miércoles, 6 de diciembre de 2006

Informática nivel usuario

Llevo un par de días sin postear, por una razón muy sencilla. Los botones de formato de fuente de Blogger habían desaparecido y yo, si no es en Arial, no escribo. Ea. Podría decir que se debía a algún fallo con el servidor o algo así, pero la simple y triste realidad es que soy un inútil con los ordenadores. Un completo fracaso. ¿Habéis oído eso de que las nuevas generaciones que se crían con los aparatos aprenden a controlarlos de modo instintivo? Que los manejan como si fueran sus propios miembros cercenados (un brazo cercenado es muy manejable, si lo piensas bien. Siempre que te quede el otro para moverlo. Es que hoy están los moteros de protesta por los guardarraíles :P), que en vez de un chiquillo miope parece que tenga uno un niño biónico. Bien, pues UNA MIERDA.

Yo tengo veinte tacos, he tenido ordenador desde los doce (un 486 con 4 megas de ram y Windows 3.1, ahí es ná) y no sé hacer un carajo. Todavía recuerdo la vez que bloqueé el sistema operativo de aquel primer trasto, titánica tarea dada su estabilidad (ja... ja...) y de repente me saltó el MS-DOS. Salí escopetado a dar con mi padre porque me había "saltado la pantallita negra donde se ponen los juegos" XDD

Y lo gracioso del caso es que me encantan los ordenadores. No llego al frikismo de tunearlo como si fuera un coche -no llego a ese punto ni con los coches. Si tuviera alguno, que no es el caso.- pero me gustan. Sin embargo, yo a ellos no. Para nada. Me odian. De hecho, la informática es el motivo básico por el que me planteo el animismo como fe. Soy la némesis de cualquier aparato o mecanismo, complejo o simple. Pongamos por caso una bombilla, por dos razones: la primera, que me pasó una cosa curiosa con una bombilla (y la anécdota no incluye llegadas a urgencias ni radiografías de recto, aviso) y la otra, que más sencillo que eso no se me ocurre nada salvo un sonajero, y no llevan pilas.

Sitúemos hace un par de años en una clase de Tecnología en la Boca del Infierno, colegio donde el Zorrocloco, que entonces no se había ganado tal apelativo, cursó de quinto de básica a cuarto de la ESO. Algún día contaré algo de ese sitio. Por aquel entonces sería más correcto denominarme como Pardillo (tm). Pues el Pardillo
estaba en clase de Tecnología con una pila en una mano, una bombilla en la otra, e hilo de cobre y un soldador en la mesa. Para el que no lo haya pillado, lo que tenía que hacer era conectar ambas cosas. La pila y la bombilla, no el soldador y el hilo. Todo aquel que haya intentado algo tan fácil sin conseguirlo (y el que se haya puesto su único condón al revés por no mirar bien sabe de lo que hablo) sabrá de la impotencia y la rabia que sentía yo tras cinco minutos de fundir cobre sobre los conectores de la bombilla y sobre las pestañas de la pila. Y aquella mierda seguía sin encenderse.

Yo ya empezaba a pensar que me habían dado una bombilla rota cuando una compañera se acercó gentilmente para ayudarme. Aquello me pilló tan de sorpresa que casi le pego en adelanto, pues no sabía dónde estaba la trampa y no quería quedarme con las ganas luego. En ese colegio me volví un paranoico. Y así me he quedado. El caso es que no había trampa (a la vista). La chica se sacó de la manga una pila y una bombilla relucientes, cortó dos pedazos de hilo, soldó los extremos a los contactos de la bombilla y tocó con los otros cabos las pestañas de la pila. Y se hizo la luz. La chica me sonrió y me pasó los cables.

-Anda, prueba tú.

Y lo hice. Cogí las dos puntas, las pegué a las pestañas... y nada. Los dos nos miramos extrañados.

-Trae, anda -me dijo, molesta. Tocó las pestañas con el cable y la bombilla se encendió.- Prueba otra vez.

Resignado, volví a juntar aquello, y volvió a pasar lo mismo. Era físicamente imposible que no se encendiera, pero supongo que ni la pila ni la bombilla sabían mucho de física. Recuerdo que la chica me miró un momento muy seria, como si me estuviera riendo de ella, para luego darse la vuelta y pirarse. Apenas hablé con ella en los dos años siguientes. Putas bombillas.

El caso. Si una bombilla me causa estos problemas, imaginaos un ordenador. A mí los tutoriales estos que encuentras en la web de "Fragmente usted mismo su disco duro, ¡hasta un niño lo puede hacer!" me hacen una gracia... Y al técnico hindú que me lo arregla ni te digo. Ya he desistido de hacer nada. El colmo fue cuando cambié hace poco de Windows 98 a XP (sí, hace poco, ¿qué pasa?), que la contraseña del instalador no entraba... pero sólo en mi ordenador. Y no era torpeza mía, que vino el pibe y tampoco furulaba.

Pues eso... que tan sólo tenía que bajarme el Firefox :P y ahora tengo otra vez mis queridos botones.

Y yo que siempre soñé con ser hacker... Ains...

P.D.- No voy por ahí pegando a niñas. Que conste.


3 comentarios:

peibol dijo...

A mí la tecnología me odia. En su momento conté que tengo el poder de fundir bombillas, pero es que lo de los ordenadores es un mundo aparte.

Hay procesos que sólo funcionan si yo estoy lejos, hasta el punto de que he traído a mi hermana (un coco) para explicarle punto por punto lo que estoy haciendo sin resultados; se ha extrañado por ver que lo hago bien, ha probado ella, y entonces sí que ha arrancado como debía. No ha pasado una vez ni dos, sino muchas. No sé qué coño irradio, pero la tecnoloía es hostil conmigo.

Por cierto, tengo un disco duro externo al que se puede acceder desde todas las sesiones... menos la mía.

El Zorrocloco dijo...

Lo mío en tecnología era brutal, pero veo que no soy el único. Si al final va a resultar que vinimos del mismo planeta y todo XDD

Eys, que por lo menos has aprendido algo de html, ¿eh? Más que yo seguro XD

peibol dijo...

Sí, pero porque me han enseñado y lo he apuntado en una hoja de word, que si no...