domingo, 30 de diciembre de 2007

Clases

Para poneros un poco al día de mi carrera como eterno estudiante, os diré que he dejado Filología Inglesa y me he metido en Relaciones Laborales, carrera por donde no aparezco hace casi mes y medio, sin contar vacaciones de navidad. Gran parte de la culpa la tiene el trabajo, pero no vamos a engañarnos, si quisiera sacaría tiempo. Lo curioso es que soy incapaz de ponerme a ello, por mucho que mi trabajo actual me disguste y sepa que la salida para por tener un título. Me da no sé qué meterme en algo tan grande como una diplomatura (mínimo tres años) conociéndome, porque sé que tendré que acabarlo por completo o no tendré nada. E, inconscientemente, siempre he preferido abandonar a fracasar. No queda una tan mal a mi modo de ver si decide abandonar el juego, que si pierde. (Eh, nunca lo había visto de ese modo. Bueno, realmente nunca había pensado en ello. Es curiosa esta forma de pensar mía. Uhm, por lo menos este blog sirve para algo).


Aunque en realidad el problema no es mi manía de abandonar, sino que nunca he sabido a qué quiero dedicarme. Salvo a viajar, claro, y eso no es una profesión sino un sumidero de dinero.


En mi más tierna infancia quería ser abogado o arqueólogo, jamás me llamaron los deportes. De adolescente, dibujante o escritor, y finalmente periodista. Ahora… me conformo con algo que esté más o menos bien pagado y donde mis compañeros de trabajo tengan un coeficiente de inteligencia positivo.


Recuerdo que estando en el colegio me mandaron un día a ver al orientador y este me preguntó que quería ser de mayor. Estaba en la época de escritor, pero incluso en mi fantasía me daba cuenta de que no era lo suficientemente bueno ni de lejos como para ganarme la vida escribiendo, así que le dije que periodista, que era lo que más se acercaba. Me comentó que en La Laguna había que cursar primero dos años de cualquier otra carrera antes de poder meterse en periodismo, porque era de segundo ciclo, así que realmente no importaba qué opción de bachillerato cogiera. Yo dije: “Vale, ¿cuál es la más fácil?”, resumiendo en una sencilla pregunta la forma de ser española desde los tiempos más remotos. Porque no nos engañemos: somos así. No queremos aprender, ¡qué va! Lo que queremos es un título que diga que sabemos, que al fin y al cabo es lo que te piden.


El caso es que un par de meses después de preguntarle a mi orientador cuál era el camino más fácil aterricé en la Escuela de Arte, un bachillerato en el que una de las asignaturas más difíciles de primero era educación física, y porque teníamos que subir una cuesta enorme para llegar a la mierda cancha que teníamos. Jamás me oirás arrepentirme de esa elección. Puede que a nivel académico fuera una mierda, pero recuerdo esos dos años como una de las mejores épocas de mi vida. Ahí hice mis amistades más importantes hasta la fecha, y las más duraderas, aunque cada vez se enfrían más por mucho que uno intente que no ocurra; ahí besé por primera vez a una chica, mi primera novia… Y entre nos, también fue ahí donde perdí la virginidad: concretamente, en los lavabos de chicas del último piso. Sin duda fue una época plagada de experiencias, donde tenía uno ganas de que llegara el día siguiente para reunirse con el grupo.


Y como decía antes, en cuanto al nivel académico… Os pondré un ejemplo. En primer año tuve una asignatura llamada Volumen que, para quienes no lo sepan, y yo no lo sabía hasta casi acabado el primer trimestre, es escultura. ¿Qué por qué no lo llaman así? Alumnos y profesores también nos lo preguntábamos. Al fin y al cabo a la clase de dibujo se la llamaba por su nombre, y no “plasmación gráfica”. Total, que esa clase la daba una señora que llegó el primer día de clase, escribió los objetivos del curso en la pizarra para que los copiáramos y nos dio el título de un libro muy necesario para su clase, caro de cojones y que en la vida usé. El segundo día hicimos todavía menos, porque la tía se había cogido una baja por depresión. Nosotros lo entendimos perfectamente, hay que a la que la falta de trabajo deprime mogollón. En fin. Para que no perdiéramos el trimestre y nos quedáramos rezagados el Ministerio envió a un profesor suplente, el Hombre Invisible. Con él no aprendimos mucho, pero nos dejaba muy a nuestro aire. Eso sí, una semana antes de los finales del primer trimestre la profesora se reincorporó, que al principio ni la conocimos y pensamos que era la madre de alguno, que habían venido a buscarlo. Nos dijo la buena mujer que esperaba que durante aquellos dos meses y medio hubiéramos estudiado para el examen y hecho el trabajo que había dejado marcado antes de irse (?!). Cuando terminó de recoger a los últimos rezagados que seguían partidos de culo en el suelo volvió a repetirlo y vimos que realmente hablaba en serio. Menuda se montó. Protestamos y presionamos como sólo una clase de cuarenta adolescentes granujientos puede hacer, hasta que claudicó y quitó el examen. Y ya por probar seguimos quejándonos a ver si también nos librábamos del trabajo, pero eso ya no coló.


El trabajo consistía, y conste que no me lo invento, en coger unas cajas de cereales, recortarlas y pegarlas dándoles forma de pirámide, y luego pintarlas de manera artística. Artístico no si era, ahora el nivel de del trabajo era clarísimamente el de un bachillerato. A mí me llevó casi quince minutos enteros hacer el trabajo, y eso que contaba con ventaja por ser consumidor de cereales. Sólo la mitad de la clase aprobó. Teniendo en cuenta que todos los trabajos eran la misma mierda y que no nos conocía lo suficiente como para tenernos manía, concluimos que es cierto ese viejo chiste que dice que los profesores no corrigen los exámenes, sino que los botan al aire y aprueban los que caen boca arriba. Moraleja: en vuestros exámenes escribid poco, porque según la Ley de Murphy, única inmutable en el universo, la hoja siempre cae por el lado de la tinta.


Bueno, pues eso fue el primer trimestre. El segundo ya ni os cuento. Llegamos al aula y no había nadie. ¿Adivináis quién estaba de baja? Concluimos que el gremio de profesores, aparte de las bajas típicas por enfermedad, depresión y demás, tienen otra clase de bajas especial llamadas: “Porque sí, porque soy funcionario”. Esta vez no nos mandaron al Hombre Invisible, estaba ocupado en varios centros por toda Canarias, y en su lugar nos mandaron a… un tipo. No era profesor, el mismo nos lo dijo, lo cual nos dejó mucho más tranquilos, pero se ve que se dedicaba a “algo de eso” relacionado con el arte (cuando todo el mundo sabe que el arte no es un profesión. De hecho, en la web de la universidad de La Laguna avisan textualmente a los futuros alumnos de Bellas Artes que no esperen vivir de eso el día de mañana, que yo creo que es el mejor modo de atraer alumnos a la carrera, ¿no? La sinceridad. Y para ser sinceros, creo que la ´nica salida que tiene un artista es convertirse en profesor de arte para la siguiente generación de profesores de arte, un poco como la serpiente que se seguía a sí misma y estaba hasta los huevos de no llegar a ningún lado). El caso es que nos dijo:


-Yo no estoy aquí para suspender a nadie, y tampoco creo que entres meses pueda enseñaros nada sobre diseño –que digo yo que no diría eso en la entrevista de trabajo.- Así que, ¿qué queréis hacer? ¿Letras de NO A LA GUERRA con alambre? ¡Vale! Así me gusta, que seáis participativos.


Nos miramos los unos a los otros. Nadie había dicho nada. Empezábamos a pensar que a los profesores de Volumen los sacaban a todos del mismo sitio, y por “mismo sitio” me refiero a Febles Campos.


No sé si habéis hecho alguna vez letras de No a la guerra tridimensionales usando alambre, porque creo que ni siquiera ha salido en Bricomanía. El asunto consiste en cortar un trozo de alambre, por ejemplo para hacer la ele, doblar un poco la parte de abajo… y ya. No hay más. Total, que hicimos las letras en cinco minutos. El tipo debió de pensar que teníamos algún tipo de problema psicomotriz cuando nos mandó el trabajo o algo, porque si no, no se explica que pensara que aquello nos iba a dar para tres meses, pero se rehizo con rapidez.


-No, no, no, chicos… Tienen que ser tridimensionales.


Supongo que en el Mundo Real™ el alambre es bidimensional, porque si no, no me explico el matiz. Resultó ser que para hacer letras de No a la guerra tridimensionales teníamos que coger las letras ya hechas, cortar más alambre, y retorcérselo alrededor artísticamente (qué gran adjetivo, y qué poco lo uso desde que no estudio allí), y así hasta el infinito. No importa cuantos kilos de alambre hubieras usado, siempre estabas a un rollo más de “lograr el efecto deseado”. La cuarta vez que me dijo eso pensé para mí que si el efecto deseado era tocarnos los cojones ya no había necesidad de más alambre, salvo de espino, para él, y por vía anal. Encima, al trabajar el alambre con las manos desnudas el Betadine se convirtió en una herramienta más de trabajo, que salíamos del aula que parecía que habíamos tenido una pelea con los Thundercats. Pero bueno, al menos pasamos el segundo trimestre tranquilotes (y con notable general, qué te crees), comparado con el tercero. La gracia volvió con nuestra profesora de siempre, que se plantó allí el primer día y nos dijo que como ya habíamos visto las formas geométricas y tridimensionales era hora de que pasáramos a la escultura propiamente dicha. Íbamos a hacer una escultura de una cabeza en barro de la que posteriormente sacaríamos un molde en escayola para realizar cabezas en serie. Agárreme de aquí, profesora. Ni nos molestamos en protestar pensando que al día siguiente no iba a aparecer. Pero cuando la hijaputa hizo acto de presencia al día siguiente y todos los demás de la semana empezamos a preocuparnos, y cuando a finales de mes nos acorralaba por los pasillos a ver por qué no habíamos comprado aún los materiales, nos cagamos vivos. La clase se convirtió en un puto hervidero. La gente no tenía ni idea de cómo modelar el barro, las chicas se quejaban de que era marrón y manchaba, los chicos se la pasaban mojándose con los sprays para humedecer la masa, y, en medio de todo, la profesora en su mesa leyendo un libro. Cuando alguno de nosotros se acercaba a la mesa para pedirle ayuda, nos respondía (y esto también es verídico) que lo sentía, pero que con tantos alumnos como tenía, al dividir el tiempo de clase por alumno en partes iguales, sólo podía dedicar a cada uno cosa de un minuto. Así Dios la haya premiado con almorranas del tamaño de capones bien cebados.


Del trabajo, decir que en mi caso me tocó modelar la cabeza de una virgen, y que, después de tanto tiempo como estuve con ella ya me daba la impresión de que me lanzaba besos volados. Tras unas últimas semanas de trabajo frenético, mal que bien un tercio de la clase consiguió terminar. Lamentablemente, la profesora había vuelto a recaer, pero consideró justo premiar nuestra entrega y sacrificio con un aprobado general.


Menos mal que situaciones como esta son como las golondrinas del poema, que ya no volverán.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Revistas

Buenos días. Hoy empiezo fuerte, que tengo poco tiempo. Estaba cagando anoche –no sé si os ha pasado, una de estas noches que cenas algo que te sienta mal y luego te pasas toda la noche de la cama al retrete, donde te sientas a cagar en modo automático mientras das cabezadas, intentando no perder el equilibrio para no ponerlo todo perdido de ti mismo.- cuando cogí del revistero una revista de esas de mujeres que sólo traen dietas, recetas de cocina y trucos para ser más feliz en general. Abrí por una página al azar y caí en el consultorio médico, donde los lectores envían cartas para pedir consejo. Presuntamente la sección esta llevada por una tal Elena Lance, que aparece muy sonriente en la esquina superior izquierda de la hoja y que inmediatamente me recordó a mí, por el hecho de que ambos somos muy poco fotogénicos.

Bueno, pues como digo, aparecía su nombre, bajo la foto, y su profesión, “médica”… ¡Di que si, Elena! Eres médica, una profesión tan honrada como la de actora o institutora de niños, que además vienen todas de la misma familia de palabras: las incorrectas.

Total, que echando un vistazo a las cartas que habían mandado al consultorio, reparé en una que se titulaba “dolor de rodillas”. Dice tal que así:

“Tengo 49 años y sufro intensos dolores de en la rodillas. El médico me dice que es artrosis y me manda antiinflamatorios. ¿Es realmente artrosis?”

I. H. S., Madrid.

A ver, amiga I. H. S. de Madrid… No pongas tu salud en manos de una mujer que mientras contesta tu carta está inventándose el nombre de una dieta para el siguiente número y pensando en qué va a poner sobre los capricornio y el amor en la sección de tarot. ¡Seamos serios! ¿Vale? El estado te paga una seguridad social, y si tu médico, que ya sé que sólo es un médico, y no puede saber tanto de medicina como un gurú o un santero cubano, pero algo sabe, te dice que tienes artrosis, dale un voto de confianza. Y sobre todo, si vas a pedir una segunda opinión, no lo hagas a una “médica” que publica como carta del mes una sobre el mal aliento y tiene una columna titulada “Enfermedades raras” que más bien podríamos denominar “La columna del hipocondríaco”.

Copón ya.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Pastillas

Me estaba comentando anoche una compañera de trabajo que hoy no iba a venir porque tenía cita con el ginecólogo, y que todo lo que tiene que ver con un señor médico que le mete los dedos le da como yuyu.

-Mujer, no es un pajillero, es un médico. De todos modos, si no te mola, sáltate la revisión general…

-No, si no es una revisión, es que desde hace un par de meses para acá la regla sólo me viene un día.

-Anda, como el zumo: concentrado.

-No te rías, cabrón, que así una no puede llevar un control y me puedo quedar embarazada.

-¿Pero tú no tomas la pastilla todos los días?

-Sí, pero igualmente me puedo quedar.

-Coño, ¿pero qué pastillas te tomas tú?

-Las mismas que cuando mi primer embarazo.

Y repentinamente tuve una visión de mi compañera diciendo a su marido: “cariño, no sé cómo ha podido pasar, yo me he tomado la aspirina todos los días…”

miércoles, 25 de julio de 2007

La de los puntos

Ubicación espacio-temporal: secretaría de la facultad de Filología Inglesa.

Portero.- Aquí tienes el resguardo del traslado de matrícula.

Zorrocloco.- ¿Tiene la tarjetita Carrefour?

Portero.- ¿Qué?

Zorrocloco.- Ehm... Nada, nada. Gracias.

Trabajo demasiado.

domingo, 22 de julio de 2007

¿Jose? ¡Jose!

Escribiendo el otro día lo del parking recordé otra situación surrealista que también ocurrió en el coche de una cajera, una de las chicas que entraron conmigo pero que no superó el mes de prueba (sospecho que por los piercings faciales y el tatuaje de la pierna más que por un rendimiento insatisfactorio, pero eso es harina de otro costal).

Esto ocurrió la noche de San Juan, en el atasco que se forma todos los años en la autovía que va a San Andrés. Al volante la Tatu, la Chula como copiloto, y Jan y yo detrás improvisando unos sándwiches de chorizo y queso con el pan y la chacina que compramos en el curro antes de salir.

La situación ya era surrealista de por sí, pues el Twingo de la Tatu estaba más caliente que un alemán al sol a las cuatro de la tarde, y tenía que parar el motor cada vez que nos deteníamos. Teniendo en cuenta que estábamos en un atasco, arrancaba y paraba el motor tres veces por minuto, más o menos. No sé mucho de coches, pero pa mí que eso es contraproducente…

El caso es que en una de estas se nos para un furgón de la Unipol al lado, a la izquierda (por cierto, ¿son cosas mías o el logo de la Unipol está basado en el de los Thundercats? A ver si pillo en Google ambos y los cuelgo para que opinéis. Yo es que tiendo a verle parecidos a todo). Me da por mirar, y veo que el que está conduciendo es mi vecino.

-El que está conduciendo es mi vecino –comento.

-¿Qué?

Yo soy así. No importa que llevemos un rato callados y nadie esté mirando el furgón. En mi mente mi frase tiene perfecto sentido y viene muy a cuento (de mis pensamientos).

-Que el que está conduciendo el furgón de la Unipol es mi vecino.

-¡No jodas! ¿Y cómo se llama?

-José, ¿por?

A modo de respuesta, Tatu baja la ventanilla y comienza a gritar.

-¡Oyeeeeeee! ¿Tú te llamas Joséeeeee? ¡Aquí está tu vecinooooooo! ¡Oyeeeeeee!

Me quedé como un ciervo ante los faros de un coche. No pude ni reaccionar. Por la ventanilla del copiloto aparece la cabeza de mi vecino, con cara de poker. Tatu me señala, el nota me mira, y yo, que sigo con la misma cara de susto, hago una mueca que se parece un poco a una sonrisa y muevo la patita a modo de saludo. El tipo se me queda mirando un rato, arquea una ceja y vuelve a meter el careto dentro del furgón.

La cara con la que nos quedamos todos fue algo así: o_O A mí jamás, JAMÁS, se me ocurriría gritarle a un furgón de la Unipol. Vamos, es que ni a la policía nacional. Juro que cuando empezó a gritar el nombre del nota, tuve una visión premonitoria de los cuatro apoyados contra el coche con las piernas abiertas, siendo cacheados. Diría que pasé vergüenza ajena, pero mentiría. Lo que pasé fue vergüenza propia. A ver con que cara miro yo a ese hombre cuando me lo vuelva a cruzar. Ahora sólo falta que se entere de que soy yo el que le roba el periódico que le dejan en el buzón los domingos…

jueves, 19 de julio de 2007

Veo, veo

Situación espacio-temporal: sábado, una de la mañana, aparcamientos del Centro Comercial (¡tengo curro nuevo!), interior del coche de Eve.

Intérpretes: Eve, Bunny, Hulka y yo.

-Teníais que haber visto a Hulka el día de San Juan –digo yo riéndome.- Empiezo a cantar: “picaporte, no es que yo me meta ni me importe” [Masculino singular – Rosendo] y salta ella: “¡Eh, yo esa canción la conozco…! Para, pa, pa, pa-pa, parapapa, para, pa, pa… [Éxito house del momento]

Eve, Hulka y yo nos reímos.

-No lo entiendo –dice Bunny con esa voz nasal característica suya. Dan ganas de sonarle la nariz.

Eve, Hulka y yo nos reímos más todavía.

-Dios, tenías que haberme visto, Bunny –comenta Hulka.

-¿Tú me viste? –pregunta la interpelada.

-¿Yo te vi? –pregunta Hulka, que no se acuerda de gran cosa de esa noche.

-¡Ay, Dios! ¿Y dónde? –dice Bunny, visiblemente nerviosa. Algo hizo en San Juan que no quiere que nadie sepa, seguro.

-Te lo está preguntando –interviene Eve.

-¡Yo a ti no te vi! –exclama Bunny sorprendida.

-¡Anda, yo a ti tampoco! -dice Hulka, perpleja.

Ambas parecen repentinamente extrañadas de no haberse visto en San Juan. A mí me comienza a dar “el carcajadote”, que es ese momento de hilaridad en el que ya no eres dueño de tus cuerdas vocales y lo mismo te sale una risa gutural que el pitido de una tetera.

-¿Qué pasa? No lo entiendo –vuelve a decir la brillante mente de Bunny.

Por un momento pienso que me va a dar algo. Encima mi risa es contagiosa, y Eve tiene que parar el coche para no pegársela contra la puerta del parking. Y así todos los días. Yo no sé si es que las buscan así o qué, pero macho, vaya compañeras más raras de curro tengo. Claro que yo tampoco me quedo atrás, y mis despistes comienzan a ser legendarios. El otro día, sin ir más lejos, casi pierdo el medio millón de pesetas que hice durante la tarde :S

Lo gracioso es que ni siquiera me echaron la bronca. En serio. Le puse ojitos de cordero ™ a mi jefa y se le pasó.

-A la próxima, te chillo –me dijo, eso sí.

Es lo que tiene tener cara de “buen chico” (también ™). Para ligar, te comes lo que viene siendo una mierda, pero si pierdes medio kilo, pues tampoco pasa nada. Digo yo que una cosa compensa la otra. Al menos a mí me sale a cuenta, con lo despistado que soy.

miércoles, 18 de abril de 2007

Perdiendo aceite

Ayer noche se iluminó el piloto del aceite de La Poderosa. "Nota mental -me dije a mí mismo- coger mañana la botella del aceite".

Y me acordé y todo, fíjate tú. Quedaba sólo un culín, pero con eso tenía para tirar otro poco. Bajé al garaje, dejé mochila y chaqueta a un lado para no mancharme, levanté el asiento, abrí el tapón y eché el aceite. Todo. Satisfecho de mi buena memoria fui a cerrar la tapa, y en ese momento mis fosas nasales captaron un aroma de lo más peculiar. Gasolina.

...

Lentamente desplacé la vista al tapón de al lado, fuertemente apretado en su sitio, en el que con grandes letras mayúsculas podia leerse "OIL". Visto desde fuera debía ser gracioso verme en medio del garaje hablando sólo en voz alta:

- Soy más tonto que una piedra... Más tonto que una piedra...

Pero de momento la moto funciona ^^ Eso sí, tengo que echarle aceite otra vez.

domingo, 15 de abril de 2007

La revista que sale los miércoles (II y final)

Llamada de la Niña-Erizo:

Niña-Erizo.- ¡Ya estoy en el ferry de vuelta!

Zorrocloco.- Joder, tengo un montón de ganas de verte, blablablabla...

(Charla ñoña e intrascendente -por ambas partes, que conste.)

Zorrocloco.- Por cierto, ¿qué tal está Yorick...?

Niña-Erizo.- Jajaja, tío pesao, el cómic está bien, piltrafilla ^^

Zorrocloco.- Ya, esto... Pues no te lo vas a creer, pero... El Jueves se me ha roto. Se le han caido las tapas.

Niña-Erizo.- BWA-HA-HA-HA-HA! ¡Jódete! ¡Eso te pasa por listo, por estar todo el rato...! [Silencio prolongado] Espera... ¿MI Jueves?

Zorrocloco.- ...

Niña-Erizo.- ¡Uy! ¿Has oído eso? Es el sonido que hace un prestigio al caer al mar desde la barandilla de un barco...

jueves, 5 de abril de 2007

La revista que sale los miércoles (I)

Leo cómics. Desde que puedo recordar, siempre han estado ahí. Primero, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Tobi, El Guerrero del Antifaz… Luego el Capitán América, La Patrulla-X, etc. Y ahora, por último, 100 Balas, Predicador, Fábulas…

La Niña-Erizo se quedó en Mortadelo y Filemón. Repudia todo lo demás. Todas sus amigas son otakus, pero ella se ha mantenido firme en sus convicciones. Una virgen, vaya. Y no hay nada que más le guste a un friki que pervertir una mente virginal (aunque las palabras “mente virginal” y “Niña-Erizo” no peguen ni con cola en una misma frase).

Yo iba hacer que eso cambiara. Yo la iba a contagiar, a pervertir. En otras palabras… Bwa-ha-ha-ha!

Y tenía el arma perfecta. El indiscutible encanto de Yorick Brown, el mayor escapista del mundo, el único capaz de eludir a La Plaga… El último hombre.

La conversación fue más o menos así:

Zorrocloco.- Te voy a dejar un cómic.

Niña-Erizo.- No.

Z.- Es uno muy bueno, no es nada de superhéroes.

N.- Últimamente hace mucho frío en este barrio, ¿no?

Z.- Toma.

N.- Que no, tío pesado.

Z.- Porfa…

N.- ¿Porfa? Dios, me das ganas de vomitar.

Z.- Que te den.

N.- ¡Uy, qué mono! Vale, déjame el cómic ^^

Las reacciones de la Niña-Erizo constituyen un misterio estudiado por científicos de todo el mundo mundial.

Z.- Pero me lo cuidas, ¿eh?

N.- La duda ofende, tío.

Se lo di, salimos de mi casa, y se le cayó al suelo. Al lado de un charco. Entonces recordé que estaba hablando con la misma mujer que el otro día le dio una patada a sus propias gafas para exclamar acto seguido: “¡Así que estaban aquí!”.

Z [Con voz quebrada].- Corazón… Me lo cuidas, ¿eh? Nada de doblarlo, ni meterlo en el bolso, ni escribirlo, ni doblar las hojas para marcar por dónde ibas

N.- Por Dios, parece que quieres más al cómic que a mí.

Z.- Hombre, llegaron a mi vida antes que tú, y seguirán aquí cuando tú te vayas.

Wups! Cogotazo made in Bud Spencer.

Hace un rato me ha llamado desde el ferry a Las Palmas.

N.- ¡Ey, me lo acabo de terminar!

Z.- ¿El qué?

N.- ¿Cómo que el qué? ¡El cómic!

Z.-

N.- ¿Zorrocloco?

Z.- Estás haciendo un viaje… con mi cómic. Lo habrás empaquetado convenientemente, ¿no?

N.- Jajajaja, ay, tienes cosas… ¡Dios, cómo salpica la espuma! ¡Estoy calada! ^^

Z.-

N.- … Hablabas en serio, ¿verdad?

(Continuará...)

miércoles, 4 de abril de 2007

Los callos de Whitman

Ubicación espacio-temporal: clase de literatura norteamericana, nueve de la mañana de un lunes, hace un par de semanas. Analizamos "Song of myself" de Walt Whitman.

Profesora.- Y esta parte donde habla del amor propio podemos deducir que culmina con una felación, o una masturbación en grupo.

Y se hace el segundo silencio más espectacular que he presenciado nunca. Nos miramos unos a otros, y luego al poema. Nadie más parece compartir su opinión, y perdonen el eufemismo. Han, estudiante sueco afincado en las islas, levanta la mano.

- ¿Qué es una felación?

Y se hace el silencio más espectacular que he presenciado nunca. La nota, ni corta ni perezosa echa una mirada a la clase y dice:

- ¿Algún compañero que se lo pueda explicar? -y añade con tonillo.- O compañera...

Y Han, colorado como un tomate, baja poco a poco la mano.

Han.- Ah, vale... creo que ya sé lo que es...

Pobre Han... Lo alto que es y sólo le veo la coronilla por encima del respaldo.

martes, 3 de abril de 2007

Húndeme en la miseria y tal

- Oye, Zorrocloco, ¿eso son ojeras o es que llevas los ojos pintados?

...

Tu puta madre.

sábado, 31 de marzo de 2007

Autorretrato

Pos parece que esto es del año la pera, pero yo lo descubrí el otro día (eso me pasa mucho, no creáis) y me tiré parte de la tarde ahí entretenido ^^

Aquí va, mi primer y único autorretrato:

Voilà!!

Y, tirando la casa por la ventana, en exclusiva para todos vosotros mis (cero) lectores: ¡¡la Niña-Erizo y el Zorrocloco!!


¡Oish, que monossss! ^^

......

Dice la Niña-Erizo que diga que a veces le doy ganas de vomitar...... imbécil....

¿Yo? Si no he dicho nada... ¡Eh, suelta eso! ¡Suelta eso, que luego te arrepientes! ¡No! ¡Argh!

Ecuaciones

Estos son mis apuntes de ayer de Morfosintaxis del español II, copiados tal cual de la pizarra:

[Sco(prep)+Sm]

barco de madera [Sco+Sp]

barco de la madera [Sco+Sm]
aaaaaa-------------------
aaaaaaa[Sm+So]

[Sco(adv)+Sd/cr] --> Siempre que

[Sco(adv)+Sm/cr] --> Comp Ind

Y digo yo... ¿Cuándo exactamente dejamos de estudiar lengua, que me entere?

jueves, 22 de marzo de 2007

Still alive!

Que conste que no estoy muerto, de momento. (Ahhh, se siente xP). I'll be back.... pero ya mañana, si eso.

;)

lunes, 12 de febrero de 2007

Una cita

Como últimamente ando liado e incapaz de concentrarme más que en cierta persona... Aquí os dejo algo que escribí hace tiempo para un certamen de microrelatos y que nunca llegué a mandar. Y no, Niña-Erizo, mis historias no siempre acaban mal para los personajes, no te traumatices. Casi siempre, pero no siempre :P

El conductor es robusto, con bigote y cara de pocos amigos.

Ella es una nadería, escuálida, pálida, mal vestida, con largos alambres negros por pelo, enmarañados y sucios. Normalmente lleva escote, pero en vez de senos lo que veo son costillas unidas a un prominente esternón.

Conmueve su aspecto. Pero el conductor no la lleva porque no tiene dinero.

Ella lo llama de todo, escupe en el cristal y da patadas al costado de la guagua. Él masculla y arranca.

Todas las noches lo mismo.

Ella nunca tiene dinero y cada vez esta más flaca. Se veía venir.

Hoy no había nadie en la parada, por primera vez.

Aún así ha parado. Ha esperado casi cinco minutos con la puerta abierta, escudriñando la noche, hasta que los pasajeros le han gritado.

Mañana no va a estar.

Él volverá a esperar.


Pos espero que os haya gustado. Es jodido escribir cuando tienes un límite de palabras tan pequeño. Nos vemos!

domingo, 28 de enero de 2007

Soy lo que como

Pues estaba hablando el otro con Pelusa tras el examen de Estudios Comparados sobre cocina. A la chica le encanta preparar platos (y certifico que es una crack. Llevó a la chuletada de filología una tarta de melocotón casera para chuparse los dedos. Dos veces repetí, y porque los egoistas del resto de mis compañeros se empeñaron en comerse un trozo cada uno), y yo me divierto viendo la cara que pone cuando le digo cosas como que no sabía que los tomates se molieran para hacer salsa, que yo pensaba que se exprimían XD

Para desconsolarme, ella hace lista y repaso de todas las exquisiteces que ha comido durante la semana, o las que piensa preparar, y es como escuchar el planning de un programa de Arguiñano. Cuando terminó hice yo lo propio.

- Pues esta mañana desayuné galletas del Príncipe de chocolate con leche, el desayuno de los campeones. Y anoche cené pizza de jamón y queso. Ayer al mediodía comí lomo, y desayuné galletas de chocolate, también. El día anterior... Pizza para cenar... Tortilla para almorzar... Y galletas en el desayuno...

El tanteo final arroja a la luz la cruda realidad: en los últimos siete días, he cenado seis veces pizza (no siempre del mismo tipo, que conste), y he desayunado todos los días galletas de chocolate con leche. Pelusa ya no se reía, sino que me miraba con pena. Y no sé por qué... Si soy lo que como, no debe haber nadie en el planeta a quien no le guste.

[Disclaimer: Nah, ahora en serio, la alimentación es un tema muy ídem. Así que a comer bien a partir de ahora. O al menos intentar no comer tan mal, por Diox.]



jueves, 25 de enero de 2007

¡Qué vivan la rubias! ¡R! ¡U! ¡H! ¡V! U! ¡S! ¡RUBIAAAAS!

No sé qué gilipollez dije, que la Flaquita (aunque ella prefiere que la llame Gomerilla yo paso, me parece más insultante, qué quieres que te diga) me contestó:

- No lo he entendido, pero me voy a reír de todos modos, ¡jajajajaja! [Nota: se reía con ganas.]

Así que me metí con ella.

- Joder, yo pensaba que lo de que eras boba y te quedabas pescando en tu mundo de ponys y castillos era una pose pa' despistar... Veo que me equivoqué.

Y pensaréis: "Fuerte hijoputa, el Zorrocloco". Pero es que la conversación sigue.

- Es que las rubias siempre hemos sido tontas -replica, toda convencida.

- Niña, tú no eres rubia.

- Pero me voy a teñir el pelo de naranja. ¿Te he enseñados las fotos que me saqué cuando lo tuve de color naranja? ¿Y morado?

Y me dice esas cosas y se queda tan pancha, sin ponerse colorada ni nada. En el fondo la envidio, fíjate tú.

martes, 23 de enero de 2007

Radicalismo lector

Hoy me ha pasado una cosa simpática. Soy una de esas personas que leen porque sí, ya tú ves, porque les da por ahí la venada. Pero no sólo eso, lo hago habitualmente. Casi compulsivamente. Hace más de un año que me habitué a visitar regularmente la Casa de la Cultura de S/C (c\ Comodoro Rolin, nº 1), y cada vez que llevo los libros leídos, saco otros tantos. Como no me gusta tener que estar yendo todos los días, y sí tener algo que a lo que echarle un ojo en cualquier momento, suelo llevarme los cinco libros que se me permite sacar como máximo. Así es casi imposible no acertar con alguno.

El caso es que cuando he ido hoy me he encontrado con la amarga sorpresa de que estoy penalizado. Un cómic que saqué hace tiempo (Fábulas en el exilio: la marcha de los soldados de madera) se ha debido camuflar con el resto de mis colorines y se ha pasado de fecha. Como no me puedo llevar nada, pensé, tampoco tiene mucho sentido que me ponga a revolver las estanterías. Sin embargo no me quería ir, así que me agencié un par de libros de relatos que me llamaron la atención, y me fui a los sillones a leer.

Los sillones son seis sillas como de hospital, pero de chapa de madera y asiento de color azul situadas al lado del mostrador, por lo que cuando no viene alguien a preguntar algo, es una de las bibliotecarias la que habla a otra, o si no es alguien que deja caer los libros sobre el mostrador sin piedad ninguna, o el trasto ese que ponen en las tiendas de ropa pita porque alguien ha pasado muy cerca con un libro... Que no se puede leer, vaya. Y además, las sillas esas son incómodas de cojones, al cuarto de hora no sabía cómo ponerme. Así que, ni corto ni perezoso, me he ido a la parte de libros de consulta (IOW: lo que no son novelas). Esa parte está mucho menos transitada y no está rodeada de mesas de estudio. Eso mola. Además, está más caldeada, lo que me venía de miedo porque había ido en moto y no acababa de entrar en calor. He buscado una pared que parecía cómoda y allí que me he sentado en el suelo, entre dos estanterías, bien apoyadito, donde no molestaba a nadie.


Qué paz, qué tranquilidad... Parecía talmente que hubiera o hubiese entrado en una burbuja. Y el relato no estaba mal. Un poco pesado, quizá. Al cabo oigo un taconeo, y la figura de una de las bibliotecarias pasa fugazmente ante mí pasillo. Me ha visto. Oigo un titubeo en sus tacones, y se mete en el pasillo de al lado. Hace como que busca algo en la estantería. Supongo que me espía a través de los libros. Sonrio. Estoy sentado contra la pared sobre mi pierna izquierda, con la derecha estirada, leyendo un libro. Mi mochila está a mi lado. Quizá le parece que estoy haciendo algo raro... La oigo moverse otra vez. Pasa delante del pasillo de nuevo, se mete en el otro de al lado, el que queda a mi derecha, y se queda quieta. Yo ya empiezo a pensar que igual me llama la atención por estar allí sentado leyendo. Pasa de nuevo por delante mío. La oigo ir hasta el final de la sala y vuelve. Por lo que (no) oigo, debemos estar ella y yo nada más. Va y vuelve otra vez. Yo me debato entre la sonrisa y el mosqueo, y como me diga algo no sé cómo reaccionaré, si me lo tomaré a guasa o en plan borde "qué-te-pasa-si-no-molesto-a-nadie". En mi imaginación es el segurita de la puerta el que viene a echarme, tras haberle roto los esquemas a la cuadriculada bibliotecaria con mi rebelde actitud de lector taciturno. Otra sonrisa. Esto es material de historia corta, no sólo de post, me digo.

Parece ser que la bibliotecaria al final pasa de mí. Qué bien, pero ya no me puedo concentrar, ahora estoy esperando que aparezca alguien más para ver cómo reacciona. Y mi deseo se cumple inmediatamente. Oigo a dos chiquillas de mi edad acercarse cuchicheando y riéndose por lo bajini. Argh, son dos quinquis (jenis, ruinas, bajunas... como las llaméis en vuestro pueblo). Pasan por delante mi pasillo. Me ven. Se callan. Se esconden tras la estantería. Asoman la cabeza para mirarme. Se ríen por lo bajo. Alzo la vista. Se esconden. Se ríen, cuchichean. Repiten la operación a la inversa, y luego se dan el piro.

Bueeeeno, por dónde iba... "Odio a todas las razas, incluida la mía...". Vale, seguimos, que esto se pone interesante. Espera, más pasos, y las risas de antes. Esta vez las chicas no vienen solas, sino con la bibliotecaria. Juas, juas. Pero se quedan en el pasillo de al lado, qué pena. Oigo la típica conversación bibliotecario-usuario: "¿Seguro que habéis buscado bien?". "Seguro, seguro". "¿En serio?". "Se lo juro, no está". "¿Y esto que es?". Me solidarizo con las quinquis, aunque sean quinquis. Quien nunca haya notado cómo se le ponen las orejas coloradas cuando la bibliotecaria agita ante sus narices el tomo que había dado por quimérico tras media hora de búsqueda infructuosa, que casualmente es el más grande y vistoso de todos, que tire la primera piedra. Se van todas de nuevo. Yo intento volver a leer. Pero las pibas vuelven. Erre que erre.

Pasan por mi pasillo. Un pasillo más, otro... y oigo un culo dar contra el suelo. Y un susurro: "Si el colega puede...". Miro por entre los libros y veo a una chica morena sentada que me sonríe y me agita la patita a modo de saludo al estilo quinqui. Agh, que poco me gustan las quinquis. Sin embargo, me hace gracia que hayan seguido mi ejemplo, me hace sentir como un exaltador, algún tipo de subversor pacífico. "Todo comenzó en el pasillo de una biblioteca...". Devuelvo la sonrisa (son quinquis-risitas, mejor caerles bien) pero me pongo colorado (no lo puedo evitar, soy demasiado blanco). Lo que me faltaba. Meto la nariz en el libro mientras las oigo cuchichear sobre no sé qué trabajo. Y venga a reírse. Oigo cómo una le dice a la otra que se va descalzar (...), y cómo se quita más cosas -joyas, creo, no os emocionéis.- hasta que la amiga le dice que ya puestos, que se saque el tanga también. Y venga a reírse, porque ahora tienen público pa' sus... ¿bastadas? ¿Comentarios zafios y de mal gusto? Elegid vosotros, que hoy no doy yo son los sinónimos... ¡Bromas chuscas! Bromas chuscas mola, aunque no suene nada canario. Pues eso: "
Y venga a reírse, porque ahora tienen público pa' sus bromas chuscas..."

El caso es que ya me han jodido el relato (que tampoco era tan bueno, por otro lado). Me siento incómodo allí sentado por vez primera. Se me ha dormido la pierna izquierda. Por fin termino el cuento (saltando párrafos enteros) como me había prometido, así que me piro; sin poder evitar, eso sí, que las quinquis comenten la jugada y se rían. Podrán haber ganado esta batalla, pero a la larga la victoria será mía. Y digo a la larga porque cuando las boten del instituto no volverán a pisar la Casa de Cultura en la puta vida, mientras que yo seguiré rondando por los pasillos como si fuera el Fantasma de los libros. Y dispondré de mi pasillo, cómodo y calentito:D

Ahhh..., aún recuerdo esos tiempos en que fui un revolucionario...

P.D.- Las quinquis-risitas son una variante de las pijas-risitas; una variante quinqui (como su propio nombre indica). Son esas tías (porque generalmente van en grupo. Su unidad mínima es la pareja-clon, de la que ya hablaré otro día) quienes, les digas lo que los digas, o te digan lo que te digan, se van a reír de ti. Y cuando lo hacen con motivo, jode; pero cuando de lo que se ríen no tiene sentido, o es tan tonto que te deja sin palabras (risas redobladas, entonces), te dan ganas de sacrificarlas por el bien de la especie, porque esos genes no pueden ser buenos. Iba a poner algunos ejemplos de la vida real, pero creo que todos sabemos a lo que me refiero. Como contendientes dialécticos no tienen rival, entre otras cosas porque no se puede razonar con ellas. Bueno, qué coño, sí que voy a poner un ejemplo:

Situación espacio-temporal: hace unos años, en la esquina de mi calle. Quinqui-risitas estándar, con pinta de estar pasándolo mal, se acerca al Zorrocloco y se da la vuelta. Señala su top, que se cierra por la espalda con una cremallera a medio subir.

Quinqui-risitas.- Oye, perdona, ¿me puedes ayudar con la cremallera, que está atascada y no sube?

Zorrocloco.- Claro, mujer.

Quinqui-risitas, girándose mientras me señala con un dedo, dando saltos en el sitio y partida el culo.- ¡Jajajajajajajaaja! ¡Qué basto! ¡Jajajajajajaja!

Miro a mi alrededor y veo otra quinqui un par de metros más allá, también partida ante lo ingenioso de la broma (??). La cara de gilipollas aún me dura cuando me acuerdo.

lunes, 22 de enero de 2007

De zorras y demás fauna silvestre (I)

Bueeeeeno, recapitulemos. Tras perderme ayer otra sesión de escalada, esta vez en compañía del campeón de Francia (damn it!), y de comerme una caja entera de galletas Mimo rellenas de chocolate (las de nata son popó), tres paquetes de Príncipe de Beuckelaer de crema de chocolate, beberme dos litros de Clipper de fresa y angustiarme en general por no ser capaz de estudiar para el examen ni preparar la presentación que tenía marcados para hoy, he de decir que vuelvo a ser persona otra vez.

Porque este fin de semana he sido una sombra de mí mismo (una sombra que se ha dedicado a entullarse de chocolate y bebidas azucaradas para evitar la bajona, que eso te lo puedo decir yo sin haber visto "Soy lo que como" o "Eres lo que jalas" o como-se-llame
), pululando por los rincones y con el estómago encogido ante la perspectiva de exponer en clase. Pero algo exagerado, ¿eh? Que no tenía tanto cangelo desde aquella vez que me fui a tirar del trampolín del rompeolas de las Teresitas. Y sí, ya sé que eso está a medio metro sobre el agua, ¿pero qué quieres si tengo vértigo?

Y lo más curioso es que no conseguía dilucidar el por qué de tanta mariconada. Quiero decir, no conozco a nadie a quien no le ponga un poco nervioso hablar en público, pero yo nunca he sido de esa gente que se va por la patilla. Supongo que se debería a la poca confianza que tengo a la hora de hablar en inglés, en gran parte debida a experiencias como las del otro día en Literatura Inglesa (¿quién paga un psicoanalista pudiendo tener un blog gratis?).

Estábamos en clase cinco personas; la profesora (¿tú sabes la típica profesora de aspecto anodino, pero que nada más verla piensas: "fuerte zooorra..."? Pues esa.), y los cuatro de mi grupo: la Danesa, Pippy, Red y yo. El espectáculo consistía en que hiciéramos una exposición de prueba, antes de dar la clase del día siguiente (porque no te lo pierdas, las clases las damos nosotros. Nosotros buscamos la información, nosotros la preparamos y nosotros palicamos. La única diferencia entonces entre nosotros y ella es que nosotros pagamos por hacer su trabajo, y ella cobra por criticarnos.). El caso es que yo no me lo sabía de memoria. Tenía allí los folios para leerle mi parte y punto, que aún quedaba una semana para memorizarla y no es cuestión de aprendértelo antes de tiempo y que luego se te olvide.

Empieza Pippy con la exposición, con su inglés fluido y correcto de la muerte y la tiparraca no dice ni mu. Termina Pippy y empieza la Danesa (una erasmus que es danesa, como su propio nombre indica) y esa sí que habla bien, la hija de puta. Uno la oye y se pregunta de que parte de EEUU es. Menos mal que en clase hay otra del mismo sitio que habla con acento nórdico para compensar, que si no no sabría uno dónde meterse. La tía se explaya de lo lindo y yo desconecto hasta que me toca.

Zorrocloco.- Do you mind if a read it? 'Cause I haven't memorized it yet... [¿Le importa si leo? Porque no me lo sé de memoria todavía.]

Puta (por ponerle un nombre, más que nada), enarcando una ceja.- Of course I mind, but if you haven't prepared it... [Claro que me importa, pero si no te lo has preparado...]

Leo la primera línea.

Puta.- Read it louder, please. [Más alto, tú.]

La miro. Esta a un metro escaso de mí. Debe ser la edad. Empiezo otra vez.

Puta.- Slower, please. [Más despacio.]

La miro. Cojo aire. Empezamos de nuevo. No he terminado la primera frase cuando me interrumpe de nuevo.

Puta.- Try to vocalize. [Esto creo que no necesita traducción, pero viene siendo algo así: Puto gangoso.]

Mi orgullo por los suelos. A partir de ahí leo paalaabraa pooor paalaabraa, como si tuviera cinco años. La arpía me interrumpe cada dos por tres, me hace volver atrás y adelante, preguntas para las que no tengo respuesta... Lo que más me jode es que el trabajo sí que me lo he preparado. Me he tirado horas en la biblio buscando información sobre los Cavalier Poets, sobre quienes por cierto no hay ni un puto libro en todo el fondo bibliográfico de la Universidad de La Laguna (y eso que son un tema aparte en el temario de la asignatura. Asignatura troncal, para más inri), por lo que tuve que rescatar parrafillos y frases sueltas de más de una docena de antologías de la época. He navegado por internet horas también quemando los enlaces de Google, y no ha servido para casi nada. Y va y me dice la tía que tengo mucha paja y mucho dato biográfico que no viene a cuento. ¡Si es que no hay otra cosa! Y no vendrá a cuento si no quieres, ¡pero a mí bien que me lo hacían estudiar el año pasado!

Total, que llegó un momento en que muy serio recogí mis hojas y le dije (en castellano) que no tenía respuesta para esa última pregunta, ni para las demás, y que era una lástima perder así mi tiempo, el de mis compañeros y el suyo. Obviamente me cayó una charla como una casa, en español también, pero pude capear el temporal. Soy especialista en hacerme la víctima con dignidad, y mi interlocutor indefectiblemente acaba pensando que se ha pasado tres pueblos.

- Así que espero tu email mañana con el trabajo corregido -dijo al final en resumen. Luego sonrió.- Y si no, ni te presentes al examen, que no lo vas a aprobar.

Bueno, quizá no se me da tan bien lo de hacerme la víctima. ¿Veis por qué la llamo Puta?

Luego le tocó el turno a Red, que desde el primer momento dijo que se lo había preparado como yo, pero que a él no le importaba porque iba a dejar la carrera y sólo hacía esto por no dejarnos colgados. Con dos cojones.

Danesa.- I didn't understand it... But it just didn't sound good... [No lo pillé, pero me huele a mierda.]

Me dio un poco de pena. Ella y Pippy. En fin. ¿Conclusión? Red, que no lo tenía demasiado claro hasta entonces, deja la carrera. Yo dejo la asignatura para verano, a ver qué pasa. Pippy se mosquea como una china pero intenta que no se le note, y yo hago como que no me doy cuenta de que me fulmina con la mirada y pone morritos. La Danesa creo que se cabrea también, y con razón, pero no lo tengo claro porque no hablo con ella. Nunca me cayó muy bien.

Ah, que sepáis que no hacer nuestra parte a ellas no les afecto en la nota, faltaría más. De haber sido así, sí que hubiera ido, aunque fuera a hacer el ridículo.

Y desde eso, como que la idea de hablar en público en inglés me traba sobremanera. Putas (/os) como esa truncan carreras y resquebrajan egos. Espero al menos que tenga una vejez cruel y desoladora, y que la muerte se la lleve de manera lenta y dolorosa, eso sí, conservando la cordura hasta el fin de sus días. Me vale sólo con la cordura, no tiene por qué poder moverse ni controlar sus esfínteres.

De resto no me cae mal.

P.D.-
Para rematar, cuando me iba, me chistó la tipa para preguntarme si iba a continuar en la carrera o también me iba.

Zorrocloco.- Bueno... Voy a hacer el ciclo de periodismo el año próximo, así que técnicamente sí, dejo la carrera. Pero necesito tener este año aprobado completo (lo dejo caer por si acaso).

Puta.- ¿A periodismo? ¿Aquí?

Zorrocloco.- Sí...

La tía sonríe con chulería y se convulsiona levemente, como quien reprime el principio de una carcajada.

Puta.- Pues buena suerte...

Pero qué zorra.

viernes, 19 de enero de 2007

Telegrammen

Época exámenes. STOP. Agobiado hasta indecible. STOP. Dos suspensos*. STOP. Tomar culo. STOP. STOP.

El Zorrocloco Hastiado.

P.D.- Cuando tenga tiempo postearé algo sobre los sueños, que lleva tiempo rondándome la cabeza. Siempre he tenido curiosidad por el mundo onírico (pero no en plan "dime qué sueñas y te diré con qué miembro de tu familia te gustaría pernoctar con alevosía", viciosos), ni tampoco creo que sean la ventana a otros mundos ni experiencias de otras vidas ni demás mariconadas. Simplemente me gustan las historias, como a todos. Y las de los sueños suelen ser la mar de curiosas. Como decía un profesor mío: "Si alguien te dice que no tiene imaginación, pregúntale si se acuerda de lo que soñó anoche".

*A la mierda lo de sacarme la carrera en un año. Valiente gilipollas el listo que dijo eso... :P

martes, 16 de enero de 2007

Paredes verticales

Hoy, por primera vez en dos días, me he levantado casi sin agujetas. Creo que mis músculos jamás habían sufrido una presión semejante, sobre todo los de las manos. Me dolían músculos que ni sabía que tenía, y ayer no podía abrir y cerrar la mano izquierda con normalidad. A ratos tuve los huevos en la garganta, y a ratos me sentí como un fuera de serie. Y eso que no subí ni cinco metros, pero teníais que haber visto la pared. ¡Qué pared! Tranquilos, no estoy (demasiado) tonto. Es que he ido a escalar. Y, pese a lo que me temía, ha resultado una experiencia de lo más gratificante.

Aquí conviene explicar algo de mí, y es que soy un puto cageta. Siempre digo que quiero hacer cosas, y me entusiasmo pensando en ellas, pero a la hora de la verdad mi palabra se escabulle por la taza como la diarrea que la acompaña. Así que cuando Lennon me dijo el otro día entre garimba y garimba que estaba aprendiendo a escalar, le dije que a mí me encantaría aprender, lo cual fue una mentira como una casa. A mí lo que me gustaría es saber, qué cojones. Eso y no tener miedo a las alturas, claro.

Sin embargo, la llamada sorpresa del domingo me pilló con la guardia baja, y acabé en María Jiménez sin saber muy bien cómo iba a salir de aquello. Como indumentaria llevaba unos tenis de correr, unos pantalones de pijama a rayas (lo juro) y una camiseta blanca. Pero eso no era nada. De haberme visto no hubiérais reparado en esos detalles sin importancia. El verdadero espectáculo estaba en mi cara de gilipollas cuando Lennon me dijo qué pared era la que supuestamente íbamos a subir. Fui levantando la vista por aquella superficie completamente vertical hasta que casi se me desarticuló el cuello, y no se me ocurrió otra cosa que preguntar:

- ¿Por ahí?

- Sí, hombre, claro. Esa es la más sencilla que hay aquí, es un 6A+

- Pero yo pensaba, no sé... Que estarían un poco inclinadas, para que fuera más fácil subir.

Para ser completamente sincero, lo que yo pensaba es que, como era la primera vez, las podría subir a gatas. Aquí el instructor no pensaba lo mismo.

- Anda, engánchate esto y empieza.

- Y una mierda pa' ti. Sube tú primero, que vea yo que las cuerdas resisten.

Y el cabrón subió. Le costó un buen rato, pero subió. Y llegó arriba de milagro, porque al lado nuestro estaban escalando dos puretillas que me iban guiando y sobre todo recordando cómo hay que tirar de la soga (¿se llaman así?) y cómo colocar la mano para que aquello se bloquease. Y encima el capullo de Lennon intentando dinámicos, que para el que no lo sepa (selecto grupo de ignorantes en el que tan pancho me encontraba yo hasta el domingo) consiste en pegar un brinco con la esperanza de asirte a un saliente situado más arriba y al que no se puede llegar de otra forma. Con dos cojones. Y para cojones, los míos, que con tanto saltito y tanto tensar la cuerda para que no se hostiara acabé de puntillas y con los susodichos sobresaliéndome literalmente del arnés, que parecía que en cualquier momento iba a perder el riego sanguíneo en mi más estimada extremidad.

Pero eso no fue nada comparado con cuando me tocó a mí subir. Ahí no tenía los huevos apretados, los tenía por corbata. Qué coño, corbata, las pelotas ya me estaban esperando en lo alto de la pared. Aún así logré vencer mi impulso inicial de decir: "No, no, no, no, no, a casa, llévame a casa, no, no ¿ahí?, ¿ahí?, yo ahí no me subo, que no, que no...". Y por lo menos hice el amago de encaramarme a la pared, cuando uno de los puretas intervino.

- ¿Vas a subir con tenis?

- Sí... Es que no tengo pies de gato (brillante observación por mi parte).

- Ponte los de tu colega.

- Es que él calza un 43 y yo un 45, así que...

- Da igual, hombre, esos te entran. Te tienen que quedar un poco apretados, de hecho. No te pueden quedar sueltos.

Estaba tan contento de tener una excusa para retrasar la escalada que me saqué tenis y calcetines y empecé a pelearme con aquellas miniaturas. Y vaya si entraron, menudo soy yo. Pero parecía un puto halcón, con los dedos todos revirados p'abajo. Talmente como una bailarina, se me marcaba el puente que daba gusto. "Bueno -pensé-, a ver si así me agarro mejor". Por lo menos tenía un aliciente para subir: poder bajar cagando leches y quitarme aquello antes de que necrosaran los tejidos por falta de circulación.

Y allí que me subí, en pijama y con unos pies de gato dos tallas más pequeños, planteándome qué cojones hago con mi vida. Un pie, una mano, el otro pie, la otra mano.... ¿Y ahora?

- Sube el pie izquierdo, al agujero.

- La mano derecha, tienes un saliente un poco más allá.

- Sube la rodilla... La rodilla, súbela.

Y yo, mientras, con los dedos blancos de agarrarme a un fisura de mierda.

- ¡Coño, ¿nos aclaramos o qué?!

Al final mal que bien logré subir unos cinco metros, siendo generosos, antes de que cedieran mis pobres músculos. Y contento como unas castañuelas. No os imagináis lo duro que es subir a pulso por una pared, y sobre todo mantenerse. Porque uno piensa que cuando te cansas, te paras y recuperas el aliento. Una mierda, que aunque te pares te tienes que estar aguantando para no caerte, y estamos en las mismas, pero peor: no sólo te cansas, sino que encima no avanzas (qué bonito, en verso).

Aún así me gustó mucho, la verdad. Pienso repetir, cuando me compre unos pies de gato de mi talla (¡imprescindible!) y, sobre todo, cuando haya hecho algo de ejercicio. Mas, como a mí no me puede salir todo bien, en especial si hay vehículos de por medio, el domingo también pasó algo chungo, aunque podría haber sido muchísimo peor.

Resulta que al irnos Lennon se empeñó en llevar la moto. Insistió e insistió, se definió como un auténtico experto en vehículos de dos ruedas, una mezcla de McGuiver y los Motorratones de Marte; tanto, que acabé convencido de que si le daba un triciclo y un tanque me hacía una burra como la del Motorista Fantasma. Así que le dejé. Se subió. Me subí. Arrancó, tocó el manillar, y dos metros depués estábamos en el suelo, a cuarenta centímetros de un pobre coche aparcado que sucedía de existir en esas coordenadas espacio-temporales tan poco afortunadas. No se me ocurre cómo alguien puede ser tan sumamente gilipollas como para acelerar al mismo tiempo que frena, aunque jamás haya conducido (¿qué pasa, que tampoco ha jugado nunca a un puto juego de coches? ¡Acelerar y frenar, mal! ¡Contraproducente!), y sobre todo, no se me ocurre cómo pudo ser capaz de pegar un acelerón con la Poderosa que la hiciera derrapar con dos personas encima, cuando la moto en llano y con carrerilla no pasa de 60 km/h.

Afortunadamente no le dio al coche, y los daños en la Pode se reducen a que ahora el retrovisor izquierdo ya gira libremente sobre sí mismo cual peonza cuando conduzco (de todos modos tenía que arreglarlo), porque ya me veía jodido como la otra vez con Pucheros.

Moraleja: nadie sabe conducir mi moto. Como si es Dani Pedrosa, me suda el pequeñín. Nadie. Toca. Mi moto. De hecho, creo que me voy a estampar una camiseta y a llevarla siempre en el hueco del asiento: "No, no sabes".

¡Hu-ha!

P.D.- Por lo que sé, las paredes se clasifican por dificultad siguiendo esta nomenclatura: primero, un número comprendido entre el 3 y el 9, siendo tres lo más fácil y nueve la rampa de Humor Amarillo; luego, dentro de cada número, tenemos tres letras (A, B y C), de nuevo de menor a mayor. Y cada letra puede llevar a su vez un signo de suma que indica que es más complicada que su homónima sin este signo. Moraleja número dos: Lennon es un cabrón hijo de puta.


domingo, 7 de enero de 2007

El año más caluroso

Pues sí, amigos. Según dijeron en el telediario el otro día (y como sabemos, todo lo que sale por la tele es la pura verdad), este año en el que incautos entramos será el más caluroso en siglos (más o menos desde tiempos de Isabel la Católica, que entre eso y que no se cambiaba los interiores ni para remojarse el higo, tenía que tener un Ambipur Brisa Marina que tiraba de espaldas...)

Pues ya me están preguntando que si tengo ganas de ir a la playa... Y la respuesta es que no. La persona con la que hablaba (peninsular ella) se sorprendió mucho: "¡Pero si ahí hay playas muy buenas! ¿No?". Bueno, pues sí, serán todo lo bonitas que tú quieras, pero no, gracias. Y es que a pesar de ser canario, soy más blanco que la leche y padezco hiperhidrosis (verbigracia: hipertranspiración), con lo cual, no sólo odio el calor y lo que conlleva, sino que el sol no es precisamente mi mejor amigo.

Envidio esos sitios en los que el sol es sólo un disco templadito, bajo el que te puedes calentar sin agobios, en vez del lanzallamas que tenemos aquí, que parece empeñado en querer despellejarme la nuca o, en su defecto, cualquier cosa que deje al aire; de ahí el por qué no practico nudismo.

Recuerdo que hace un par de años fui a visitar a un amigo a Sanlúcar de Barrameda en el verano, y durante el día no se podía estar en la calle. La actividad de la ciudad empezaba al caer la tarde. Eran unas temperaturas que yo nunca había visto, de treinta y pico grados por lo menos. Un infierno. Recuerdo que decía a todo el mundo "Pues en Canarias tenemos la suerte de tener un clima subtropical... una temperatura agradable la mayor marte del año. Calor, pero no tanto como aquí".

El día que volví a Tenerife aterricé en el aeropuerto del sur. Cuando salí por las puertas el cambio de temperatura casi me noquea. Había por lo menos 28 grados con calima y ráfagas de aire caliente que se te metían hasta el fondillo de los pulmones, y el sol más picón que hayas visto jamás. Miraras donde miraras sólo había desierto. Hasta los aparcamientos estaban vacíos ese día. No había un alma. Era la estampa más desoladora que he visto nunca, como "28 días después" pero en el inframundo. No podía respirar, apenas podía abrir los ojos de la claridad, el calor me envolvía y el sol me machacaba...

Una sola hora bajo aquel solajero hubiera bastado para matarme, lo digo en serio. Ni siquiera a las dos de la tarde del día más caluroso en Sanlúcar vi yo algo así. Pasé los siguientes días con todas las ventanas y persianas de casa cerradas a cal y canto para no dejar entrar el calor, arrastrándome a la ducha para remojarme y asaltando la nevera cada dos por tres, planteándome el vaciarla para meterme dentro. Clima subtropical por mis cojones; clima saharaui.

¿Y este va a ser todavía más caluroso? Pues habrá que prohibir a la gente salir de casa, o morirán como hormigas bajo una lupa... ¡Quiero una cabaña en Canadá ya! A ser posible al pie de una montaña nevada y a poco metros de un lago de aguas cristalinas... Ains...

miércoles, 3 de enero de 2007

Conversaciones de msn

Jan dice: ¡Se me ha cagado el pollo encima!

Zorrocloco piensa: ¿Qué?

Zorrocloco dice: Claro, claro... ¿A quién no le ha pasado eso alguna vez?

Jan dice: A quien no tenga pollitos.


¡Toma coooño...!