor izquierdo ya gira libremente sobre sí mismo cual peonza cuando conduzco (de todos modos tenía que arreglarlo), porque ya me veía jodido como la otra vez con Pucheros.

Moraleja: nadie sabe conducir mi moto. Como si es Dani Pedrosa, me suda el pequeñín. Nadie. Toca. Mi moto. De hecho, creo que me voy a estampar una camiseta y a llevarla siempre en el hueco del asiento: "No, no sabes".

¡Hu-ha!

P.D.- Por lo que sé, las paredes se clasifican por dificultad siguiendo esta nomenclatura: primero, un número comprendido entre el 3 y el 9, siendo tres lo más fácil y nueve la rampa de Humor Amarillo; luego, dentro de cada número, tenemos tres letras (A, B y C), de nuevo de menor a mayor. Y cada letra puede llevar a su vez un signo de suma que indica que es más complicada que su homónima sin este signo. Moraleja número dos: Lennon es un cabrón hijo de puta.


5 comentarios:

Misaoshi dijo...

Gracias por recordar el link y hacernos reir xD

Felicidades :)

Nimbusaeta dijo...

xDD

Yo fui una vez a escalar con el cole y subí más o menos como tú. Llegó un momento en que no podía subir más. A ver por qué, porque había la misma cantidad de salientes, la única diferencia es que cada vez estaba más arriba. ¿Sería eso? Todavía no me lo explico xD

¿Has vuelto a escalar? :P (ahí, metiendo el dedo en la llaga)

Pecosa dijo...

Como decías que ibas a estar ausente este finde y yo voy a tener demasiado tiempo libre, casi que voy a ir leyendo a ratillos los posts a los que nos remites.

Te comento éste en concreto porqué me ha llamado la atención el tema de la escalada. Yo me hice fan (aunque nunca la he practicado) hace unos años, tras ver la película "Límite Vertical". Luego he visto algún reportaje sobre el deporte(los entrenamientos de los escaladores son super duros, pero la hostia, ¿eh?). Vaya huevos tuviste, yo no hago ni dos metros.

peibol dijo...

¡Qué envidia! Yo también quiero ahcer escalada... pero tengo que fortalecer las piernas antes, que soy muy joven para morir.

JuanRa Diablo dijo...

Qué risa!XD
Pero cagueta dices? Cagueta yo que ni siquiera me habría atrevido a intentarlo!!
Yo soy de esos que ni muerto se subirían al Dragón Khan, ni harían puenting ni paracaidismo. Con decirte que cuando he subido de pie al tiovivo de la feria para acompañar a algún hijo he pensado "Joder, ¿esto no va demasiado deprisa?" XD (en serio)