martes, 28 de noviembre de 2006

Media España debería de arder con todo el puterío que hay...

My grandfather is sick. No suena tan mal en inglés, ¿verdad? Empezó el jueves con algo de fiebre, lo típico de un resfriado. Ambulatorio, antibióticos y a casa. Nada grave. El sábado entró en el hospital por urgencias. Un amago de infarto. Pruebas varias y ¡oh, sorpresa! Neumonía. No se sabe qué lo causa, los antibióticos no le hacen nada. 39 de fiebre, y de ahí no baja.

Acompaño a mi abuela al hospital, porque nadie más puede. Está cerca de casa, caminamos y charlamos. Soy increiblemente despegado para con mi familia. De hecho, cuando me dijeron que se había puesto malo, mi primer pensamiento fue para mi agenda, ver en qué modo tendría que reorganizar mis planes para adaptarlos a la nueva situación. Hablo con mi abuela mientras me planteo qué me pasa, por qué soy así de insensible para estas cosas, y luego me trabo con cualquier bobería.

Supongo que como nunca se ha muerto nadie cercano a mí, me cuesta hacerme a la idea de que pueda ocurrir. Sé que parece una bobería, pero por mucho que te digas que algo puede ocurrir, jamás te sentirás igual que pensando que puede volver a ocurrir. Cuando por fin entramos a urgencias se me encoge el estómago. Aquello está hasta los topes, las camillas en los pasillos, casi bloqueando el paso. La gente tumbada en ellas, muchos con rictus de dolor intenso, tienen, además, toda la pinta de llevar ahí un buen rato. Sólo se me ocurre pensar que ojalá no tengan nada realmente grave, los pobres. Como siempre que entro en un centro médico, se me cae el alma a los pies. Soy un hipocondríaco, y ver gente mala me pone enfermo.

Y para enfermo, mi abuelo. Cuando lo veo comprendo por qué todo el mundo está tan acojonado. Lleva una de esas mascarillas de oxígeno tan aparatosas, y tiene toda la pinta de un moribundo. Me tengo que recordar a mí mismo que no está tan grave, pero la verdad es que no parece él. Luce como uno de esos pobres ancianos desvalidos y sin trazas de dignidad a los que mi madre limpia el culo (lo digo sin acritud y desde el más profundo respeto. Mi madre es auxiliar de clínica, un trabajo que yo nunca podría desempeñar) en agujeros deprimentes como el psiquiátrico. Jamás nunca había visto a mi abuelo en ese estado de debilidad. No me di cuenta hasta ese momento de que nunca lo había visto flaquear, ni un gesto de dolor, ni un achaque, ni nada de nada. Cascarrabias, mala leche, mal hablado, borde, carente de educación, borrachín, facha... Esos son los adjetivos que me vienen a la mente cuando pienso en él. Pura fibra de mal carácter. Y no es que lo tenga por un superhombre ni nada por estilo, pero a su modo siempre lo he considerado un hombre de lo más duro.

Recio es la palabra.

Pero ahora está desorientado por la fiebre, sin voluntad ni fuerza siquiera para evitar escurrirse por la camilla al suelo. Me pregunto hasta qué punto podría estar fingiendo. Me reprendo por pensar eso. Intento hablar con él, lo que me resulta muy difícil; primero por el estado en que está, y segundo porque nunca hablo con él. De hecho, creo que nadie que yo conozca habla con él a no ser que sea necesario (e incluyo a mi abuela). No es una persona con la que te puedas sentar a hablar.

Mi abuela trata de hacerse la fuerte, pero es obvio que está muy afectada y que yo no soy la mejor compañía para esos casos. De todos modos hago lo que puedo para que no se preocupe. La acompaño hasta la puerta de su casa. Luego vuelvo a la mía. A ver quién es el guapo que se pone a hacer nada ahora para clase.

Multiplica esto por cuatro, ahora. Llevo cuatro tardes en el hospital (o camino de él), con una señora histérico-pasiva, a ver a un señor que cada día tenía peor pinta, para volver a una casa en la que estaba solo (mi madre ha estado doblando turnos estos días), agobiado por el estrés de saber que tienes una pila de cosas importantes sin hacer.

Sin embargo, hoy estaba mejor. Lo subieron a la UCSI la otra noche para tenerlo más controlado y dieron con lo que le pasaba. Neumonía por Legionela. Ahí es nada. ¿Dónde se contagió? Ni idea. No se transmite por contacto humano ni animal, y se da principalmente en sitios con aire acondiciado (en otras palabras, sitios a los que mi abuelo nunca entra). Lo único que se me ocurre es la habilidad de los Bubangos para coger enfermedades raras. Recordadme que un día hable de mi hiperhidrosis.

Como decía, hoy estaba mejor. Respiraba con normalidad, no tenía fiebre, ya come. Charló con nosotros un rato, o al menos creo que el la consideró una charla. Nosotros le preguntábamos cosas y el contestaba con gruñidos, afirmativos o negativos. Me gustó verle "bien" de nuevo. Hace que todo tenga más sentido.

Hay ciertas cosas que dotan a nuestra realidad de orden y coherencia. Y que Manolo el bubango gruña es una de ellas. Por mucho que me saque de mis casillas. Aaay, Manolillo...

P.D.- La frase del título es suya. Y como esa tiene muchas. Un día haré una lista, no tienen desperdicio :)



domingo, 26 de noviembre de 2006

Gafas

Zorrocloco.- Oye, ¿y tus gafas? [de vista]

Flaquita.- Prestadas.

Zorrocloco.- ¿?

Flaquita.- Ya me las darán, supongo.

Zorrocloco.- ¿¿??

Eso me pasa por preguntar.

sábado, 25 de noviembre de 2006

Crueldad con los animales

Tenemos un compañero llamado Guillermo. Es un gilipollas. No, en serio. Es el típico tío que se mete con todo el mundo y que se cree muy gracioso. El caso es que nosotros (Pippy, RedSkin y yo) no nos metemos con él. De veras.

Pippy.- ¿Han visto el pelo que tiene Guille en la espalda? Le asoma por el cuello de la camisa :S

No es crueldad. Los pelos de su espalda son como los de mis piernas, y no soy precisamente un metrosexual en ese aspecto.

Red.- Joder, que no, dice. Se podría hacer picos con gomina, parecería un erizo.

Bueno, eso era un poco exagerado, la verdad. Los tiene demasiado rizados.

Zorrocloco.- Me lo imagino: "No puedo dormir bocarriba, que me acabo de duchar", y haciéndole la raya en medio la madre con un peine...

La verdad es que es un verdadero gilipollas, le encanta vacilarse de todo el mundo. Y el caso es que nosotros no le decimos nada... Si acaso alguna coña inocente, a lo sumo.

Voy a por un pañuelo...

viernes, 24 de noviembre de 2006

"Cómo quedar como el culo en clase en una simpática lección" o "el significado de la palabra 'cliché'".

Tres de la tarde, clase de Historia en la facultad de Ciencias de la Información. Hoy: el Plan Marshall.

Profesora.- ¿Habéis leído el texto?

Silencio sepulcral.

Prof.- ¿Alguien quiere comentar algo?

La clase es bastante heterogénea; la más joven creo que es Pippy, con 18 tacos, y hay señoras hasta de taitantos largos; tantos, que una levanta la mano y dice:

-Bueno, yo quería comentar con mis compañeros más jóvenes que yo llegué a tomar leche del Plan Marshall [Imagen mental de un tetrabrick marca "Marshall". Le digo a Pippy que yo la tomo Hacendado. Se ríe.], una leche en polvo asquerosísima que nos daban a media mañana en el colegio, en Galicia.

Otra señora mayor se une a la iniciativa "Sí, yo también tomé..." pero la interrumpe la Mujer Furiosa, una treintañera pelirroja que cada vez que habla parece que le va a partir la cara a alguien. Opina de todo sin saber de nada en un tono que no deja lugar a réplicas. Además, se expresa con un deje kinki que me hace un montón de gracia.

Mujer Furiosa.- ¿Pero qué gilipollez es esa? ¡Cómo mandaban leche a Galicia! ¡A Galicia, encima! ¿Qué pasa, que no tenían vacas para todo el mundo o qué? ¡Eso sería como mandar plátanos aquí a Canarias...!

Y tracatrá. Me voy a regar la platanera que tengo en el balcón.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Besugos

Conversación tipo entre la Pijipi (en adelante Pippy) y el Zorrocloco en una clase de Estudios Comparados Inglés-Español. Cualquier cosa menos atender, ya sabéis:

Zorrocloco [tocándose el codo].- ¿Cómo se llama esto?

Pippy.- Codo.

Z.- En inglés, animal.

P.- ¿El qué?

Z.- ¿Cómo que el qué? ¡El codo!

P.- ¡Ah! Pensé que te estabas rascando...

Z.- ...

Y así hasta el infinito, tristemente...