domingo, 7 de enero de 2007

El año más caluroso

Pues sí, amigos. Según dijeron en el telediario el otro día (y como sabemos, todo lo que sale por la tele es la pura verdad), este año en el que incautos entramos será el más caluroso en siglos (más o menos desde tiempos de Isabel la Católica, que entre eso y que no se cambiaba los interiores ni para remojarse el higo, tenía que tener un Ambipur Brisa Marina que tiraba de espaldas...)

Pues ya me están preguntando que si tengo ganas de ir a la playa... Y la respuesta es que no. La persona con la que hablaba (peninsular ella) se sorprendió mucho: "¡Pero si ahí hay playas muy buenas! ¿No?". Bueno, pues sí, serán todo lo bonitas que tú quieras, pero no, gracias. Y es que a pesar de ser canario, soy más blanco que la leche y padezco hiperhidrosis (verbigracia: hipertranspiración), con lo cual, no sólo odio el calor y lo que conlleva, sino que el sol no es precisamente mi mejor amigo.

Envidio esos sitios en los que el sol es sólo un disco templadito, bajo el que te puedes calentar sin agobios, en vez del lanzallamas que tenemos aquí, que parece empeñado en querer despellejarme la nuca o, en su defecto, cualquier cosa que deje al aire; de ahí el por qué no practico nudismo.

Recuerdo que hace un par de años fui a visitar a un amigo a Sanlúcar de Barrameda en el verano, y durante el día no se podía estar en la calle. La actividad de la ciudad empezaba al caer la tarde. Eran unas temperaturas que yo nunca había visto, de treinta y pico grados por lo menos. Un infierno. Recuerdo que decía a todo el mundo "Pues en Canarias tenemos la suerte de tener un clima subtropical... una temperatura agradable la mayor marte del año. Calor, pero no tanto como aquí".

El día que volví a Tenerife aterricé en el aeropuerto del sur. Cuando salí por las puertas el cambio de temperatura casi me noquea. Había por lo menos 28 grados con calima y ráfagas de aire caliente que se te metían hasta el fondillo de los pulmones, y el sol más picón que hayas visto jamás. Miraras donde miraras sólo había desierto. Hasta los aparcamientos estaban vacíos ese día. No había un alma. Era la estampa más desoladora que he visto nunca, como "28 días después" pero en el inframundo. No podía respirar, apenas podía abrir los ojos de la claridad, el calor me envolvía y el sol me machacaba...

Una sola hora bajo aquel solajero hubiera bastado para matarme, lo digo en serio. Ni siquiera a las dos de la tarde del día más caluroso en Sanlúcar vi yo algo así. Pasé los siguientes días con todas las ventanas y persianas de casa cerradas a cal y canto para no dejar entrar el calor, arrastrándome a la ducha para remojarme y asaltando la nevera cada dos por tres, planteándome el vaciarla para meterme dentro. Clima subtropical por mis cojones; clima saharaui.

¿Y este va a ser todavía más caluroso? Pues habrá que prohibir a la gente salir de casa, o morirán como hormigas bajo una lupa... ¡Quiero una cabaña en Canadá ya! A ser posible al pie de una montaña nevada y a poco metros de un lago de aguas cristalinas... Ains...

3 comentarios:

peibol dijo...

Yo me he metido en la nevera... es grandioso (teniendo que dejar la puerta abierta, obviamente)

El Zorrocloco dijo...

Yo no quepo =/ Bueno, y aunque cupiera, creo que estarla montando y desmontando no me compensa. Me acaloraría más XD

JuanRa Diablo dijo...

Yo también firmo por el cambio: una cabaña en Canada y hasta los topes de nieve afuera. Un fuego encendido, mantas bien gruesas, una despensa bien surtida, buena compañía y un oso hambriento esperando en la puerta, (que tenga más morbillo la cosa, hombre). XD